Abr 20 2014
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Ciencia y TecnologíaCultura

El robot en la cama

La tecnolog√≠a se presenta cada vez mas como dise√Īadora¬† de nuestra intimidad y¬† sustituta de la vida de carne, hueso y sangre. Gracias a las conexiones digitales y a las redes sociales podemos tener compa√Ī√≠a sin las demandas de la amistad¬† y comunicarnos¬† sin tener que soportar la pesada presencia f√≠sica del otro. Miremos solo la maravilla¬† del IPhone‚Ķ ¬ŅNo es como tener toda la ciudad, y mucho mas, en la mano?¬† Que mejor‚Ķ ¬ŅCierto?

Y el asunto no termina aqu√≠. Seg√ļn el cient√≠fico brit√°nico en computaci√≥n David Levy la cultura rob√≥tica creara a mediados de la centuria nuevas formas de vida. El amor con robots ser√° tan normal como el amor con otros humanos y el acto sexual y sus posiciones com√ļnmente practicadas ser√°n enriquecidas con sus ense√Īanzas¬† m√°s all√° de todo lo que los manuales publicados hasta ahora hab√≠an imaginado. Ellos nos ense√Īaran a ser mejores amantes y mejores amigos porque podremos practicar con ellos y, cuando sea necesario, podremos¬† sustituir a la gente cuando ellas nos fallen. Los robots son, por supuesto, ‚Äúotros‚ÄĚ, pero en muchas formas, mejores. De partida, no infidelidad, no enga√Īo, no complicaciones. El valor de un robot, dice Levy, estar√° en su capacidad para hacernos sentir mejor y el amor con ellos ser√° tan normal como el amor¬† entre¬† humanos. Y Levy no esta solo en adoptar esta promiscuidad tecnol√≥gica. El amor, el sexo y el matrimonio con robots, seg√ļn se dice,¬† no va a ser¬† ‚Äúmejor que nada‚ÄĚ, sino ‚Äúmejor que algo‚ÄĚ.

 

¬ŅQu√© tipo de relaciones con las maquinas son posibles, deseables o √©ticas? ¬ŅQu√© nos dice el amor con¬† un robot acerca del ser humano contempor√°neo? Una relacion amorosa o una relacion¬†¬† aut√©nticamente solidaria involucran el intento, por amargo que sea, de mirar y sentir el mundo desde el punto de vista del otro con toda su historia, su biolog√≠a, sus¬† neurosis, dolores y alegr√≠as. El amor, como dec√≠a Ortega, es el canje de dos soledades por la soledad de uno. Las computadoras y los robots¬† no tienen nada de esto. No experiencias que intercambiar, no¬† familia y no conocen el dolor de la perdida que causa¬† la muerte‚Ķ ¬ŅPor qu√©, entonces, esta obsesi√≥n si dentro de ellos no hay nadie? En¬† un Tweet alguien escribe‚Ķ ‚ÄúTermine con las maquinas inteligentes. Quiero una maquina que considere mis necesidades ¬ŅD√≥nde est√°n las maquinas sensitivas‚ÄĚ?… Bueno, en Jap√≥n, ¬Ņcierto?…¬† desde donde¬† han empezado a moverse a otros lugares.

 

Los ancianos son los¬† primeros que¬† han¬† adoptado a los robots como compa√Ī√≠a. Una anciana viviendo en una casa de retiro en Estados Unidos dice, refiri√©ndose a su perro robot, que ‚Äúes mejor que uno real. No hace cosas peligrosas y no traiciona. Adem√°s, el no morir√° s√ļbitamente dej√°ndome llena¬† de tristeza‚ÄĚ. La atracci√≥n esta en la idea de que si los otros nos dejan solos el robot estar√° ah√≠ para proveernos el simulacro del amor. Los j√≥venes tambi√©n conf√≠an en ellos antes de¬† tratar con las complejidades de las relaciones humanas. El encanto lo encuentran, dice la sic√≥loga y antrop√≥loga Sherry Turkle, en el confort de establecer conexiones sin las demandas de la intimidad. Los romances y las compa√Ī√≠as ‚Äúonline‚ÄĚ siempre pueden interrumpirse.¬† Gran numero de adolescentes anticipan que los robots de su ni√Īez dar√°n paso a¬† la completa compa√Ī√≠a con maquinas. En un mundo lleno de todo tipo de problemas,¬† cat√°strofes y disoluci√≥n comunitaria la ciencia, como siempre,¬† ofrecer√° una soluci√≥n y los robots ser√°n nuestra salvaci√≥n.

