Abr 7 2019
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AmbienteCultura

La elite oscurantista

La elite, aquellos que forman la clase de los s√ļper ricos, tienen que ser protegidos a toda costa de los que quieren disminuir sus ingresos, de los que se atreven a amenazar su dominaci√≥n, de los que quieren destruir la belleza de su fortuna. Ellos tienen bien claro que ya no es posible la orientaci√≥n hacia un horizonte com√ļn en el que todos los humanos puedan prosperar igualmente. El suelo que pisamos empieza a deslizarse.

No es posible entender la pol√≠tica de los √ļltimos 50 a√Īos -dice el filosofo franc√©s Bruno Latour- si no ponemos la cuesti√≥n del cambio clim√°tico y su negaci√≥n en el centro de la discusi√≥n. Sin la idea de que hemos entrado en un nuevo r√©gimen clim√°tico, no podemos entender la explosi√≥n de las desigualdades, la amplitud de las desregulaciones, la cr√≠tica a la globalizaci√≥n o, m√°s importante, el deseo neur√≥tico de retornar a la seguridad de una naci√≥n bien protegida de las inmigraciones y amenazas externas. Resultado de imagen para defensa del clima

Los eventos masivos de los √ļltimos decenios indican que es imposible llevar a cabo el gran proyecto modernista de los √ļltimos dos siglos. No hay Tierra capaz de contener el ideal del progreso y el desarrollo infinito que requiere m√°s energ√≠a, m√°s tecnolog√≠a, m√°s sint√©ticos, m√°s productos manufacturados y m√°s consumo. El planeta es demasiado estrecho y limitado para seguir arrebatando, usando y abusando lo que en √©l hay. Si seguimos haci√©ndolo, nada ser√° como fue antes. La elite enfocada paranoicamente en la seguridad de su inmensa fortuna y la preservaci√≥n de su bienestar ha escuchado claramente este aviso y est√° consciente de su amenaza. Es obvio que la consecuencia que dedujo es que el precio de este pandemonio es incre√≠blemente alto y son los otros los que lo van a pagar. Y para ello van a negar la existencia misma del nuevo r√©gimen clim√°tico.

Todo esto, seg√ļn Latour, es parte de un solo fen√≥meno: como no hay futuro para todos, la elite ha decidido deshacerse del peso de la solidaridad tan pronto como sea posible. De ah√≠ la desregulaci√≥n, el desmantelamiento del estado de bienestar y la explosi√≥n de la desigualdad. Para ocultar su profundo ego√≠smo, su decisi√≥n de no compartir el mundo, ellos tienen que rechazar absolutamente la amenaza que est√° al origen de su defensa. De ah√≠ la negaci√≥n del cambio clim√°tico.

Una muestra: en 1990 Exxon-Mobil despu√©s de llevar a cabo excelentes investigaciones cient√≠ficas internas sobre el peligro real del cambio clim√°tico debido a la acumulaci√≥n del CO2 en la atm√≥sfera inici√≥ inmediatamente una campa√Īa fren√©tica para divulgar la creencia de que tal peligro no existe y masivamente empez√≥ a invertir en la extracci√≥n de petr√≥leo. Y, m√°s recientemente, en el 2017, Trump ‚ÄúInternational Golf Links & Hotel‚ÄĚ en Irlanda obtuvo un permiso para construir dos muros mar√≠timos. En la solicitud se cita como raz√≥n el cambio clim√°tico, la subida de los niveles del mar y las condiciones extremas del tiempo. ¬ŅNo indica √©sto que est√°n plenamente conscientes, pero no lo suficiente para compartirlo con el resto de la ciudadan√≠a?

Debido a esta negaci√≥n, la gente tiene que vivir dentro de una burbuja de desinformaci√≥n sin que nadie les diga que el proyecto de la modernizaci√≥n del planeta ya no est√° en las cartas y lo √ļnico que queda es un cambio de r√©gimen. En √ļltima instancia, la negaci√≥n del cambio clim√°tico debid

o a la actividad humana es lo que organiza la pol√≠tica de la posverdad, la de los hechos alternativos y la del escepticismo pol√≠tico de los que ya no creen en nada. Lo curioso es que la gente racional cree que los hechos se imponen por s√≠ mismos, sin un mundo compartido, sin instituciones, sin una vida p√ļblica y que basta con educar a los ignorantes para que la raz√≥n triunfe una vez m√°s.

