Abr 9 2013
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Opinión

Las Cosas Simples/ Culiacán, recuerdo de mi amigo Felipe

memoryLo conocí cuando él estaba tras el mostrador de una farmacia veterinaria que atendía en la calle Ángel Flores, en Culiacán. Alto, delgado, amable, sonriente y atento, al hablarme, la pronunciación gargareada de las erres me indicó su origen francés. A su vez, el acento cantadito de mi forma de hablar le señaló mi chilenidad. | ROLANDO GONZALEZ ALTAMIRANO.*

 

Congeniamos de inmediato e iniciamos una prolongada conversación y amistad que se inició en el año 1979 y, aunque él falleció en el mes de febrero de 2010, continúa porque la amistad no se extingue. Yo olvidé lo que iba a comprar en la farmacia, él ni siquiera se acordó de su trabajo veterinario y vendedor de productos médicos para animales.
Como ambos, además, éramos profesores de la Universidad Autónoma de Sinaloa les aseguro que las clases se quedaron esperando.

 

Ese día platicamos sobre temas que a los dos nos interesaban:
El cariño a nuestras patrias y pueblos de origen; su amor y el mío a la patria mexicana que nos proporcionó cobijo y nos permitió construir una familia; nuestro arribo a México, él en el primer lustro de los años 40, yo en el primer lustro de los 70; nuestra militancia política que, a fin de cuentas, nos obligó a emigrar para salvar la vida; la suya en el Partido Comunista francés, la mía en el Partido Comunista chileno.

 

La distancia antigua nos separó geográficamente, la militancia nos hermanó en el recuerdo de actividades ciertamente parecidas; él su actividad política en Francia y la violenta represión desatada por el fascismo, yo, la actividad política en pro de la construcción del socialismo en Chile y la violenta represión de los fascistas chilenos encabezados por Pinochet.

 

Desde ese primer contacto con Felipe pude apreciar su gran pasión por la música. Aparte de que le encantaba cantar, estaba enterado de los pormenores históricos de cada canción, sus autores y las circunstancias en las cuales había sido escrita.
En esa ocasión, emocionado y quizá como homenaje al comienzo de nuestra amistad, entonó La Marsellesa. Con singular pasión me relató la llegada de los obligados de Marsella que entraron a París en 1792  entonando marcialmente el himno compuesto por Rouget de Lisle y como los habitantes parisinos bautizaron el cántico como La Marsellesa. Himno que, por su letra, interpreta los afanes libertarios de todos los pueblos del mundo.

 

Allons enfants de la Patrie,/ Le jour de gloire est arrivé!/ Contre nous de la tyrannie,/ L’étendard sanglant est levé./ L’étendard sanglant est levé./ Entendez-vous dans les campagnes,/ Mugir ces féroces soldats?/ Ils viennent jusque dans vos bras,/ Égorger nos fils, nos compagnes!

 

Enseguida nos acordamos del himno obrero, La Internacional, y la cantamos a dos voces, una en francés, la otra en español, tal como lo volvimos a hacer en muchas otras jornadas:

 

Debout les damnés de la terre/ Debout les forçats de la faim/ La raison tonne en son cratère/ C’est l’éruption de la fin/ Du passé faisons table rase/ Foules, esclaves, debout, debout/ Le monde va changer de base/ Nous ne sommes rien, soyons tout…
C’est la lutte finale/ Groupons-nous, et demain (bis)/ L’Internationale Sera le genre humain

 

Mi amigo Felipe Guichet falleció en el mes de febrero de 2010 en su querido Culiacán al lado de su amada compañera Lupita, que lo sobrevive. Felipe estaba cansado, le pesaban sus noventa años, ya no podía cantar.  Hoy que lo recuerdo imagino que nos está viendo con su mirada profunda, plena de afecto y amor a la humanidad.

 

Ya no hay miedo posible, amigo Felipe —le digo— puedes cantar La Internacional cuantas veces quieras, yo te acompañaré tatareando en voz baja, como siempre lo hacía. Te comprendemos y recordaremos por siempre.
——
* Profesor retirado.

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