Dic 26 2017
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Ciencia y Tecnolog铆aCultura

La cultura digital

 

Los marxistas han venido sosteniendo que todos los medios de comunicaci贸n global son c贸mplices del capitalismo neoliberal multinacional cuyas corporaciones controlan la informaci贸n planetaria. La radio, el cine y la televisi贸n requieren la inversi贸n de grandes capitales que solo est谩n a disposici贸n de unos pocos. Y a pesar de que es posible discutir el grado de control que la industria cultural posee son las restricciones de los publicistas, inversionistas y representantes de la clase capitalistas las que, en 煤ltima instancia, determinan los par谩metros culturales y le dan forma a las informaciones y la mentalidad consumista鈥.

驴Podemos aplicar este mismo marco a las nuevas tecnolog铆as digitales? Muchos te贸ricos marxistas dicen que si y afirman que la Web no es m谩s que una nueva industria cultural sostenida por el poder del mercado corporativo que hoy d铆a posee una hegemon铆a global sin precedente. El hecho de que el Internet sea diferente a la radio, el cine o la televisi贸n no los libera de este control. Y estas son las preguntas claves que ellos plantean鈥 驴Qui茅n controla la infraestructura de los medios de comunicaci贸n global? 驴Qui茅n decide su forma y contenido? 驴Qui茅n vigila la red? 驴Qui茅n se beneficia econ贸micamente con esta nueva industria?

Mark Poster, de la Universidad de California, sostiene que el Internet聽聽 multiplica las voces en la red al transformar cada 鈥渘ode鈥 en un lugar de expresi贸n. El formato digital de los mensajes sean textos, sonidos o im谩genes los transforman en medios culturales f谩ciles de alterar, guardar, reproducir y diseminar permiti茅ndole al consumidor transformarse potencialmente en productor. Los bordes nacionales desaparecen en el espacio cibern茅tico y su tecnolog铆a, comparada con la producci贸n y transmisi贸n de programas de radio, televisi贸n o cine, es mucho m谩s barata. M谩s de dos billones de personas tienen hoy acceso al Internet. El capital, con todo el tremendo inter茅s que tiene en desarrollar inversiones en la Web y mantener el control sobre el contenido cultural de sus mercanc铆as, no ha tenido mucho 茅xito en lograrlo. MySpace y YouTube, a pesar de que han pasado a ser propiedad de conglomerados privados, contin煤an siendo espacios vitales para el com煤n de la gente鈥 驴podr铆a todo esto ser 铆ndice de que algo nuevo se esta desarrollando?

Ciertamente鈥 驴C贸mo podr铆amos negar que el ensamblaje de las m谩quinas de informaci贸n y el ser humano han empezado a cambiar radicalmente el car谩cter de nuestra cultura? Gran parte de lo que encontramos en el Internet es producto de la inventiva individual y de grupo m谩s que de la gran industria. Los textos, las im谩genes y los sonidos han sido hasta ahora ampliamente diseminados y conservados en libros, celuloide y discos que no pueden ser alterados f谩cilmente por el consumidor y cuando son reproducidos se evita la tentaci贸n de alterarlos para preservar el valor del original y la aguda distinci贸n que existe entre productor y consumidor.

Los objetos digitales, en cambio, poseen un soporte material que los unifica. Los textos, sonidos e im谩genes est谩n inmersos en c贸digos computacionales y l贸gicas binarias (cero/uno, on/of, etc.) que permiten producir, reproducir, guardar y diseminar los objetos culturales en la red con tal amplitud y rapidez que hace imposible que los medios tradicionales puedan competir con ellos. En lugar de la fijeza, la tecnolog铆a digital ofrece la fluidez del texto, la imagen o el sonido. El usuario puede alterarlos y distribuirlos. Nuevas pr谩cticas culturales se desarrollan continuamente y cualquier individuo en posesi贸n de una computadora conectada a la red puede competir con la industria cultural. Solo en YouTube m谩s de 65 mil objetos culturales aparecen cada d铆a. La producci贸n cultural, obviamente, empieza a moverse de una 茅lite que controla los recursos econ贸micos a un movimiento masivo que surge desde abajo. A pesar de que no se puede decir que los resultados son cualitativamente an谩logos, muy lejos de ello, si se puede decir que una serie de pr谩cticas muy diferentes empiezan a emerger. Un sistema sin exclusi贸n que invita a quien quiera a participar.

