Nov 25 2018
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CulturaSociedad

El tiempo de la extinción

 

Hubo un tiempo, y habrá otro, sin seres humanos. Entremedio, estamos nosotros . ¿Cómo sería imaginar un mundo inhumano? ¿Un mundo sin gente? Tal vez, a través del fracaso humano. La era de la próxima extinción obliga, en términos prácticos, a pensar lo incognoscible, lo inimaginable, lo irrepresentable. A pensar la vida, por difícil o imposible que sea, sin la mirada humana.

La última década vio los signos de la amenaza de la extinción en la forma de la aniquilación nuclear, evento único, similar a la aniquilación apocalíptica. Toda otra posible extinción, en contraste, es gradual, lo que permite una mínima presencia humana capaz de ver la desaparición de la humanidad. Después del fin, después que nuestra presencia se haya extinguido, nuestra historia podrá leerse en un sentido cuasi-humano. En los estratos de la tierra quedaran inscritas las cicatrices de la capacidad humana para crear cambios climáticos radicales y violentos. Imagen relacionada

Según Claire Colebrook los registros de los fósiles abren un mundo para nosotros al permitirnos leer, desde el presente, el tiempo que precedió a toda lectura, el tiempo en que los humanos todavía no existían. Los estratos continuarán existiendo después de nuestra desaparición y la tierra podrá leerse como un punto del universo. El planeta, después de los humanos, ofrecerá una lectura de la historia de la especie. Sólo que será una lectura sin lectores.

Un mundo que no será un mundo para alguien, ¿cómo sería posible una visión o lectura en la ausencia de un espectador o lector? La única forma sería a través de imágenes del presente que eliminan el dominio del presente. Ámsterdam bajo el agua, Toronto desolado, el Mato Grosso convertido en desierto, Santiago en silencio. Todas imágenes que no se dirigen a nadie y que no se pueden sostener, porque ellas son siempre para nosotros. Y, sin embargo, a pesar de ello, indican una era que empieza a sentirse como un mundo inhumano.

Toda una producción cultural ha empezado a surgir en teoría, cine y literatura para imaginar este futuro escenario.

La auto limitación kantiana insiste en que sólo podemos tener conocimiento científico acerca de lo que podemos experimentar como dado, que permite una forma de realismo científico que va mas allá del fenómeno al contener la idea de que hay fuerzas desde las cuales lo dado es dado para nosotros. Después de Kant ha habido un creciente rechazo de lo en “sí mismo” , el “ noumenon” que, según el filósofo, es incognoscible por existir mas allá de lo que puede ser percibido.

Resultado de imagen para kantLa nueva teoría, a diferencia del kantianismo, intenta confrontar ese mundo que no es nosotros. El conocimiento teorético, a pesar de que se orienta a algo que solamente es dado a través de la correlación sujeto-objeto, no se agota en ella. Teoría, de acuerdo con  Colebrook, lejos de ser una actividad meramente académica, es la condición y desafío del siglo XXI, la edad de la extinción, del tiempo en que finalmente empezamos a sentir nuestra finitud como especie.

El desafío es pensar más allá del mundo como es “para nosotros”. Pensar, no solo en un mundo incognoscible, sino también inimaginable. Deleuze y Guattari sugieren que uno tendría que pensar en un mundo más allá o antes del organismo, en una filosofía que nos abra a lo inhumano, a ir más allá de la condición humana. Y, antes que ellos, Paul De Man insinuaba que la Teoría comienza cuando uno lee un texto como si no hubiera lector o vida contextual desde la cual el texto emerge. Por su parte, Alain Badiou habla de un “anti humanismo teorético” y Quentin Meillassoux cree que es posible pensar más allá del pensamiento humano para moverse en un mundo sin cognición.

La cultura literaria y documental, más que la Teoría, repetidamente se ha planteado la pregunta de por qué la especie humana desea o justifica su prolongación y qué valdría la pena salvar de ella. En la película “The Day After Tomorrow” los sobrevivientes que se refugian en la Biblioteca Pública congelada de Nueva York deciden no quemar las obras de Nietzsche para calentarse, eligiendo en su lugar los textos económicos.

En “The Day the Earth Stood Still” Keanu Reeves le informa a la humanidad que no tiene derecho a vivir dada la Resultado de imagen para avatarviolencia y desperdicio de su historia. “Avatar”, por otro lado, contiene relatos de redención en donde la extinción potencial de la especie se evita con la victoria popular y ecológica en contra de la tecnociencia. El nuevo siglo trae la amenaza del terrorismo, del pandemonio viral, del caos económico, del colapso de los sistemas ecológicos y de la impotencia de los sistemas sociales todo lo cual crea incertidumbre,  confusión y pánico que el cine refleja en películas como “Outbreak”, “The Invasion”, “Contagion” y “Sunshine” que muestran las catástrofes causadas por el calentamiento global. Novelas como “The Road” de McCarthy y “Oryx And Crake” de Margaret Atwood comienzan en un mundo en donde la devastación ya ha ocurrido indicando que hoy día un mundo pos humano es totalmente posible.

¿Cómo es que llegamos a la horrible situación en que tenemos que considerar nuestra propia extinción? Si realmente somos uno con el mundo, como tantas veces se ha proclamado, ¿por qué nos sentimos como mentes racionales separadas del mundo? O, mucho peor, ¿por qué nuestras propias creaciones, como la tecnología y los deseos, son los mecanismos que nos llevan a la auto destrucción?

