Sep 30 2016
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Política

La esperanza del Che Guevara

Paul Ricoeur defini√≥ alguna vez la esperanza como una ‚Äúpasi√≥n por lo posible‚ÄĚ. Seguramente ten√≠a en mente a Tom√°s de Aquino, que la entend√≠a como ‚Äúel apetito hacia un bien dif√≠cil de obtener‚ÄĚ, pero que no es imposible de alcanzar. De esa forma instal√≥ una delgada l√≠nea que delimita la l√≠cita esperanza de la vana ilusi√≥n. No saber distinguir esa frontera ser√≠a violar una ley no escrita que advierte contra las quijotadas de quienes quieren tomar el cielo por asalto, sin darse cuenta que ninguna escalera puede llegar tan alto. Pero, ¬Ņy si existiera otra v√≠a, que no conocemos hasta ahora, para subir hasta las estrellas?

Esa duda la ten√≠a Kant cuando plante√≥ sus famosas cuatro preguntas fundamentales: ‚Äú¬ŅQu√© puedo saber? ¬ŅQu√© debo hacer? ¬ŅQu√© es el ser humano?‚ÄĚ y finalmente, la √ļltima y m√°s enigm√°tica de todas: ‚Äú¬ŅQu√© puedo esperar?‚ÄĚ. Con esa pregunta nos oblig√≥ a pensar en qu√© esperanza vale la pena, qu√© futuro es deseable, y en consecuencia, por qu√© causa deber√≠amos luchar. Es lo que piensa Jos√© Carlos Mari√°tegui cuando dice: ‚ÄúEl hombre no puede marchar sin una fe‚Ķ porque no tener una fe es no tener una meta‚ÄĚ. Por eso la esperanza va m√°s all√° del mero c√°lculo de probabilidades.

Ernesto Che Guevara es un gran maestro universal de esta pasi√≥n esperanzada por lo posible, que tiene en cuenta los escenarios, las posibilidades, las capacidades y las t√°cticas y estrategias que impone la realidad. Pero el Che da un pasito m√°s, porque no era un mero apostador en el casino de la pol√≠tica. La esperanza guevarista se atreve a ir m√°s all√° de lo probable. Y en ese ‚Äúm√°s all√°‚ÄĚ radica la fascinaci√≥n que ejerce su figura en un mundo que adora el riesgo de los emprendedores, de los especuladores y de los innovadores, pero que desprecia toda forma de esperanza pol√≠tica, tild√°ndola de populismo, demagogia, aventurerismo e irresponsabilidad.

Para la derecha el Che es una especie de demonio porque, al decir de Hayek, tratando de construir el cielo en la tierra produjo el infierno. Cuba, Venezuela y todo lo que se les parezca, habrían seguido una vana ilusión que se tornó tragedia porque no reconocieron los límites de lo posible. Quisieron dar un paso más allá, y al hacerlo desconocieron las leyes inmanentes de la realidad que imponen, como la ley de la gravedad de Newton, un marco de plausibilidad a la acción humana. El voluntarismo guevarista sería contranatural, en bajas dosis una desviación peligrosa, y en casos más graves, un cáncer que habría que extirpar.

Pero esa no es la √ļnica cr√≠tica al Che. Para muchas izquierdas el Che es un compa√Īero heroico, valeroso, un buen emblema que eleva la moral en momentos de desilusi√≥n. Pero nada m√°s. En el fondo, es un personaje cuasi literario, un quijote latinoamericano, que enfrent√≥ a los molinos de viento del imperio sobre un escu√°lido rocinante. Admirable moralmente, pero muy mala referencia a la hora de pensar la coyuntura. Icono pop de camisetas, pero pol√≠ticamente imprudente, ineficaz y peligroso. La pol√≠tica, se nos dice, se hace con la cabeza fr√≠a. No se trata de un asunto de esperanza, ni mucho menos de utopismos rom√°nticos que nos lleven a terminar despe√Īados en una olvidada selva boliviana.

