Mar 25 2020
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Opini贸n

Las dos caras de Chile: La desconexi贸n entre pueblo y elite es hoy global

Los movimientos sociales han entrado a la pol铆tica chilena para quedarse, aunque no sabemos por cu谩nto tiempo. Su fortaleza mayor descansa en la masividad y velocidad de las convocatorias mientras que su debilidad es la carencia de l铆deres carism谩ticos. Su gran fuerza de movilizaci贸n parece perderse como las grandes olas que revientan en la playa y son absorbidas por la arena, al no tener un liderazgo que los conduzca.

La gente vot贸 confiadamente 5 veces por los gobiernos de centro e izquierda y dos veces por los de derecha. Ninguno ha podido satisfacer las expectativas que han ido progresivamente creciendo junto a la desigualdad. Dicen los entendidos que lo que ocurre en Chile no es ajeno a lo que est谩 sucediendo en otras latitudes y que obedece a una misma l贸gica como consecuencia del alejamiento de las elites respecto de las mayor铆as.聽

En el caso chileno, una de las encuesta de mayor credibilidad, del Centro de Estudios P煤blicos, CEP, de diciembre de 2019 y que se puede consultar aqu铆, entrega cifras demoledoras sobre la legitimidad del actual gobierno y de las principales instituciones.

Apenas 6% de apoyo al Presidente de la Rep煤blica y 82% de rechazo; 2% para los partidos pol铆ticos, 3% para el Parlamento, 7% para los empresarios, 8% para la TV, 8% para la justicia, 11% para los peri贸dicos, 14% para la iglesia cat贸lica, 17% para los carabineros, 24% para las fuerzas armadas. 72% de la poblaci贸n no se identifica con ning煤n partido pol铆tico y el 67% aprueba una nueva Constituci贸n. La elite y el pueblo parecieran vivir en mundos paralelos, donde las voces de este 煤ltimo no llegan, no son escuchadas. Seguramente si hubiesen encuestado a las personas antes de las grandes revoluciones como la francesa o rusa, por nombrar solo dos, los resultados habr铆an sido similares.

La madre de todas las revoluciones sigue siendo la Revoluci贸n Francesa, donde el pueblo volc贸 su ira acumulada contra la exclusi贸n, el despojo y el parasitismo de una nobleza y clero abusadores, que no conocieron l铆mites en su ociosidad y derroche de riqueza. As铆, luego de terminar con la monarqu铆a absolutista, en el a帽o conocido como el Terror, es decir entre 1793-1794, se calcula que entre 15 y 20 mil personas fueron llevadas al cadalso y guillotinadas, incluyendo al rey Luis XVI, a Mar铆a Antonieta y a los propios dirigentes que encabezaron y condujeron la Revoluci贸n, como fueron Danton y Robespierre, el 鈥渋ncorruptible鈥.

El llamado Comit茅 de Sanidad P煤blica, que administraba el Terror, lo defin铆a como una forma de 鈥渏usticia r谩pida e inflexible鈥. Al examinar su programa nos encontramos con que el purismo revolucionario incluy贸 medidas que hoy, algunas al menos, nos parecen familiares: distribuci贸n de tierras, eliminaci贸n del latifundio, impuestos sobre las fortunas, reparto igualitario de las herencias, la obligatoriedad del 鈥渢uteo鈥, la aceleraci贸n de los tiempos para divorciarse, la supresi贸n de la ley marcial que exist铆a para evitar las manifestaciones, el t茅rmino de las congregaciones religiosas que llev贸 a que 20 mil curas abandonaran el sacerdocio y que 5 mil de ellos contrajeran matrimonio.

Si bien los tiempos han cambiado, la desigualdad se ha extendido por el mundo con particular fuerza a partir de los a帽os 70 del siglo pasado. Naciones Unidas la define como 鈥渓a diferencia que existe en la distribuci贸n de bienes, ingresos y rentas en una sociedad鈥. No se puede responsabilizar al r茅gimen capitalista por el aumento de la desigualdad sino a la aplicaci贸n de pol铆ticas econ贸micas que han acompa帽ado el proceso de globalizaci贸n.

En el caso de Chile, es la聽imposici贸n del neoliberalismo extremo,聽iniciado por el gobierno militar y posteriormente legitimado por un sistema pol铆tico donde una elite conservadora ha ejercido un control durante 30 a帽os,聽lo que ayuda a explicar el estallido social iniciado el 18 de octubre de 2019.聽No hay en el mundo un modelo similar, que junto con sacar de la pobreza a millones de personas y generar crecimiento econ贸mico, ha mantenido las estructuras de poder que beneficia especialmente a una elite que se reproduce, mientras que la mayor铆a subsiste endeudada, frustrada y acumulando indignaci贸n por los abusos.

