Sep 2 2013
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Cultura

El yo y la conciencia cósmica

A finales del siglo la industria cultural del movimiento“New Age” y “Neo Pagano” hace sentir su presencia en el mundo de los libros, la prensa y el Internet. Prácticas medicinales holisticas, terapias de hierbas, curación psíquica, masajes, meditación, yoga, ayunos, el futuro de acuerdo al Tarot, I Ching y viajes astrales prometen una vida más espiritual, pacifica, tolerante y saludable.

La mezcla a medio digerir de creencias espirituales de diferentes culturas como el Budismo Tibetano, Hinduismo, Taoismo, Practicas Indígenas, Astrología, Teosofía o Hermetismo se ofrece como el camino a estados superiores de conciencia y transformación social que en el futuro próximo inaugurara una era de verdadera conciencia espiritual. Lo que una vez solo encontrábamos en los rincones polvorientos de librerías de ocultismo hoy día se encuentra disponible en versión popular en kioscos de diarios, súper mercados y en la punta de nuestros dedos.

A comienzos de siglo el movimiento alcanza su cima y la industria del “New Age”, solo en Estados Unidos, tenía ya un valor de 10 a 14 billones de dólares.

Una creencia bastante común dentro del movimiento “New Age” es la de que el camino a estados superiores de conciencia requiere la liberación de la mente. Algunos vestigios de esta idea los encontramos en las filosofías orientales, especialmente en el Budismo, pero su atracción en occidente, pensamos, tiene más que ver con la revolución sicodélica de los 60s que con ninguna otra cosa. “Abre tu mente y deja que el yo desaparezca”. “Sintonízate con el ritmo del Universo y tu cuerpo lo seguirá”. La idea clave en toda esta narrativa, hasta hoy, es la de la pérdida del ego, su disolución en beneficio de una realidad más amplia. El ego, dicen, es una ilusión poderosa que existe en nosotros y crea la apariencia de separación con el todo. Un fantasma que controla nuestra vida y que impide el conocimiento de nuestra verdadera naturaleza. Y para confirmarlo les gusta citar al monje tibetano Sogyal Rimpoche…“Dos personas han estado viviendo contigo toda tu vida. Una es tu ego, charlatán, exigente, histérico, calculador, egoísta. La otra es tu ser espiritual oculto a cuya sabiduría raramente le haces caso o escuchas”.

Cuando transcendemos la ilusión del ego y dejamos atrás el narcisismo accedemos a los aspectos más altos de nosotros mismos y empezamos a vivir de acuerdo con la conciencia cósmica. Según Richard Bucke, un psicólogo canadiense de mediados del siglo XIX, el término conciencia cósmica indica la interconexión y presencia viva del Universo opuesta a la idea de materia inerte. La experiencia de la conciencia cósmica, dice Deepak Chopra, uno de los mas populares exponentes del “New Age”, revela que uno no es cuerpo y alma, que solo se dan en el ambito del cambio, sino un espíritu o naturaleza eterna que trasciende el espacio y el tiempo. Y para “The Arcanum”, una publicación que sigue la tradición hermética, la conciencia cósmica es un estado superior de iluminación que esta más allá del yo y la auto conciencia.

En otras palabras, si el ego no existe tenemos que aprender a desprendernos de su ilusión para vivir de acuerdo a nuestra verdadera naturaleza. Si el ego es real, entonces tenemos que dejarlo atrás en el camino al alumbramiento. En ambos casos el ego es un estorbo del cual hay que desprenderse.

Para Descartes el asunto es bien diferente. Cuando el sometió a la duda sistemática a todo lo que existe se quedo solo con una realidad, una sola verdad de la que era imposible dudar… la duda misma. Este es el límite último de toda posible duda ¿Por qué? Porque puedo dudar de la existencia de esta computadora, pero no puedo dudar de que dudo de su existencia. Aquí la duda se tropieza consigo misma y se aniquila. Dicho de otra manera, la duda es posible a cambio de no tocarse a si misma. Entonces,

la cosa es esta… dudar es parecerme a mi que algo es problemático y parecerme a mi algo y pensarlo son la misma cosa. Por tanto, la duda es un pensamiento. Para dudar o negar de la existencia de un pensamiento tengo que pensar este pensamiento y al pensarlo lo realizo ¿Y quien lo piensa? Yo. Un yo pensante que se genera a si mismo. La afirmación “Yo pienso, luego yo existo” es tan cierta que dudar de su veracidad es imposible. Según Descartes, no podemos dudar de la existencia del yo porque en el mero acto de dudar el yo este se declara a si mismo. “Dudo de que yo existo” solo puede ser pensado si hay un “Yo” que formula la duda. Si aceptamos el razonamiento cartesiano, entonces la idea de que el yo es una mera ilusión es totalmente falsa.

