Dic 27 2011
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Sociedad

La mujer y el sexo en la cultura occidental

Abarcar en un comentario bibliogr√°fico lo expuesto en este libro de James O.Pellicer, un argentino residente en los Estados Unidos desde 1963, ser√≠a simplificar un trabajo que adem√°s de seriamente intelectual abarca detalles hist√≥ricos inusuales en estas investigaciones. | EDUARDO P√ČRSICO.*

Desde el matriarcado en la historia primitiva, cuando la mujer fuera centro del clan y alrededor de ellas se formara cierta primaria organizaci√≥n social, al siguiente paso de predominio sexista y violento del hombre ‚ÄĒesa instancia de dogm√°tica cultura sagrada en que la mujer pierde casi todo derecho‚ÄĒ ellas fueron erigidas en origen del pecado.

Y de ah√≠ a los c√°nones modernizadores de la cultura occidental que confiriera a las mujeres derechos y equivalencias jur√≠dicas similares al hombre, a veces muy retaceadas, pas√≥ mucho tiempo. Y este siglo veintiuno no solamente exhibe multitudes con mujeres de rostros m√°s o menos velados postergadas como personas, seg√ļn acontece en regiones no muy ex√≥ticas del planeta, se suma el crecimiento del femicidio como crimen sexista y cotidiano.

Ese retorno tribal o réplica de la dominación machista sobre las hembras expresado con violencia, hoy por la acción de los grupos feministas recién conocemos más sobre los alarmantes crímenes de género en el mundo.

Con su documentado trabajo James O. Pellicer nos ilustra desde la Era Com√ļn, con la Venus Achelense ‚ÄĒuna deidad femenina adorada varios cientos de miles de a√Īos antes de la sociedad patriarcal y dato inicial de la abstracci√≥n y el lenguaje primario de la especie humana‚ÄĒ se demuestra una f√©rtil tarea de investigaci√≥n sobre √©pocas donde la mujer como expresi√≥n del poder cultural y religioso, no fuera considerada sierva del var√≥n, se√Īor y due√Īo de su cuerpo.

Ya en el Antiguo Testamento el concepto de ‚Äėesposo‚Äô ser√≠a baal, due√Īo, propietario, y ese Dios sem√≠tico, Baal, se manifestaba entre varones y nunca en mujeres. Tan as√≠ que algunos vigentes axiomas hebreos mencionar√≠an la bajeza del hombre es preferible a la virtud de la mujer; y cuando al recuperar Sodoma los hombres quisieron abusar de los hu√©spedes de Lot, este le ofrece a sus hijas que todav√≠a no han estado con ning√ļn hombre, pero no hagan nada a estos hombres que son mis invitados. Una frase que seg√ļn Pellicer no evit√≥ que Lot continuara siendo un respetable personaje biblico, como igual nadie desaprobara al rey David, autor de los Salmos, por adue√Īarse de tantas mujeres y concubinas de Jerusal√©n al retornar de Hebr√≥n.

La descalificaci√≥n en la religi√≥n cat√≥lica hacia la mujer en general no pareci√≥ preocupar a la feligres√≠a femenina por ese papel secundario durante siglos, y reci√©n en el Nuevo Testamento Jesucristo viol√≥ algunas reglas que especificaban la desigualdad de los sexos fijados por los esenios y los fariseos, y se mostr√≥ ense√Īando a las mujeres que lo segu√≠an en una actitud inusual para la √®poca.

Y si al incluir a María Magdalena, Susana y Juana en su círculo íntimo se erigió en un defensor de los derechos de la mujer, al prohibir al varón despedir sin causa a su esposa evitaría que una mujer pudiera ser condenada sin juicio previo. Pero claro, él era Jesucristo y el autor lo distingue de otros que hoy asombrarían a cualquier practicante del catolicismo:

La mujer debe portarse como Sara, obediente a su marido Abraham, a quien llama su Se√Īor (San Pedro: I 3: 1-6).
Las casadas estén sujetas a sus maridos en todo porque el marido es la cabeza de la mujer (San Pablo, Efesios, 5:23-24), y luego el mismo Pablo dice:
La mujer aprenda en silencio con toda sumisi√≥n porque no le permito a la mujer ense√Īar ni ejercer dominio sobre el hombre, sino estar en silencio. Ad√°n fue formado primero y despu√©s Eva, que se salvar√° engendrando hijos si permenece con modestia. (I Tim. 2:11-15).

Y siguen las firmas emitiendo opiniones tan machistas y descarriadas que casi sugieren una sonrisa los dichos de personalidades notorias de esa congregaci√≥n religiosa, como la expresada por San Clemente de Alejandr√≠a, (150-215, Egipto): La mujer debe llenarse de verg√ľenza por s√≥lo pensar que es mujer, similar en intenci√≥n con lo dicho por San Agust√≠n, el m√°s grande escritor y Padre de la Iglesia, cuando asegurara

La mujer no está creada a la imagen de Dios. Es siempre Eva, la tentadora, de la que debemos estar siempre prevenidos. No veo de qué utilidad puede ser la mujer para el varón si excluimos la función de tener hijos.

En cuanto el libro de Jaime Pellicer prosigue con much√≠simas referencias similares, elegimos un rengl√≥n antol√≥gico dicho por San Pedro Dami√°n, a√Īo 1007 al 1072: las mujeres, trampas de Satan√°s, basura del para√≠so, veneno del esp√≠ritu, espada de las almas, fuentes de pecado, ocasi√≥n de corrupci√≥n, prostitutas, cortesanas, cerdos, una definici√≥n que acaso por tratarse de un hombre tan Santo al Dami√°n no le fuera bien con las mujeres. Pero claro, tal vez por esas cosas‚Ķ

El mismo Pellicer que considera igualmente respetable a toda religi√≥n y un asunto de absoluta incumbencia personal, entiende que algunas definiciones ‚Äėsagradas‚Äô en todas ellas no dejan de ser el mejor testigo de sus ideas en todo trabajo de investigaci√≥n did√°ctica.

En síntesis, otro estudio más, consustanciado y fundamental, de un escritor que nos sorprende con sus aportes documentales y la amenidad inusual para desarrollarlas. Y nos incita a debatir sobre la mujer en la historia, esa cuestión que los sectores del Poder ocultaran durante siglos. Sencillamente dicho, hablamos de un libro magnífico y oportuno.

La mujer… cuenta con prólogo de María José Binetti. James O. Pellicer con varios doctorados obtenidos en Estados Unidos, publicó en Argentina en 1990 El Facundo, Significante y Significado, un texto sobre las ideas de Domingo F. Sarmiento.

* Escritor.

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