Esperanza l√ļcida y necesariache1

Desde hace d√©cadas los m√°rgenes que delimitan lo ‚Äúposible‚ÄĚ se han ido cerrando m√°s y m√°s hasta dejarnos atrapados en nuestro medio metro cuadrado de peque√Īos anhelos individuales. Espero, decimos al levantarnos por la ma√Īana, que las cosas no empeoren. Ojal√° que no se me acabe el empleo, que no tenga que endeudarme para estudiar, o si me enfermo de c√°ncer que no deba vender la casa o el auto para enfrentar la enfermedad. Y por otro lado, la f√°brica consumista de los deseos nos roba cada uno de nuestros sue√Īos y nos los devuelve en forma de mercanc√≠as.

La pol√≠tica actual nos ense√Īa cada d√≠a a no ilusionarnos. Ya sabemos lo que pasa cuando se cree en una alegr√≠a que vendr√≠a, en que ganar√≠a la gente, en los nuevos tiempos en que crecer√≠amos con igualdad, en que estar√≠an conmigo, o que llegar√≠a un Chile de todos. El sentido com√ļn dicta que es mejor no autoenga√Īarse y actuar con pragmatismo. Si se vota, se lo hace por un mal menor, y si no se lo hace, es porque se asume con resignaci√≥n que nada puede cambiar. Pero los seres humanos, en el fondo, seguimos esperando. A pesar de las mil derrotas y desilusiones, atisbamos que puede haber un margen para ensanchar las fronteras de lo que hoy es posible. La realidad no es s√≥lo lo que hay. Es siempre lo que hay, y lo que no hay, pero podr√≠a haber. La voluntad colectiva tiene entonces un papel que jugar.

El Che es un esperanzado l√ļcido porque siempre pens√≥ que se puede, si se juntan las voluntades. Se puede vencer el asma infantil, a punta de disciplina. Se puede salir a recorrer Am√©rica Latina en una destartalada moto, casi sin dinero en el bolsillo, si tienes un buen amigo que te acompa√Īe. Se puede vencer a un ej√©rcito, con un pu√Īado de guerrilleros mal armados, abandonados en la Sierra Maestra, si se sabe articular el apoyo popular de los cubanos. Y en econom√≠a, se puede ir m√°s all√° de los incentivos individuales, monetarios y materiales, si se crea un contexto subjetivo que valorice mucho m√°s los incentivos colectivos y morales. En cada etapa de su vida el Che busc√≥ ampliar las condiciones de posibilidad para ejercer otra pol√≠tica, para vivir otra econom√≠a, para cultivar otra cultura. Su b√ļsqueda de un hombre nuevo no era un salto al vac√≠o antropol√≥gico, sino la exploraci√≥n de los confines de las capacidades humanas, puestas a prueba de forma exigente, pero sin perder la ternura.

¬ŅQu√© esperaba el Che?

che-en-boliviaExpuesto as√≠, el Che podr√≠a parecer un buen entrenador deportivo. Una especie de Marcelo Bielsa de la pol√≠tica, que sacaba el m√°ximo a su equipo, pero sin llegar a aplastarlo por la exigencia. Pero esto no basta para describirlo. La dimensi√≥n m√°s desconcertante de su vida es el abandono de sus cargos en Cuba, su desaparici√≥n primero en Africa y su reaparici√≥n en la ‚Äúaventura boliviana‚ÄĚ. Esta √ļltima etapa de su vida parece dif√≠cil de comprender, m√°s a√ļn en un contexto pol√≠tico tan degradado como el chileno, donde el ‚Äútodo vale‚ÄĚ para satisfacer las ambiciones personales ha sido la norma por d√©cadas.