La cosa, sin embargo, no es cómo mejoramos las deficiencias cognitivas, sino cómo vivir en el mismo mundo, compartir la misma cultura y percibir el mismo paisaje que pueda ser explorado en conjunto. Se trata, en verdad, de un déficit de prácticas compartidas más que de un déficit intelectual. Y es aquí donde el problema radica actualmente: hoy día hay varios mundos, varios territorios y todos ellos incompatibles.

El proyecto modernista que delinea el horizonte científico, económico y moral se ubica en dirección al progreso global, es decir, a la industrialización, urbanización y liberación de las fuerzas del mercado. Lo que hay que abandonar para llegar ahí es lo local, que no tiene nada que ver con lo aboriginal o primitivo, sino con lo antiglobal. Esta es la línea divisoria; vamos en dirección al ideal del progreso, producción y desarrollo continuo o hacia las viejas certidumbres, identidades y hábitos ya conocidos. Hacia las promesas del futuro o hacia el pasado arcaico. Globalización o nacionalismo.

Y estas dos tendencias contradictorias son las que generan el conflicto. Las fuerzas que empujaban hacia la globalización se transforman ahora en una fuerza contraria que empuja en la dirección opuesta. Lo local nuevamente cobra atracción debido al sentimiento confuso de que la globalización beneficia sólo a unos pocos. Es el anhelo de volver a la protección y seguridad de los límites nacionales y los bordes étnicos que, a decir verdad, son solo una invención retrospectiva. A lo largo de la línea de estos dos polos se ubica la distinción izquierda/derecha.

En lo econ√≥mico la derecha quiere la globalizaci√≥n del libre mercado y la izquierda prefiere ponerle l√≠mites y proteger a los d√©biles de las fuerzas del libre comercio. Cuando se trata, en cambio, de la protecci√≥n de identidades culturales y sexuales,¬† la izquierda empuja la globalizaci√≥n para defender los derechos de las minor√≠as sociales. Lo que hoy presenciamos es la total separaci√≥n de estos dos polos que ha dado paso a la brutalizaci√≥n del discurso pol√≠tico y a la p√©rdida de un horizonte com√ļn que hace dif√≠cil decidir donde se ubican los progresistas y donde los reaccionarios.

¬ŅEs posible un mundo moderno, un progreso basado en la energ√≠a f√≥sil y la producci√≥n y consumo infinito? ¬ŅUn capitalismo universal? En octubre del 2018 el Panel sobre Cambio Clim√°tico de la ONU predijo que con el actual consumo de energ√≠a fosilizada la temperatura terrestre en las pr√≥ximas d√©cadas aumentar√° 1,5 grados Celsius sobre los niveles de la √©poca preindustrial, lo que desencadenar√° sequ√≠as, inundaciones, pobreza y migraciones masivas alrededor del mundo.

La elecci√≥n con la que el aumento de temperatura nos confronta es: o tenemos modernidad, pero sin mundo, o tenemos un mundo verdadero, pero sin modernidad. Este dilema, seg√ļn Latour, indica que hemos alcanzado el fin de un cierto arco hist√≥rico. La globalizaci√≥n nos deja sin tierra y lo local es la vuelta a un pasado que nunca existi√≥. ¬ŅD√≥nde quedamos?

El  trumpismo es el intento de combinar la globalización con la retrotopía. Tal fusión sólo es posible si se niega el conflicto entre ellos y si se niega que, como seres terrestres, dependemos de la naturaleza. El proyecto depende enteramente de la negación del nuevo régimen climático y de la disolución de cualquier forma de solidaridad. Por primera vez un movimiento masivo ha dejado abiertamente de considerar seriamente las cuestiones de ecología política en beneficio exclusivo del máximo lucro.

