Oct 15 2012
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Política

La era dorada

Una de las paradojas del Chile de hoy radica en que despu√©s de m√°s de dos d√©cadas del llamado ‚Äúretorno a la democracia‚ÄĚ, los sectores m√°s reaccionarios del pa√≠s se las hayan ingeniado para que todo siga igual, cuando no mejor, para sus negocios. Lo cierto es que la derecha chilena, sea como oposici√≥n o como gobierno no ha perdido, hasta aqu√≠, la iniciativa. | √ĀLVARO CUADRA.*

 

Durante cuatro gobiernos consecutivos lograron vetar cualquier cambio que pusiera en riesgo su posición de privilegio, minando la credibilidad de los políticos concertacionistas al punto de erigirse en alternativa presidencial.

 

Entre las fortalezas de este sector pol√≠tico debemos consignar la cultura olig√°rquica en que se desenvuelve todo en este pa√≠s, desde la pol√≠tica a los negocios. Sumemos a esto la presencia hegem√≥nica de sectores eclesi√°sticos, castrenses y financieros que act√ļan como verdaderos ‚Äúpoderes f√°cticos‚ÄĚ.

 

No obstante su aparente fortaleza, la derecha adolece de no pocas contradicciones que, a ratos, le juegan en contra. Nuestra vieja derecha reconoce, a grandes rasgos, tres grandes corrientes que la conforman, a saber: el nacionalismo, el fundamentalismo católico y el liberalismo económico. En la actualidad, asistimos a las tensiones derivadas de la vehemente, y a ratos inescrupulosa, expansión financiera que contrasta con una derecha asentada en presupuestos morales ancestrales.

 

El gobierno del presidente Sebasti√°n Pi√Īera ha puesto de manifiesto ciertas fisuras en el tinglado pol√≠tico de nuestra derecha, grietas que responden a la contingencia, pero que se hunden en la misma heterogeneidad del sector social y pol√≠tico en que se afirma. Estas definiciones ser√°n decisivas a la hora de encarar las pr√≥ximas elecciones presidenciales, m√°s todav√≠a si consideramos la irrupci√≥n de un cierto ‚Äúmalestar ciudadano‚ÄĚ que no advierte los presuntos beneficios del proceso modernizador neoliberal.
Hasta el presente, las respuestas ante las diversas demandas de distintos sectores sociales han sido m√°s bien improvisados parches que no modifican el fondo de los problemas planteados.

 

Si bien la oposici√≥n concertacionista est√° disminuida y desprestigiada, no es menos cierto que la figura de la ex mandataria Michelle Bachelet se pasea como un fantasma que bien pudiera restituir un gobierno reformista, arrastrando a la derecha, una vez m√°s, a su condici√≥n opositora. Todo esto en un contexto donde los movimientos sociales ya no son mera teor√≠a sino una presencia en las calles y el concepto de ‚ÄúAsamblea Constituyente‚ÄĚ ha dejado de ser un tab√ļ pol√≠tico.

 

A todo esto se suma un mundo convulso en que el horizonte de una recesi√≥n global y de una conflagraci√≥n de proporciones est√° dentro de lo posible. Se hace dif√≠cil pensar que ‚Äúla Era Dorada‚ÄĚ de la derecha, amparada en una constituci√≥n hecha a su medida, puede prolongarse indefinidamente durante el presente decenio.
‚ÄĒ‚ÄĒ
* Semiólogo.
Investigador y docente de la Escuela Latinoamericana de Postgrados. Universidad de Artes y Ciencias (ARCIS), Chile.

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    1 Coment√°rio

    Comentarios

    1. Antonio Casalduero Recuero
      18 octubre 2012 21:49

      Yo no s√© por qu√© √Ālvaro Cuadra insiste con colocar a la derecha y a la Concertaci√≥n en bandos diferentes, siendo que ambas facciones neoliberalistas se disputan el mismo bot√≠n, sea a zarpazos, dentelladas, combos, patadas, y hasta con escupos, cuya prenda ser√≠a ganar la administraci√≥n del pa√≠s para continuar profitando, ya sea haciendo vista gorda con la corrupci√≥n (concertaci√≥n; ejemplo: Chiledeportes, MOP-Gate, autopistas, etc), ya sea repartiendo concesiones privadas para medio mundo sobre recursos naturales(derecha: un ejemplo actual, el litio) Hay que convencerse que ambas est√°s desgastadas, desprestigiadas, obsoletas, generan menos entusiasmo que una octogenaria con vestido colegial.