¬ŅQu√© pas√≥ por la mente del Che en esta etapa? ¬ŅSe trat√≥ de una repulsa ingenua a la necesaria institucionalizaci√≥n de los cambios revolucionarios? ¬ŅO una muestra de ‚Äúinfantilismo de Izquierda‚ÄĚ, propio de un esp√≠ritu inmaduro? ¬ŅUn caso de rebeld√≠a incurable? ¬ŅO un ejemplo de mesianismo milenarista, como tantos en la historia? Recordemos el contexto. A inicios de 1965 Guevara escribi√≥ su famosa carta a Fidel renunciando a todos sus cargos y anunciando su partida hacia ‚Äúnuevos campos de batalla‚ÄĚ. Empieza as√≠ a concretar un proyecto tricontinental que le llev√≥ a internacionalizar los ciclos revolucionarios en Am√©rica Latina, Africa y Asia.

En ese proceso el Che y sus compa√Īeros analizaron fr√≠amente las posibilidades. Se hizo un c√°lculo de recursos, se analizaron condiciones objetivas y subjetivas en cada pa√≠s y situaci√≥n. Se trataba de aprovechar una peque√Īa ventana de oportunidad, abierta en medio de la guerra fr√≠a por las luchas anticolonialistas y anti-imperialistas en el sur global del mundo. Pero era una grieta muy fina. La Uni√≥n Sovi√©tica no estaba dispuesta a sostener activamente esa iniciativa y Estados Unidos la ve√≠a como una justificaci√≥n para intervenir a escala planetaria. ¬ŅPor qu√© arriesgarse a tanto? Una manera de entender esa indomable voluntad rebelde es repasando un texto olvidado de Walter Benjamin, la Tesis 8 sobre filosof√≠a de la historia. Dice lo siguiente: ‚ÄúLa tradicioŐĀn de los oprimidos nos ense√Īa que la regla es el ‚Äėestado de excepci√≥n‚Äô en el que vivimos. Hemos de llegar a un concepto de la historia que le corresponda. Tendremos entonces como cometido nuestro provocar el estado de excepci√≥n verdadero; con lo cual mejoraraŐĀ nuestra posici√≥n en la lucha contra el fascismo‚ÄĚ. cuba-che-la_planificacion_socialista

Por ‚Äúestado de excepci√≥n‚ÄĚ Benjamin entiende el momento en que el estado de derecho cesa para permitir un orden arbitrario, en el cual es posible el abuso, las violaciones de los derechos humanos, la explotaci√≥n, el imperialismo, el racismo, el sexismo, la dominaci√≥n en todas sus formas. Para los oprimidos de este mundo esta supuesta ‚Äúexcepci√≥n legal‚ÄĚ no es un evento epis√≥dico, puntual, o un momento espor√°dico. Bajo el capitalismo ese es el curso normal y cotidiano de los acontecimientos. ¬ŅC√≥mo acabar de una vez con ello? Benjamin, en medio de la mayor de las desesperanzas, se atreve a so√Īar con un punto de fuga: provocar un verdadero estado de excepci√≥n, el estado de excepci√≥n de los oprimidos, que mejore su posici√≥n en su lucha. El proyecto tricontinental buscaba ese objetivo. Se trataba de crear el ‚Äúestado de excepci√≥n verdadero‚ÄĚ a escala mundial, un momento de ‚Äúruptura democr√°tica‚ÄĚ del poder constituido, que poniendo fin a la legalidad de los opresores, permitiera a los pueblos el ejercicio de su poder constituyente originario.

Ese momento, en el que la justicia de los pueblos pone fin a la legalidad f√°ctica de los opresores, no se realiza de forma mec√°nica ni m√°gica. Puede alcanzarse con las armas en la mano en algunas circunstancias. En otras, con las armas de las urnas democr√°ticas. Siempre, con las armas de la movilizaci√≥n pol√≠tica y social en la calle. No hay recetas preconcebidas, pero el objetivo es el mismo: un punto de quiebre con el orden jur√≠dico vigente para permitir que los oprimidos ‚Äúmejoren su posici√≥n en la lucha‚ÄĚ. Entendida as√≠, la revoluci√≥n, armada, democr√°tica, del tipo que sea, es s√≥lo un hito que permite el nuevo comienzo. No es la soluci√≥n inmediata a los problemas ni es el final de la ruta, sino una cabeza de playa para iniciar el desembarco.