Dentro de este flujo global de objetos digitales que crecen exponencialmente la diversidad de lenguas persiste, a pesar de la amenaza de la homogenizaci贸n, y nuevos lenguajes surgen. Grupos abor铆genes en los cuatro rincones del mundo han empezado a usar las nuevas tecnolog铆as de comunicaci贸n para preservar y diseminar sus propias producciones culturales y las culturas extranjeras al integrarse con las culturas locales dan origen a una nueva mezcla cultural infinitamente variada. No es la negociaci贸n y competencia entre culturas fijas, sino una configuraci贸n cultural totalmente nueva que aun no podemos delinear. La noci贸n de excelencia con su sistema de selecci贸n e instituciones encargadas de mantener el canon puede que muy luego sean cosas del pasado. La funci贸n y legitimidad de las artes y humanidades en el contexto posmodernista no es clara.

La cultura cibern茅tica ha roto el control y producci贸n cultural de los guardianes de la modernidad occidental y ha salido de la universidad, de las casas de publicaci贸n, de las escuelas de arte y de la publicaci贸n period铆stica. A pesar de que es dif铆cil hacer cualquier predicci贸n sobre el futuro de la cultura global es claro que las tendencias hacia una nueva direcci贸n son bastante claras. Cada objeto cultural, como dice Mark Poster, ahora existe potencialmente en un contexto global.

Las naciones poco a poco empiezan a perder la capacidad para vigilar y controlar el flujo de informaci贸n en el Internet. La inmunidad de las culturas nacionales y locales empieza a ser una cosa del pasado y nuevas pol铆ticas y pr谩cticas culturales capaces de reconocer el ensamblaje de los humanos y las m谩quinas inform谩ticas est谩n a la espera. Lo que hoy vemos surgir es una cultura de informaci贸n global con nuevas configuraciones en la relaci贸n de tiempo y espacio, cuerpo y mente, sujeto y objeto, productor y consumidor. La vigilancia y dominio pol铆tico que acostumbraba a ejercer el orden estatal y econ贸mico hoy es amenazado por pr谩cticas que caen fuera de su control. Con la uni贸n del Internet y la tecnolog铆a de los sat茅lites nos enfrentamos a un arma de doble filo capaz de consolidar el poder y las instituciones modernas o transformarlas en una nueva cultura global.

La tecnolog铆a digital esta aqu铆 para quedarse y la cuesti贸n no es probar si es un evento progresivo o un instrumento m谩s de la explotaci贸n capitalista, sino tratar de desarrollarla en una direcci贸n creativa y beneficiosa. La creciente concentraci贸n de la propiedad de los medios de informaci贸n, exacerbada por la globalizaci贸n, es una real amenaza a los medios digitales y, en lugar de sumergirnos en una ret贸rica paralizante, lo que queda, si se quiere defender la democratizaci贸n de la informaci贸n, es el compromiso activo en su defensa. El estado y las corporaciones ya han empezado a usarla para sus propios fines. Es imperioso que el resto, especialmente los que trabajan en el campo cultural se comprometan en la lucha por configurar formas pr谩cticas orientadas a la profundizaci贸n de la libertad humana.

Si el derecho de autor que el gobierno de EE.UU. esta tratando de implementar globalmente y si las corporaciones logran sus objetivos, la cultura, en cualquiera de sus formas, se transformar谩 en mercanc铆a poniendo en grave peligro el libre intercambio de informaci贸n y conocimiento. Es en este nuevo 谩mbito donde la vieja batalla por controlar las formas culturales contin煤a. Si miramos la historia de la tecnolog铆a vemos que esta llena de ejemplos en donde las promesas de sus innovaciones son muy pronto capturadas por el capital. La misma suerte puede correr el Internet. La esperanza, esta vez, es que la integraci贸n de lo nuevo dentro de lo viejo no es tan f谩cil. El sistema mercantil no ha podido detener la filtraci贸n de la cultura digital porque la nueva tecnolog铆a se inscribe en la arquitectura misma del Internet. Su uso m谩s popular, por ejemplo, ha sido hasta ahora el intercambio de archivos entre individuos que escapa al control de las leyes de derecho de autor. Billones de textos, im谩genes y sonidos se han venido intercambiando de sujeto a sujeto en directa trasgresi贸n de la ley sin que las corporaciones o el estado hayan sido capaces de prevenir el 鈥渄elito鈥 porque la transmisi贸n de informaci贸n de individuo a individuo, hasta ahora, esta garantizada por la mayor铆a de las constituciones democr谩ticas.

驴Es el uso de esta tecnolog铆a occidental otro caso de penetraci贸n imperialista y control neocolonial? Las m谩quinas de informaci贸n y la variedad de ensamblajes que los usuarios inventan y practican todos los d铆as a trav茅s del planeta ha empezado a generar una cultura terrestre multicentrada, con voces provenientes de todas partes, que ponen en peligro las diferencias entre sur y norte, centro y periferia, occidente y oriente que los poderes vigentes quisieran preservar. Las multinacionales iniciaron el proceso de la globalizaci贸n del capital. La globalizaci贸n de la cultura, a diferencia de esta, ofrece la promesa de algo diferente鈥 pero solo si somos capaces de luchar por ella.

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