 

En psicoan√°lisis el s√≠ntoma y el sue√Īo son el camino real al inconsciente. Un s√≠ntoma es la se√Īal¬† de un conflicto. Pero, curiosamente¬† el¬† s√≠ntoma tambi√©n es lo que nos distrae del intento de comprender o resolver el conflicto. Sue√Īo es la expresi√≥n de un deseo. Los robots sociables sirven como s√≠ntoma y como sue√Īo. Como s√≠ntoma porque ellos prometen soslayar los conflictos de la intimidad. Y como sue√Īos, expresan el deseo de relaciones con l√≠mites, el deseo de estar juntos, pero solos.

 

¬ŅDe que manera los sustitutos que ofrece la tecnolog√≠a digital nos cambian? ¬ŅDe que manera transforman nuestra subjetividad? ¬ŅDe que manera, por ejemplo, los¬† robots, e-mail, Text, Twitter,¬† Facebook o los juegos virtuales redefinen los l√≠mites entre intimidad y soledad? ‚ÄúSi realmente necesitas comunicarte conmigo, disparame un Text‚Ä̂Ķ Preferimos textear o twittear porque las cosas que ocurren en el ‚Äútiempo real‚ÄĚ toman mucho tiempo o porque¬† revelan demasiado. Y preferimos recrearnos online con una vida m√°s interesante porque la que¬† tenemos es bien pat√©tica. tecnologia

Hoy d√≠a ‚ÄúVivo mi vida en mi IPhono‚ÄĚ…¬† En la calle, en el restaurante, la iglesia, el caf√©, en el funeral o en el metro la gente habla a micr√≥fonos invisibles¬† como si estuvieran hablando consigo misma acerca de todo tipo de intimidades y detalles personales que el resto tenemos que¬† tragarnos. El fin de ciertos modales. El problema es que¬† a pesar de todas las molestias¬† y promesas de la conectividad al final nos quedamos con una cierta sensaci√≥n de soledad y abandono. La intimidad cibern√©tica se torna¬† en¬† soledad cibern√©tica.

 

Los aparatos digitales¬† proveen espacio para un nuevo estado¬† del si mismo¬† dividido entre la pantalla y la realidad f√≠sica.¬† Con ellos uno puede ausentarse del ambiente f√≠sico, incluyendo la gente y tambi√©n uno puede experimentar lo f√≠sico y virtual simult√°neamente. La estaci√≥n de trenes, el aeropuerto, la sala de espera o el caf√© ya no son lugares comunales, sino lugares de colecci√≥n social. La gente se junta, pero no se hablan o por lo menos ya¬† no se habla m√°s all√° de las formalidades diarias. En las conferencias, corriendo la marat√≥n, en clases, antes de empezar una reuni√≥n, en la cola o en el teatro cada uno, o la mayor parte, esta preocupado de la pantalla y la gente y los lugares a los que la pantalla sirve de portal. Ellos no son nuestros amigos, pero de alguna manera sentimos que hemos perdido parte de su presencia. Hasta hace poco un ‚Äúlugar‚ÄĚ era un espacio f√≠sico junto con¬† la gente que lo llenaba‚Ķ ¬ŅQue es ahora un ‚Äúlugar‚ÄĚ si los que f√≠sicamente est√°n presentes tienen su atenci√≥n en lo ausente? ¬ŅSi cuando estoy con ustedes¬† siempre puedo estar en otro lugar? Ir al extranjero y visitar otras culturas¬† siempre ha sido una experiencia extraordinaria, la posibilidad de mirar la vida desde otra perspectiva‚Ķ ¬ŅPero, que pasa si traemos la casa a cuestas en nuestro aparato digital?

 

