May 14 2012
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Política

Israel: hora de la desobediencia civil

He sido sometido a un interrogatorio cautelar. No en un sótano sórdido con focos cegadores, como en las películas, ni por especialistas del Shin Bet (GSS, Servicios de Seguridad General) alternándose en sus roles clásicos de policía malo y policía bueno. El interrogatorio fue dirigido por oficiales de la Unidad de Inspección de Construcción del Ministerio del Interior en Jerusalén.| MEIR MARGALIT.*

 

El motivo: sospechoso de “construcción ilegal”, que “supuestamente” había llevado a cabo en Jerusalén Este, y de manera reincidente.

 

Fui tratado de forma razonable e incluso me ofrecieron una bebida, pero, con todo, estaba ante una situación comprometida, porque se trata de un delito grave de acuerdo con el código penal israelí. En las dependencias de esta Unidad de Inspección del Ministerio del Interior hay unos cuantos funcionarios que me consideran como una espina clavada y que desean fervientemente verme declarado culpable en sede judicial.

 

Acudí al interrogatorio con una cierta curiosidad que no resultó satisfecha, porque en última instancia no puedo concluir si fui bien tratado porque soy una “figura pública” o si palestinos citados a declarar hubieran recibido el mismo trato en un interrogatorio. Sea como fuere, estoy acusado de participar en la construcción de viviendas ilegales en Jerusalén Este, viviendas que fueron previamente demolidas por el Ministerio del Interior alegando que no disponían de permisos de construcción. El objetivo de la investigación es preparar una causa que la Fiscalía General presentará contra mí en algún momento.

 

Sabía que ocurriría. Durante años he sido miembro activo del Comité Israelí contra la Demolición de Casas (ICAHD, por sus siglas inglesas) y he estado comprometido con la reconstrucción de las viviendas que el Estado israelí ha demolido. El número de viviendas que ayudamos a reconstruir es abultado, tanto dentro de las fronteras de Israel como en los territorios ocupados.

 

Algo es cierto: en los quince años de existencia del ICAHD el número de viviendas excede el millar. Nunca hemos ocultado nuestras actividades ni hemos actuado como un movimiento “clandestino”. Tampoco camuflamos nuestras actividades, como hizo Gush Emunim con su “campo arqueológico”[1]. Siempre actuamos de forma pública y cabal, y no por  motivaciones filantrópicas.

 

Una mezcla de razones políticas y convicciones morales nos lleva a optar por la desobediencia civil  frente a un fenómeno que consideramos un acto de opresión, y a rechazar categóricamente el derecho de Israel a demoler casas en los territorios ocupados.

 

Sucesivos gobiernos israelíes han conseguido confinar al campo pacifista reduciéndole a un elemento marginal de la sociedad, de modo que en el momento presente, las personas con criterios morales deben actuar en conciencia. Viendo cómo se pisotean a diario y a gran escala los derechos humanos en los territorios ocupados, necesitamos algo más que manifestaciones que, aunque permitidas, carecen de poder de influir, y se convierten en buena medida en medios para aliviar la presión, pero poco más.

 

Desde que figuras patéticas como Lieberman y los de su calaña llegaron al poder, el estado israelí cruza a diario las líneas rojas y ha ido perdiendo la poca vergüenza que le quedaba. En la situación actual, patentemente inmoral, la gente con conciencia debe tomar una posición activa. Como reza el dicho: “cuando la gente comienza a desaparecer, hay que mantener tu humanidad”.
Nosotros intentamos mantener nuestra humanidad en unas circunstancias en que la humanidad se ha convertido en una mercancía rara.

 

En este momento, cuando la bandera negra se alza sobre nuestras cabezas[2], la desobediencia civil es la única opción que queda a la gente con conciencia, dondequiera que esté y cualquier que sea el ámbito de sus vidas. Cada uno de nosotros debe sacar lo mejor de sí mismo, levantarse y decir “basta”. Hay cosas a las que una persona decente debe oponerse, leyes que las personas que no abdican de su responsabilidad ética deben quebrantar incluso si han de pagar un precio por ello.

 

Todos los días se llevan a cabo acciones de desobediencia civil en Israel: los activistas que pasan a las zonas controladas por la Autoridad Palestina para reunirse con activistas por la paz palestinos, lo cual está prohibido a los israelíes; jóvenes que se niegan a realizar el servicio militar alegando objeción de conciencia; mujeres que llevan a las chicas palestinas a Israel para que vean por primera vez en su vida “cómo es el mar”; antiguos combatientes que rompen su silencio e informan sobre la violencia del ejército en los territorios ocupados; así como todo un abanico de acciones dirigidas a erosionar los cimientos de la ocupación desde dentro.

 

En su libro Retrato del colonizado, Albert Memmi escribe: “Algunos se ven sorprendidos por la violencia de los ocupantes contra quienes comprometen el éxito de la ocupación; porque quienes se resisten a la ocupación ponen en cuestión los valores en que supuestamente se inspira” Ése es exactamente el motivo que se encuentra detrás de la campaña maccarthista de la que ahora somos objeto.

 

Enfrentándonos a la indiferencia del establishment, una indiferencia que no conoce límites, las personas sensatas conforman un movimiento que está socavando los pilares de la ocupación y cuestionando la legitimidad que se le atribuye. Contra el abuso de los derechos humanos por parte de Israel, la respuesta es la insumisión.

 

Cuando el país exige disciplina, nosotros rechazamos ser disciplinados, y declaramos en voz alta nuestro rechazo a mostrar lealtad a un Estado que actúa de este modo. Así es como defendemos nuestra humanidad.

 

Un profesor de historia podrá algún día decir que, en aquella época oscura, cuando Israel actuó como los peores países del mundo, hubo un puñado de activistas que fue a contracorriente, que conservó la cordura y lo salvó de su ruina. Por eso queremos preparar el terreno para épocas mejores, porque la siniestra ola de la derecha está destinada a no durar.

 

Cuando retroceda, podremos levantar nuestras cabezas y reconstruir las ruinas provocadas por el embate de la derecha. Y por cierto, nosotros no hemos inventado nada al respecto, los profetas Jeremías e Isaías lo dijeron ya, mucho antes que nosotros…
………
1] Fundado en 1974, Gush Emunim (El bloque de los creyentes), fue un movimiento político-religioso que construyó ilegalmente viviendas para colonos en Cisjordania, la Franja de Gaza y los Altos del Golán, en ocasiones, como señala Margalit, burlando la legalidad vigente.
2] Zully Margalit, la esposa de Meir, nos explicó amablemente esta expresión como sigue: “En Israel, el concepto de ‘bandera negra’ es un término militar, que significa que te asiste el derecho a desobedecer órdenes ilegales. Se usa en particular cuando se exige disparar contra civiles; el término fue acuñado en 1956 por la Corte Suprema cuando soldados israelíes mataron a civiles en la aldea de Kafer Kassem, aduciendo que la aldea se encontraba bajo el estado de sitio y que los civiles no lo habían ——respetado”.
——
* Concejal del Ayuntamiento de Jerusalén, cofundador del ICAHD y miembro del Comité Editorial de Sin Permiso (www.sinpermiso.info) donde se publicó este artñiculo traducido por Ángel Ferrero.
Actualmente hay una campaña internacional de solidaridad con Meir Margalit, a la que es posible adherirse en http://www.change.org/petitions/israeli-minister-of-internal-affairs-support-human-rights-defender-meir-margalit
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