Dic 16 2020
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CulturaSociedad

La historia y sus monumentos

Si miramos la historia con paciencia descubrimos que no nos muestra ninguna verdad primordial, ning煤n fin trascendente, ning煤n sentido oculto. S贸lo una sobria visi贸n de nuestra realidad… luchas y sufrimientos, glorias breves, largas miserias, guerras y cortos per铆odos de paz. Este es el material con el que los historiadores crean una narraci贸n que luego llaman historia. Una disciplina que hoy es altamente controversial despu茅s de la aparici贸n del constructivismo y el decontructivismo.

驴C贸mo la realidad del pasado puede ser conocida? O mejor a煤n, 驴con que precisi贸n las narrativas pueden representarla?

Tradicionalmente la mayor铆a de los historiadores creen que racional y objetivamente es posible tomar contacto con un pasado que es potencialmente comprensible y causalmente analizable. Impl铆cita en esta creencia reconstructiva de la historia est谩 la teor铆a emp铆rica de la correspondencia, es decir, la creencia de que el verdadero significado de lo que ocurri贸 en el pasado puede ser directamente inferido de las fuentes primarias. 脡sto, seg煤n esta tradici贸n, es suficiente para constituir el objeto de la historia como algo separado e independiente de cualquier epistemolog铆a. Los poderes de la historia (y de los historiadores) | Babelia | EL PA脥S

El trabajo del historiador es acercarse cada vez m谩s al conocimiento objetivo de lo que actualmente ocurri贸 a trav茅s de una investigaci贸n racional e imparcial, libre de las infecciones ideol贸gicas y los est谩ndares morales y metodol贸gicos del presente. La disciplina hist贸rica, por tanto, es independiente de cualquier teor铆a social o filos贸fica y sus conclusiones s贸lo se derivan de los hechos que el historiador encuentra en documentos, inscripciones, literatura, reliquias, arte, diarios y monumentos. Los hechos son los hechos y ellos hablan por s铆 mismos.

La convicci贸n de que la verdad transcendente y absoluta puede ser conocida es el legado de la modernidad. El 茅xito del modelo de las ciencias naturales y su m茅todo experimental, desinteresado, aut贸nomo e imparcial, pas贸 a ser la medida de toda verdad humana que, muy pronto, se transfiere a todas las otras investigaciones, incluyendo la historia que deviene en la b煤squeda de las leyes del desarrollo humano. La fe en la raz贸n cient铆fica, entendida como la fuente de vastos poderes y gu铆a autorizada sobre como usarlos, le permite afirmar al occidente, no s贸lo la verdad, sino tambi茅n la superioridad de sus valores.

Despu茅s de dos guerras mundiales, con todos sus horrores y destrucciones y una guerra fr铆a que trajo la constante amenaza de la aniquilaci贸n nuclear, el modelo cient铆fico modernista pierde su inocencia. Ya no es posible percibirlo como una investigaci贸n totalmente libre de valores. El gusano esc茅ptico entra en la escena plantando todo tipo de dudas, incluyendo la posibilidad de obtener un genuino, real y 煤ltimo conocimiento del pasado.

Crist贸bal Col贸n, el navegante que cambi贸 la historiaEl sentido com煤n indica que hay ciertos hechos b谩sicos que son los mismos para todos los historiadores y ellos forman el esqueleto de la historia. Que Crist贸bal Col贸n descubri贸 el nuevo mundo el 12 de octubre de 1492 o que la Guerra del Pac铆fico se inici贸 el 5 de abril de 1879 son hechos que primariamente no le conciernen al historiador. Son condiciones necesarias de su trabajo, pero no su funci贸n esencial. Estos hechos, que son los mismos para todos los historiadores, pertenecen a la categor铆a de la materia prima del historiador, m谩s que a la historia misma.

