Mar 30 2020
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Pol铆tica

Europa, gigante con pies de arcilla y una solidaridad de pacotilla

Si Europa era el continente donde el desarrollo de todas las componentes de la modernidad burguesa (democracia pol铆tica representativa, producci贸n y consumo masivos, estado de bienestar) han alcanzado su m谩s profunda expresi贸n pasada, eso qued贸 en el pasado.

El actual desmantelamiento de los sistemas de seguridad social, la anulaci贸n y las consecuentes reformas de la legislaci贸n laboral, las privatizaciones, la p茅rdida permanente de derechos sociales que se consideraba derechos adquiridos, retrocesos salariales, avance de la desocupaci贸n, deslocalizaciones de empresas, evidencian que no basta construir un bloque continental.Protestan en Brasil contra derrumbe de la Seguridad Social

Una Europa alejada del Siglo de las Luces, no es m谩s que una p谩lida fotocopia de s铆 misma, una v铆ctima complaciente de la globalizaci贸n hasta el punto de transformarse en un bloque econ贸mico en crisis de todo tipo.

En la medida en que la sociedad y la historia universal es arrastrada como nunca por la globalizaci贸n, la duda y la desaz贸n se ampara en sus pueblos y las consecuencias no se hacen esperar: el repunte de la extrema derecha fascista, es un signo evidente del estado de 谩nimo de sus habitantes.

Hay otro grave componente pol铆tico, la ausencia llamativa del debate dial茅cticamente serio de estos fen贸menos en amplios c铆rculos del pensamiento cr铆tico europeo. Sin conciencia cr铆tica solo queda la aceptaci贸n t谩cita de la 芦americanizaci贸n de este continente禄.
La generalizaci贸n de pol铆ticas p煤blicas de claro corte neoliberal, llevada adelante por los gobiernos europeos, los han transformados en gestores de las crisis, aplicando e imponiendo a sus poblaciones el mandato de la Troika, es decir, del Fondo Monetario Internacional (FMI), de la Comisi贸n Europea y del Banco Central Europeo.

La globalizaci贸n de las emociones como estrategia postmoderna de ...Sin dudas, vivimos una 茅poca de globalizaci贸n -eso es incuestionable-, pero es la globalizaci贸n de la angustia y del p谩nico. La violencia inusual con la cual se debate el gran capital en el saqueo econ贸mico e industrial de la Tierra, desde el mar hasta la atmosfera, hace que todo se condense en un 煤nico y terrible escenario la expoliaci贸n de nuestro planeta.

Y en este sentido el rol central de estas pol铆ticas de avasallamiento corresponde sin dudas a Estados Unidos, en sus procesos de reformulaci贸n del sistema mundial capitalista. Ser铆a un gran error pensar que la realidad en el seno del gran pa铆s del norte es homog茅nea.

Por el contrario, la experiencia en EU, donde el capitalismo se manifiesta con toda su crudeza, con escasa protecci贸n social y una democracia sumamente limitada, existen fuertes intereses contrapuestos de diferencias sociales y un grado extendido de pobreza.

La 鈥渋luminaci贸n鈥 apagada por el Tratado de Maastricht

Algunos a帽os atr谩s los responsables pol铆ticos que lograban llegar a las distinguidas y nobles funciones del Estado, despu茅s de una vida de combates y luchas sociales, pod铆an cultivar la esperanza de gu铆ar los destinos del pa铆s, modelando a su manera el futuro de sus pueblos. Era la 茅poca en que la dimensi贸n del hombre de Estado grabar铆a con una huella imborrable la historia de su pueblo y, para las generaciones futuras, 茅sta quedar铆a plasmada en un monumento, una plaza o en el nombre de una calle.

Hoy el hombre de Estado aparece promovido a estos cargos para administrar el 鈥渃orte de tijera鈥 necesario en el presupuesto de las naciones y su nombre se hace popular en las manifestaciones callejeras y en la bronca de la gente.

