Sep 14 2015
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Cultura

La transitoriedad del ser

Mirando a trav√©s de la ventana¬† uno no deja de maravillarse de la belleza que llena la mirada. El verde radiante de los √°rboles, la alegr√≠a juguetona de las ardillas, la ligereza de las mariposas, el canto de alerta del blue jay y el silencioso deslizarse de las nubes en contra del azul transparente de los cielos. La escena¬† pululante de vida y color es magnifica. Y, sin embargo‚Ķ esta magnificencia esta pre√Īada de transitoriedad.

Todo lo que existe contiene la fuerza  de su propia destrucción. Todo lo que existe es temporal y desde el mismo momento que  surge empieza a desaparecer.  Cada experiencia esta definida por  esta doble realidad. Cualquier cosa que queramos afirmar esta constituida por el hecho inescapable  de que será negada, por la amenaza constante de que eventualmente la perderemos. Penosamente cierto. Y, así y todo,  la finitud del ser es algo que  no debería  impedir nuestro disfrute de la vida, porque, si lo pensamos, sin finitud no habría disfrute.
La finitud de las cosas y  la experiencia de la inevitable fugacidad  de  la  vida  no inhiben nuestros deseos sino que, por el contrario, los  producen. Deseamos mantener lo que queremos porque podemos perderlo.  Queremos recordar porque  podemos  olvidar. Sin la aprehensión del paso del tiempo no habría deseo de aferrarnos a el.  Es la fugacidad temporal,  la misma que tanto tememos, la que abre la oportunidad al deseo. Un momento  indivisible,  un momento  que no pudiera ser alterado  en lo más mínimo nunca podría iniciar otro momento. En cambio, un  instante, al negarse  a si mismo  siempre  da paso a otro instante, a otro momento. Hablamos  del presente, pero tan pronto como hablamos de el  ya es pasado.

Sin la auto negaci√≥n, sin el paso de un instante a otro, no habr√≠a tiempo.¬† Solo un presente eternamente¬† igual a si mismo, un presente incapaz de producir diferencia. Y,¬† al no producir¬† diferencia, no habr√≠a deseo.¬† Es la sucesi√≥n del tiempo la que permite explicar la diferencia constitutiva del deseo, vale decir,¬† el hecho de que el deseo nunca logre¬† coincidir completamente con su objeto,¬† que¬† ning√ļn objeto sea capaz de¬† extinguirlo.¬† Cada vez que logramos el objeto deseado sentimos que no es suficiente y esta insuficiencia¬† nos lleva a¬† aspirar o desear otros objetos¬† en una cadena¬† sin fin.¬† La verdad es que nunca logramos satisfacer completamente¬† los deseos porque, al ser temporales, el futuro inevitablemente los alterara.¬† Si¬† el deseo existe¬† es porque¬† nunca puede ser satisfecho totalmente.flores cerezos

¬ŅSignifica todo esto que el deseo surge de la carencia? Obviamente solo deseamos lo que no somos ¬ŅCierto? El que es saludable no necesita¬† salud, el que es¬† feliz no necesita¬† felicidad, el que tiene dinero no necesita mas¬† y el que es amado no necesita mas amor.¬† Es algo que ya somos o que ya tenemos ¬ŅY por qu√©, entonces, deseamos ser m√°s felices cuando ya la tenemos o deseamos m√°s amor cuando ya somos amados? ¬ŅPor qu√© deseamos ser lo que ya somos? Si queremos lo que ya tenemos no es porque nos falta, sino porque en la misma experiencia de la salud¬† sentimos el temor de que podemos perderla, de que no durara para siempre. Lo que en realidad queremos es¬† conservar¬† nuestra salud o nuestro amor,¬† que contin√ļen sin interrupci√≥n, que el tiempo no los altere.¬† Sin esta aprehensi√≥n de¬† perdida no habr√≠a necesidad de preocuparnos por el futuro.

