Feb 22 2016
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Política

Insulza, ex MAPU conquistado por el dólar

Acá en el campo es de uso habitual un término que tal vez resulte desconocido, e incluso cómico, para muchos citadinos, pero grafica a la perfección lo que un agricultor o un trabajador agrícola quiere decir. “Colmatar”. Por ejemplo: “la acequia viene ‘colmatada’ y es mejor cerrar la compuerta”.

En este caso, ‘colmatar’ no significa ni literal ni específicamente ‘colmar’, ‘’llenar’ o algo parecido, sino que una acequia, un río, un canal o un lago, ya no tiene capacidad para contener ni transportar más líquido, el cual terminará saliéndose de madre y estragando todo lo que se encuentre a su alrededor. ¿Quedó claro? Espero que sí.

La actividad política se desliza – en un país donde lo civilizado y lo democrático conforman la esencia del ser – por una especie de elegante y eficaz correa transportadora. Pero no bien la corrupción, el nepotismo, el compadreo, el familisterio y la deshonestidad (sumadas a la soberbia y al clasismo) se hacen presente, la política fluye a través de las alcantarillas.

Cuando los políticos cometen rutinariamente acciones deleznables, inmorales y desvergonzadas, las alcantarillas ‘colmatan’ y lo peor que puede sucederle a una sociedad se vislumbra o se adivina sin necesidad de prismáticos ni bolas de cristal. ¿Cuándo, o cómo, se detecta lo peor sin lugar a error? Un simple ejemplo ha de bastar para entenderlo a cabalidad.

Hace unos días, el ex Secretario General de la OEA (y ex ministro) José Miguel Insulza publicó una columna de opinión en El Mercurio, perenne bergantín corsario de la sedición ultraderechista y ‘bombo’ de la fanaticada del neoliberalismo salvaje.

Allí, Insulza derramó sus ideas respecto a la democracia que él, sus patrones y sus asociados duopólicos quieren para nuestro país. En esas líneas, la ley del embudo, del empate y de la frescura de nalgas, fue principal protagonista. De la corrupción no son culpables, según José Miguel, ni el empedrado, ni el cojo, ni el almacenero, ni el paco de la esquina. Según Insulza la culpa de todo lo que ocurre recae en los periodistas, en las organizaciones sociales y en la ‘indignación pública’, que estima injustas.

Antes de continuar, releamos esta ‘perlita’ del ex de la OEA:

“El ambiente que se ch Bachelet Insulzaha creado en los últimos doce meses en este país es el más nocivo que recuerdo en mi vida política, con la obvia salvedad del período anterior al golpe militar de 1973. Es tiempo de reflexionar sobre cómo cambiar de rumbo. Y creo que muchos comunicadores, cuya libertad de expresión respeto plenamente, deberían jugar un papel más constructivo.”

¿Qué es lo que le interesa y le importa a este representante de una política ‘tartufa’ y canalla como la que ha manchado al país?

No hay duda de cuál es el norte de Insulza y asociados. La corporación de intereses económicos y políticos que maneja el país tiene en el Parlamento, y en las tiendas del duopolio, a sus empleados defensores. Esa corporación observa con cierto temor – pánico, tal vez – cómo el sistema impuesto a sangre y fuego por la dictadura militar ha comenzado a desmoronarse, o al menos, a tambalear seriamente.

En un acto rayano en la desesperación y el ridículo público, el ex OEA salió a disparar a la bandada, cumpliendo sin vacilar su rol de obsecuente empleado de las grandes transnacionales y, en la política cotidiana y local, de agradecido socio menor de Pablo Longueira, la UDI y Casa Piedra.

Insulza sabe mejor que nadie que la Concertación (hoy Nueva Mayoría) cumplió a cabalidad el compromiso contraído con los sectores pinochetistas en los años 1988-89-90: darle a un sistema económico lesivo para Chile y su gente un ropaje de democracia “en la medida de lo posible”.

Los favores políticos que, años ha, Longueira le hizo a la Concertación, no salvaron la democracia que, para ser justos, aun no existe en nuestro país. Sólo contribuyeron a rescatar un neoliberalismo desmadrado que busca transformarse en una especie de civilización, como explicara el periodista español Vicente Verdú.

oea insulzaLongueira consolidó a Ricardo Lagos desestabilizado por una ola de corrupción, y al duopolio que cogobierna para ‘salvar’ el modelo. Pablito cobró el favor en nombre de las transnacionales, entregándole los excedentes del cobre a manos privadas y el mar chileno a un puñado de familias gracias a la ley de pesca, para mencionar sólo un par de saqueos.

El viejo tango ‘Mano a mano’, en una de las estrofas escritas por Celedonio Flores, reza: “los favores recibidos creo habértelos pagado”. Es lo que algunos dirigentes de la ex Concertación le dicen a los mandamases de la UDI y de RN. En el mismo tango la letra prosigue: “y si alguna deuda chica sin querer se me ha olvidado, a la cuenta del otario que tenés, se la cargás”. En este caso, el ’otario’ no es otro que la cofradía formada por la CPC, SOFOFA y SQM.

Insulza amenaza urbi et orbi – para gozo de ciertos quintacolumnistas insertos en la Nueva Mayoría – advirtiendo cuán posible es una intervención militar totalitaria si la “indignación popular” arriesgase cambiar el sistema.

La amenaza incluye a todo aquel que ose criticar, ya sea parlamentario, ministro, o dirigente de partido, ya que según Insulza las críticas atentan contra la democracia, la dignidad de Chile y de sus líderes.

“Con todas sus limitaciones, la política chilena no es corrupta”, escribió el ex OEA.

Consciente de la opinión condenatoria de la ciudadanía, Insulza insiste sin embargo en negar sus responsabilidades en la situación de descrédito de la política nacional, endilgándole a la ciudadanía, a las organizaciones sociales y a algunos periodistas la culpa de la podredumbre.

Los conversos al amor del nego$io, con Insulza a la cabeza, olvidan antes el golpe de 1973 ya habían abandonado a Salvador Allende, exigiendo cambios más “revolucionarios”, aislando al gobierno y dejándolo sin oxígeno para buscar una salida democrática.

Los sediciosos dirigentes de la CODE, conformada por derechistas y democristianos el año 1972, precursores e impulsores del golpe de Estado, no encontraron mejor aliado objetivo que esos “revolucionarios” entre los cuales se contaba el joven MAPU José Miguel.

No obstante, Insulza no es un hombre sin cultura ni carece de formación política. Debe conocer muy bien la frase que Carlos Marx plasmó en su obra “El 18 Brumario de Luis Bonaparte”: “la Historia se repite, primero como tragedia y después como comedia”.

El accionar de algunos conversos que hoy fungen de líderes de la Nueva Mayoría terminó siendo para la UP una tragedia, en especial para el sobrio y demócrata Allende.

Hoy, esos mismos individuos son los actores de una infumable comedia, interpretada a diario por la Nueva Mayoría y el gobierno de Michelle Bachelet. En esa comedia tienen papeles estelares payasos como el ex OEA.

Quienes tenemos buena memoria y algo más de medio siglo de vida, sabemos que tales cloacas ya están “colmatadas”.

*Publicado en Politika

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