Oct 24 2012
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Opini贸nSociedad

Fernando Luengo* / Premio Nobel de la Paz para la Uni贸n Europea: un disparate

驴Cre铆amos que lo hab铆amos visto y o铆do todo, que est谩bamos curados de espanto? Pues no, todav铆a hay margen para la sorpresa: la Uni贸n Europea (UE) recibi贸 el Premio Nobel de la Paz. Es posible que con este galard贸n se haya pretendido contrarrestar el continuo y creciente desapego de la poblaci贸n hacia las instituciones comunitarias. Pero, cualquiera que haya sido su prop贸sito, 驴qu茅 m茅ritos acredita la UE para hacerse merecedora de este premio, con esta carga simb贸lica? | FERNANDO LUENGO.*

 

En mi opini贸n, el t茅rmino 芦paz禄 se convierte en un recurso ret贸rico y vac铆o de significado si, al mismo tiempo que se proclama (y se reparten medallas), se est谩n degradando las condiciones de vida de la buena parte de la poblaci贸n. Y esto es justamente lo que est谩 sucediendo en la UE, con mayor o menor intensidad, dependiendo de los pa铆ses.

 

Y no vale como excusa que los mercados, como si fueran un objeto volador no identificado, impusieran sus l贸gicas, sus exigencias o su racionalidad a unas instituciones, las comunitarias, que conservar铆an en su c贸digo gen茅tico su vocaci贸n redistributiva de anta帽o y, por lo tanto, su pretensi贸n de impulsar la cohesi贸n social. 驴Los mercados habr铆an capturado las instituciones? No, cierto es que los intereses de unos y otras se funden y se confunden configurando un magma de intereses indisociable.

 

S贸lo as铆 cabe explicar las pol铆ticas implementadas desde Bruselas y que suponen un ataque in茅dito, sin l铆mites, sin tregua a las pol铆ticas de bienestar social: dr谩sticos recortes del gasto p煤blico en educaci贸n y salud, reducci贸n del subsidio en concepto de desempleo y de los recursos canalizados hacia otras prestaciones sociales, alargamiento de la edad de jubilaci贸n y p茅rdida de capacidad adquisitiva de las pensiones, merma de los salarios de los trabajadores鈥 y as铆 una larga lista de tijeretazos que apuntan en la misma direcci贸n.

 

Y todo ello en nombre de la 芦austeridad禄, necesaria, nos dicen, para salir de la crisis. M谩s bien, las falacias y las mentiras de la austeridad. No caben otros apelativos cuando, transcurridos cinco a帽os desde que estallara la crisis, la situaci贸n no ha dejado de empeorar. No s贸lo ha pasado el tiempo sin que los resultados esperados por los gobiernos se hayan materializado, sino que en ese tiempo se ha encauzado una gran cantidad de recursos p煤blicos en apoyo de los grandes bancos; s铆, de aqu茅llos que est谩n en el origen mismo de la crisis, sin exigencias, sin contrapartidas.

 

Adem谩s de esta sangrante paradoja, las instituciones comunitarias y la mayor parte de los gobiernos europeos mantienen, imperturbables, con m谩s vehemencia si cabe, el mantra de 芦m谩s esfuerzo, m谩s restricciones禄; proclama que se escapa a la l贸gica de la raz贸n y del razonamiento econ贸mico, y que s贸lo podemos entender, que no justificar, si consideramos los intereses y, por qu茅 no decirlo, los negocios en juego.

 

En estos a帽os de sufrimiento y frustraci贸n para buena parte de la poblaci贸n la polarizaci贸n social y la concentraci贸n de la renta y la riqueza no han dejado de aumentar. No todos pierden con la crisis; atenci贸n: no estoy diciendo que no todos pierden en id茅ntica proporci贸n, sino que algunos grupos est谩n cosechando grandes beneficios, no s贸lo en t茅rminos econ贸micos sino tambi茅n pol铆ticos.
De hecho, esta crisis ha abierto para las 茅lites econ贸micas y sociales un聽 escenario de oportunidades apenas imaginado o incluso so帽ado hace unos pocos a帽os.

 

Es dudoso que las muy mal denominadas pol铆ticas de austeridad consigan la meta que, al menos en apariencia, las justifican: la recuperaci贸n del crecimiento. Pero es seguro que est谩n facilitando la consecuci贸n de otros objetivos que, claro est谩, no se formulan de manera expl铆cita, quedan diluidos y convenientemente ocultos en una ret贸rica tan vac铆a y enga帽osa como eficaz: 芦todos tenemos que arrimar el hombro禄.

 

Pero, m谩s all谩 de esa ret贸rica, lo cierto es que las grandes corporaciones se han apoderado de mercados y recursos 芦liberados禄 por las empresas m谩s afectadas por la recesi贸n; los grandes bancos han recibido enormes cantidades de dinero procedente de las arcas p煤blicas y del Banco Central Europeo; las remuneraciones de los equipos directivos y de los grandes accionistas, monetarias y en especie, han continuado creciendo sin control alguno y, por supuesto, sin que se hayan visto contaminadas por las llamadas a la austeridad; la聽 fiscalidad sobre el capital, los beneficios y los patrimonios contin煤an disfrutando o incluso han reforzado su estatus privilegiado; y el espacio europeo 鈥搇as instituciones y las pol铆ticas- est谩n cada vez m谩s al servicio de los pa铆ses ricos, sobre todo de Alemania, de los lobbies empresariales y financieras, de la burocracia comunitaria 聽y de las agencias monetarias y financieras internacionales.

 

Podemos mirar en otra direcci贸n, podemos ensalzar una Europa social y redistributiva que s贸lo existe en la cabeza de algunos europe铆stas de sal贸n. Pero esta Europa, la que realmente existe, est谩 practicando una violencia continua y creciente contra los trabajadores.

 

Conceder a la UE el Nobel de la Paz, adem谩s de un sinsentido y de un gesto de cinismo, es un paso m谩s, y me temo que no ser谩 el 煤ltimo, hac铆a el descr茅dito, ya muy profundo, de las instituciones comunitarias.
鈥斺
* Profesor de Econom铆a aplicada de la Universidad Complutense de Madrid, miembro del Grupo de Investigaci贸n Econom铆a Pol铆tica de la Mundializaci贸n (Instituto Complutense de Estudios Internacionales) y del colectivo EconoNuestra (http://econonuestra.org/).
En www.sinpermiso.info
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