Ago 8 2012
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Cultura

En memoria de Robert Kurz

La semana pasada fallec√≠a, en N√ľremberg el te√≥rico alem√°n Robert Kurz.
Sirvan estas l√≠neas, que posiblemente hubieran resultado m√°s valiosas cuando Kurz a√ļn viv√≠a, para reconocer la importancia de sus contribuciones y presentar al lector hispanohablante a un autor del que apenas se ha o√≠do hablar.| MIGUEL LE√ďN.*

 

Kurz perteneci√≥ a esa corriente, relativamente poco conocida y cultivada, del pensamiento marxiano que podr√≠amos llamar, como Kurz mismo hac√≠a, la de la ‚Äúcr√≠tica del valor‚ÄĚ (en la que tambi√©n podr√≠an quedar integrados un texto fundamental como Tiempo, trabajo y dominaci√≥n social, de Moishe Postone, o ciertos trabajos de sociolog√≠a industrial, desarrollados por Pierre Naville y sus sucesores). Supone defender una interpretaci√≥n de las categor√≠as fundamentales de El Capital significativamente distinta de la que ha imperado en el conjunto del pensamiento marxista, debido en gran parte a la forma en que el pensamiento de Marx se convirti√≥ en fuente necesaria de legitimaci√≥n de las pol√≠ticas socioecon√≥micas desarrolladas en los pa√≠ses del bloque socialista.

 

As√≠, frente al acento puesto por el ‚Äúmarxismo tradicional‚ÄĚ (expresi√≥n de Postone) sobre la categor√≠a del plusvalor, el fen√≥meno de la explotaci√≥n, la esfera de la producci√≥n‚Ķ, frente a una postura te√≥rica de la que se coleg√≠a sin mucha dificultad que socialismo era sin√≥nimo de colectivizaci√≥n de los medios de producci√≥n, surge este otro marxismo que, en contraste con la potencia te√≥rica absoluta normalmente atribuida a estos elementos, reivindica la importancia de las articulaciones, de valor y plusvalor, de capital y trabajo, de circulaci√≥n y producci√≥n‚Ķ y en estas circunstancias la colectivizaci√≥n de los medios de producci√≥n no significa nada por s√≠ misma en la medida en que la ley del valor, articulador social fundamental de las relaciones sociales en el capitalismo, sigue cumpliendo esa funci√≥n.

 

Pero no es esta una interpretaci√≥n que surja como eso, como una simple re-lectura, cuya funcionalidad ser√≠a la de ‚Äúlavar la cara al marxismo‚ÄĚ para poder sostener lo insostenible una vez que, como es frecuente o√≠r, el colapso de la Uni√≥n Sovi√©tica ‚Äúha demostrado la inaplicabilidad o la invalidez del marxismo‚ÄĚ.

 

En primer lugar porque la teor√≠a de Marx, el ‚Äúmarxismo‚ÄĚ en el sentido m√°s restrictivo del t√©rmino, no tiene como eje central la teorizaci√≥n de la sociedad socialista sino, por encima de todo, la cr√≠tica de la sociedad capitalista, y por tanto no se sit√ļa en el √°mbito de la enunciaci√≥n de lo que debe ser sino en el del an√°lisis riguroso de lo que es.

 

En segundo lugar, porque un primer defensor de esta lectura centrada en la importancia teórico-política de las categorías desarrolladas en la Sección Primera de El Capital (mercancía, valor, trabajo…) fue Isaak Illich Rubin, quien, tan pronto como en 1924, ya planteó una demoledora crítica del marxismo hegemónico, de la interpretación que hacía del análisis crítico de Marx y de las consecuencias políticas que extraía.

 

En tercer lugar, porque el prop√≥sito de esta interpretaci√≥n no es el de sumar ‚Äúuna capa m√°s‚ÄĚ de lecturas al gigantesco novillo de interpretaciones que es el pensamiento marxista, sino en realidad defender, probablemente con Althusser pero yendo m√°s all√° de lo que √©l fue, un retorno a Marx, al texto, liber√°ndolo precisamente de esas sucesivas capas de interpretaciones que han convertido al marxismo en un instrumento demasiado aparatoso, demasiado torpe, de an√°lisis sociopol√≠tico.

 

Ese retorno al texto carga la interpretación misma de problemas, puesto que no faltan fragmentos en los que Marx (también Engels) enfatiza la importancia política de las categorías en torno a las cuales ha girado la producción teórica y la acción política del marxismo tradicional. Pero abundan también, son mucho más significativos, los fragmentos en los que Marx pone en cuestión esa postura.

 

Y mientras que los primeros participan del estilo panfletario, subversivo, de ciertos p√°rrafos de El Capital, los segundos emergen con especial claridad en aquellos momentos en los que Marx despliega su capacidad anal√≠tica y su saber. Y sin embargo se mantiene esa tensi√≥n irresoluble entre, dig√°moslo as√≠, dos Marx muy diferentes; una tensi√≥n de la que Kurz era plenamente consciente y que quiz√°s aprehendi√≥ mejor que nadie al distinguir entre el Marx exot√©rico (‚Äúpositivamente inclinado hacia el desarrollo inmanente del capitalismo‚ÄĚ, es decir, aquel que fundamenta las posiciones del marxismo tradicional) y el esot√©rico (‚Äúaquel que se desplaza hacia la cr√≠tica categorial del capitalismo‚ÄĚ, es decir, el Marx que √©l mismo reivindicaba) [1] .