Si se compara el sistema capitalista que existe especialmente en el norte de Europa o en pa铆ses como Australia o Nueva Zelandia o incluso Corea del Sur, vemos que ofrecen igualdad de oportunidades reales, independientemente de la procedencia social, generando sociedades mucho m谩s cohesionadas y donde resulta dif铆cil suponer que se produzcan explosiones sociales como la que estamos viviendo en Chile.

La riqueza acumulada por las elites a nivel global es hoy m谩s evidente como resultado de la velocidad de las comunicaciones, la creaci贸n de las redes sociales que nos dicen minuto a minuto lo que sucede en cualquier lugar del planeta, junto a mostrar la ostentaci贸n de la vida de los ricos, especialmente de los nuevos, divulgadas en las p谩ginas sociales, en la far谩ndula, en el cine, la televisi贸n y el impacto que tiene la publicidad en todas las personas.

Las elites pol铆ticas y econ贸micas conocen las causas de la desigualdad, pero han preferido privilegiar su forma de vida, sus propios intereses o de lo contrario hubiesen modificado las instituciones pol铆ticas y econ贸micas que impiden extender la igualdad de oportunidades para crecer en una sociedad m谩s justa. Los organismos econ贸micos internacionales describen con precisi贸n el origen de los problemas que enfrentamos, pero no existe voluntad pol铆tica de las elites para cambiarlo. Se帽alan que, en los pa铆ses en desarrollo, como es el caso de Chile, el 20% de los ni帽os de familias pobres tienen 3 veces m谩s posibilidades de morir antes de cumplir 5 a帽os de vida en comparaci贸n con sus hom贸logos del quintil m谩s rico.

Si hablamos del acceso y la calidad de la educaci贸n que reciben, las diferencias entre los hogares ricos y pobres son abismantes para luego enfrentar un examen de admisi贸n a las universidades igual para todos, donde queda al desnudo la precariedad de la realidad educacional chilena. La comparaci贸n de las pensiones entre el 10% m谩s rico de los chilenos y el resto de la poblaci贸n es pat茅tica: estos 煤ltimos reciben un 78% menos que los primeros. Se debe sumar que las personas de altos ingresos poseen ahorros y propiedades que les permiten, adem谩s, acceder a los servicios de salud privados, vedado a los de menos recursos. Las pensiones son el tema m谩s sensible del actual malestar y estallido social de Chile.

Transcurridos 40 a帽os de la introducci贸n del sistema privado de pensiones, coincidente con la Constituci贸n impuesta por la dictadura militar, permitieron en 2017 a las 6 administradoras de los fondos recibir 171 mil millones de d贸lares equivalentes al 71% del PGB de Chile. Sus utilidades netas alcanzaron a los 462 millones de d贸lares que se repartieron entre sus propietarios y los directorios nacionales. Por otro lado, la pensi贸n promedio de un jubilado no alcanza a los 400 d贸lares mensuales.

En un pa铆s de solo 18 millones de habitantes, los miles de millones de d贸lares acumuladas por las administradoras de pensiones han servido para fortalecer la econom铆a y han contribuido a sostener parte de los equilibrios macroecon贸micos.聽La tragedia radica en que, para la inmensa mayor铆a de los pensionados, no existe un sistema de protecci贸n social que garantice una vejez digna.聽Lo anterior fue magistralmente sintetizado en una de las pancartas de los j贸venes que se manifiestan en las calles de Santiago: 鈥淣o tengo miedo a morir, tengo miedo a jubilar鈥.

En el refer茅ndum para decidir sobre una nueva Constituci贸n para Chile, poner fin a la propiedad privada del agua, as铆 como al sistema privado de pensiones, debieran ser motivos m谩s que suficientes para que chilenas y chilenos voten por una nueva Constituci贸n que de paso a una nueva Rep煤blica, que encamine al pa铆s hacia una sociedad de bienestar.

 

*Economista de la Universidad de Zagreb y M谩ster en Ciencia Pol铆tica de la Universidad Cat贸lica de Chile. Ha sido embajador de Chile en Vietnam, Portugal, Trinidad-Tobago e Italia. Consultor para FAO en temas de cooperaci贸n Sur-Sur, acad茅micos y parlamentarios.

 

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