Oct 8 2018
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Cultura

La irrelevancia del Centro

El centro pol铆tico es lo que se ubica entre la derecha y la izquierda. En este sentido los tres t茅rminos son nociones relacionales. Cada uno de ellos se define en relaci贸n con los otros dos. En la 茅poca de la Revoluci贸n Francesa los delegados m谩s radicales de la Asamblea Nacional se sentaban a la izquierda del oficial que preced铆a y la 鈥渋zquierda鈥 designaba una orientaci贸n pol铆tica relativamente estable.
La 鈥渄erecha鈥 ten铆a un significado contrario. A pesar de que es imposible decir exactamente qu茅 significan estos dos t茅rminos, la diferencia es suficientemente clara como para ubicar a lo largo del espectro programas, pol铆ticas, gente y partidos. Socialistas, comunistas, anarquistas y radicales a la izquierda. Conservadores, evangelistas, nacionalistas a la derecha. Como en cualquier continuo hay, por supuesto, graduaciones. Cu谩ntas o c贸mo se describen depende del contexto. Resultado de imagen para centro pol铆tico

Seg煤n esta met谩fora espacial tambi茅n hay un 鈥渃entro鈥. Sin embargo el 鈥渃entro鈥 casi nunca se ubica figurativamente en el medio, entre la izquierda y la derecha. Lo que cuenta como 鈥渃entro鈥 est谩 determinado por la corriente pol铆tica convencional del momento. El 鈥渃entro鈥, por tanto, es m谩s dif铆cil de caracterizar que los otros dos polos, pero siempre guarda una cierta distancia de la izquierda o derecha. La tendencia de los individuos y partidos ha sido gravitar hacia el 鈥渃entro鈥… hasta hoy. No hay ninguna garant铆a que el 鈥渃entro鈥 contin煤e siendo pol铆ticamente significante, como lo indica la p茅rdida de confianza en los partidos pol铆ticos tradicionales.

Si dejamos a un lado las 茅lites que dominan la sociedad con su propia agenda y聽su inter茅s s贸lo en dinero y poder y nos concentramos en el 99 por ciento restante que somos todos nosotros, encontramos dos grandes campos pol铆ticos con diferentes concepciones acerca de la sociedad, que no hablan el mismo lenguaje y que carecen de un terreno com煤n.

Como dice el escritor y periodista Jonathan Cook, el primer campo todav铆a conf铆a, en mayor o menor medida, en los que gobiernan la sociedad. La 鈥渋zquierda鈥 y 鈥渄erecha鈥 de este campo se diferencia primariamente en la creencia acerca de cu谩nta ayuda deben recibir los que se ubican en los estratos m谩s bajos de la sociedad para mejorar su estatus. Fuera de esto, mayormente coinciden en sus suposiciones b谩sicas.

Resultado de imagen para centro pol铆ticoLos debates acerca de los valores pol铆ticos y sociales son necesarios y, a pesar de que pueden haber malos pol铆ticos, la mayor铆a de ellos surgen debido a su habilidad y son responsables frente al electorado. A pesar que ellos concedan que los medios de comunicaci贸n est茅n en manos de un pu帽ado de corporaciones cuyo 煤nico inter茅s es la ganancia econ贸mica, todav铆a tienen confianza en que el libre mercado garantiza que noticias importantes y el espectro completo de opiniones leg铆timas est茅n disponibles para los lectores.

Tanto los pol铆ticos como los periodistas limitan la corrupci贸n y el abuso del poder de las corporaciones. Las democracias occidentales son sistemas pol铆ticos m谩s civilizados, lo que justifica el que hayan adoptado el papel de polic铆a global. Si tienen que iniciar guerras es para controlar los instintos genocidas y el hambre por el poder de los dictadores.

El r谩pido ascenso del segundo campo ha venido siendo impulsado por el acceso sin precedente que el p煤blico occidental ha tenido a la informaci贸n, buena o mala, gracias a las redes sociales. Nunca en la historia humana tanta gente ha logrado abandonar la informaci贸n diseminada por el marco clerical, estatal o corporativo y comunicarse directamente unos a otros a escala global. No es muy f谩cil caracterizar este grupo en el esquema pol铆tico de la 鈥渄erecha鈥 o 鈥渋zquierda鈥. Lo que los une es la desconfianza, no solo en los que dominan la sociedad, sino tambi茅n en las estructuras sociales en las que ellas operan.

