Feb 1 2016
1499 lecturas

Opinión

Felipe II, consejero secreto de Donald Trump

Ac√° en Chile existe una larga y honorable tradici√≥n de pr√°cticas espiritistas, as√≠ que me pareci√≥ atrayente solicitar a una adivina, cuyos contactos con la ultratumba suelen ser veraces y fiables, una opini√≥n acerca de la confusa campa√Īa presidencial norteamericana. Sorprendentemente, esta m√©dium intercept√≥ un mensaje nada menos que del rey espa√Īol Felipe II para Donald Trump, palabras que paso enseguida a duplicar en forma fehaciente y, hay que admitirlo, con algo de pasmo:

“Yo, Felipe II, el más poderoso de los soberanos de mi época, Rey de Castilla y Aragón y muchas otras comarcas en el gran orbe, he venido acechando, excelentísimo Sr. Trump, la cruzada suya por salvar a vuestra nación de los males que la aquejan.

Tales trastornos no son dis√≠miles de aquellos que enfrent√© yo, as√≠ como lo ficieron mi padre Carlos V y mi hijo, Felipe III en nuestros propios dominios. Una econom√≠a malherida, pl√©toras de pobres y p√≠caros exigiendo que el Estado los alimente en forma gratuita, especulaci√≥n y corrupci√≥n entre los estratos m√°s pudientes de la sociedad, la Cristiandad asediada por sodomitas y mujeres de costumbres sueltas, los valores tradicionales carcomidos por intelectuales sumisos a influencias for√°neas, enemigos distantes que incesantemente os desaf√≠an desde otras latitudes mientras, en vuestra casa y heredad, terroristas musulmanes r√°bidos fingen ser ciudadanos pac√≠ficos ‚Äďtodas estas dolencias sociales son, para m√≠, tristemente reconocibles.

Es por eso que, aunque no soy ya de este mundo desde 1598, me he preguntado si acaso no ser√≠a provechoso enviarle desde el m√°s all√° algunos remedios que mostraron su validez cuando Espa√Īa era el reino m√°s ingente del globo terr√°queo.

Tal como me sucedi√≥ a m√≠, la prioridad m√°s apremiante para su gobierno la constituyen, sin duda, las m√ļltiples potencias extranjeras que amenazan vuestra hegemon√≠a. Debe abstenerse, creo yo, de negociar con aquellos jerarcas, ya que cualquier signo de blandura solo servir√° para abrir su apetito expansivo y cebar su desfachatez. Uds. son, como lo fuimos nosotros, m√°s fornidos que sus adversarios y tienen a vuestro alcance armas m√°s letales, con bases en todos los continentes e invencibles armadas zarpando por todos los mares. Ser√≠a aconsejable, por tanto, que llevaran la guerra al territorio del contrincante, diezmando sus ciudades y campos y, sobre todo, sus sistemas de comunicaci√≥n. Que √©l y sus v√°stagos tiemblen ante la trompeta de vuestro nombre.eeuu donald trump

Antes, sin embargo, urge ocuparse del enemigo interno. Ya hab√©is propuesto registrar a la poblaci√≥n musulmana, algo que nosotros pudimos realizar con severa eficacia, forzando a los que profesaban la fe de Mahoma a que portasen insignias y dejasen de practicar su religi√≥n falaz. Tales medidas resultaron, por mala fortuna, insuficientes para resolver nuestro problema, una lecci√≥n que vale la pena que Uds. aprendan. Estos inmigrantes, que se reproducen como conejos y rechazan toda asimilaci√≥n a los usos y costumbres de la patria, deben ser expulsados ‚Äďo, si prefiere otra palabra‚Äď deportados. No escuch√©is a quienes declaran que esta pol√≠tica ha de acarrear la ruina econ√≥mica y la ignominia a vuestra estirpe. Ni tampoco atienda a quienes anuncian que tal tarea no es factible. En escasos dos a√Īos ‚Äďde 1609 a 1611‚Äď mi hijo, con el favor de milicias locales fuertemente apertrechadas (ojo con impedir que la buena gente se arme), logr√≥ deshacernos de esta escoria tozuda, purificando Espa√Īa como a vosotros os incumbe purgar a Am√©rica.

Y mientras hablamos de medidas extremas de seguridad, ¬Ņpor qu√© detenerse con los seguidores del Islam? ¬ŅPor qu√© no registrar tambi√©n a los pobres, como un indispensable ejercicio inicial que resguarde la paz social, salvaguardando que de veras merecen la caridad que tan liberalmente se les prodiga? Comenc√© yo con los mendigos ‚Äďnubarradas de pordioseros atascando calles y caminos‚Äď, decretando en 1558 que √ļnicamente aquellos comprobadamente inv√°lidos pod√≠an solicitar limosna. El diluvio de los dem√°s, los que simulan ser v√≠ctimas de la injusticia, ¬°fueron forzados a trabajar! ¬ŅC√≥mo logramos tal haza√Īa? Por medio de c√©dulas de identidad que conced√≠an cl√©rigos locales y ratificaban los jueces, renovables cada a√Īo en Semana Santa, cuando los fieles se sumergen en la comuni√≥n y se confiesan. De esa manera logramos que dejaran de sorber y consumir nuestros recursos los tr√ļhanes as√≠ como las familias sin techo que no adolec√≠an de otro mal que la pereza. Si sectores de vuestro clero se resisten a estos procedimientos ‚Äďen mi opini√≥n, tales grupo liberales se muestran excesivamente indulgentes hacia renegados y ap√≥statas‚Äď, Uds. poseen, por fortuna, sistemas de vigilancia y servicios secretos que pueden realizar esta tarea, una red de espionaje con que hasta la m√≠a, envidiada como la m√°s sofisticada del mundo, no podr√≠a competir. Hay que mantener a raya a estos nativos holgazanes y sus defensores afeminados. Uno nunca sabe cu√°ndo van a sublevarse, algunos pretextando hambre, falta de libertad los otros.