La elite, que esta detr√°s de este fen√≥meno pol√≠tico, ya hace m√°s de dos decenios que lleg√≥ a la conclusi√≥n de que no hay suficiente espacio para los nueve mil millones de humanos que se esperan en el pr√≥ximo futuro. ¬ŅQu√© hacer, entonces? Liberar el mercado de todo tipo de regulaciones y controlar y extraer lo m√°s r√°pido posible todo el petr√≥leo del mundo antes que esta historia se acabe. De ah√≠ la actual guerra en Yemen y la amenaza de invasi√≥n a Venezuela. Seg√ļn el c√°lculo que han hecho, quedan 40, 50 o 60 a√Īos de respiro. Tal vez 100… Despu√©s viene el colapso ecol√≥gico. A esa altura estaremos muertos de todas maneras. El trumpismo, sin lugar a dudas, es el fin de la pol√≠tica orientada hacia un objetivo y el inicio de la pol√≠tica sin objeto. Una pol√≠tica vaciada de toda sustancia.

El r√°pido surgimiento de un tercer polo de atracci√≥n provee una orientaci√≥n m√°s realista comparada con la vieja l√≠nea que transita lo local y lo global. Este tercer actor pol√≠tico, dice Latour, es lo terrestre, un agente que reacciona y continuar√° reaccionando a las acciones humanas. Cuando tradicionalmente se hablaba de geopol√≠tica el prefijo ‚Äúgeo‚ÄĚ designaba solamente el marco en que la acci√≥n pol√≠tica ocurr√≠a. Lo que ha cambiado es que ahora hemos descubierto que ‚Äúgeo‚ÄĚ designa un agente que participa de lleno en la vida p√ļblica. Ya no podemos decir simplemente que los humanos est√°n en la tierra o en la naturaleza. El lugar donde est√°bamos se vuelve en contra de nosotros y ahora nos encierra, domina y sumerge en su propio sendero.

Mientras la tierra permaneci√≥ estable pod√≠amos ubicarnos dentro de su espacio y reclamar un pedazo de territorio. El problema es que ahora el territorio empieza a participar en la historia y la historia se torna geohistoria. O, como algunos dicen, entramos en la edad del Antropoceno. Seg√ļn el reporte de los climat√≥logos no hay precedentes para la situaci√≥n actual. Ya no se trata de peque√Īas fluctuaciones en el clima, sino de una convulsi√≥n que est√° transformando completamente el sistema terrestre. Es la Tierra reaccionando a la acci√≥n humana.

¬ŅQue hacer? ¬ŅAprender de los antiguos, de las pocas culturas premodernas que a√ļn quedan, de las viejas pr√°cticas del pasado? El asunto es que para ellos tampoco ha habido precedente. ¬ŅEntonces?

Los movimientos ecol√≥gicos, los partidos verdes, han venido tratando de mover la vida p√ļblica hacia el tercer polo. Han logrado hasta ahora transformar todo en una vigorosa controversia. La carne, el clima, el ma√≠z, los pesticidas, el petr√≥leo, la planificacion urbana, la deforestaci√≥n, etc., etc. √Čxitosamente han introducido en la pol√≠tica objetos que previamente no eran parte de la vida p√ļblica, ampliando as√≠ el √°mbito de la discusi√≥n. Y, sin embargo, a pesar de todo esto, los partidos verdes han fracasado. Despu√©s de cinco decadas la gente contin√ļa oponiendo la econom√≠a a la ecolog√≠a. La raz√≥n, dice Latour, es que los ecologistas han tratado de evitar la polaridad izquierda/derecha o la de arcaicos/progresistas, pero sin salir de la trampa modernista. Para ello habr√≠a que modificar sustancialmente las causas que se van a defender.

Ecol√≥gico, en realidad, no es el nombre de un partido; es el lugar que habitamos, el territorio que abarca todo un conjunto de seres vivos cercanos o lejanos cuya presencia es indispensable para la sobrevivencia de un ser terrestre. ‚ÄúNo se trata de defender la naturaleza. Somos naturaleza defendi√©ndose a s√≠ misma‚ÄĚ, como dicen los Zadistes en Francia. La nueva polaridad que hoy se impone con toda su fuerza es la de moderno/terrestre. O, dicho de otra manera, consumo y explotaci√≥n o bio-m√≠mesis.

El siglo XIX inició la edad de las cuestiones sociales. El siglo XXI, la edad de las cuestiones geo-sociales.

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