Estas no son inmutables, divinamente dise帽adas. Por el contrario, son el producto de ingenier铆a social de una peque帽a 茅lite que mantiene el poder. Estas estructuras son globales, fabricadas, hechas por el ser humano y, por tanto, totalmente reemplazables como fue el orden aristocr谩tico feudal. La aristocracia contempor谩nea, seg煤n este campo, son las corporaciones internacionales, socialmente irresponsables y m谩s grandes que el Estado que ya no las puede constre帽ir. Los pol铆ticos son parte del sistema corrupto y se mantienen defendiendo sus valores podridos. Ellos, en lugar de servir al electorado, sirven al poder de las corporaciones para quienes realmente trabajan.

Si alguien tiene dudas, basta mirar lo que ocurri贸 en el 2008. En lugar de hacer responsables a los bancos por la recesi贸n econ贸mica debido a la especulaci贸n irresponsable de la 茅lite financiera, fueron rescatados por los gobiernos con el dinero de los contribuyentes. Es decir, los mismos que fueron estafados tuvieron que pagar en lugar de reformar el sistema bancario.

Los medios de informaci贸n, que se supone son los que vigilan las acciones del poder, est谩n incrustadas dentro de la estructura corporativa que domina la sociedad. En lugar de ser la voz cr铆tica, son parte de las relaciones p煤blicas de la 茅lite econ贸mica que solo permite una disidencia m铆nima para dar la impresi贸n de pluralismo. Estas estructuras dom茅sticas est谩n al servicio de la acumulaci贸n de riquezas en beneficio de la 茅lite global a trav茅s del saqueo de los recursos naturales del planeta y la racionalizaci贸n de la guerra permanente que requiere la manufactura de 鈥渆nemigos鈥 para justificar la expansi贸n de la industria militar y los servicios de vigilancia. La narrativa del 鈥渆nemigo diab贸lico鈥 que los medios de informaci贸n difunden obsesivamente les permite expandir la Organizaci贸n del Tratado del Atl谩ntico Norte (OTAN) y las bases militares a trav茅s del mundo.

Estos dos campos tienen un lenguaje y una narrativa totalmente diferentes. El primero tiene el poder de la estructura corporativa detr谩s de 茅l. Los pol铆ticos y la prensa hablan su lenguaje que se presenta como oficial, objetivo, neutral y leg铆timo. El otro campo tiene solo un peque帽o espacio, las redes sociales, que r谩pidamente se empeque帽ecen en la medida en que los pol铆ticos y las corporaciones controlan o son due帽as de estos medios de comunicaci贸n masiva que ya han empezado a censurar porque los mensajes son peligrosos, falsos y conspiratorios.

驴Cu谩l de estos dos campos ganar谩 la batalla? Por ahora, va ganando el primero,聽 pero no por mucho tiempo. Y no porque el segundo va a ganar la discusi贸n. Eventualmente la realidad f铆sica se va a imponer haciendo pedazos sus ilusiones. La destrucci贸n ecol贸gica y el desastre econ贸mico ser谩n los disruptores m谩s importantes que pondr谩n fin a la narrativa capitalista neoliberal.

El crecimiento continuo, que es lo que sostiene al capitalismo, no puede mantenerse indefinidamente porque los recursos naturales de la Tierra son finitos. Hoy tenemos suficientes indicaciones de que estamos acerc谩ndonos a ese punto. El clima esta volvi茅ndose en contra de la humanidad. Como dice Cook, para el segundo campo el sistema simplemente no funciona y se necesita un cambio radical. El primer campo trata desesperadamente de mantener el estatus quo con la esperanza que el sistema siga funcionando con modificaciones y reformas menores. Las grietas, sin embargo, est谩n por todos lados y no se pueden negar. Pueden gritar y vociferar, demonizar a los competidores internacionales, armarse hasta los dientes para mantener la hegemon铆a mundial, aumentar la vigilancia y las medidas represivas… y nada de 茅sto los salvara.