Pero, estos hechos, en contra de la opini贸n com煤n, no hablan por s铆 mismos. Solo lo hacen cuando el historiador apela a ellos. Es el quien decide que hechos van a ocupar la atenci贸n, en que orden y contexto y cuales son sus significados, lo que hace a la historia necesariamente selectiva. No hay objetividad en la selecci贸n del material y todos los juicios sobre que incluir o excluir son ideol贸gicos, basados en estructuras narrativas preferidas. Los hechos, como dice un personaje de Pirandello, son como un saco. Solo se para cuando lo llenamos con algo.

La simple narrativa descriptiva de eventos singulares, seg煤n los construccionistas al estilo de Marx, Auguste Comte o Herbert Spencer, no es suficiente para explicar el pasado. Esto s贸lo es posible cuando la evidencia se coloca dentro de un marco explicativo preexistente que permita ver a los eventos singulares como expresiones de un patr贸n o reglas generales de acci贸n discernible. Pero, al igual que los reconstruccionistas, tambi茅n creen en la existencia de un conocimiento factible derivado de la evidencia observable. La interpretaci贸n narrativa corresponde a lo que realmente ocurri贸 porque ella se deriva de la cuidadosa investigaci贸n de las fuentes.

Cuando ellos escriben historia vuelven a contar y narrar las vidas, intenciones y eventos del pasado, pero, a diferencia de los reconstruccionistas, con El Pensamiento Sociol贸gico (I): Los Fundadores 鈥 Colloquimodelos de explicaci贸n que ya est谩n en sus mentes. G茅nero, raza, relaciones de clase, cambios ecol贸gicos, colonizaci贸n, decolonizaci贸n, industrialismo o tecnolog铆a. Sus modelos son cadenas de conceptos, construcciones altamente complejas, que emergen de la evidencia y act煤an como una ayuda para su comprensi贸n.

Hoy d铆a la mayor铆a de los historiadores presuponen el uso de narrativas como veh铆culo para comunicar o crear conocimiento hist贸rico. Para algunos de ellos la historia es simplemente narrativa o contiene algunos elementos narrativos. Para otros, la historia es esencialmente narrativa. Como nota Paul Ricoeur, la historia posee un 鈥渃ar谩cter narrativo irreducible鈥 en la misma forma que lo posee la existencia humana.

Lo que complica esta historia, sin embargo, es la inc贸moda noci贸n posmodernista de que no hay acceso al conocimiento si no es a trav茅s de las turbias corrientes del lenguaje. Los historiadores generalmente se reh煤san a explorar sus implicaciones, lo que hace dif铆cil ver estas narrativas por lo que son. Explicaciones hist贸ricas significativas en ellas mismas, en lugar de simples veh铆culos con los que explicamos o recuperamos el pasado tal como ocurri贸. Seg煤n Foucault, el historiador no puede efectivamente dar un paso fuera del flujo hist贸rico, capturar el contexto y ser completamente objetivo.

Toda la historia escrita, dice, es un acto de creaci贸n a trav茅s de la imposici贸n narrativa del historiador que, hasta cierto punto, es el producto ideol贸gico de la 茅poca en que vive. Seg煤n la visi贸n deconstructiva de la historia, la 煤nica realidad que encontramos es el significado que produce el lenguaje. Ciertamente usamos el lenguaje, pero el lenguaje tambi茅n nos usa. Consecuentemente, dice Foucault, la narrativa es un discurso cuya moneda es el poder que puede servir para crear un pasado utilizable para la naci贸n.

Foucault en su 煤ltimo libro 鈥 Semanario UniversidadLa narrativa, entonces, puede ser vista como una formaci贸n discursiva que existe en el presente, un aparato para la producci贸n de significado, en lugar de ser vista s贸lo como una simple referencia al pasado. El 鈥渃onocimiento del pasado鈥 frecuentemente justifica el presente, o alguna versi贸n preferida de 茅l, raz贸n por la cual el historiador, sea reconstruccionista o construccionista, tiene un inter茅s ideol贸gico en mantener la importancia del mito de la b煤squeda objetiva de la verdad.

