Ago 12 2012
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PolíticaSociedad

Indígenas americanos y mentalidad colonial

A pesar de todo lo denostados y vilipendiados que han sido, los indígenas son, hoy por hoy, de los pocos que tienen una concepción de mundo y de organización social que puede presentarse como alternativa a la civilización occidental en crisis.

Los colonialistas vieron al “otro indígena” siempre, en todas partes del mundo, como alguien a quien podía cuestionársele su humanidad: o no eran seres humanos o lo eran de segunda categoría.

Aunque el colonialismo ha dejado de ser dominante en el mundo contemporáneo, la mentalidad colonial prevalece. En América Latina, después de la independencia, las élites criollas vieron al indígena como un problema: el problema indígena.

¿Cuál era el problema para estas élites dominantes? Cómo hacer para que el indio dejara de serlo y se transformara en otra cosa, más parecida a lo que ellos, los criollos, creían ser: similares a los europeos, física y culturalmente.

Para ello se plantearon varias estrategias. Una fue integrarlos a la cultura criolla dominante. Las políticas integracionistas hicieron carrera en América Latina bajo múltiples fachadas y la educación jugó un papel central en ellas. Bajo lemas altruistas como gobernar es educar, los sistemas educativos se convirtieron en verdaderas maquinas culturales que buscaron eliminar sus identidades “bárbaras” para modernizarlos y civilizarlos.

En última instancia, lo que se buscaba era tener una fuerza de trabajo con habilidades para impulsar el capitalismo y sus formas de vida.

Donde no se pudo “educar” se les marginó o eliminó. Campañas estudiadas hoy en día en las escuelas y colegios como gestas heroicas constructoras de nuestras naciones no fueron otra cosa que campañas destinadas a eliminar a las poblaciones indígenas.

La construcción de los Estados-nación latinoamericanos implicó la creación de “teorías” que justificaban esa marginación o eliminación de los indígenas. En Guatemala, por ejemplo, se inventaron la teoría de la degeneración del indio. Consistía en lo siguiente: los indígenas del presente, a quienes los sectores dominantes catalogaban de ignorantes, borrachos, sucios e indolentes, ¿cómo pudieron construir una civilización como la maya, que despertaba tanta admiración y que ellos mismos querían poner como fundamento de la nación? La respuesta fue “porque se habían degenerado”; es decir, en algún momento de su historia, posiblemente antes de la llegada de los colonizadores españoles, se habían transformado en otra cosa, quién sabe por qué, pero así había sido.

En el presente, esa mentalidad colonial no ha desaparecido. Ser indio es un estigma del que hay que tratar de lavarse. Una de las estrategias para alejarse de él es “mejorando la raza” mediante el mestizaje, o abandonando los rasgos culturales que los identifican, que es otra forma de “mejorarse”, solo que culturalmente. Han sido estrategias usadas para tratar de escapar de la discriminación y, muchas veces, de la violencia a la que son sometidos.

Pero esa situación está cambiando. Aunque la resistencia ha sido una constante a través de la historia, es posible que hoy sea más consciente, más visible y más reconocida. Tiene ante sí una ardua tarea, porque si algo es difícil de cambiar en las sociedades humanas es la forma de pensar, sobre todo cuando, como en este caso, sirve para justificar la dominación de unos sobre otros y, por ende, privilegios y prebendas.

Ya lo vimos en Bolivia, cuando los cambas santacruceños estallaron en ira y no vacilaron en intimidar y humillar con afán de hacer prevalecer su supuesta predominancia racial. Ya lo vimos en Guatemala, en donde en los años 80 aplicaron la política de tierra arrasada que despareció de la faz de la Tierra cientos de aldeas y asesinó a miles de indígenas.

A pesar de todo lo denostados y vilipendiados que han sido, los indígenas son, hoy por hoy, de los pocos que tienen una concepción de mundo y de organización social que puede presentarse como alternativa a la civilización occidental en crisis.

Tal vez el calendario maya tenía razón y estemos en el inicio de una nueva era.

*Presidente AUNA-Costa Rica

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1 Comentário

Comentarios

  1. Antonio Casalduero Recuero
    17 agosto 2012 2:40

    Es un muy buen planteamiento el de este artículo. Quisiera aportar que lo señalado en Guatemala por este autor, es aplicable a toda América Latina en su conjunto. En Chile, por ejemplo, se llamó Pacificación de la Araucanía a una guerra bárbara, cruel, inhumana, emprendida por el Coronel Cornelio Saavedra. A medida que él avanzaba hacia el sur desde Concepción, apresaba a cuanto mapuche hallara a su paso, los colgaba de los árboles por las muñecas y con un corvo (cuchillo de guerra) los abría en canal desde la garganta hasta el bajo vientre, luego así los abandonaba, pero sin matarlos, los dejaba que se desangraran, y reemprendía la marcha, atrás quedaban los cuerpos horriblemente casi desmembrados balanceándose de los árboles, para éstos que sirvieran como amedrentamiento y temor en los guerreros. Y como la historia la escriben los vencedores, actualmente el principal puerto de la Araucanía recibe el nombre de “Puerto Saavedra”, en homenaje a este sanguinario militar chileno, un cavernario desprovisto de todo grado de humanidad. No todo es gris. Hoy en día existen muchos dirigentes indígenas instruidos, destacados profesionales algunos, conocen las leyes, se manejan en ámbitos internacionales llevando la voz de sus etnias, no es fácil engañarlos; el caso más destacado es Rigoberta Menchú, galardonada nada menos que con el Premio Nóbel.