Mar 22 2016
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CulturaSociedad

La amenaza comunista

La idea del comunismo, y el termino mismo, fueron profundamente comprometidos en el siglo pasado  por los desastrosos y sangrientos excesos de la dictadura  estalinista a tal punto que  hoy pocos se atreven a pronunciar su nombre. Muchos en la izquierda rechazan el comunismo y prefieren reemplazarlo por el “pos-capitalismo”.  Con frecuencia capitalistas, conservadores y neoliberales se refieren al comunismo como un horizonte perdido. Todos saben, dicen,  y la historia muestra,  que el comunismo no funciona. Pudo haber sido un hermoso ideal, pero en la practica siempre lleva a la violencia y al exceso dictatorial del poder.  Una peligro que debe ser suprimido antes que su fuerza se desate.

El referente mas común del comunismo es la ex Unión Soviética,  sinónimo de estalinismo, autoritarismo, opresión, campos de concentración, ejecuciones políticas  y supresión de cualquier criticismo. La narrativa que el “mundo libre” ha logrado imponer exitosamente es  la de que el comunismo es igual a Soviets, que es igual a estalinismo, que es igual a fracaso.  La experiencia muestra que el proyecto comunista no tiene salida.  El comunismo es uno y este es igual a la Unión Soviética. Es esta cadena  la que establece los parámetros históricos para eliminar y reprimir cualquier  alternativa comunista. Si hay Lenin, luego Stalin. Si hay revolución, luego gulag. Si hay partido, luego purgas. Esta serie de hechos históricos niega la posibilidad comunista y su  negación  establece  el espacio y las condiciones de la democracia.

comunismo2 Uno podría preguntar…  ¿ es,  en realidad,  la Unión Soviética   un referente estable del comunismo?… En esta narrativa el comunismo aparece como un objeto imaginario inmutable, un estricto proceso linear con un fin determinado… ¿no es aquí donde la historia pierde su propia historicidad?  En esta formación, dice Jodi Dean, la historia funciona como un estructura y una constante incapaz de cambiar,  impenetrable  a las fuerzas externas. A diferencia  de la revolución permanente del capitalismo, el comunismo histórico aparece como un fenómeno estático. Solo suponiendo un comunismo invariable se puede apelar a la historia y transformar una instancia singular en un ejemplo del peligro y fracaso del experimento comunista. El problema es que al hacerlo desconecta el comunismo de la misma historia a la que la critica capitalista apela y borra el comunismo  como  autocrítica y espejo del capitalismo. Extrayendo el comunismo de su historia como lucha de clases dentro del capitalismo, como critica y revolución  a la cual el capitalismo da lugar, esta historia sin historicidad, es la que les permite proclamar al capitalismo como un sistema sin alternativas.

Y, sin embargo… a pesar de todos los esfuerzos de la narrativa del “mundo libre”, el comunismo espectralmente  persiste en los intersticios del sistema como idea, como movimiento, como hipótesis, como programa o como el nombre de un posible futuro  emancipado.   No es extraño que el comunismo empiece a aparecer como discurso y lenguaje para la expresión  de los ideales revolucionarios  de universalidad  e igualdad en el momento en que la dominación capitalista neoliberal va acompañada de extrema desigualdad, desempleo, crisis económicas, austeridad, agresión bélica internacional  y racismo. La fantasía de que la democracia occidental es una fuerza  de justicia económica se ha desintegrado al traspasar trillones de dólares a los bancos de EEUU y Europa mientras elimina los programas sociales para mantenerse a flote.

Y la izquierda, o lo que alguna vez fue izquierda, ha fracasado en la defensa de un mundo mejor. En su lugar, se ha acomodado al capital y actúa como si  no existieran alternativas a las leyes del mercado y las finanzas. No hay razón para seguirla,  atrapada en las crisis financieras cíclicas, en la política de la identidad, en la defensa del estatus quo, en su miedo a la violencia revolucionaria  y en su carencia de cualquier visión futura.  Con la declinación de los sindicatos y  una izquierda castrada, las corporaciones y el sector financiero absorben, apropian y explotan todo lo que pueden.  Dentro de esta atmósfera múltiples conferencias (Paris, Berlín, Nueva York)  y publicaciones   sobre el ideal comunista empiezan a aparecer continuando las discusiones y trabajos teóricos de las décadas anteriores (Negri, Badiou, Balibar, Bosteels, Hallward, Michael Hardt, Ranciere, Bensaid, Toscano, Zizek, etc.)comunismo victoria urss

La clase dirigente, a través de sus aparatos ideológicos, ha logrado establecer la idea  de que los cambios radicales son imposibles y  que el capitalismo no se puede abolir… ¿con que se va a reemplazar, si no hay ningún sistema que lo haga mejor?…  Y es cierto. Por ahora, no se ve ninguno con la misma o mejor capacidad productiva que el capitalismo.  Pero… esta es la cuestión  ¿continuara existiendo con esta misma capacidad productiva en el próximo futuro? Desde la crisis del 2008 todavía no ha sido posible volver a su crecimiento normal.   Según David Harvey  la posibilidad de un crecimiento económico del 3% anual, que es el crecimiento mínimo para reproducirse, es bien pequeña debido,  en gran parte, a la dificultad de reabsorber el capital excedente. Para el 2030 será necesario encontrar oportunidades de inversión para tres trillones de dólares, aproximadamente el doble  de lo que se necesito en el 2010. Según esto el futuro del capitalismo es bastante incierto.  Y es aquí donde el peligro comunista vuelve a amenazar al sistema.

