Ene 16 2014
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CulturaSociedad

La reina y el economista

En noviembre del 2008, durante una sesi√≥n informativa¬† dada a la Reina de Inglaterra¬†¬† por los acad√©micos de la Escuela de Econom√≠a de Londres¬† acerca del debacle¬† del mercado internacional, la Reina pregunt√≥, despu√©s de ver¬† los mas sofisticados¬† modelos matem√°ticos ‚Ķ¬† ¬Ņ y porque nadie fue capaz de predecir la crisis?

Lo que  ella puso en duda  fue si la economía es realmente una ciencia como los economistas proclaman.
Si consideramos¬† la historia de los dos √ļltimos siglos podemos ver que¬† cuando las instituciones religiosas empezaron a perder el control ideol√≥gico¬† los intelectuales del Siglo de las Luces se apresuraron a adoptar los principios anal√≠ticos como base para la construcci√≥n de un orden social racional que asegurar√≠a las mejores condiciones para la evoluci√≥n social.

No tardó mucho para que  los reformistas sociales también  echaran mano de estos principios para crear  una economía política al estilo de las ciencias. Si la Edad Media estuvo dominada por proyectos teológicos para interpretar las leyes de Dios,  la  era moderna  puso  todas sus cartas  en el descubrimiento de las leyes subyacentes de la realidad económica para comprender la dinámica social. La economía se transformo así en el fundamento social  a priori  cuyo conocimiento se considero esencial para la  construcción de una sociedad mejor.
Este optimismo de la economía política clásica se basaba en la confianza  de la razón  para descubrir los mecanismos objetivos de la economía. Curiosamente  esta  objetividad, sin embargo,  no siempre  fue construida  de la misma manera. La economía política liberal, por ejemplo, afirmo la importancia fundamental del libre Mercado. Es solo a través de la acción de la mano invisible del mercado que el equilibrio social puede ser establecido. La economía política marxista,  por el contrario, afirmo el ambito de la producción, caracterizado por la  contradicción entre  las fuerzas de producción  y las  relaciones de producción  como la clave en la comprensión de lo social.

En ambos casos el objetivo era mostrar las leyes que determinan el desenlace final de la historia, el momento en que los antagonismos sociales son resueltos, ya sea¬† por la mano invisible del mercado o por la imposici√≥n de la propiedad colectiva. La cuesti√≥n es que¬† por muy diferente que los liberales o los marxistas¬† construyan la objetividad econ√≥mica, ellos¬† comparten la misma problem√°tica. Para ambos, la econom√≠a se presenta como un modelo conceptual cuya racionalidad estructura el orden social y¬†¬† posibilita la emancipaci√≥n, el progreso moral y el fin de la historia.¬† La ambici√≥n de la econom√≠a pol√≠tica, desde su origen, fue la de dominar la ambig√ľedad y contingencia¬† a trav√©s de la demarcaci√≥n de leyes inmutables que permitan la transparencia social mas all√° de la politizaci√≥n y el cuestionamiento. La pol√≠tica, entonces, queda reducida a un mero fen√≥meno secundario, al servicio de la institucionalidad del poder p√ļblico que debe funcionar en¬† favor del inter√©s privado o del inter√©s del Estado.

Lo que esta visi√≥n encubre es la dimensi√≥n radical que todo proceso pol√≠tico contiene. Es esta dimensi√≥n radical, revolucionaria y disruptiva la que constituye todo sistema, incluyendo el marco social mismo. Es decir,¬† todo sistema, por¬† el mero hecho de ser hist√≥rico, es en √ļltima instancia arbitrario, resultado de juegos de alianzas y poder¬† m√°s bien que de determinaciones ontol√≥gicas. La idea de que un sistema social pueda lograr consistencia y equilibrio sin exclusi√≥n y represi√≥n ha sido el sue√Īo¬† racionalista desde Plat√≥n a Marx y¬† hoy contin√ļa en¬† Habermas (comunicaci√≥n sin distorsi√≥n) Rorty (Utop√≠a liberal)¬† y Fukuyama¬† (Fin de la historia).

