Ago 31 2014
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CulturaOpinión

La perversion pesimista

¿Realmente? ¿Es el pesimismo una perversión del pensamiento?  La verdad es que si seguimos sus  argumentos tendremos que reconocer que son tan racionales o irracionales como los del optimismo. ¿Por qué, entonces, lo desechamos tan rápidamente como si fuera una peste? ¿O lo culpamos por la ausencia de proyectos utópicos? ¿O lo usamos para descalificar el  existencialismo, el psicoanálisis y el postmodernismo?  Por donde miremos el pesimismo tiene mala onda.
Y, sin embargo, continúa apareciendo.  La filosofía  del pesimismo, que no debe confundirse con la disposición depresiva, es una idea que cuestiona nuestro sentido de la vida y desplaza la noción de progreso. El liberalismo, el socialismo y el  pragmatismo son filosofías políticas optimistas que sostienen la idea de que el uso de la razón en la comprensión de las condiciones sociopolíticas llevara finalmente  al mejoramiento de la vida humana. El pesimismo, que  retiene la noción linear del tiempo típica del modernismo,  no encuentra evidencia suficiente para sostener esta imagen del futuro y menos para pensar en la venida del reino de la felicidad, aquí o en el cielo. Cambios ocurren y el ser humano y la sociedad continuaran  sufriendo  profundas alteraciones  en el futuro próximo. Y no necesariamente para mejor.
Uno de los argumentos favoritos de  la filosofía pesimista  es la idea de que el tiempo es una carga. El animal responde a los estímulos presentes en forma rutinaria y automática, pero es incapaz de formar planes, esperanzas o arrepentirse por acciones pasadas. Es puro presente. El ser humano, en cambio,  tiene recuerdos del pasado y fantasías del futuro.  El tiempo es la sustancia de la cual esta hecho. Nuestra  singularidad consiste  en ser un ser temporal, un ser conciente del tiempo. La cosa  con esto es que  un ser conciente del tiempo es también un ser conciente de la muerte, un ser, como decía Don Quijote, que nace para vivir muriendo, y la conciencia de este hecho condiciona el tipo de vida que llevamos. Según Rousseau este es uno de los muchos  terrores que la conciencia trae. Aparte del sufrimiento que preside a la muerte, y que no es poco, la mera imagen del fin de la vida es algo que tratamos de apartar tan pronto como aparece. Esta es nuestra limitación, el parámetro que define las posibilidades de nuestra vida y el aviso de que ahora ni nunca  controlaremos las condiciones de nuestra existencia.
Si todo desaparece en el pasado tan pronto como aparece difícilmente se puede tomar cualquier cosa seriamente. El  tiempo es aquello en virtud de lo cual las cosas  se transforman en nada. Cualquier ente  por muy sólido que sea se disuelve en el aire, si no ahora, en el siguiente momento lo que hace la actividad humana y la idea de la felicidad  fútil ¿No es cierto que nuestros mayores sufrimientos provienen de la falta de permanencia de los seres humanos que mas nos importan? ¿Y que mientras más nos importan mas sufrimos?
Lo que llamamos placer  es, en el fondo,  la reducción momentánea del sufrimiento, del deseo,  del aburrimiento o la angustia. Quien crea que nacemos para ser felices se equivocó de mundo. Para el animal el sufrimiento presente, incluso si se repite innumerables veces, se experimenta como si fuera la primera vez. Al parecer,  el sufrimiento en ellos  no se suma. A diferencia del animal que nunca sufre la muerte como tal el ser humano sufre de la anticipación de su propia extinción. Desde cualquier punto de vista la conciencia temporal es un mal negocio.pesimismo optimismo
En el esquema cósmico de la existencia la  conciencia reflexiva es una pequeña y temporaria desviación  del estado normal de las cosas. Si pensamos por un momento la vida individual  dura menos que un suspiro,  apenas un desvío momentáneo en el camino hacia la muerte. Como Freud notaba, una condición excepcional que siempre retorna a su estado normal de  materia inanimada. Y mientras vivimos, la satisfacción de nuestros deseos, que ninguno objeto logra  completamente, lleva inevitablemente  al aburrimiento en lugar de  la dicha que prometía. Igual que  un péndulo oscilamos entre el dolor  y el aburrimiento que son nuestros constituyentes básicos. El mero hecho de que el aburrimiento exista es prueba de nuestra desdicha. El aburrimiento es nuestra reacción a la vaciedad de nuestra existencia, a la muda  intuición  de nuestra situación metafísica   Si la vida poseyera  en si misma un valor real y positivo no habría algo así como el aburrimiento. Su mera existencia nos llenaría de satisfacción.