El argumento de Descartes es sólido aunque no libre de dificultades… “Pienso, luego yo existo”… ¿Realmente? Piensa otra vez..

El problema, como sus críticos han demostrado, es que el presume mas de lo que el argumento permite. Cuando pensamos, lo único cierto es que hay pensamiento, pero no, necesariamente, un yo real. Según el filosofo escocés David Hume un simple acto de introspección muestra la imposibilidad de encontrar el yo. Lo que si encontramos son pensamientos, recuerdos y sentimientos particulares y no un yo que los esta teniendo. El yo no es una entidad singular, una sustancia, que tiene pensamientos y sentimientos, sino que es la colección de pensamientos y sentimientos que se inter conectan a si mismos. Curiosamente, el Budismo también habla de componentes en su visión del “no yo”.

El ser individual esta compuesto de cinco factores que son la forma física del cuerpo, los sentimientos, las percepciones, las formaciones mentales y la conciencia. Sister Vajira, un contemporáneo del Buda, compara el yo con una carreta. Solo podemos hablar propiamente de una carreta, dice, cuando todas las diferentes partes que la constituyen se conectan entre si. Una carreta es simplemente sus partes dispuestas de una manera apropiada. No podemos hablar de un carro que exista separado o arriba de las partes que lo componen. En la misma forma, lo que llamamos yo es solo los cinco componentes apropiadamente dispuestos. No hay un yo sustancial que exista aparte de ellos.

De acuerdo con estos razonamientos difícilmente podríamos decir que el yo es una mera ilusión. La analogía de la carreta no dice que la carreta es una ilusión. El que no sea más que la suma de sus partes no significa que esta suma no exista. Si la carreta es la suma de sus partes, entonces, mientras la conexión de partes exista la carreta existe. La única ilusión seria creer que la carreta es algo diferente a la colección de partes que la componen. Igualmente, en el único sentido en el que el yo pudiera aparecer como una ilusión seria pensarlo como una entidad separada que existe independientemente del cuerpo, el pensamiento o los sentimientos que lo componen.new age

Si este es el único sentido en que podemos hablar de la existencia del yo como una ilusión, entonces no es suficiente para justificar la creencia de que para lograr un estado de desarrollo superior tenemos que desprendernos de el. En el ejemplo budista sabemos que la carreta es solo la correlación de sus partes, pero este saber no nos autoriza a pensar que deberíamos desmantelar esta correlación para que la carreta posea una forma de existencia más verdadera. Si el yo es producto del funcionamiento apropiado del cuerpo y el cerebro de donde surgen los pensamientos, sensaciones y emociones y recuerdos, entonces no hay razón para creer que podemos tener una vida mas autentica si lo disolvemos en nuestro viaje hacia estados espirituales superiores. Es cierto que la trampa del egocentrismo nos condena a un mundo inmensamente más limitado y odioso que el de una vida menos preocupada de si misma. Pero esto, a lo más, implica remover obstáculos mentales que impiden llevar una existencia productiva y no la disolución del ego.

Perder el sentido del yo lleva a la experiencia de la unidad con el universo. Si perdemos nuestra individualidad nos sentiremos parte del gran todo que es la existencia ¿No es esta idea falta de sentido? Si uno durante la meditación o la experiencia mística pierde el sentido de la si mismidad no podría reportar ningún sentimiento de unidad con el universo. Al final de la experiencia meditativa o mística lo único que uno estaría reportando seria haber perdido toda sensación conciente, algo así como estar volviendo de la anestesia. Cualquier sentimiento o experiencia transpersonal que reportemos tiene que haberse dado en un yo, de lo contrario no habría experiencia de ningún tipo que reportar.