No debe prohibirse, empero, toda mendicidad. Como los estudiantes de mi Espa√Īa, los vuestros han acumulado obligaciones financieras desastrosas. Nuestra soluci√≥n ser√° f√°cil de imitar: licenciar a los pupilos menesterosos, con la venia de los directores de sus establecimientos educacionales, para que imploren asistencia en la v√≠a p√ļblica. Adem√°s de alegrar a los vecinos con el buen humor y chanzas de aquellos estudiantes donosos, esta disposici√≥n permitir√≠a a las organizaciones de caridad privadas aliviar al Estado de enormes d√©ficit presupuestarios, liberando fondos que podr√≠an, entonces, destinarse a expediciones militares.

Y ya que entramos al tema de la educaci√≥n, ¬Ņpor qu√© no introducir como texto obligatorio en las escuelas, La Perfecta Casada, un popular manual de mi √©poca que dispendi√≥ consejos a las j√≥venes para que tuvieran un comportamiento probo y casto, asegurando que agacharan la cabeza y obedecieran a sus maridos, por muy abusivos, beodos, crueles o irritables que resultasen? Semejante adiestramiento ayudar√≠a a traer de vuelta la edad de oro cuando la familia era el cimiento fundamental de la existencia social y los abortos quedaban desterrados a los oscuros callejones de cada localidad. Para combatir la degeneraci√≥n desenfrenada que os agobia hay que restaurar la natural jerarqu√≠a que Dios ha creado entre las especies y los sexos. Es necesario, sobre todo, perseguir sin misericordia a los sodomitas, esa plaga.

En cuanto a los que se opondr√≠an descaradamente a vuestros decretos, tan indispensables para la salud y bienaventuranza de la rep√ļblica, ser√≠a conveniente que vuestra merced considerase la posibilidad de resucitar a la Santa Hermandad de la Inquisici√≥n. Aunque el sistema penitenciario norteamericano es mucho m√°s colosal que el de cualquier otro pa√≠s del planeta, nada proporciona m√°s protecci√≥n a una naci√≥n azorada que una buena dosis de Autos de Fe. Si el espect√°culo de tales fogatas es criticado por expertos y peri√≥dicos influyentes, ser√° hora de aplicar el torniquete de la censura y la presi√≥n financiera del Estado. Y aseg√ļrese que la espada de la justicia caiga sobre los inculpados en forma expedita, de manera que la pena de muerte no pierda su efecto disuasivo con tanta litigaci√≥n dilatoria.

En lo que ata√Īe a las variaciones violentas del clima, no prest√©is o√≠dos a quienes le exigen una intervenci√≥n perentoria. En nuestro siglo nos asol√≥ una cuota formidable de estragos, sequ√≠as, tormentas y calores fastidiosos. Ignoramos tales azotes, comprendiendo que la Natura es el mayordomo de Dios y El nos est√° poniendo a prueba con estos trabajos, sopesando nuestras convicciones y constancia. En vez de pretender desinfectar la Tierra (tanta ch√°chara incomprensible acerca de las capas de ozono y las emisiones de gas), mejor ser√≠a dirigir los esfuerzos a sanear nuestros cuerpos y almas. Si quedamos limpios de pecado, el Se√Īor ver√° el modo de resolver los transitorios problemas del medio ambiente, compens√°ndonos con agua fresca y aire pr√≠stino.

Una √ļltima recomendaci√≥n. Durante mi reinado, consider√© a los jud√≠os como una raza maldita, devotos del lucro y la usura, y siempre agradec√≠ a mis abuelos que expulsaran de Espa√Īa en 1492 a esos adoradores de Satan√°s. Pero debo admitir que hay una pol√≠tica de sus descendientes en la Tierra Santa que admiro m√°s que mi amado Escorial y que sugiero que vuestra merced imite a destajo: Construid murallas, muchas, muchas murallas.

Con los mejores deseos para Usted, sus correligionarios y sus futuros s√ļbditos, Felipe II, el Rey Prudente.‚ÄĚ

* Autor de la novela Allegro. Vive con su mujer, Angélica, en Chile y en los Estados Unidos.

  • Compartir:
X

Envíe a un amigo

No se guarda ninguna información personal


    Su nombre (requerido)

    Su Email (requerido)

    Amigo(requerido)

    Mensaje

    A√Īadir comentario