Dic 31 2011
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Política

La pugna por la chapa progresista: drama o charada para el verano chileno

Chapa es un documento de identidad falso. Represores, estafadores y revolucionarios saben mucho de eso (aunque por distintos motivos). El t√©rmino progresismo se suele aplicar para describir movimientos, partidos y grupos ‚ÄĒtambi√©n a personas‚ÄĒ seg√ļn sus ideas y acciones frente a la institucionalidad en boga. Aunque es algo m√°s complejo, se trata de qui√©n usa la chapa. |LAGOS NILSSON.

A fines del XVIII y principios del XIX las cosas eran sencillas: progresistas son quienes piensan que la reciente y en marcha revolución industrial resolverá, por derrame de las riquezas que crea, los problemas sociales, y el progresismo impulsa, por eso, los procesos de cambios sociales que piden o exigen las clases preteridas que emergen organizadas a lo largo del siglo XIX.

Al progresismo se oponen, grosso modo, dos corrientes: el conservadurismo ‚ÄĒpoco amigo de los cambios en la estructura social o directamente enemigo de aquellos‚ÄĒ y los moderados ‚ÄĒun poco entre progresistas y conservadores‚ÄĒ; al comienzo en la vereda progresista se ubican los revolucionarios, pero muy pronto, y por efectos del pensamiento socialista (antes de los trabajos de Marx y Engels, que luego aaquellos recibieron un tanto despectivamente el calificativo de ut√≥picos) y sobre todo el anarquismo y su mensaje libertario; as√≠ las cosas el progresismo debe asumirse como parte de los moderados.

A vuelo de p√°jaro

Cabe se√Īalar ‚ÄĒtambi√©n en trazos gruesos‚ÄĒ una diferencia sustancial: mientras todas las ideolog√≠as (modos de concebir la realidad social para operar sobre ella), coinciden en la necesidad del Estado como consecuencia del contrato social y marco del desenvolvimiento social, y del gobierno como garante-administrador del Estado y √°rbitro de las pugnas entre los intereses de los distintos sectores sociales, distintas vertientes del marxismo organizado en partidos pol√≠ticos afirman la necesidad de fortalecer el gobierno en manos de una clase para luego avanzar hacia la disoluci√≥n del Estado.

Las corrientes anarquistas se inclinan por la supresión de todo gobierno, confiando en que la educación, el trabajo, la solidaridad y autonomía de los sectores populares genera la creatividad necesaria para darse normas de convivencia.

El pensamiento conservador afirma, por su parte, la necesidad de una suerte de desmantelamiento del Estado, reduciendo al gobierno paulatinamente a cumplir sólo el rol de árbitro y agente policíaco-represor de subversiones e insurgencias; en su extremo el conservadurismo se torna reaccionario, en el sentido de no admitir se dispute su ideología (una especie de dictadura del proletariado al revés, como lo probaron las dictaduras suramericanas en la segunda mitad del siglo XX).

Es el mercado, lugar intangible donde se transan necesidades, apetencias, satisfacciones, ilusiones, fracasos y victorias sin regulación alguna y presidido por la ambición, paradigma, motor y factor de la organización social y las relaciones entre individuos y países.

Si bien estas corrientes del pensamiento filos√≥fico (y pol√≠tico) se originan en los desarrollos sociales previos a la Revoluci√≥n Francesa de 1789, que marca el comienzo del lento final de las monarqu√≠as [de lo que no se han enterado en el norte de la pen√≠nsula coreana] y que, junto con la independencia de la la Am√©rica colonizada por Inglaterra en 1776, influye poderosamente en el independientismo caribe√Īo y suramericano, en su sentido actual progresismo, conservadurismo, moderaci√≥n, ser reaccionario o revolucionario, en fin, comienzan a fijarse luego de la Comuna de Par√≠s, alzamiento popular aplastado a sangre y fuego y sin contemplaciones a mediados del XIX.

Hubo unos a√Īos en que ser progresista signific√≥ no estar preparado todav√≠a para asumirse comunista, pero ser respetablemente amigo de la ¬ępatria socialista¬Ľ, lo que se llam√≥ ‚ÄĒalgo despu√©s de Lenin, pero antes del final‚ÄĒ socialismo real (quiz√° para diferenciar la caricatura del boceto original). De esos tiempos viene que por progresismo se estime algo as√≠ como una izquierda moderada. Y aqu√≠ progresismo se confunde con reformismo.

Todo parti√≥ de un cruce y parto entre √©tica, comodidad, paciencia, ponderaci√≥n e intereses (¬Ņqui√©n dijo que los sexos son solamente dos?). Es decir: ante las evidentes injusticias reales de la sociedad real, que operan como el malogrado cemento que la une y obliga, si necesario, al uso de las ametralladoras como en Santa Mar√≠a de Iquique, muchas buenas conciencias idearon, no obstante, que no se puede ser tan radical como para pregonar eso de una tal lucha de clases; m√°s: algunas de esas buenas conciencias pusieron en duda la existencia de las clases. Bastaba con introducir reformas ‚ÄĒconsensuadas entre todos‚ÄĒ para que las cosas mejoraran.

