Abr 4 2012
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OpiniónPolítica

Estados Unidos: todo listo para la batalla infinita

El secretario de Defensa Leon E. Panetta anunci√≥ hace poco que los Estados Unidos esperaban poner fin en 2013 a su misi√≥n de combate en Afganist√°n, tal como lo hicieron en Irak el a√Īo pasado. Sin embargo, tanto en la Bah√≠a de Guant√°namo como en otros lugares, los Estados Unidos siguen teniendo enemigos detenidos ‚Äúdurante las hostilidades‚ÄĚ. |MARY L. DUDZIAK.*

 

En realidad, la ‚Äúfinalizaci√≥n‚ÄĚ del combate en Afganist√°n e Irak parece no tener consecuencias para la finalizaci√≥n de la detenci√≥n.

 

Como tradicionalmente se considera que el fin de una guerra es el momento en que comienzan a debilitarse las facultades b√©licas de un presidente, poner fin al combate en Afganist√°n e Irak deber√≠a conducir a una reducci√≥n del poder del ejecutivo, lo que comprende el derecho a detener al enemigo. Sin embargo, en la actualidad hay una desconexi√≥n entre las guerras que llegan a su fin y la ‚Äúguerra‚ÄĚ que se usa para justificar la persistente detenci√≥n de prisioneros.

 

En un primer momento, la guerra en Afganist√°n form√≥ parte de la ‚Äúguerra contra el terrorismo‚ÄĚ del gobierno de Bush. Ese marco ten√≠a un poder ret√≥rico, pero pronto gener√≥ cr√≠ticas porque una guerra contra el terrorismo no tiene l√≠mites espaciales ni temporales; tampoco perspectivas de finalizar alguna vez.

 

Cuando asumi√≥, Obama abandon√≥ la ret√≥rica de la ‚Äúguerra contra el terrorismo‚ÄĚ y pas√≥ a concentrarse en Irak y Afganist√°n. La guerra estadounidense parec√≠a ahora m√°s manejable y tradicional. Una guerra confinada a una zona b√©lica espec√≠fica era una guerra que pod√≠a terminar una vez que se venciera al enemigo en ese territorio.
Pero no era tan simple: los combatientes de Al-Qaeda cruzaron la frontera afgana e ingresaron a Pakistán, con lo que se extendió la zona de conflicto.

 

Finalizar guerras nunca ha sido f√°cil, por supuesto. En la Pen√≠nsula de Corea, la lucha lleg√≥ a su fin mediante un armisticio en 1953, pero nunca se firm√≥ un tratado de paz, de modo que esa guerra no tuvo un fin formal. Ante la persistente amenaza de Corea del Norte, las tropas estadounidenses siguen teniendo presencia en Corea del Sur. De haberse aplicado la l√≥gica actual en ese caso, los prisioneros de guerra coreanos a√ļn se encontrar√≠an detenidos.

 

Durante la guerra de Vietnam, los soldados vietnamitas también cruzaron una frontera, la de Camboya. Sin embargo, una vez que la guerra llegó a su fin, también lo hicieron los argumentos para extender la detención de los soldados enemigos norvietnamitas, por más que continuaba la Guerra Fría contra el comunismo.

 

Las guerras recientes de los EE.UU. han sido dif√≠ciles de terminar, pero nuestros presidentes se han esforzado al m√°ximo para proclamar que nuestros objetivos se concretaron. El presidente George W. Bush lo hizo de forma memorable cuando declar√≥ la victoria en Irak en mayo de 2003 en la cubierta del portaaviones Abraham Lincoln diciendo ‚ÄúMisi√≥n cumplida‚ÄĚ a pesar de que el conflicto distaba de haber finalizado.

 

El presidente Obama tuvo su propio momento de ‚ÄúMisi√≥n cumplida‚ÄĚ cuando declar√≥ el ‚Äúfin del combate en Irak‚ÄĚ en agosto de 2010. Al igual que el episodio de Bush, el de Obama fue ante todo un evento para los medios: los periodistas hablaron con emoci√≥n sobre el momento hist√≥rico mientras las tropas de combate estadounidenses atravesaban la frontera e ingresaban a Kuwait.

 

En ese momento, sin embargo, 50.000 efectivos de los EE.UU. permanec√≠an en Irak, y el ej√©rcito se apresur√≥ a explicar que, si bien el ‚Äúconflicto‚ÄĚ hab√≠a terminado, persist√≠an ‚Äúcondiciones de conflicto‚ÄĚ, por lo que los soldados recibir√≠an un pago adicional por prestar servicio en una zona hostil. Esa primera ‚Äúfinalizaci√≥n‚ÄĚ de la guerra de Irak ahora ha ca√≠do en el olvido, eclipsada por la retirada de diciembre de 2011, que fue mucho m√°s amplia de lo inicialmente planeado.

 

El ‚Äúfin del combate‚ÄĚ en Afganist√°n, programado para 2013, podr√≠a convertirse en otro evento pensado para los medios. Pero como m√≠nimo podr√≠a obligar a los estadounidenses a enfrentar la contradicci√≥n de poner fin a dos guerras mientras se invoca una tercera, nebulosa e interminable, para justificar la detenci√≥n de los prisioneros.

 

Los abogados del gobierno tienen la respuesta para ello; la autorización para el uso de la fuerza militar posterior al 11 de septiembre dio autoridad al presidente para actuar contra Al-Qaeda y sus seguidores.

 

Obama llev√≥ su definici√≥n de la guerra a ese marco m√°s extenso en enero de 2010 cuando declar√≥ que los Estados Unidos est√°n ‚Äúen guerra contra Al-Qaeda‚ÄĚ. Eso ampli√≥ el alcance de la ret√≥rica de Obama sobre la guerra al divorciarla de la geograf√≠a.

 

También proporcionó una forma de incluir en el ámbito de la guerra estadounidense a terroristas que no pertenecían a Irak ni a Afganistán, tales como Anwar al-Awlaki, el sacerdote oriundo de los Estados Unidos y vinculado a Al-Qaeda en la Península Arábiga que murió en un ataque con aviones no tripulados en Yemen en septiembre.

 

Al igual que la versión de la guerra contra el terrorismo del gobierno de Bush, esta guerra con Al-Qaeda nos permite seguir a nuestros enemigos dondequiera que vayan. También nos permite seguir encuadrando a los terroristas como combatientes, a los que puede detenerse sin acusación formal mientras existan amenazas relacionadas con Al-Qaeda.

 

Obama trata de tenerlo todo. Poner fin a grandes conflictos en dos países lo ayuda a cumplir promesas electorales. Pero su extensa definición de la guerra deja intacta la facultad del ejecutivo de detener sin acusaciones y de llevar la guerra a toda región donde Al-Qaeda tenga presencia.

 

Al afirmar, por motivos políticos, que las dos guerras del país llegan a su fin mientras por detrás se planea una guerra a mayor plazo contra los terroristas de Al-Qaeda, el hombre que prometió finalizar las guerras de los Estados Unidos en realidad ha sentado las bases para una batalla infinita.
‚ÄĒ‚ÄĒ
* Profesora de Derecho, Historia y Ciencias Politicas de la Universidad del Sur de California y ensayista.
En www.revistaenie.clarin.com
Traducción de Joaquín Ibarburu. Se cita como fue el diario estadounidense The New York Times.

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