Una nueva era viene. Si no la definimos nosotros el planeta lo har谩, que es lo m谩s probable. 驴Ser谩 茅sta era mejor o peor? Se puede avizorar un mayor deterioro, incluso la extinci贸n de la especie humana, dependiendo de c贸mo respondamos, cu谩n preparados estemos y cu谩nta violencia est茅 dispuesto el capitalismo neoliberal a usar para mantener el orden de las cosas y evitar la p茅rdida del poder. El rechazo de este orden fallido depender谩 de cu谩ntos seres humanos est茅n dispuestos a reemplazarlo para reconstruir, desde sus ruinas, uno nuevo.

Mientras tanto, la 茅lite para mantener el control vilipendia y empuja al margen de la vida p煤blica a los que no participan de la narrativa oficial. En el 谩mbito internacional la 茅lite corporativa y militar no va a ceder el poder tranquilamente y est谩 dispuesta a desencadenar la guerra nuclear para conservarlo, aunque ello signifique el fin de la civilizaci贸n humana.

Por ahora, no est谩 claro qu茅 formas adoptar谩 el descontento y qu茅 estrategias y programas alternativos puedan ser implementados pr谩cticamente. Lo que habr铆a que agregar, sin embargo, es que el problema de ver el descontento y la insatisfacci贸n de las masas como un instrumento pol铆tico equivale a colocar la resoluci贸n del capitalismo exclusivamente en el 谩mbito de lo humano, es creer que la ideolog铆a es una fuerza externa que usurpa al sujeto transformando sus deseos en necesidades consumistas.

Lo que se necesita, de acuerdo con esta l贸gica, es una conciencia autorrevolucionaria, una auto transformaci贸n interna para asaltar lo externo. Cambiar la conciencia, para cambiar el capitalismo. 驴Podemos continuar manteniendo la ilusi贸n de un sujeto independiente que es colonizado y corrompido por el sistema; la fantas铆a de retornar al sujeto a la libre expresi贸n de su voluntad? Por todas partes vemos c贸mo la tecnolog铆a disuelve toda noci贸n de subjetividad. La experiencia o subjetividad humana no es algo separado de las circunstancias que habita, algo que reacciona o configura su propia vida desde una posici贸n universal.

En la pr谩ctica somos el producto de m煤ltiples ambientes: naci贸n, ciudad, cultura, medios de comunicaci贸n, espacio virtual, tecnolog铆as, etc. Incluso el capitalismo, en muchos de sus 谩mbitos, ya opera al margen de la voluntad humana al adoptar una forma 鈥渁utodirigida鈥. La volatilidad del mercado, por ejemplo, est谩 sujeta a factores no humanos como humanos, el Internet siempre amenazado por complejos malware y el impacto econ贸mico de las cat谩strofes ambientales, entre otros. Lo cierto es que no tenemos subjetividad previa o independiente del ambiente social y toda la m谩quina capitalista est谩 dirigida a reproducir el sistema y la mentalidad que lo sostiene. Cada intento de reemplazarlo lo trae de vuelta. Esto no significa suprimir la subjetividad humana en la lucha social. Ella, por supuesto, es necesaria, pero no suficiente. Todo esto es lo que hace tan dif铆cil la organizaci贸n y efectividad del descontento.

No hay sujeto pol铆tico que primero existe y luego decide actuar. Es la acci贸n pol铆tica la que crea lo que antes no exist铆a. Un sujeto pol铆tico colectivo se crea a s铆 mismo como actor social en el momento en que su acci贸n rechaza el lugar que el sistema le asigna. Cuando los que no son parte del orden act煤an pol铆ticamente en contra de los que son parte se crean obligaciones y deberes, conexiones internas solidarias cuya presuposici贸n es la igualdad. Es esta masa, privada de todo y situada en las ruinas de los centros industriales la que puede constituirse en el n煤cleo de una fuerza futura. Una fuerza de cambio, pero tambi茅n una fuerza dirigida a ser parte del mismo.

 

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