Lo que este sue√Īo ignora es que el poder y el antagonismo son constitutivos de todo ser¬† y, por eso,¬† inerradicables y es por esta raz√≥n que la premisa¬† que uno debiera¬† defender¬† es la que indica¬† que los procesos¬† econ√≥micos pueden usarse¬† para la subversi√≥n, reemplazo y reconstrucci√≥n de los poderes¬† dominantes,¬† m√°s que para¬† el establecimiento de un modelo econ√≥mico verdadero o √ļltimo (anarco-capitalismo, econom√≠a mixta, propiedad estatal o social, etc.) El coraz√≥n de¬† una pol√≠tica radical es la cr√≠tica de la idea misma de modelo √ļltimo. Es¬† esta l√≥gica¬† la¬† que¬† posibilita la creaci√≥n de nuevas condiciones hist√≥ricas, de nuevos¬† proyectos de democratizaci√≥n social y econ√≥mica. Proyectos basados en la voluntad e ideales humanos m√°s que en fundamentos naturales.

Ciertas corrientes del pensamiento marxista contemporáneo o pos-marxismo se caracterizan por su alejamiento de la logica de la necesidad  tal como se encuentra en el marxismo ortodoxo. En Marx ya era posible encontrar indicios de una logica de lo contingente que el usó  para montar la crítica en contra de las concepciones  naturalistas del capitalismo que ya se encontraban en  Smith y Locke y  que en los tiempos actuales  la vimos en  Friedman y  hoy en  la economía neo-liberal que  domina y amenaza con  todo tipo de calamidades si no se siguen sus prescripciones.

Esta l√≥gica de la contingencia¬† es posible reconocerla cada vez que¬† Marx pone el √©nfasis en la econom√≠a como una construcci√≥n humana m√°s que como un orden¬† subyacente esperando a ser descubierto.¬† Al des-objetivar la econom√≠a y mostrar que su realidad es el resultado de relaciones de poder¬† que generan sus propios principios de construcci√≥n Marx expande la dimensi√≥n de lo pol√≠tico. Solo que, como verdadero hijo del Alumbramiento, r√°pidamente¬† intenta restaurar el proyecto modernista con la afirmaci√≥n de una metaf√≠sica de la historia sometida a leyes esenciales que predicen una soluci√≥n √ļltima. Lo pol√≠tico brilla¬† y este brillo, por intermitente que sea, es suficiente¬† para que no pueda ser¬† extinguido enteramente. La historia de la imaginaci√≥n marxista se ha caracterizado por esta constante oscilaci√≥n entre la b√ļsqueda de la certidumbre y su¬† negaci√≥n por la acci√≥n pol√≠tica.

La critica¬† a la aproximaci√≥n naturalista de la econom√≠a, como dice¬† el critico Glyn Daly, tambi√©n¬† la encontramos en Weber, Simmel, Polanyi, Keynes, Agrieta, Lipietz y Boyer, entre otros. La estabilidad econ√≥mica, seg√ļn ellos, depende¬† de regulaciones sociales que trascienden la econom√≠a como tal. En mayor o menor medida, todos ellos afirman que la econom√≠a no puede ser considerada como un orden aut√≥nomo cerrado, sino que tiene que ser vista en t√©rminos contextuales y discursivos. Y es esta aproximaci√≥n¬† la que ha¬† posibilitado el desarrollo de una econom√≠a pol√≠tica radical que niega el car√°cter¬† natural de cualquier orden econ√≥mico o¬† identidad social, de una pol√≠tica que¬† pone al descubierto a los distintos sistemas econ√≥micos que¬† intentan encubrir el hecho de que no hay¬† fundamento o esencia ultima que determine la realidad social.

El cierre de cualquier sistema social es un efecto puramente histórico  o artificial porque  cada sistema es una construcción de poder  que descansa  en la represión de otros, de los que se perciben como anti sistema. No se trata de que los sistemas sociales no tengan fundamentos. El fundamento existe, pero solo como una frontera histórica entre fuerzas antagónicas. Todo sistema esta marcado por una violencia originaria que busca establecer una coherencia territorial y la violencia del sistema siempre intenta justificarse con la referencia a un principio externo.

