Feb 11 2013
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OpiniónPolítica

Estados Unidos: un nuevo secretario de Defensa o un nuevo secretario de ofensa

Hagel1En una maratónica audiencia de confirmación la semana pasada, los republicanos del Senado hicieron pasar muy mal rato a Chuck Hagel, el designado por Barack Obama como secretario de Defensa. Esto no sería nada inusual, a no ser por el hecho de que Hagel es republicano y exsenador, colega y amigo de varios de los que ahora le fueron arriba con cuchillos y espadas desenvainadas. | MAX J. CASTRO.*

 

Es tambi√©n un veterano de Vietnam que recibi√≥ un par de Corazones P√ļrpura por dos heridas sufridas durante su servicio como jefe de una escuadra de infanter√≠a. Hagel ser√≠a el primer alistado de las Fuerzas Armadas en llegar a ser secretario de Defensa.

 

Dados sus antecedentes, uno pudiera pensar que los senadores republicanos, puestos de pie, habr√≠an aclamado a Hagel. El hecho de que en su lugar le est√©n persiguiendo y amenazando con sabotear su nombramiento es una se√Īal de algo significativo: que el desastre de Iraq y el actual pantano de Afganist√°n no han impedido a los halcones que contin√ļen tratando de hacer un mundo caracterizado por una muy fuerte hegemon√≠a de EEUU
Por el contrario, la selección de Hagel por parte de Obama indica que en su segundo período el presidente tiene la intención de perseguir un objetivo diferente.

 

Lo que los cr√≠ticos del Partido Republicano y neoconservadores de Hagel han demostrado en los √ļltimos d√≠as que lo que realmente desean no es un secretario de Defensa de EEUU; ellos quieren un secretario de Ofensa. Y saben que Hagel no proviene de ah√≠. Aunque vot√≥ a favor de la guerra de Iraq, Hagel pronto comprendi√≥ que clase de error hab√≠a sido la invasi√≥n y ocupaci√≥n de Iraq. Se opuso a la escalada de la participaci√≥n de EEUU ‚ÄĒla llamada oleada.

 

Hagel tambi√©n ha sido pr√°cticamente el √ļnico pol√≠tico exitoso de EEUU que se ha desviado de la l√≠nea bipartidista ‚ÄúIsrael no puede equivocarse‚ÄĚ. Incluso ha criticado al cabildo proisrael√≠ de l√≠nea dura en Estados Unidos. Durante la guerra israel√≠, ostensiblemente contra Hezbol√°, pero que devast√≥ gran parte de L√≠bano, Hagel fue el √ļnico miembro del Congreso que no se uni√≥ a los porristas de Israel y en su lugar se√Īal√≥ que L√≠bano tambi√©n es un aliado de EEUU. Y mientras George W. Bush estaba endureciendo el embargo contra Cuba hasta dimensiones inhumanas, Hagel fue un decidido defensor de una pol√≠tica de di√°logo.

 

Los que bloquean le nombramiento de Hagel tratan de explotar sus pasadas desviaciones de la ortodoxia, particularmente en el caso de Israel. Hagelk2Pero lo que verdaderamente preocupa a los excolegas de Hagel como John McCain, quien interrogó vengativamente al nominado, es la visión general que Hagel tiene del poderío norteamericano.

 

Uno de los asuntos m√°s destacados en estos momentos es Ir√°n. McCain atac√≥ a Hagel por haber votado en contra de las sanciones econ√≥micas en contra de ese pa√≠s hace varios a√Īos. A la misma gente que promovi√≥ la guerra en Iraq le gustar√≠a la opci√≥n militar m√°s temprano que tarde (Obama ha dicho que esa opci√≥n a√ļn no se ha retirado de la mesa) Temen que como miembro clave del gabinete del presidente para asuntos militares, Hagel ser√≠a una voz esc√©ptica en relaci√≥n con un ataque armado contra los iran√≠es.

 

Probablemente tengan raz√≥n. En una columna de opini√≥n en The Washington Post el 27 de enero, Bob Woodward hace el recuento de una reuni√≥n entre Hagel y Obama hace cuatro a√Īos:
‚ÄúDurante los primeros cuatro meses de la presidencia de Obama en 2009, Chuck Hagel, que acababa de terminar dos per√≠odos como senador de EEUU, fue a la Casa Blanca a visitar al amigo que hab√≠a hecho durante los cuatro a√Īos que ambos estuvieron traslapados en el Senado.

‚Äú’Entonces’, pregunt√≥ el presidente Obama, ‘¬Ņqu√© piensa usted en cuanto a la pol√≠tica exterior y la defensa?‚Äô‚ÄĚ
‚ÄúSeg√ļn una versi√≥n que dio Hagel posteriormente, y que es reportada aqu√≠ por primera vez, √©l le dijo a Obama: ‚ÄėEstamos en momentos en que hay un nuevo orden mundial. Nosotros no lo controlamos. Usted debe cuestionar todo, toda suposici√≥n, todo lo que ellos ‚Äďlos militares y los diplom√°ticos‚Äď le dicen. Cualquier suposici√≥n que tenga m√°s de 10 a√Īos es obsoleta. Usted tiene que cuestionar nuestro papel. Usted tiene que cuestionar a nuestros militares. Usted tiene que cuestionar para qu√© estamos usando a nuestros militares‚Äô‚ÄĚ.

 

Es evidente que a Obama le gust√≥ lo que escuch√≥. Y Hagel, con sus firmes antecedentes militares, brindar√≠a al presidente alg√ļn resguardo contra los ataques de la derecha cuando se trate de restringir los reclamos insaciables de presupuesto de las fuerzas armadas y reforzar√≠a su resoluci√≥n de resistirse a los intentos del primer ministro israel√≠ Benjamin Netanyahu a abusar o chantajear a Estados Unidos para atacar a Ir√°n.

 

Las apuestas en Wáshington están a favor de que Hagel ganará su confirmación, aunque no sin lucha. A fin de tener una posibilidad de ganar la confirmación, Hagel ya se ha visto obligado a excusarse por sus comentarios acerca del cabildo pro Israel y expresar ante el comité senatorial opiniones más halconescas acerca del uso del poderío norteamericano que las que compartió con Obama en 2009.

 

Su pobre desempe√Īo en la audiencia probablemente refleje la tensi√≥n psicol√≥gica de decir una cosa mientras piensa otra. Y Hagel enfrenta un obst√°culo que ning√ļn otro candidato al gabinete ha enfrentado jam√°s, bajo la forma de dos organizaciones misteriosas financiadas por ricos personajes secretos que realizan campa√Īas en contra de su confirmaci√≥n. Las mismas fuerzas que trataron sin √©xito de torpedear a Obama lo tienen en la mira.

 

Hagel3Una victoria de Hagel incrementar√≠a las posibilidades de una pol√≠tica exterior y defensa norteamericanas m√°s matizadas, no se debe esperar ning√ļn giro extremo o s√ļbitos cambios. El complejo militar-industrial, los intereses de negocios norteamericanos, y la pol√≠tica conservadora y elites pol√≠ticas representan obst√°culos formidables para un cambio fundamental en la pol√≠tica exterior norteamericana.

 

Y s√≠, tambi√©n hay un gran n√ļmero de estadounidenses comunes y corrientes que desean que este pa√≠s siga siendo la naci√≥n ‚Äúindispensable‚ÄĚ ‚ÄĒl√©ase dominante‚ÄĒ en el planeta.
‚ÄĒ‚ÄĒ
Periodista.
En Progreso Semanal (http://progreso-semanal.com)

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