Abr 2 2012
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OpiniónPolítica

La voz que pronuncia en el sur de Chile

Se trata ‚ÄĒdice el periodista Rodrigo Bustamante en un art√≠culo publicado en la versi√≥n en castellano de la BBC (www.bbc.co.uk), ¬ęde un pescador artesanal de 44 a√Īos que lleva 23 en esta zona (‘soy un adoptado’, dice) ubicada a m√°s de 1.600 kil√≥metros al sur de Santiago, cuya voz aguda se hizo caracter√≠stica durante los 39 d√≠as en que la poblaci√≥n de esa zona estuvo exigiendo mejoras hist√≥ricas en cuanto a econom√≠a, conectividad y educaci√≥n. Se llama Iv√°n Fuentes. | MAGAL√ć SILVEYRA.

 

¬ęFrases como unirse del campo hasta el mar o llamados a actuar con sentido de manada, de bandada, de cardumen se fueron haciendo habituales, y paulatinamente muchas de las informaciones sobre Ays√©n empezaron a centrarse en Iv√°n Fuentes y un liderazgo que coment√≥ en entrevista con BBC Mundo.

 

¬ę‘Yo a veces tambi√©n salgo a hablar asustado, no tengo a gente que me asesore, salgo nervioso porque no quiero transmitir odio. La gente est√° cabreada (aburrida) de eso y necesita a alguien que transmita cosas diferentes, no puede ser todo odio y hablar mal de los dem√°s. Podemos decirnos los errores pero sin necesidad de hostigarnos’, se√Īal√≥¬Ľ.

 

Las citas elegidas por el periodista de la agencia brit√°nica bastan para describir a un dirigente social a punto de convertirse en l√≠der politico en su medio ‚ÄĒalgo que probablemente a esos m√°s de 1.000 kil√≥metros de distancia citados por la BBC no se entiende; o, mejor, no podr√°n comprender los profesionales del oficio pol√≠tico encaramados en la prestancia que dan dietas, asignaciones de viajes, secretarios, peluqueros, ¬ępersonal trainers¬Ľ, asesores y dem√°s fauna que el erario nacional (l√©ase todos los chilenos) contribuye a pagar.

 

¬ęYo hablo desde las cosas simples¬Ľ anota Bustamante que dice Iv√°n Fuentes. Lo que convierte a su discurso, el de Fuentes, a la vez en jerigonza y lecci√≥n de claridad. Jerigonza para el ¬ęstablishment¬Ľ, claridad para un pueblo que hace mucho tiempo dej√≥ de prestar o√≠dos a sus interesados en representarlo.

 

Porque si a ver vamos, y más allá de la imperiosa necesidad expresada por los ayseninos (y habitantes de otras regiones) de que los poderes que administran, proponen, juzgan, legislan y reparten los escuchen y consideren en las políticas que se implementan para los lugares donde viven y producen, lo que la rebelión patagónica puso en evidencia es que resulta imposible continuar en Chile caminando con el mapa político trazado por la dictadura y enmendado por la Concertación.

 

El derrotero que fij√≥ la dictadura, el mapa dibujado con la pluma del miedo ‚ÄĒdel miedo real que permearon cada uno de los 17 a√Īos de alarido y sangre, y a la vez caballo cansado, pero ch√ļcaro, esgrimido por los dos primeros gobiernos concertacionistas‚ÄĒ comenz√≥ a diluirse, mostr√≥ su ser ¬ętigre de papel¬Ľ ya con las revueltas estudiantiles que saludaron el ascenso de Michelle Bachelet a la Presidencia o con el movimiento de los subcontratados del cobre que dirigi√≥ Cristi√°n Cuevas.

 

La flor y nata de la seudo o subpolitica chilena no supo leer entonces la realidad, o si la ley√≥ pens√≥ que era un prurito pasajero. Los diplomas de prestigiosas casas de estudio extranjeras, que como trofeos dejaron que los describiera una prensa tan banal como sus almas, no sirvieron, no sirven, de nada. Se les hab√≠a ‚ÄĒse les ha‚ÄĒ olvidado hablar desde las cosas simples.

Las cosas simples son comer, trabajar para comer, educarse para trabajar, trabajar para tener dignidad. Esa dignidad que el pueblo logr√≥ ‚ÄĒno sin perdidas‚ÄĒ mantener durante los 17 a√Īos de dictadura, la misma que permiti√≥ los pactos de la ¬ętransicion¬Ľ, encontr√≥ su voz cuando el sexenio de Ricardo Lagos (padre), ensay√≥ su habla durante el cuatrienio de Bachelet y dio su primer concierto promediando el gobierno de Pi√Īera.

Y los ¬ęrepresentantes¬Ľ finalmente comienzan a entender que se les acab√≥ Jauja, esa tierra de leche y miel, de grandes sueldos y mejores negocios; se les acab√≥ mentir y mentir porque algo queda, lo suficiente para otro per√≠odo.

 

Fuentes no se comport√≥ como un dirigente de fuste porque haya afrontado dos o tres explosiones de violencia (por otra parte no provocada por los demandantes del Ays√©n, sino orquestada desde la esfera gubernamental, que tal vez en su severa miop√≠a crey√≥ que algunos palos y gases iban a doblegar a la ciudadan√≠a, idiotez profunda del pensamiento: no lo lograron con adolescentes y j√≥venes ajenos en su mayor√≠a a los rigores del duro trabajo f√≠sico, ¬Ņc√≥mo pudieron imaginar lo iban a conseguir con gente aguerrida ‚ÄĒy que nada ten√≠a que perder?).

 

Fuentes cal√≥ hondo en la necesidad ciudadana porque supo encauzar la ira de los suyos, porque con √©l destac√≥ uno entre pares. Y porque no amarr√≥ su discurso a la red remendada con la que los partidos pol√≠ticos insisten en pescar o cazar incautos. No se mir√≥ en el espejo de algunos dirigentes ¬ęping√ľinos¬Ľ del 2006 que hoy postulan o prepostulan a candidaturas varias, solos como ese n√°ufrago de una caricatura de anta√Īo que se llamaba Toribio.

 

Fuentes no recuerda cada vez que debe hablar con la prensa o a un auditorio que su militancia es tal o cual, sí sabe que es libre de expresarse, y no parece querer ser parte de la anquilosdaa CUT como Cuevas, cuya figura de batalla se esfuma cada día un poco más.

 

No. Fuentes, y mil otros fuertes, al no ceder obligan a mejor o√≠r el atroz silencio de las capas dirigentes del pa√≠s. Silencio que en cierto modo es su final responso f√ļnebre, que ninguna t√©cnica pol√≠tica de inscripci√≤n autom√°tica y voto voluntario convertir√° en canto de victoria duradera.

 

Este hombre, Iv√°n Fuentes, obra con plena conciencia de clase, no al parecer conciencia trepadora. Acaso al llegar el crep√ļsculo tras cada batalla recuerde a sus padres, campesinos pobres, a sus profesores de escuela y del liceo, a cada uno de sus siete hijos. Esos son sus t√≠tulos, sus credenciales ‚ÄĒlo dem√°s lo ir√° forjando y escribiendo en el camino.
‚ÄĒ‚ÄĒ
* De la redacción de SyS.

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