El Tratado de Maastricht del 7 de febrero de 1992 defini贸 el 芦proyecto de integraci贸n europeo禄 tras los progresos realizados en el Acta 脷nica de 1986, que promet铆a, en un mismo paisaje comunitario, 芦desarrollar la dimensi贸n social de la Comunidad, reforzar la legitimidad democr谩tica de las instituciones y mejorar su eficacia禄. Tratado de Maastricht | Economipedia

En la operaci贸n de maquillaje, tambi茅n se quiso presentar el Tratado de Maastricht como la consagraci贸n de la 鈥淓uropa de los ciudadanos鈥 al reconocer el derecho de voto en las elecciones municipales a los residentes de la UE, con independencia de su nacionalidad de origen.

Pero lo cierto es que el protagonismo real que la ciudadan铆a europea deber铆a haber jugado y conquistado, por historia y acervo democr谩tico, sigue ausente. Y aunque introduce el principio de subsidiariedad 鈥揹el cual ya nadie habla鈥 el Tratado s贸lo se justifica por su aporte clave a la Uni贸n Econ贸mica y Monetaria, fijando al alza, y con acento germ谩nico, los requisitos para la construcci贸n europea.

Lo fundamental, la raz贸n de ser del Tratado, sin hipocres铆as ni funambulismos, fue el anuncio de creaci贸n de la nueva moneda europea y los criterios por los que podr铆an acceder a la misma los Estados miembros que decidieran formar parte tambi茅n de la uni贸n monetaria, que tienen que ver con la inflaci贸n, el d茅ficit, la deuda y el tipo de inter茅s.

La Europa de Maastricht ha transformado de esta manera a cada responsable pol铆tico a nivel nacional en un 鈥減residente al 3%鈥 encargado de hacer respetar las condiciones de la UE.

La doble cara de la extrema derecha en Europa: se vende como ...Vivimos ahora en una Europa sin alma, en una Europa que se hunde en las desigualdades, que se desfigura en esta crisis sin fin del Covid-19, que pone cada d铆a m谩s al descubierto el desgarro de unos procedimientos democr谩ticos vulnerados. La crisis pol铆tica est谩 poniendo en el orden del d铆a en Europa propuestas altamente antidemocr谩ticas, con una peligrosa tendencia hacia soluciones autoritarias, con la subordinaci贸n de las pol铆ticas nacionales ante la insolidaridad manifiesta de muchos l铆deres europeos.

Detr谩s de la pandemia. la realidad salta por los aires

La propia estructura de la UE propicia el control de la agenda europea por parte de los mercados. El Parlamento Europeo apenas tiene competencias, las decisiones se toman en consejos. El entramado en Bruselas de la Comisi贸n Europea, el poder ejecutivo real de la UE est谩 organizado de tal forma que sus estructuras quedan ajenas a la fiscalizaci贸n de los ciudadanos, que, adem谩s, no tienen ning煤n poder de elecci贸n directa sobre la composici贸n de sus miembros.

Dentro de ese andamiaje aparecen las autoridades monetarias, encargadas de repartir austeridad bajo la bandera del rescate financiero. Pensar que el Banco Central Europeo (BCE) es antidemocr谩tico es un eufemismo. Los Gobiernos nacionales se pliegan a los planteamientos de la troika, que lleva a Europa a una deriva cada vez m谩s autoritaria. La gran banca espa帽ola aguanta el escenario m谩s

La gran banca ha tomado el poder y ha consolidado una Uni贸n fracturada. Esas fracturas han ido creciendo con el tiempo y se han multiplicado con las crisis econ贸micas, y han explotado con la pandemia actual. Las respuestas de los gobiernos hasta la fecha han sido err谩ticas, descoordinadas鈥 cuando no mal intencionadas.