La trágica ironía es que el cerebro que se colocó en la cúspide de la cadena animal tiene igualmente la capacidad de destruirse a sí mismo. La visión mental que nos abrió el mundo es la misma que nos encerró en un mundo antropomórfico que cada vez se vuelve más miópico. ¿Hemos alcanzado el instante que nos obliga a evaluar el punto de vista humano? Es decir, ¿mirar las cosas sólo desde nuestra poderosa voluntad de sobrevivencia o empezar a ver el mundo y nosotros mismos sin asumir nuestro derecho incuestionable a la vida?

Resultado de imagen para microbios bacteriasDesde el punto de vista de la historia del planeta estas cuestiones son irrelevantes. Lo que para el animal humano es el apocalipsis, para la tierra es solo una mera contingencia. Microbios, bacterias, insectos, vegetales y organismos acuáticos continuaran sobreviviendo.

Para Giorgio Agamben siempre ha habido la conciencia del fracaso de llegar a ser humanos. Podemos extinguirnos y desaparecer por el resto de la eternidad porque no somos nada más que potencialidad. Si ya fuéramos completamente humanos, si fuéramos pura actualidad, entonces no existiría la posibilidad de fracasar para realizar nuestra propia razón o reconocer la racionalidad humana en los otros, ¿cuál es nuestra última posibilidad de redención a esta altura de la historia cuando es obvio que lo que somos no es algo esencial que necesariamente se va a actualizar?

Nuestra humanidad no es una actualidad de la cual podemos extraer modelos de acción. El olvidar esto ha hecho crisis en la modernidad al suspender el pensamiento de nuestra fragilidad en beneficio de la eficacia. Tanto el Totalitarismo, que transforma al sujeto en súbdito del Estado, como el Hedonismo democrático, que reduce al sujeto a un ser puramente consumidor, son formas de gerencialismo sin futuro. Ambos actúan como si el humano fuera una actualidad y ambos demuestran la impotencia humana para actualizar lo que podría distinguirnos como humanos.

Imagen relacionadaSegún Colebrook la humanidad siempre ha cuestionado la esencia de su existencia, lo que el humano es, pero raramente ha cuestionado la actualidad de su existencia, el hecho de que puede no ser. Si miramos intensamente el futuro podemos, a lo menos, sentir la posibilidad de que puede ocurrir un evento que crea una mutación de tal fuerza que nosotros dejemos de existir. Lo que conocemos como vida humana, marcada por la razón instrumental, el auto mantenimiento, la evaluación de riesgos, el manejo de recursos con vistas a un futuro de corto plazo, dará paso a una vida humana sin futuro. A pesar de que seguimos hablando de tácticas climáticas, mitigación, adaptación, conservación y sostenibilidad, sentimos que, detrás de ellas, acechan las nociones de cesación, ruptura e incomprensión.

Hoy día ya no estamos confrontados solamente con cuestiones como el significado de la vida o el enigma de la existencia. Es bien probable que en las próximas décadas seamos testigos de extinciones masivas, del agotamiento de los recursos naturales, de la aceleración del cambio climático y de las posibles mutaciones del cerebro humano causadas por las tecnologías digitales. Lo curioso es que, a pesar de la urgencia que estas cuestiones plantean, continuamos enmarcando la vida en los mismos términos. Hasta hace poco, los problemas de la existencia se planteaban en forma de teodicea, de cómo explicamos la crueldad de la vida y la indiferencia al sufrimiento humano.

En el pensamiento cristiano, por ejemplo, el trágico sin sentido de la existencia finalmente será redimido con la recompensa del paraíso. En el modernismo secular la inhumanidad de la vida es un síntoma del sistema social y la redención esta en su transformación. La novela moderna refleja la crueldad de la situación humana y relata la fortaleza y dignidad con que el hombre y la mujer la enfrentan. Kafka y Beckett rompen con esta tradición y muestran al individuo confrontar una vida carente de sentido y esperanza. Resultado de imagen para Kafka y Beckett

Hoy día pareciera que el sentido trágico de la vida es menos aceptable como tragedia. El cine comercial raramente va a mostrar una historia carente de redención.   Queremos que las narrativas que nos contamos tengan algún tipo de resolución, que las fuerzas del bien triunfen sobre el mal y que el sufrimiento tenga algún sentido. Nietzsche y Freud fueron los primeros en diagnosticar la incapacidad del siglo XX de soportar la contingencia de la existencia. Simplemente no aceptamos la ausencia de sentido. Por eso la cuestión del significado de la vida ha sido el horizonte incuestionable del ser humano.

Tal vez la cuestión no sea, cuál es el sentido de sufrir la brutalidad de las fuerzas de la existencia, sino, dada la brutalidad humana y destrucción de vida que causamos ¿en nombre de qué derecho los humanos debemos continuar existiendo? Según Colebrook, ya no se trata de la necesidad de encontrar el sentido de la vida, sino de como podemos autojustificarnos dada la relación malévola que tenemos con la vida, con las otras especies y con el planeta.

La ironía es ésta: valoramos la vida porque es la vida la que hace posible todo valor, la fuente de todo florecimiento. Lo opuesto, destrucción y aniquilación, es lo otro que la vida y por tanto, inaceptable. Aquí, uno podría preguntarse… ¿Cómo la humanidad puede ser, por un lado, el animal que valúa y, por el otro, la amenaza que aniquila a su propia especie y toda otra forma de vida? ¿Cómo es que la humanidad, que se define a sí misma como el ser que inevitablemente elige la vida, lo hace sólo salvando la propia? ¿Por qué la afirmación de la vida se hace más estridente justamente en el momento en que la historia de la vida se torna más destructiva y cercana a su fin?

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