Mar 2 2012
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OpiniónPolítica

Estados Unidos: demencia

Cuando ya se pensaba que las palabras e ideas de los aspirantes republicanos a la presidencia no podían de ninguna manera parecer más dementes —aunque fuera por desgaste, después de que tres chiflados, Michelle Bachman, Herman Cain y Rick Perry, abandonaran la contienda—, así sucedió. Con la implosión de Newt Gingrich y la constante irrelevancia de Ron Paul, los electores republicanos se han quedado con dos opciones nada apetitosas: un fanático y un  farsante.| MAX J. CASTRO.*

 

La semana pasada Santurrón (Rick Santorum), el fanático, salió con la declaración más imbécil de una campaña caracterizada por incontables aseveraciones estúpidas, falsas y engañosas. En un programa conducido por Glenn Beck, un personaje que fue despedido de su empleo anterior porque estaba demasiado loco hasta para la derechista Noticias Fox, Santorum dijo: “Comprendo por qué Barack Obama quiere enviar a todos los jóvenes a la universidad”.

 

¿Y qué era lo que sabía Santorum de los motivos de Barack Obama para tratar de abrir las puertas de la educación superior a todos? Las universidades son “fábricas de adoctrinamiento”, dijo Santorum, adonde van los jóvenes a perder la fe, a que les laven el cerebro una horda de ateos y humanistas seglares que forman los claustros de las universidades.

 

Luego agregó que Obama era un snob por querer que todos los graduados de secundaria tengan la oportunidad de estudiar en la universidad.

 

Esto está tan equivocado que es difícil saber por dónde comenzar. Primero, Santorum tiene la información totalmente errada. Según un estudio publicado en Social Forces, una importante publicación de sociología, los estadounidensess que no van a la universidad experimentan un  mayor abandono de la religión  organizada que los universitarios.

 

La conclusión del autor es que:
“Al contrario de nuestras expectativas y las de otros… los adultos jóvenes que nunca se han matriculado en la universidad son actualmente los norteamericanos menos religiosos… 64 por ciento de los que actualmente se matriculan en una institución por un periodo tradicional de cuatro años han disminuido su asistencia a los cultos”… comparados con “76 por ciento de los que nunca se han  matriculado en la universidad”.

 

Como este es el mismo estudio que Santorum cita en sus declaraciones, según PBS, Santorum es un tonto o un bribón. Un tonto confundiría estos resultados, nunca leería más allá de la primera parte de las conclusiones y consideraría que esa era la prueba necesaria para asegurar que la universidad crea a infieles.

 

Por otra parte un bribón —que el diccionario define como una persona deshonesta, engañadora— usaría la primera parte fuera de contexto y distorsionaría deliberadamente lo que los investigadores han dicho realmente, y lo utilizaría para hacer una aseveración descabellada contra una adversario político.

 

Santorum, con toda certeza, no es un tonto ignorante: su declaración que equipara el matrimonio gay con la bestialidad es solo una mínima esquirla de la evidencia abrumadora. Aún así, es difícil creer que en este caso no supiera que estaba expresando una mentira.

 

Los resultados del artículo en Social Forces sugieren con fuerza una interpretación muy diferente. No es la universidad, sino la independencia que adquieren los adultos lo que produce un brusco declive de la observancia religiosa. La familia, no la universidad, es  la institución más implicada en el adoctrinamiento religioso y la observancia. No es casualidad que los hijos de musulmanes se hagan musulmanes o que los hijos de los católicos sean mayoritariamente católicos.

 

La adultez, al menos en Estados Unidos, libera al individuo del control del pensamiento y del comportamiento por parte de la familia. Por lo tanto,  una idea convincente de por qué los estudiantes universitarios tienen menos posibilidades de abandonar la religión es una prolongación de la adolescencia ya que, a diferencia de los jóvenes que son fuerza de trabajo, dependen económicamente de la familia.

 

Todo esto es la primera cosa, si no la más importante, que tiene de equivocada la explicación torcida y atroz de Santorum de por qué Obama quieren que los jóvenes estudien en la universidad. ¿No lo quieren así casi todos los padres? ¿No debiera querer Obama para todos los jóvenes estadounidenses lo que seguramente desea para sus propias hijas? ¿No existen incontables estudios que demuestran que como promedio los graduados universitarios ganan considerablemente más y hay entre ellos una tasa menor de desempleo?

 

¿No es la educación superior esencial para el desarrollo económico, progreso científico global, mejor salud, la seguridad del país e incluso el respeto propio nacional? ¿Será un snob el que quiere que todos los muchachos tengan derecho a una educación superior, independientemente de su color o su clase, o el que no haría nada y permitiría que el aumento de los costos limite el acceso a la universidad solo para una elite en disminución, principalmente rica y blanca?

 

Y a uno le extraña por qué a Santorum, el firme creyente cristiano, se le ocurrió una lectura tan poco caritativa —por no decir improbable— de las intenciones de su hermano. ¿O es que para Santorum, como para casi todos los republicanos, ninguna acusación es demasiado sucia o falsa para atacar al primer “hermano” [hermano es el tratamiento habitual entre personas de color] que llega a la Casa Blanca?

 

En cuanto a Mitt Romney, su última semana de campaña me incita a poner de cabeza la mantra del anti intelectualismo yanqui y preguntar: “Mitt, si eres tan rico, ¿por qué no eres inteligente?” La semana pasada Romney estaba en Michigan, donde nació y donde su padre sirvió como gobernador. Es un indicio de la antipatía en contra de Romney que este hijo originario del estado, de quien se esperaba que ganara fácilmente la primaria, esté sudando tinta en el enfrentamiento con  Santorum.

 

Y también, Romney escribió una columna de opinión en The New York Times en la que se oponía a la ayuda gubernamental a la industria automovilística bajo el título “Dejen que Detroit vaya a la bancarrota”. Cientos de miles de residentes de Michigan se ganan directa o indirectamente la vida en esa industria. Por tanto, a nadie debe sorprender que cuando Romney contrató un gigantesco estadio para  un mitin en el estado, solo asistieron unas pocas docenas de personas.

 

¿Vergonzoso? No tanto como lo que Romney dijo allí para demostrar su apoyo al trabajador promedio: “Mi esposa conduce  dos Cadillac”. Si lo hace al mismo tiempo sería una hazaña, aunque no un hecho tan cruel como cuando Romney ató a su perro al techo del auto para hacer un viaje por carretera de doce horas.

 

Termino con una pregunta para los electores republicanos, los cuales seleccionaran uno de estos dos pavos como representante de su partido en las elecciones presidenciales que se celebrarán en el mes del Día de acción de gracias. Si ustedes son tan ricos y tan cristianos, ¿por qué no son un poco más inteligentes y amables?
——
* Periodista estadounidense
En http://progreso-semanal.com
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