Las generaciones que han nacido dentro de la burbuja¬† digital esperan estar conectadas continuamente‚Ķ aunque no est√°n seguras si est√°n comunicadas continuamente. Mirando a trav√©s de sus ojos, podemos ver el despliegue de una nueva sensibilidad‚Ķ ‚ÄúInterrumpo una llamada incluso si la nueva¬† llamada dice desconocido como identificaci√≥n. Tengo que saber quien llama. As√≠ que desconecto a un amigo por un desconocido. Si recibo un texto cuando estoy manejando, igualmente tengo que mirarlo‚ÄĚ. Ellas viven esperando la conexi√≥n. Esperando ser interrumpidas, no importa que est√©n haciendo. La interrupci√≥n es el comienzo de una conexi√≥n. Y todo esto toma tiempo, tanto tiempo que ‚Äúa veces no tienes tiempo para tus amigos, excepto si ellos est√°n online‚ÄĚ. Es esta compulsi√≥n a estar conectados la que los lleva a situaciones peligrosas. La tecnolog√≠a al servicio de una permanente conectividad¬† ha cambiado las reglas de c√≥mo aprender la habilidad de la empatia, pensar acerca de los valores, la identidad y manejar y expresar sentimientos. Esto a nosotros nos costo tiempo. Tiempo para descubrirnos, para pensar¬† y para sentir‚Ķ ¬ŅCuando hay tiempo ahora para esto? No es que el¬† Tweeter, Facebook o el Email con sus respuestas r√°pidas y breves¬† no dejen lugar para la auto reflexi√≥n. Solo que¬† dejan bien poco lugar para ella. Cuando los intercambios son reformateados¬† para la pantalla peque√Īa¬† necesariamente hay¬† simplificaciones inevitables. Un estudio del a√Īo 2000,¬† con una muestra de m√°s de catorce mil estudiantes universitarios, indica una declinaci√≥n¬† dram√°tica de inter√©s¬† en otras personas y menos interesados en ponerse en el lugar de otro.

Para¬† los autores del estudio esta falta de empatia esta en directa correlaci√≥n con la disponibilidad de juegos online y las redes sociales. La red social, dicen,¬† puede sentirse profundamente, pero uno solo necesita tratar con la parte de la persona que se¬† ve en el juego de la red. Seg√ļn¬† las generaciones cibern√©ticas¬† ellas no necesitan tratar con m√°s. Estos resultados¬† confirman la impresi√≥n de los sicoterapeutas que vienen dando la alarma acerca del n√ļmero creciente de pacientes que parecieran estar despegados de sus cuerpos y faltos de la cortes√≠a m√°s b√°sica. Enchufados permanentemente a los medios¬† ponen bien poca atenci√≥n a lo que les rodea. Est√°n tan inmersos en sus conexiones que se¬† olvidan unos de los otros.¬† Y, el problema es que, a pesar de estar conectados permanentemente, se sienten faltos de¬† la atenci√≥n de los otros‚Ķ ‚ÄúUn robot podr√≠a recordar todo lo que yo digo. Podr√≠a no entender todo, pero recordar es el primer paso. Mi padre, habl√°ndome mientras esta en su BlackBerry, no sabe lo que dije, as√≠ que no sirve de mucho el hecho de que si el supiera, el¬† entender√≠a‚ÄĚ.internet espionaje

 

No podemos ignorar los problemas que el Internet plantea‚Ķ robot por compa√Ī√≠a, tecnolog√≠a que denigra y nos roba nuestra privacidad, simulaciones seductivas como alternativas para vivir, etc.¬† etc. Pero‚Ķ tampoco podemos¬† rechazar esta tecnolog√≠a. Y, aunque quisi√©ramos no podr√≠amos. Lo que necesitamos es ponerla en su lugar y volver a considerar las virtudes de la solitud, la deliberaci√≥n y la capacidad para vivir completamente el momento. Somos nosotros despu√©s de todo los que elegimos como enmarcar las cosas. Hoy d√≠a esperamos m√°s de la tecnolog√≠a que de nosotros y la simplificaci√≥n, reducci√≥n y empobrecimiento¬† de las relaciones ya no es algo acerca de lo que nos quejamos. Es lo que esperamos, incluso, lo que deseamos. Lo significativo es que la relacion con un aparato digital y la posibilidad de ser amado o cuidado¬† por una maquina cambia lo que el amor puede ser. Las pr√≥ximas generaciones se ver√°n tentadas por la perspectiva de ser amadas por un robot, especialmente cuando han empezado a crecer con ellos. Los que hemos vivido una larga vida con amor, sin embargo,¬† sabemos que su suced√°neo tecnol√≥gico lo disminuye y como seres humanos de carne y huesos merecemos algo mejor.

 

Frente a cada tecnolog√≠a la pregunta obvia es‚Ķ ¬ŅSirve nuestros prop√≥sitos humanos? Saber reconocer¬†¬† cuando algo es una opci√≥n y cuando no lo es, es parte de nuestra experiencia √©tica. Los desaf√≠os con que la historia nos confronta no son solo como¬† jugar mejor¬† el juego de la vida, sino tratar de averiguar que juego estamos jugando.

 

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