 

La obra de Kurz, escrita originalmente en alemán y de la que existen algunas traducciones (pocas) a otros idiomas (inglés, francés o portugués), es paradójicamente desconocida para los lectores hispanohablantes, para quienes sólo están disponibles las traducciones oficiosas que puedan circular por internet y un libro, El mercado absurdo de los hombres sin cualidades: ensayos sobre el fetichismo de la mercancía, recientemente publicado por la editorial Pipas de Calabaza y que incluye dos textos de Kurz. A ella se suma además el trabajo realizado como impulsor de dos grupos distintos de análisis e intervención política en Alemania, Krisis y Exit!, que también han hecho contribuciones de gran importancia que, por desgracia, pasan generalmente inadvertidas para el marxismo en lengua castellana.

 

Precisamente por eso estas líneas no pueden hacer mucho más que presentar sucintamente, tal vez demasiado tarde, el trabajo de un autor que es tanto más importante cuanto más crítica se hace la situación socio-económica que vivimos. Se trata de un trabajo analítico de profundas consecuencias para la izquierda mundial en la medida en que resquebraja los lugares comunes sobre los cuales se suele construir el discurso de quienes tienen aspiraciones revolucionarias.

 

En palabras de Kurz: ‚Äúni el socialismo estatalista del Este, ni el movimiento obrero occidental, ni los movimientos anticoloniales de liberaci√≥n nacionalista, incluyendo a las corrientes m√°s radicales, podr√≠an calificarse ya de ‚Äėanticapitalistas‚Äô sino en un sentido limitado. Dicho con m√°s precisi√≥n: su anticapitalismo no se refer√≠a a√ļn a la aut√©ntica forma fundamental del capital mismo sino √ļnicamente a tal o cual capitalismo emp√≠rico dado, al que se tomaba por el capitalismo en cuanto tal, pero que en realidad s√≥lo era una fase a√ļn inmadura del desarrollo de la modernidad burguesa.
¬ęEl marxismo de esa √©poca no pod√≠a ser, por tanto, otra cosa que un marxismo burgu√©s e inmanente de la modernizaci√≥n, porque √©l mismo formaba parte todav√≠a de la historia de la conquista de la sociedad por el capital. [‚Ķ] Todo lo que aparece en Marx como incondicionalidad del ‚Äėpunto de vista del obrero‚Äô y de la ‚Äėlucha de clases‚Äô, como ret√≥rica del ‚Äėplustrabajo no pagado‚Äô y de la ‚Äėexplotaci√≥n‚Äô, pertenece todav√≠a a la teor√≠a capitalista del desarrollo, que refleja que el capital no se ha encontrado a√ļn a s√≠ mismo. [‚Ķ] Este marxismo inmanente de la modernizaci√≥n se ha vuelto hoy efectivamente obsoleto, y no porque haya sido ‚Äėerr√≥neo‚Äô sino porque su tarea ya est√° acabada. [‚Ķ] La lucha de clases, que no fue sino el proceso de imposici√≥n del capital en su pura l√≥gica formal y abstracta contra el capitalista hist√≥rica y emp√≠ricamente limitado, ha tocado a su fin‚ÄĚ.[2]

 

Y as√≠, es al marxismo exot√©rico al que le iba de suyo la identificaci√≥n de la propiedad de los medios de producci√≥n como el punto crucial que sustentaba el entramado de fuerzas pol√≠ticas que hab√≠a que reorganizar. Al marxismo esot√©rico, el que tiene sentido sostener en la coyuntura contempor√°nea, eso ya no le basta, no es lo sustantivo; y Kurz, que constat√≥ esa necesidad de cambiar el objetivo estrat√©gico de la acci√≥n revolucionaria, escribi√≥, junto con sus compa√Īeros del grupo Krisis, el Manifiesto contra el trabajo[3] . ‚ÄúProletarios de todo el mundo‚ÄĚ, termina el manifiesto, ‚Äúdejadlo ya‚ÄĚ.

 

Robert Kurz, pol√©mico y brillante, nos deja en un momento crucial de la historia contempor√°nea. Perdemos, por tanto, sus contribuciones, pero afortunadamente su obra perdura, y en esa medida lo hacen sus planteamientos. Una inestimable ayuda para el pensamiento cr√≠tico, que tanta falta nos hace y que en ocasiones a√ļn brilla por su ausencia.
___
1] http://libcom.org/library/reading-marx-21st-century-robert-kurz
2] R. Kurz, ‚ÄúLos intelectuales despu√©s de la lucha de clases: de la aconceptualidad a un nuevo pensamiento cr√≠tico‚ÄĚ, en El mercado absurdo de los hombres sin cualidades: ensayos sobre el fetichismo de la mercanc√≠a, Pipas de Calabaza, 2009, pp. 41-63 ( pp. 48-50).
[3] http://www.krisis.org/1999/manifiesto-contra-el-trabajo

‚ÄĒ‚ÄĒ
* En Rebelión (www.rebelion.org).

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