Ene 20 2015
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CulturaPolítica

La religión y el Estado

Los fundamentalistas religiosos parecieran  estar dispuestos a a probar la tesis del “Choque de civilizaciones”,  o choque de religiones, que los estudiosos de la política internacional rechazan. Fuera de los circulos académicos, sin embargo, un pequeño  grupo de historiadores  han empezado   a reconocer su influencia creciente.

Por ejemplo, en “La revancha de Dios”,”La desecularizacion del mundo”, “La religión publica en el mundo moderno”, etc.

Formando parte del sistema internacional hay una estructura secularizada que surgió en respuesta a las luchas calamitosas entre la autoridad espiritual y la temporal. Esta estructura  probo ser una solución a esta lucha que distinguio claramente estos dos tipos de autoridad.  Es este fenómeno el que todavia configura la estructura internacional y es conocido como la síntesis de Westphalia de 1648.  Solo a partir de esta momento la religión deja de ser la causa principal de guerras en Europa, con excepción de Irlanda del Norte y Yugoslavia en el siglo XX. Después de Westphalia la religión ocupo un papel mayor solo en tres guerras, todas ellas entre europeos y musulmanes.

Dirigentes de organizaciones internacionales, personeros estatales, académicos sociales o cualquiera relacionado con guerras, comercio u otros negocios entre naciones han venido considerando la autoridad de esta estructura internacional como algo dado.

Si aceptamos que  la religión es un conjunto de creencias acerca del último fundamento de la existencia, lo que es incondicionado, no creado o causado y las comunidades y practicas que se forman alrededor de estas creencias, entonces la secularización es la declinación de las diferentes formas y grados que tienen relacion con este compromiso religioso. La forma primaria de secularización es la erosión de las creencias  en una divinidad o Dios y sus practicas. Es el rechazo de la religión. Una noción menos restrictiva es la que tiene relacion con  las prácticas políticas. Secularización es diferenciación. Un proceso a través del cual cada sector se hace mas especializado. En el campo político la religión interactúa menos estrechamente con las instituciones gubernamentales, como fue en el pasado. Las constituciones explícitamente liberan al individuo de la lealtad a Dios.

Las ideologías políticas (marxismo, liberalismo, fascismo, nacionalismo) junto con las leyes, instituciones y organismos internacionales  desarrollan propósitos  que tienen muy poco que ver con la religión. Lo temporal se distingue de lo espiritual, la política de la religión. Este estado de cosas que, en mayor o menor medida ha funcionado hasta el día de hoy, empieza a ser atacado de manera sistematica.

Durante las tres centurias siguientes a la síntesis de Westphalia  África, Asia, El Medio Oriente y América fueron colonizadas para luego revelarse en contra de este imperialismo al conquistar la independencia basada en la idea de la nación  que heredaron  de los conquistadores. El resultado fue la expansión global de la síntesis de Westphalia que hace al Estado soberano la única forma de autoridad política.  La motivación política es el poder y la seguridad en un ambiente anárquico y la cooperación ocurre  solo cuando ciertas condiciones están presentes. Liberales, marxistas, constructivistas y pos modernistas, por mucho que disientan entre ellos, se desvían muy poco de las presunciones seculares. La tesis secular confia en que en la medida en que la industrialización, la urbanización, la racionalización y la ciencia continúen su desarrollo la secularización se extenderá a todos los dominios de la vida.   fundamentalismo islam

La cosa, sin embargo, es que un creciente numero de analistas han venido descubriendo que, de hecho, las practicas, creencias y fines religiosos no han declinado (Peter Bergen, Rodney Stark…) y que las organizaciones religiosas han aumentado su poder para influir el debate publico y las políticas gubernamentales (India, El Medio Oriente, EEUU, Israel, Rusia, América Latina) y  ejercer una influencia transnacional en la política de los Estados foráneos. (La Iglesia católica lo hace  en Polonia, Portugal, Filipinas, España y América Latina. Las organizaciones islámicas como la Hermandad Musulmana, Hezbola y Hamas proveen servicios sociales en varias naciones creando seguidores leales capaces de articular la política islámica a través de la violencia) Y, mas aun, la religión configura, no solo la política de estado, sino, también, su constitución misma, transformándose en  “estado de derecho”  (Desde la resurgencia islámica la ley “sharia” se ha transformado en ley publica en Irán, Sudan, Arabia Saudita, Pakistán, Malasia y gran parte de Nigeria).

Dentro del espectrum teológico político del islamismo es posible distinguir, primero, a los Estatistas que consideran  al Islam como una importante fuente de identidad nacional por un lado y por otro como un impedimento a la modernización e integración nacional. El centro es ocupado por el islamismo internacional que, aceptando  al Estado nacional musulmán, afirman obligaciones pan islámicas que transcienden el interés de los estados individuales. Y al otro extremo del espectrum esta el islamismo cosmopolita que sostiene que la soberanía y los límites estatales son remanentes del imperialismo europeo. Su figura emblemática ha sido el fallecido Ayatollah Khomeini.