Mart√≠n Hagglund dice que esta anticipaci√≥n de la perdida de nuestra salud o de nuestro amor seria impensable si no fuera porque¬† ellas¬† ya est√°n divididas desde dentro, amenazadas desde su propio interior por el tiempo,¬† por¬† la imposibilidad de permanecer¬†¬† iguales a si mismas.¬† Un ser temporal esta constantemente¬† pasando de un estado a otro y la √ļnica posibilidad de perpetuarse es dejar trazas de si mismo para el futuro. Hijos, un libro, una estatua, una acci√≥n inolvidable, cinco minutos de fama, una foto en el ‚Äúfacebook‚ÄĚ, una piedra con nuestro nombre en el cementerio. Un ser eterno, en cambio, no sufre transformaci√≥n alguna y, al ser siempre¬† id√©ntico a si mismo, nada¬† surge de el y nada deja detr√°s de el.¬† Es por esto que el deseo de sobrevivencia es incompatible con la inmortalidad.La vida y el deseo de vivir es siempre una cuesti√≥n de sobrevivencia temporal a diferencia de¬† la inmortalidad que no da¬† cabida para¬† la vida en el tiempo.
Esta es una diferencia clave. Lo que queremos en el fondo es seguir viviendo, no la inmortalidad, porque el¬† deseo de la inmortalidad equivaldr√≠a a decir que el gol¬† del deseo es no desear.¬† Cuando decimos que¬† deseamos la inmortalidad lo que en realidad¬†¬† queremos decir es que deseamos la¬† sobrevivencia que es anterior al deseo de la inmortalidad y la contradice desde dentro. Si no fu√©ramos seres mortales no tendr√≠amos¬† deseos de salvar ninguna cosa de la muerte porque solo lo que es mortal esta amenazado por ella ¬ŅNo significa esto que la afirmaci√≥n de la vida es incondicional y¬† no es una cuesti√≥n sujeta a elecci√≥n? Cualquier cosa que uno quiera o haga uno tiene primero que afirmar la sobrevivencia ya que¬† solo ella abre la posibilidad de seguir queriendo o seguir haciendo. Y si en alg√ļn momento sacrificamos la vida por los que amamos este sacrificio todav√≠a esta motivado por el deseo de la sobrevivencia de ellos.
A lo que nos lleva todo esto¬† es a la idea de que la afirmaci√≥n de la vida¬† no es un¬† valor¬† en si mismo. Es, m√°s bien, la condici√≥n incondicional de todo valor. Cualquier valor que uno privilegie esta sujeto a la afirmaci√≥n de la sobrevivencia. Sin ella no hay valor que pueda ser postulado. El impulso de la afirmaci√≥n de¬† la vida es la fuente de todo goce y de todo sufrimiento, de toda compasi√≥n y amor y de todo miedo y odio. La afirmaci√≥n de la vida por la vida misma necesariamente¬† contiene¬† un cierto displacer. No hay nada que no posea su lado oscuro.¬† Este es el doble v√≠nculo al que estamos sujetos. Doble v√≠nculo que ni siquiera idealmente podemos resolver porque la finitud temporal es interna a¬† cualquier cosa que queramos.¬† A cada afirmaci√≥n la acecha la negaci√≥n, la constante¬† amenaza¬† de un¬† futuro¬† que no queremos.¬† Cualquier cosa deseable no puede ser disociada del hecho indeseable de que eventualmente la perderemos. La finitud es, curiosamente, la raz√≥n del coraje¬† y el amor¬† y, tambi√©n, la raz√≥n¬†¬† del miedo y el odio. Sin el impulso a la sobrevivencia no habr√≠a hostilidad¬† o miedo a ninguna cosa¬† ya que nada podr√≠a importarnos o amenazarnos.¬† Freud dec√≠a que el¬† objetivo √ļltimo del principio del placer es lograr completa estabilidad. La paradoja es que su logro equivaldr√≠a a la vuelta del mundo inorg√°nico.
caballo salvaje¬†¬ŅQuisi√©ramos¬† realmente¬† una vida completamente intacta, libre de alteraci√≥n temporal, una vida inmortal y necesaria? Probablemente no, si lo volvemos a pensar.
Una vida inmortal, al poner fin a la diferencia, al¬† surgimiento y la finitud¬† de las cosas¬† no seria vida, seria muerte. Para¬† que un ser fuera inmortal¬† tendr√≠a que ser, al mismo tiempo, el y su opuesto. Pero, si es el y su opuesto no habr√≠a cambio y sin cambio nada pasar√≠a.¬† Siempre seria¬† igual a si mismo. Es a esto a lo que en filosof√≠a se llama¬† ser necesario. Pero, la cosa es que¬† el ser necesario no existe. Tradicionalmente se ha pensado que¬† lo que es contingente no es necesario y lo que no es necesario en si mismo requiere de un ser necesario que lo fundamente. La √ļnica necesidad evidente, la √ļnica necesidad de la que podemos hablar con absoluta certitud racional es la necesidad de la contingencia y no la necesidad de un ser, un ente, un evento o una ley. ¬ŅPor qu√©?¬† porque¬† es¬† imposible¬† calificar a la contingencia como contingente. Nada es racionalmente necesario a excepci√≥n de la contingencia.
Los seres vivos tienden a¬† mantenerse a si mismos, a fijar su realidad, a conservar el equilibrio. Pero, a pesar de todos los esfuerzos que hacen,¬† la fuerza del devenir siempre rompe¬† el equilibrio y los l√≠mites¬† de lo que existe al abrir un sistema o un ser vivo a nuevas posibilidades o al desviar las fuerzas creativas del simple acto de repetici√≥n. No hay naturaleza fija. En alg√ļn momento del remoto pasado¬† las propiedades de la vida surgieron de la materia inanimada, un proceso parecido a aquel otro¬† en el que¬† los estratos de la materia org√°nica¬† dieron origen a la conciencia. Eventualmente, si empujamos la imaginaci√≥n, la conciencia ser√°¬† conectada con el silic√≥n en lugar del carb√≥n.¬† Deleuze dec√≠a¬† que hoy d√≠a es un lugar com√ļn¬† afirmar¬† que las fuerzas humanas¬† ya han entrado en relacion con las fuerzas de la tecnolog√≠a inform√°tica creando algo diferente al hombre y la mujer.
¬ŅHay alguien que todav√≠a proclame que todo lo que existe deber√≠a permanecer exactamente como es, sin alteraci√≥n?¬†¬† Es en el devenir¬† en donde encontramos las fuerzas de la creaci√≥n y auto producci√≥n, no de la auto creaci√≥n o producci√≥n indeterminada o sin l√≠mites, sino la auto creaci√≥n abierta a lo que es distinto. Es del devenir de donde surge la diferencia. Y sin diferencia nada tendr√≠amos.

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