La cr铆tica posmodernista de la historia oficial no reclama tener mejor acceso al pasado que el positivismo. Su intenci贸n es la de dirigir la atenci贸n a las ocultas agendas de poder y a las limitaciones y potencial de las narrativas hist贸ricas como medio de explicaci贸n. Su funci贸n es describir los procesos con los que la gente se construye a s铆 misma y su cultura a trav茅s de la producci贸n del lenguaje. El 茅nfasis constructivista en el valor cognitivo de la narrativa hist贸rica no significa que de pronto tenemos acceso al pasado tal y como fue. Lo que tenemos es una versi贸n del pasado. La narrativa puede explicarlo, pero no puede garantizar que su versi贸n sea verdadera, como lo ilustran la variedad de narrativas que tratan de descifrar las complicadas relaciones de raza, g茅nero y clases.

Una vez que una narrativa adquiere una mayor o menor aceptaci贸n universal, como la revoluci贸n industrial, por ejemplo, se concretiza como una realidad hist贸rica. En la pr谩ctica, esto hace imposible distinguir entre el uso del lenguaje y la realidad pasada.

Seg煤n el historiador Hayden White el lenguaje, sea el de la supuesta objetividad hist贸rica o el del poeta, es relativista. Cuando el historiador interpreta el pasado no es que est茅 inventando o produciendo ficciones que juegan con hechos y vidas. Lo que hace, m谩s bien, es imponer una estructura narrativa que tiene coherencia y unidad. Su recuento es un ejercicio figurativo, un producto de la imaginaci贸n literaria en donde el relativismo est谩 limitado por la naturaleza de la evidencia. Lo que est谩 en cuesti贸n es la naturaleza de la representaci贸n, no la investigaci贸n del proceso emp铆rico como tal.

Obviamente nadie discute la existencia de la realidad del pasado. Pero, es razonable argumentar que no podemos tener acceso a 茅l solamente a trav茅s del m茅todo emp铆rico. El pasado ciertamente habita 鈥渁h铆 afuera鈥 independientemente del historiador y del lenguaje que usa. El problema es c贸mo accedemos a 茅l y cu谩n confiable es la historia que leemos. Lo que los cr铆ticos cuestionan es la creencia modernista de que es posible distinguir entre una buena o mala historia apelando simplemente a 鈥渓a referencia transcendente del empirismo, los anclajes del factualismo y el estudio forense de la evidencia鈥, sin los cuales, se dice, inevitablemente naufragamos en las oscuras y turbulentas aguas del relativismo. Rebeli贸n contra las estatuas: los s铆mbolos que suscitan choques en todo el mundo

La cosa, sin embargo, es que es bien dif铆cil demarcar donde el empirismo termina y donde las hip贸tesis comienzan, por lo que es razonable tomar en cuenta el hecho de que los historiadores ejercen un activo papel en la creaci贸n del pasado a trav茅s de sus modelos, sus narrativas prefiguradas y sus ideolog铆as. El hecho de que la historia escrita no est茅 libre de argumentos, implicaciones ideol贸gicas o posturas morales, obliga a ver al historiador como un autor, m谩s bien que como un reportero.

La exploraci贸n de c贸mo representamos la relaci贸n entre nosotros y el pasado permite vernos, no como distantes observadores de lo que fue, sino como participantes en su creaci贸n. Y esto porque el 煤nico acceso que tenemos a su significado es a trav茅s de la imaginaci贸n narrativa que coloca eventos dispares en un orden comprensible que explica por qu茅 ellos ocurrieron.

La destrucci贸n de las estatuas de los 鈥渉茅roes鈥 de la naci贸n que ha ocurrido en varias ciudades del mundo es evidencia de que el pasado siempre es controversial y nunca puede ser fijado.

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