Sin hacer futurolog铆a un nuevo escenario se perfila: m谩s capitalismo

La reputaci贸n de las democracias liberales occidentales est谩 en juego, por lo menos entre sus ciudadanos. Su capacidad de respuesta y gesti贸n se ha erosionado, en este s谩lvese quien pueda, y todos los determinantes de salud han encendido sus se帽ales de alerta.
Todo eso significa mayor desigualdad y mayores dificultades para desandar lo andado, hacia una senda de mayor equidad. Todo nos aleja, de una manera que nos parece irreversible, del retorno hacia sociedades m谩s estables, menos b谩rbaras, m谩s solidarias y democr谩ticas, necesariamente socialistas.

El mundo capitalista 鈥損orque de eso se trata鈥 ser谩 como m铆nimo inestable, compartimentado, permanentemente bajo sospecha. Un tel贸n de acero econ贸mico caer谩 sobre el mismo. Se acelerar谩 el repliegue del comercio internacional, los exportadores ya est谩n reconfigurando sus cadenas de suministros, acercando su producci贸n a costa de eficiencias.

Mientras tanto, las importaciones subir谩n sus barreras arancelarias en respuesta, acelerando un proceso que ya hab铆a comenzado con la guerra comercial entre EU y China. Las organizaciones multilaterales ausentes y fuera de juego, y la doctrina de Donald Trump de individualismo geopol铆tico sale reforzada.

La 鈥渕ano invisible鈥 del mercado global de las naciones es la que establecer谩 los nuevos equilibrios, fr谩giles, precarios. A su vez, el desplome del precio del petr贸leo pone contra las cuerdas a todos los exportadores y la OPEP podr铆a colapsar por los desacuerdos internos y la carrera suicida a la oferta descontrolada, agravando las crisis de todo tipo.

La crisis abri贸 la veda para una bater铆a de ajustes que recortan cada vez m谩s y m谩s derechos y preconizan un aumento de las desigualdades a nivel mundial y en la UE en particular. Ya que no todas las restricciones que ahora se imponen se eliminar谩n tras la normalizaci贸n, el espacio Schengen ser谩 cada vez m谩s cuestionado y las comunidades cosmopolitas vistas con recelo. Mas fricciones al movimiento legal de personas y un sistema de visados m谩s estrictos.

Las buenas intenciones contra el cambio clim谩tico, y los acuerdos logrados ser谩n suspendidos, los planes pospuestos a otros tiempos, las energ铆as limpias en bancarrota inminente por el abaratamiento del petr贸leo.

Las promesas que se hacen en plena crisis sobre las iniciativas de futuro para solventar las consecuencias actuales y futuras de la pandemia exigir谩n (para su concreci贸n) de mucha movilizaci贸n ciudadana, de una lucha organizada, de lo contrario, en todos los pa铆ses, en todos los casos, los perdedores ser谩n los mismos de siempre.聽 Espa帽oles agradecen a personal de emergencias desde ventanas y ...

En este marco tiene sentido todav铆a preguntarse sobre 驴la libertad? Libres para aplaudir en los balcones al personal sanitario, al cual lo ningunearon y desmitificaron con pol铆ticas econ贸micas y sociales de corte regresivo, cerrando plantas enteras de los hospitales p煤blicos. Frente a esta realidad de 驴qu茅 actividad libre puede hablarse si esta 芦restringida禄 por la necesidad?

El Covid-19 es la puntilla a la globalizaci贸n, y por eso, si se trata de salvar al capitalismo 鈥揷on su enorme capacidad para producir riqueza privada con recursos p煤blicos鈥 debemos aceptar los sacrificios humanos.

No es ni ser谩 la burgues铆a, clase social portadora de la acci贸n de valorizaci贸n del capital la que, en su din谩mica de acumulaci贸n y reproducci贸n de riquezas, favorezca la apertura y creaci贸n de nuevos espacios. Por el contrario, frente a las demandas de las clases m谩s oprimidas siempre se ha respondido con violencia y represi贸n.

Si nada ser谩 igual, como piensan algunos鈥 es porque ser谩 peor.

 

*Periodista uruguayo acreditado en ONU-Ginebra, analista asociado al Centro Latinoamericano de An谩lisis Estrat茅gico (CLAE,聽www.estrategia.la)

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