Destino, Divinidad, Progreso, Civilización, Democracia  o, lo que es lo mismo, por  la invocación de ciertos misteriosos agentes supra naturales o  principios históricos o naturales que encubren la naturaleza meramente política de su existencia.  La relativa estabilidad o inestabilidad de cualquier  organización social es algo que no puede ser determinada por adelantado ya que  siempre  dependerá del tipo de compromiso político  que exista dentro de las circunstancias en que se da. Lo que  si es trans-histórico es el hecho de que todo sistema puede ser, en principio, subvertido permitiendo una eterna politización.  Y es esta perspectiva la que le ofrece a la izquierda la oportunidad para desarrollar una aproximación  más democrática y progresiva en las prácticas socioeconómicas  comparadas con los  discursos económico políticos más tradicionales.

"El el Reino Unido, 1,6 millones de ni√Īos crece en pobreza extrema"

¬ęEl el Reino Unido, 1,6 millones de ni√Īos crece en pobreza extrema¬Ľ

¬ŅY como seria¬† el proyecto¬† de¬† una transformaci√≥n econ√≥mica radical? En un mundo globalizado, en lugar de rechazarlo, la izquierda¬† deber√≠a trabajar con la l√≥gica de la globalizaci√≥n para subvertirla y radicalizarla. Nuevas aperturas y formas de lucha en contra de los intentos de dominio global de las Corporaciones son siempre¬† posibles¬† para promover¬† una visi√≥n alternativa que vaya m√°s all√° de la pura maximizaci√≥n y concentraci√≥n¬† de la ganancia. Una visi√≥n que busque el aumento de la libertad y la igualdad como principio socio-econ√≥mico prioritario. El lenguaje libertario del neo liberalismo debe ser subvertido en direcci√≥n de la igualdad universal. La libertad que celebra el capitalismo consumista¬† posmodernista solo puede tener significado si la sociedad esta dispuesta a proveer¬† los recursos a todos sus miembros para que puedan¬† participar de esas libertades, si esta dispuesta a garantizar¬† una participaci√≥n completa en la llamada sociedad de consumo.

Para lograr esto se requiere, por supuesto, de una articulación diferente. Considérese solamente esto… las primeras doscientas corporaciones globales son ahora tan grandes que sus ventas combinadas sobrepasan las economías de 182 países y tienen casi el doble del poder económico de los cuatro quintos de la población mas pobre del mundo. De las cien más grandes economías del planeta, cincuenta y dos son ahora corporaciones multinacionales… 447 millonarios tienen una riqueza combinada más grande que el ingreso de la mitad de la humanidad.

Las tres personas mas ricas del mundo tienen bienes que exceden¬† el producto domestico bruto de 48 pa√≠ses. (‚ÄúInstitute for Policy Studies, Washington, DC‚ÄĚ and ‚Äú1999 UN and Human Development Index Annual Report‚ÄĚ, que hasta el d√≠a de hoy no ha variado sustancialmente).¬† ¬ŅNo es esta grotesca concentraci√≥n econ√≥mica la que revela al capitalismo como un sistema profundamente antidemocr√°tico? ¬ŅUn sistema que requiere ser reemplazado por otro?¬† F√°cilmente podr√≠amos usar la misma ret√≥rica neoliberal de la libertad en contra del neoliberalismo existente‚Ķ la afirmaci√≥n de la libertad para pluralizar, expandir y participar¬† en los lugares en que se adoptan las decisiones econ√≥micas, para¬† multiplicar y democratizar¬† los espacios de representaci√≥n y radicalizar y reconfigurar¬† los ya existentes con el inter√©s de desarrollar efectivamente¬† los mecanismos de participaci√≥n.

La¬† reconciliaci√≥n ultima de las contradicciones o el sue√Īo¬† de la armon√≠a es un fin ilusorio porque el momento de la total simetr√≠a nunca llegara. Con lo que nos quedamos¬† eternamente es con procesos de constituci√≥n y descontitucion social en donde las fronteras de lo social siempre dependen de las¬† negociaciones y fluctuaciones de poder. Represi√≥n y poder no pueden ser erradicados. Para la izquierda esto significa la adopci√≥n de una actividad pol√≠tica bien parad√≥jica y su renovaci√≥n y creatividad depender√°n de c√≥mo mantiene la tensi√≥n entre uno y otro.

En lugar de encontrar el ultimo fundamento económico para la construcción de la sociedad  ideal y armónica que cierra la historia  nos quedamos, después de todo, con la sospecha de que esta no es posible… ni tampoco, deseable.

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