che-en-ataudLo posible y un poco m√°s

Muchos han tratado de reducir el guevarismo a una apolog√≠a simplificadora del foco guerrillero. Pero confunden acciones con objetivos, medios con fines, t√°ctica y estrategia. La esperanza guevarista en la revoluci√≥n tampoco es una creencia m√≠tica en un horizonte futuro que nunca llegar√°. Es la confianza l√ļcida en que los l√≠mites de lo posible se pueden ampliar, si existe voluntad pol√≠tica colectiva, organizaci√≥n, fuerza y potencia popular. Un proceso de ensanche permanente de las alamedas, que debe llevar a un inevitable punto de quiebre con el orden jur√≠dico existente.

En el Chile actual imagino ese instante de ruptura como un momento plebiscitario, en el cual la voluntad de la plebe pueda imponer su legitimidad por sobre el largo estado de excepci√≥n iniciado en 1973, e institucionalizado con la Constituci√≥n de 1980. Porque un plebiscito es una herramienta de poder plebeyo. La etimolog√≠a latina lo deja claro: plebe, gente com√ļn, plebe scitum, decreto de la plebe. Un acto plebiscitario, como el que propone el movimiento No+AFP, y que permitir√≠a una Asamblea Constituyente no es ni puede ser el fin de las luchas. Ser√≠a una herramienta democr√°tica que provocando un estado de excepci√≥n verdadero, nos permitir√≠a mejorar nuestra posici√≥n en la lucha.

Hasta la victoria siemprecuba-plaza

La esperanza guevarista permite actuar a pesar de que todo muestre que la derrota es mucho m√°s que probable. El lema ‚Äúhasta la victoria siempre‚ÄĚ funciona fuera del esquema medio-fin de la racionalidad dominante. Se trata de seguir actuando sin calcular la posibilidad de victoria o derrota, seguir en la resistencia, incluso cuando no hay esperanza de vencer. Vivir ‚Äúhasta la victoria siempre‚ÄĚ es renunciar deliberadamente al c√°lculo de las consecuencias, que paraliza. La lucha se mantiene incluso cuando las probabilidades de fracasar son enormes, porque la √ļnica posibilidad de lograr alg√ļn √©xito pasa por asumir que aunque fracases en t√©rminos de c√°lculo de √©xito, ha tenido sentido lo que hiciste. Y por eso, a pesar de su muerte tr√°gica, podemos decir con certeza que Ernesto Che Guevara venci√≥, porque su lucha tuvo sentido en s√≠ misma, ayer, hoy y para siempre.

*Publicado en ‚ÄúPunto Final‚ÄĚ, edici√≥n N¬ļ 861, 30 de septiembre 2016.

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    2 Coment√°rios - A√Īadir comentario

    Comentarios

    1. Eduardo Aldana
      4 octubre 2016 13:37

      Sue√Īo imposible Visi√≥n de futuro

    2. Antonio Casalduero Recuero
      10 octubre 2016 22:10

      Me gust√≥ el art√≠culo, no es desesperanzador. EL sistema mercantilista mundial, consciente del enorme influjo del Che sobre millones de personas, principalmente j√≥venes, quiso debilitar su imagen, aplastarla, era peligrosa para los equilibrios econ√≥micos, y entonces la neutraliz√≥, la dej√≥ reducida a no m√°s que un √≠cono estampado en ropa deportiva. √Ālvaro omite que el guerrillero fue abatido por fuerzas militares bolivianas, proclives a EE.UU. y que uno de esos militares asesores, los denominados ¬ęrangers¬Ľ, especializados en guerra selv√°tica, fue quien le dio el tiro de gracia a quemarropa, cuando el Che a√ļn estaba herido, pero vivo, y que una enfermera pretendi√≥ ir a buscar ayuda m√©dica, y que ese balazo a mansalva abort√≥ definitivamente sus nobles intenciones humanitarias.