Si descontamos el obvio interés comercial de algunos promotores del movimiento “New Age” hay mucha gente que sigue sus prácticas creyendo en una vida menos egoísta si se desprenden del ego. Una vida más pacifica, contenta y harmónica. Lo paradójico es que, lejos de perder el ego, ellos solo entran en otra forma de auto gratificación. Puede que sea una vida menos materialista y menos dañina al centrarse principalmente en el estado de lo que ellos llaman alma. Pero, así y todo, sigue siendo una vida guiada por el auto interés ¿Cierto? Lo que importa, según sus practicantes, es como somos interiormente, como satisfacemos nuestro ego con un discurso espiritual y no como eliminarlo.

¿Cómo uno navega en el mercado de las ideas y creencias sin perderse en el desorden de su multiplicidad? No hay mejor criterio para evaluar las ideas que la argumentación y critica racional que no toma ninguna cosa por segura. Si un argumento es defectuoso puede mostrarse de que manera lo es. Si durante una experiencia meditativa sentimos ser uno con el universo no significa que lo seamos. Lo que no debemos perder de vista aquí es el hecho de que lo que reportamos son estados subjetivos y no cuestiones de hechos. Cuando alguien reclama que la experiencia mística no puede ser expresada en palabras lo que queda es la fe y frente a la fe no queda nada por decir.

Una de las ideas más básicas que hoy día tenemos es la de que somos animales físicos que no podemos sobrevivir la muerte de nuestro cerebro. La evidencia empírica proviene de ciencias tan dispares como la antropología, arqueología, biología, química y neurología. De acuerdo con las ciencias genéticas compartimos el 98.4% de nuestros genes con los chimpancés, 95% con los perros y 74% con gusanos microscópicos. Si esta es una cuestión elemental, entonces no hay razón para suponer que nuestra personalidad depende de otras fuerzas o principios misteriosos que cuelga del cielo ¿Podría uno decir que viejas religiones y creencias carentes de evidencia, creadas miles de años atrás cuando nada se sabía acerca del funcionamiento del sistema nervioso, serian mejores alternativas al pensamiento moderno?

http://poesiateoriaycriticacultural.blogspot.ca/

 

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4 Comentários - Añadir comentario

Comentarios

  1. Gabriel Aguilar Mendoza
    4 septiembre 2013 16:10

    Hola: Felicidades por ese profundo e interesante artículo, aunque un poco rudo en cuanto a: “con las ciencias genéticas compartimos el 98.4% de nuestros genes con los chimpancés, 95% con los perros y 74% con gusanos microscópicos”.

    !Saludos cordiales!

    Gabriel

  2. nieves y miro fuenzalida
    4 septiembre 2013 19:02

    Gabriel

    Cierto… es rudo, pero eso es lo que hemos descubierto. El sueno milenario de que somos hechos de un material distinto ya no lo podemos sostener.

    Saludos cordiales para ti tambien

    Nieves y Miro

  3. Adriana
    8 septiembre 2013 6:19

    Agradezco mucho este tipo de publicación, ya que desmitifican con argumentos lógicos ciertos conceptos fuente de estudio en todas las culturas (respetando sus orígenes), pero que van llegando casi a una imposición mística o mítica en todos los ambientes gracias a su rentabilidad. Solamente quisiera apuntar que “yo” y “conciencia” no implican lo mismo: el yo, anida en la conciencia, pero también es, en otras instancias psíquicas como el PreConciente y el SubConciente. Por otra parte, más allá y más acá de la demostración de las ciencias, las creencias son precisamente éso, creencias; por lo tanto difíciles de desmontar. La Humanidad las tiene desde su primigenia como mecanismo de tolerancia hacia la realidad que se le impone a cada segundo.
    Felicitaciones y Saludos

  4. nieves y miro fuenzalida
    8 septiembre 2013 19:20

    Adriana

    Tu dices…”Solamente quisiera apuntar que “yo” y “conciencia” no implican lo mismo:…”
    De acuerdo… En alguna parte dimos la impresion contraria?

    Saludos para ti tambien

    N&M