Para aliviar el aburrimiento buscamos nuevos objetivos y dedicamos nuestras vidas al logro de las metas  más nobles. La religión y la historia nos proveen la razón para vivir y nuestro lugar en el mundo liberándonos del peso de tener que hacer nuestras propias decisiones. Es cuestión  de seguir el libreto…  pero a un tremendo costo. Renunciamos a la libertad de elección para crearnos a nosotros mismos y colocamos la esperanza de la felicidad en la fe religiosa o el fin de la  historia que nos esperan en el mañana. El problema es que cuando hacemos esto negamos  la vida presente en nombre de la  vida futura.  Devaluamos el ahora  para  valorar el porvenir. La tragedia es que los ideales religiosos o históricos, que comienzan con las mejores intenciones,  terminan defendiendo  la opresión, el crimen y la destrucción masiva. En corto tiempo las esperanzas, que son el sueño  de las muchedumbres, se desinflan  y la maravilla de la  democracia deviene en una  farsa. Como decía Kafka… Esto no quiere decir  que no haya esperanza. Pero no para nosotros.
Según  Unamuno lo que conocemos como el futuro  es una de las más grandes mentiras. El verdadero futuro es hoy… ¿Que nos esta pasando ahora, en este instante? Esta es la única cuestión. No es que Unamuno no quiera pensar en el futuro. Lo que no quiere  es transformarlo en un icono. Puede que haya tiempos más hermosos por venir. Pero… este es el nuestro.
Por veinte centurias, hacia notar Camus, la suma total del mal no ha disminuido. Y esto no ha cambiado. En las últimas décadas hemos doblado la población de la tierra,  duplicado la pobreza y miseria y refinado la reproducción industrial del sufrimiento  sin que haya habido ningún  aumento en  la solidaridad y justicia social ¿No continuamos explotándonos y matándonos a escala mundial? Aquí no ha habido progreso si  lo comparamos  con la ciencia y tecnología.  La edad moderna ha estado definida por tremendos avances científicos y tecnológicos en medicina, energía atómica, química, exploración espacial, genética, electrónica, etc. etc.,  que ha llevado a creer que el progreso humano ocurrirá automáticamente. El problema con esto es que el progreso  tecnológico también ha estado  comprometido en la producción de una serie de desastres ecológicos y sociales espectaculares que se repiten continuamente. No importa cuan avanzados tecnológicamente estemos si quien controla la  tecnología continua siendo un ser humano con déficit moral.
Dada esta situación… ¿Cuales serian, entonces,  las mejores prácticas  compatibles con la conciencia temporal?  Al igual que el artista lo que nos queda es trabajar con los materiales que la vida  proporciona. No podemos decir que el mundo como un todo tiene un valor particular  y que este valor es bueno o malo desde el momento en que todo lo que existe esta siempre en proceso de transformación, de nacimiento y muerte. Esto solo seria posible si existiera un mundo de seres intemporales que pudiéramos comparar un mundo transciente. Como no hay evidencia de esto  carecemos de un punto de referencia desde el cual podamos emitir ese juicio. Con lo que realmente nos quedamos es con un  mundo indiferente  a nuestros sueños, la historia  no nos lleva necesariamente a un lugar mejor y no hay nadie que juzgue nuestras vidas desde arriba. .. ¿No equivale esto a una liberación?
Para Nietzsche es la fortaleza vital la que nos permite vivir en un mundo sin sentido. Solo los que no pueden soportar el hecho de que la existencia no tenga un sentido último terminan como nihilistas. Si pensamos de nuevo  no necesitamos que la  vida tenga un significado manufacturado porque nosotros mismos podemos  producirlo. La medida de la fortaleza o debilidad  de la voluntad radica  en lo que uno  pueda hacer  con las cosas sabiendo que ellas no tienen significado ultimo, con la capacidad para aceptar el sin sentido del mundo porque uno mismo puede organizar una pequeña porción de el. Una cosa es que el mundo carezca de sentido y otra que no haya significado… ¿Cierto? Identificar una cosa con la otra seria presumir que el ser humano es incapaz de  crear   su propio sentido. Por el contrario.  La fuerza de la filosofía pesimista esta en la idea de que los seres humanos poseen un potencial creador que sobrevive la muerte del fundamento último. El pesimismo destruye las categorías teológicas y abre nuevas técnicas de vida que  ayudan a navegar el medio en que vivimos.  El que  no hayan  significados inscritos en el mas allá abre la posibilidad de  crearlos… ¿no es aquí donde radica la libertad humana? Una libertad conciente de los limites y barreras que la temporalidad impone a nuestras vidas. Cultivar la voluntad de vivir  no es una cuestión que dependa de una solución universal, sino de soluciones individuales que cada uno puede crear  y que pueden ser mucho más creíbles que las fantasías religiosas.
Este pesimismo,  lejos de invitar a  la resignación y desperacion,  invita a  criticar  la moral existente y construir nuevos valores. La cuestión no es como minimizar la muerte y el sufrimiento, sino que significado les damos. El cambio, el sufrimiento y la muerte como  pago por la promesa de la vida  celestial o el cambio, sufrimiento y muerte   como un desafío con el que tenemos que contar porque somos parte del proceso.
Odiamos  el  caos y la muerte porque destruyen la confianza   y transforman  la vida  en un problema. Pero, a pesar de ello… ¿Podemos  todavía  amar la vida?

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