La llamada muerte del comunismo fue demasiado prematura. Su reciente vitalidad aflora en el deseo de justicia e igualdad de las multitudes que  encontramos en “Ocupar Wall Street”, el movimiento ambientalista, indigenista, feminista, anti globalización, “Podemos”, los indignados etc. etc.  Comunismo, si algo significa, es acción, determinación y voluntad colectiva.  No el deseo de un sujeto individual. Es el deseo de un sujeto colectivo, de un “nosotros”.  Es la activa lucha colectiva la que cambia y remodela el deseo individual en un deseo común.  El individuo puede sentir que algo no funciona en la sociedad, que el sistema es profundamente injusto, que algo falta y trata de hacer algo… firma peticiones, vota en las elecciones, escribe protestas en su blog, tweets, abre una pagina en Facebook, una protesta en YouTube,  etc. etc.  Pero todo esto lo hace individualmente. El deseo de la multitud, por el contrario, subordina el yo al objetivo colectivo y esta subordinación requiere disciplina, trabajo y organización.  Y es de esta organización de donde  viene el temido peligro  que puede  transformar el estatus quo y  desmantelar el viejo orden para hacer surgir uno nuevo. Cuando los explotados, la clase baja, la parte que no es parte, la multitud, la mas, los plebeyos ya no quiere vivir  bajo el viejo régimen, y la clase alta, el uno por ciento, ya no puede  mantener la eficacia del sistema es cuando el peligro revolucionario  puede irrumpir incontrolablemente.

Obviamente no todas las luchas políticas  pasadas o presentes son comunistas. El problema  con  subsumir  todas los movimientos actuales de protesta en la multitud es que  niega la oposición que pueda haber entre ellos y como estas contradicciones  pueden ser manipuladas por el capital. Hay que alejarse del positivismo histórico que postula que la combinación comunista de emancipación e igualdad  es única. Esta  combinación esta compuesta por múltiples luchas (revolución burguesa, revolución proletaria, lucha por derechos civiles, por la conservación del ambiente, por los derechos indígenas, etc.) Poe eso, el comunismo, en lugar de ser un modelo fijo, se configura, remodela y transforma a  partir de sus propios fracasos, errores y contradicciones.  Hay historias y luchas cuyos éxitos y fracasos inspiran e invitan a mirar el presente de manera diferente.

comunismo1 Cuando hoy se habla de “nosotros, el 99%”,  este 99% no es el nombre de una identidad. Es, dice Jodi Dean, el número que pone de relieve la división y brecha que existe entre  la parte superior de la sociedad , el 1%,  y el resto de nosotros.  Moviliza la disparidad entre el uno por ciento que es dueña de la mitad de la riqueza del país y el  99% del resto de la población  y  afirma una colectividad  y comunión. No unifica en base a una identidad sustancial como la raza, la etnicidad, la nacionalidad o la religión. Lo que afirma es el “nosotros” de un pueblo dividido entre expropiadores y expropiados, entre los que tienen y controlan los bienes comunes y los que no. Es el nombre de una falla  en la sociedad, de la brecha que se transforma en el vehículo para la expresión del deseo comunista.  Es la voz del deseo colectivo  por la igualdad y justicia, por el cambio de las condiciones que permiten  que la ínfima minoría controle y posea, solo para ella, la mayor parte de lo que es común.  “Somos el 99%” borra la multiplicidad de  intereses individuales y parciales que dividen y fragmentan el pueblo y afirma, en su lugar, su fuerza  común y la incompatibilidad entre el capitalismo y el pueblo. Es el reconocimiento de que la división de clases es la contradicción  social principal.

Esta es la cosa…  el comunismo es el deseo de reemplazar la explotación por la igualdad, la justicia y la ausencia de opresión… “a cada uno según su necesidad, a cada uno según su capacidad”. El problema con esta utopía  es que siempre queda corta… ¿que pasa, por ejemplo,  con el patriarcalismo,  el racismo, el narcicismo, el matonaje, las jerarquías sociales, la intolerancia, el egoísmo? No es difícil criticar la utopía comunista como imposible.  Pero, “la imposibilidad del deseo comunista no es lo mismo que su causa”. El objeto o la causa del deseo comunista,  como dice Jodi Dean,  es el pueblo y el pueblo no es el nombre de un todo social, sino el nombre  de los explotados.  Es esta desconexión, esta división  la que le importa al comunismo. Comunismo no es solo una asociación para gobernar. Por sobre todo, es  una organización de producción y movilización que nunca logra completitud… llamamos comunismo, dicen Marx y Engels, al movimiento real que elimina el presente estado de cosas.

No hay leyes históricas que provean una guía de cómo esto pueda ocurrir, de cómo obtener una cierta transformación sin volver  a lo mismo. Lo menos que se puede decir es que los  cambios son siempre  impredecibles.

 

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