Esas reformas ‚ÄĒnobleza obliga‚ÄĒ consistieron en un arrebato de privilegios al sector dominante (alg√ļn impuesto a la herencia, pongamos por caso, o la obligaci√≥n de proporcionar a los empleados de comercio una silla, en fin, declarar obligatoria la ense√Īanza primaria o b√°sica) y movilizar posteriormente (en la medida de lo posible) la m√°quina del Estado para ampliar y diversificar las actividades econ√≥micas (digamos, l√≠neas de cr√©dito y otros apoyos para fundar una industria que sustituya productos importados, est√≠mulo a la formaci√≥n de cooperativas y peque√Īas empresas).

El sentido de estas reformas progresistas consistió en ampliar el sentido identitario, incluso hasta en otorgarlo, a sectores sociales marginados; consistió en integrar más gente al proceso productivo y de servicios; consistió en crear, diversificar o modernizar el parque industrial. Y consistió en echar a correr un concepto hasta entonces poco considerado: el de justicia social.

Los pa√≠ses de Am√©rica ‚ÄĒen especial en el sur de Am√©rica del Sur‚ÄĒ crecieron, se urbanizaron, aument√≥ la ¬ęmano de obra¬Ľ fabril con grandes migraciones del campo a la ciudad, se eliminaron enfermedades end√©micas como el tifus. Todo esto se produjo a fines de la primera mitad del siglo XX e inicios de la segunda mitad del mismo per√≠odo; pero nada es perfecto: hacia 1960 en Santiago de Chile ni√Īos descalzos vend√≠an peri√≥dicos en la calle ‚ÄĒo lustraban zapatos.

El progreso es lento: por esa √©poca conseguir la instalaci√≥n del tel√©fono hogare√Īo era un drama en muchos actos. En esa d√©cada un progresista, Eduardo Frei Montalva, lleg√≥ a la Presidencia de la Rep√ļblica ofreciendo ‚ÄĒen la barca de las ¬ęaspiraciones insatisfechas¬Ľ ‚ÄĒ la ola de una revoluci√≥n en libertad. Fue no la primera, la √ļltima clarinada del progresismo; poco despu√©s Frei se empecin√≥ en avinagrar el vino tinto con que los chilenos iban a comerse las empanadas de su revoluci√≥n. Y Allende termin√≥ muerto, Pinochet (y otros, algunos entonces j√≥venes pero hoy bien conocidos) en el poder y por causas que todav√≠a se ignoran el mismo Frei asesinado por aquellos que recibieron o creyeron recibir de su parte un empujoncito c√≥mplice.

La ¬ęgracia¬Ľ cost√≥ un n√ļmero indeterminado de muertos; los menos en combate, la mayor√≠a oscuramente asesinados de cien maneras crueles. Todo ello para que el profesor Alwyn de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad de Chile (entonces gratuita), operador pol√≠tico de alto vuelo de Frei Montalva en los d√≠as aciagos previos al golpe de Estado de 1973, dijera una vez presidente de los chilenos (porque por oscuras negociaciones lleg√≥ a la Presidencia del pa√≠s) que se har√≠a justicia en la medida de lo posible: tierno matrimonio entre el positivismo a menudo ateo y la conducta pol√≠tica cristiana a veces creyente.

El resto es la contemporaneidad y el sopor del progresismo. Entre 1991 y nuestros d√≠as actuales esa palabra se deletreaba Concertaci√≥n, se pronunci√≥ por varios a√Īos con acento miedo (el Tata todav√≠a caminaba por los regimientos), se conjug√≥ con el verbo nosotros o la derecha ‚ÄĒy el pa√≠s fue una joda de m√≠nimos cerebros a la caza de un vino merlot adecuado a los nuevos administradores.

Y entonces la ¬ęgente¬Ľ ‚ÄĒnunca los ciudadanos, ciudadano es una palabra fea, basta con consumidores, del mismo modo que obrero es una condici√≥n soez si existe el limbo operario‚ÄĒ, la gente, entonces, se aburri√≥. En chileno mand√≥ a la cresta a la Concertaci√≥n y su balbuceante candidato y en un gesto supremo de buen humor quiso investir al se√Īor Pi√Īera como su primer mandatario.

Craso error. No por tirar por la ventana a los concertacionistas y sus 4×4 y peque√Īos negocios a la vera del calor estatal. No, no por eso. El error fue no considerar que el vicio de una cosa es el exceso de su virtud; as√≠, si el humor es risa, su exceso ser√° el llanto, y no por las lacrim√≥genas que carga el pi√Īeril ministro del Interior. El se√Īor Pi√Īera est√° bien, gracias.

Este 2011 se va cabizbajo con miles de estudiantes secundarios que repetir√°n su a√Īo escolar; pobre 2011: alguna vez este repetir el a√Īo ser√° motivo de orgullo, entre otras cosas por haber recuperado la √©tica para sus mayores. Pero se va cabizbajo tambi√©n por otra raz√≥n. En el marem√°gnum pol√≠tico del pa√≠s futbolizado hasta el ¬ęd√≥ping¬Ľ se abre ‚ÄĒy se dilucidar√° ojal√° sin sangre‚ÄĒ una pol√©mica √°spera: ¬Ņqui√©nes son en Chile los verdaderos progresistas?