Esta posición surge como resultado de una crítica interna que ve al islamismo alejado de su verdadero significado debido a la influencia de la corrupción occidental. Los Estados y el Orden Internacional se guían por el secularismo y la religión es erróneamente confinada a la esfera privada. En contra de este mal es necesaria la declaración de la guerra sagrada (jihad). Los primeros en articular esta perspectiva formaban parte de la tradición Sunni en la primera mitad del siglo XX. Hasta los finales de los 70 su influencia fue mínima en comparación con el Nacionalismo secularizado Pan Arábigo. Hoy dia la situacion es la inversa. El islamismo radical de al-Qaeda e ISIS ha tomado su lugar.

vaticano wojtyla-ratzingerEl último gol del radicalismo fundamentalista es la islamizacion del  orden internacional, el reemplazo del orden secular por el orden divino, la Nación Estado por el sistema islámico, la democracia por la noción islámica de consulta, la ley positiva y la legislación humana por “sharia” y el gobierno laico por el orden de Dios. Exactamente que forma de política internacional surgirá de esto es ambiguo.

Es la segunda generación del radicalismo fundamentalista, desilusionada por la falta de éxitos, la que empieza  a promover la violencia.  (M.S.Faraj, islamista egipcio, declara que “los ídolos del mundo solo pueden desaparecer a través el poder de la espada”). La critica teológica  del mundo moderno, el llamado al ataque violento del orden secular internacional y  de EEUU   como  el enemigo primario se unen en el movimiento al-Qaeda  e ISIS que, a diferencia de otras corrientes islámicas, profundizan el ataque a la síntesis de Westphalia al proclamar como gol el establecimiento de un Califato pan Arábigo a través del mundo.

Lo distintivo en estos grupos es que están definidos, constituidos y motivados por creencias religiosas acerca del último fundamento de la existencia. A partir de estas creencias construyen una política teológica y una critica social que mide la distancia entre la teología y las condiciones sociales contemporáneas para prescribir acciones. Tales creencias constituyen redes de influencia global  y motivan acciones que llaman a cuestionar la secularización de las relaciones internacionales,  en la teoría y en la práctica

El argumento que afirma el papel independiente  de la teología política, su influencia en  la  formación del radicalismo islámico y su perseverancia a través de generaciones siempre ha sido puesto en duda por las posiciones reduccionistas que consideran las ideas como producto de fuerzas o estructuras materiales, de  condiciones económicas y tecnológicas y que su  importancia solo esta en ser puntos focales que unen y coordinan fines independientes en persecución de avances políticos y económicos. Su punto de partida es la pobreza y el reconocimiento de que su causa se encuentra en las estructuras internacionales que son las que motivan ideologías que identifican y atacan estas estructuras.

Un  segundo argumento, más complejo, agrega la falta de expectativas. Son los que poseen educación y profesión y han sido expuestos a la riqueza, el poder y sofisticación cultural los que, al  no encontrar  oportunidades para mejorar sus condiciones de vida, se inclinan mayormente a adoptar ideologías religiosas radicales. Otras explicaciones apuntan al rápido cambio social o modernización como causa.

El problema con todas estas explicaciones, es que los datos empíricos no apoyan la reducción  del radicalismo islámico a cualquiera de estos factores. De las decenas de países en el mundo en donde estas estructuras existen la teología radical solo surge en unos pocos. La explicación debe estar en algo diferente. Probablemente, la  mejor explicación es la que trata de identifica modelos causales complejos.

¿A quien le importa el secularismo? Si la homogeneidad social no es posible  y si la existencia del otro es un hecho que nos obliga a confrontar nuestros puntos de vista, entonces,   la creación de “ dispositivos artificiales de espacios reflexivos” es la posibilidad de prevenir el matarnos mutuamente. Es este espacio reflexivo el que permite acomodar la idea moderna de justicia. La construcción de ámbitos políticos que permitan la coexistencia  de diferentes concepciones del mundo no es una tarea fácil. Y la globalización solo ha exacerbado el “vértigo secular”. El pluralismo es un hecho importante e irreversible en este creciente mundo global que nos confronta con la necesidad de definir estrategias seculares.

El llamado fundamentalista a la violencia es prueba de que en el mundo musulmán no existe consenso y, probablemente, nunca lo habrá para crear una sociedad cerrada. Pero, el peligro permanece. La sociedad secular ha luchado incansablemente con diferentes formas de fanatismo. La amenaza actual del fundamentalismo islámico y evangélico obliga a continuar esta lucha. En un mundo globalizado  las cosas nunca serán solo de ellos  o de nosotros. Vivimos en un pequeño mundo, pero a escala global

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1 Comentário

Comentarios

  1. Adalberto Pérez Gómez
    23 enero 2015 17:53

    Muy objetivo y crítico; una opinión profunda de problemas álgidos que aquejan la humanidad.