Dic 27 2011
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Opinión

“La libertad para el pobre quiere decir que no me opriman”

Entrevistado por el periodista español Iñaki Gabilondo, el escritor y economista catalán José Luis Sampedro, dice el editor de The Other News, “nos deslumbra con su pensamiento”. Sampedro refleja en la actualidad —es el consenso de quienes conocen su obra y pensamiento en profundidad— lo mejor de la intelectualidad española; su larga vida no lo ha enclaustrado en la “torre de marfil” que suelen preferir algunos intelectuales. |OTHER NEWS.*

José Luis Sampedro, nació en Barcelona en 1917. A los 94 años, éste célebre escritor, humanista y economista español mantiene intacta su lucidez . Cree firmemente en los jóvenes pese a que el mundo está en la era del desconcierto y que va hacia otro modelo. Para él, la única salida es la educación y el pensamiento.

En recientes declaraciones, apuntó que “nos están educando al revés: para consumir. La alternativa es educar para ser mejores”. “Han dado la universidad a los financieros y los financieros lo que quieren es ganar dinero”.

En su óptica, progreso es una palabra que implica un fin, un objetivo, como en un viaje. “¡Pero aquí no saben dónde van! No sólo no saben dónde van, lo malo es que ni siquiera saben dónde quieren ir. Sarkozy, Berlusconi y otros que prefiero no nombrar en castellano y en inglés no saben lo que quieren”

Sampedro advierte que siempre que se use la palabra libertad hay que pensar para quién. “La libertad para el pobre quiere decir que no me opriman. Pero la libertad para el rico es que me dejen las manos libres, que yo haré lo que me dé la gana y entonces explotaré a quien haga falta”.

El escritor y humanista asevera que la democracia “no es el gobierno del pueblo en ningún sitio. ¿Qué se vota? Lo que nos hacen que votemos. En la infancia, llega un cura y mete en la cabeza dogmas. Eso empieza a condicionar el pensamiento y el pensamiento debe ser libre, más que la libertad de expresión. Si con la libertad de expresión lo que expresa es lo que le dicen que diga, no interesa. Lo que importa es lo que pensamos”.

¿Qué hace Europa en estos momentos? Según Sampedro, nada. “No estamos ya en manos de los financieros, sino en las tres o cuatro grandes empresas de valoración de la confianza. ¿Qué han hecho los gobiernos? ¿Han suprimido los paraísos fiscales? ¿Han corregido la conducta de los bancos? ¡Ni hablar! Los bancos que crearon la crisis en 2008 hace tiempo que se han repuesto tranquilamente y anuncian sus beneficios, mientras los parados siguen parados. Se llamen como se llamen, todos los gobiernos actúan obedeciendo a los intereses del capital”.
 
La entrevista puede verse en Vimeo.com.
* En www.other-news.info

Addenda

Sampedro nació en Barcelona en febrero de 1917; se lo describe como humanista, escritor, economista; en esta dimensión aboga por una economía “solidaria, capaz de contribuir a desarrollar la dignidad de los pueblos”. No es desconocido que la definición de sí que más le place es la escritor. En 2010 le fue otorgada la Orden de las Artes y Letras de españa; este año el Premio Nacional de Literatura en su país.

Sampedro suele recordar en sus textos los años de infancia vividos en Tánger, África, en una gran y señorial casona, cuya biblioteca —dice— devoraba.

Menos memorioso es para revivir en la memoria los años de la guerra civil desatada por la rebelión encabezada por Franco. Escribió:
“El terremoto de la sublevación militar y la guerra sacudió mi vida, como la de todos los españoles, me añadió penalidades y experiencias nunca sospechadas, forzó mi crecimiento y muy poco después, por la temprana muerte de mi padre, me convirtió en cabeza de familia, afrontando aquella vida de penuria y represiones que fue nuestra posguerra. Pero escribir era ya para mí un imperativo ineludible y en 1940 terminé mi primera novela: La estatua de Adolfo Espejo“.

Había sido enrolado por el Ejército de la República, habría desertado para unirse a las tropas comandadas por Francisco Franco. Terminada la guerra, pudo hacer su vida sin grandes sobresaltos en el país destruido; no fue tocado por las persecuciones ni debió conocer cárcel ni extrañamientos.

Con el título de economista recibido en 1947 trabaja en el Banco Exterior; luego asume como catedrático universitario.

Entre sus obras, en materia económica y social, pueden citarse: Principios prácticos de localización industrial (1957), Realidad económica y análisis estructural (1959), Conciencia del subdesarrollo (1973), Las fuerzas económicas de nuestro tiempo.
Entre sus novelas: Congreso en Estocolmo, 1952; El río que nos lleva, 1962; El caballo desnudo, 1970; La sonrisa etrusca; La estatua de Adolfo Epejo (publicada 50 años después de su escritura); El amante lesbiano, 200.

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