Con la opini√≥n p√ļblica en el ring side las huestes de Marco Enr√≠quez-Ominami, agrupadas bajo la bandera del Partido de los Progresistas se enfrentan a las mesnadas que cobija el instrumental Partido por la Democracia ‚ÄĒque espera acoger a otros resilientes de la Concertaci√≥n‚ÄĒ. Lo que est√° en juego puede ser mucho, electoralmente hablando, que desde el lugar de las ideas Chile pol√≠tico, salvo pocas, y por eso honrosas, excepciones es un bald√≠o.

Ojal√° MEO recuerde sus estudios de filosof√≠a e intente en ese √°rido paisaje plantar alguna idea; que el soci√≥logo Lagos Weber se deje de jugar a hacer pan dulce y las retruque; que el ya no tan joven senador Navarro produzca algo; que Arrate no se nos muera (tiene buen humor y un poco de memoria); que el doctor Girardi se decida por la medicina; que Teillier, Guillermo, que Jorge era otra cosa, haga pol√≠tica en serio; que el Partido Radical decida si se muri√≥ o no; que la DC termine de una buena vez de explotar; que el PS considere que en alguna parte de su ADN todav√≠a puede brillar la solitaria l√°grima de la verg√ľenza. Y que los anarquistas no dejen de serlo

Del otro lado del espectro mejor ni hablar (algo que deber√≠a aprender el senador Chahu√°n, buena persona, dicen, si las hay), que lo mejor que podr√≠a surgir de ah√≠ es alguna silueta del fascismo corriente ‚ÄĒa menos que el inefable con Carlos (de los Larra√≠nes) salga con bien de las manos de quienes pretenden descuartizarlo; si ello ocurre todav√≠a es posible una monarqu√≠a al viejo estilo, con un rey de chiste de muy buen chiste.

Addenda

Terminando la redacci√≥n del art√≠culo precedente, texto escrito para ser le√≠do como ayuda para dejar atr√°s la resaca de las fiestas (¬Ņhay algo para festejar?), recibimos la declaraci√≥n que transcribimos √≠ntegra. Quiz√° ayude a completar el art√≠culo. O no.

Hablar de ideas

El secretario general del Partido Progresista se√Īal√≥: ‚ÄúMientras los autoproclamados progresistas sigan rindiendo pleites√≠a a los conservadores de la Concertaci√≥n ser√° dif√≠cil que puedan ofrecer una alternativa distinta al pa√≠s‚ÄĚ. | MARIO AGUILERA.*

Para hablar de ideas no se necesita del benepl√°cito de otros partidos menos de sus c√ļpulas, asegur√≥ Cristian Warner, Secretario General del Partido Progresista, al referirse a las declaraciones del Presidente del Senado, ‚Äúcomo partido invitamos al PPD a hablar de ideas y la respuesta que tuvimos de parte de su directiva fue un texto para revisarles la ortograf√≠a de un reglamento interno de la concertaci√≥n de primarias con letra chica y sin proyecto program√°tico previo‚ÄĚ.

Desde su gestación, el Partido Progresista ha planteando una a una, al resto de organizaciones políticas de oposición la posibilidad de promover acuerdos programáticos y la realización de primarias sin condiciones en todas las comunas del país, basados en un marco de respeto mutuo, cosa que no ha sucedido y a nuestro parecer ya no sucedió en esta vuelta electoral.

Cristian Warner, sostuvo adem√°s ‚ÄúMe toca visitar comunas del pa√≠s completo, y puedo asegurar que en m√°s del 80% no est√°n seguros si har√°n o no primarias porque aun est√°n en el c√°lculo chico electoral que se sustenta en el temor de la DC de presentar su peor performance electoral en a√Īos, por lo que nosotros de cara al pa√≠s les decimos que no podemos seguir esperando, que avanzaremos con los progresistas de todo Chile, afiliados y no afiliados a alguna tienda que juntos hemos entendido que la concertaci√≥n no quiere cambiar nada que afecte el estatus quo que le permite seguir sobreviviendo‚ÄĚ.

El dirigente progresista asegur√≥ tambi√©n, ‚ÄúEstamos trabajando a pasos agigantados con ecologistas y humanistas y movimientos sociales, en la redacci√≥n del proyecto com√ļn de cara al 2012, basado en ideas, y preparando a nuestros pre-candidatos para nuestras primarias, que ser√°n libres, vinculantes, en todo el pa√≠s‚ÄĚ.
‚ÄúNo creemos en cantos de sirenas de posibles rupturas dentro del duopolio, si no se han hecho es porque no tienen el valor de enfrentar el riesgo de replantearse ante la ciudadan√≠a, como algo nuevo, nosotros lo enfrentamos el 2009 y seguimos en ese camino, en ese combate. Nos veremos en octubre del 2012 en cada comuna de Chile, y en la primera vuelta el 2013 podemos asegurar que habr√° m√°s de dos alternativas‚ÄĚ, finaliz√≥ Cristian Warner.

* Periodista.

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