Abr 12 2014
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PolíticaSociedad

Guatemala: persecución y vejaciones a dos mujeres ejemplares

Reciban la jueza Barrios (en la foto), quien condenó por genocidio al exdictador Efraín Ríos Montt, y la fiscal Paz y Paz nuestro saludo y agradecimiento. Con lo que han hecho hasta ahora han pasado a la historia de la lucha contra la impunidad en Guatemala. Tienen, por lo tanto, un sitial de honor al que nunca podrán aspirar los que las denigran y vilipendian.

Después de tantos años de impunidad, en los que los genocidas del pueblo guatemalteco, encabezados por el emblemático Efraín Ríos Montt, habían logrado sortear, con todo tipo de artimañas secundadas por el aparato estatal, a la justicia, el anuncio del juicio al ex general-pastor en el 2013 pareció abrir una luz de esperanza en el oscuro panorama.

Los incidentes y accidentes del juicio son hoy ampliamente conocidos por la opinión pública, así como su desenlace, que dejó al anciano ex general de nuevo vivito y coleando en su casa, riéndose con sarcasmo y sorna de todos los que a su alrededor claman porque se le juzgue, de una vez por todas.

A la jueza que llevó adelante el juicio, Yassmín Barrios, debería levantársele un monumento de agradecimiento y reconocimiento por la valentía y entereza demostradas. Ríos Montt no es solo un genocida sino, además, la cabeza más visible de un aparato represor que sigue tan vigente hoy como en los llamados “años de la guerra”, cuando fueron asesinados y desaparecidos cientos de miles de ciudadanos. Presidir el juicio en su contra era transformarse en objetivo de guerra y, por lo tanto, en objeto de persecución.

Aunque el juicio a Ríos Montt quedó en suspenso -luego que la Corte de Constitucionalidad lo detuviera por tecnicismos-, la jueza Barrios ha recibido dos tipos de respuestas por la actitud asumida: fuera de Guatemala, el reconocimiento y el apoyo de todo tipo de organizaciones e instituciones, incluyendo el gobierno de los Estados Unidos, lo cual es sorprendente dado el papel que estos jugaron en Guatemala de apoyo a personajes como Ríos Montt en los 36 años de guerra que sufrió el país.

Pero, por otro lado, al interior de Guatemala la situación ha sido totalmente la contraria desde el momento mismo del juicio. Durante su transcurso, una bomba incendiaria fue lanzada hacia la casa en el que vive con su madre anciana; y después de él, se le ha estigmatizado y perseguido como si se tratara de una delincuente.

El último episodio de este largo calvario al que ha sido confinada ha sido la suspensión, por un año, del ejercicio de su profesión de abogada, por el Colegio de Abogados de Guatemala, cuyo tribunal de ética (escrito su nombre así, con minúscula) ha encontrado que la jueza ofendió a uno de los abogados defensores del ex general Ríos Montt. Es decir, el mundo del revés, los pájaros tirándole a la escopeta.

Una situación parecida a la de la jueza Barrios vive otra mujer, la fiscal Claudia Paz y Paz, bajo cuyo ejercicio se pudo adelantar no solo el juicio al ex general mencionado, sino a otros individuos sindicados de casos similares. Para ella, el gobierno de Otto Pérez Molina armó la artimaña de reducir el período para el cual estaba nombrada y, luego, de poner todo tipo de obstáculos para que pueda presentarse nuevamente para el cargo.

Ambas mujeres, como ya lo indicamos para el caso de la jueza Barrios, han sido objeto de reconocimientos y alabanzas por su labor en el exterior, pero en el interior de Guatemala, como se ve, son objeto de acoso y vejaciones.

El canciller del gobierno de Otto Pérez Molina, Fernando Carrera, en una poco feliz declaración reciente, comparó al gobierno de Barak Obama con el de Adolfo Hitler por expulsar migrantes ilegales guatemaltecos de los Estados Unidos. Ve, como es la costumbre de los mediocres funcionarios de la administración de Pérez Molina, la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio.

Quien sí se aproxima a las características del régimen hitleriano, por las vejaciones que hemos comentado, pero también por el pasado que muchos de los actuales funcionarios cargan en sus espaldas como represores del pueblo guatemalteco, incluyendo al mismísimo presidente Pérez, es el gobierno de Guatemala.

Como el triste régimen alemán, reparten mandobles contra sus “enemigos” sin parar mientes en los métodos que utilizan. Cuando, según este criterio, debieron hacer la guerra y masacrar a su propio pueblo, lo hicieron. Ahora, con otros métodos, aunque sin deshacerse de la mano de hierro (muchas veces sin el envoltorio del guante de seda), siguen imponiendo su voluntad, manteniendo a Guatemala enquistada en el atraso.

Reciban la jueza Barrios y la fiscal Paz y Paz nuestro saludo y agradecimiento. Con lo que han hecho hasta ahora han pasado a la historia de la lucha contra la impunidad en Guatemala. Tienen, por lo tanto, un sitial de honor al que nunca podrán aspirar los que las denigran y vilipendian.
Publicado por Con Nuestra América

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