Jul 7 2012
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CulturaSociedad

Las elecciones mexicanas y los monopolios de la información: un caso más en América Latina

La indignación contra Televisa se ha desatado ahora, en la coyuntura de las elecciones mexicanas, pero lo cierto es que esta corporación de las comunicaciones viene haciendo y deshaciendo a su antojo desde hace más de treinta años. El movimiento YoSoy132 de los jóvenes mexicanos pone nuevamente sobre la palestra el tema de los medios de comunicación en América Latina.

Como se ha dicho y demostrado hasta el cansancio, las grandes corporaciones dominan el panorama informativo mediante monopolios privados que no paran mientes en construir una realidad a su imagen y semejanza.

Cuando han sido denunciados y se han tomado medidas para frenar sus abusos, como es el caso de Venezuela, Argentina o Ecuador, se pone el grito en el cielo y se rasgan las vestiduras quienes, en nombre de la libertad de prensa, se parapetan en ellos para defender sus intereses minoritarios.

El movimiento YoSoy132 denuncia, para el caso mexicano, el papel de Televisa, la gran corporación que, al igual que O Globo en Brasil, o el consorcio Clarín en Argentina, poseen una red de medios de comunicación que les permite, al decir de Noam Chosmsky, fabricar el consenso.

La indignación contra Televisa se ha desatado ahora, en la coyuntura de las elecciones mexicanas, pero lo cierto es que esta corporación de las comunicaciones viene haciendo y deshaciendo a su antojo desde hace más de treinta años. Es sabido por todo el mundo, por ejemplo, cómo en el ámbito del espectáculo Televisa crea o destruye personajes a quienes, para encumbrarlos, les impone contratos leoninos, para dejarlos caer en el precipicio del descrédito ante la menor veleidad de independencia.

En Venezuela, el documental La revolución no será transmitida, desenmascara magistralmente el papel de los medios en el golpe de Estado de abril de 2002 contra Hugo Chávez.  La investigación que le sirve de respaldo puede dejar atónito a más de uno ante el cinismo con el que las televisoras, por ejemplo, haciéndose eco de la consigna de los golpistas de que nada estaba sucediendo, con el fin de evitar la reacción popular, transmitían dibujos animados cuando en el Palacio de Miraflores se sucedían acontecimientos trascendentales para el país.

La experiencia vivida en esa ocasión llevó a la creación de Telesur en el año 2005, empresa alternativa que rompe con el cerco del que lo que relatamos líneas más arriba no es más que un pequeño ejemplo que se repite a toda hora y en todo lugar de América Latina.

El esfuerzo de Telesur, valioso e insustituible, se queda, sin embargo, corto ante el poder y omnipresencia de estas grandes corporaciones de la comunicación. En la misma Venezuela, por ejemplo, el visitante desprevenido que llega a ese país desde el exterior se queda pasmado cuando sintoniza cualquiera de los canales de la televisión comercial, en donde el tono de los mensajes en contra del gobierno y el presidente de la República seguramente no tienen parangón en ninguna otra parte del mundo.

Lo que denuncian los muchachos mexicanos, entonces, no es nada nuevo bajo el sol, pero es bueno que se levanten contra ello y, ojalá, sigan presionando a quien haya que presionar para ponerle coto.

¿Cómo se le pone coto a lo medios? Primero, regulándolos, esa palabreja que pone  a temblar a muchos y encrespa las olas de los defensores de la libertad de expresión, entendida está, claro está, como libertad de comercio de unos cuantos manipuladores que solo saben llevar agua para su molino.

También se les pone coto a través de las formas alternativas de comunicación que han aparecido como hongos en aquellos países en donde se impulsan políticas progresistas, como Venezuela, Argentina, Ecuador, Bolivia o Uruguay; las radios comunitarias son un ejemplo de ellas.

Pero también haciendo uso de las oportunidades que brindan las redes sociales a través de Internet, que tan fecundas se han mostrado en movimientos como los de Los indignados en Europa, los Occupy en Estados Unidos, la llamada Primavera Árabe y el Foro social mundial.

Esta revista que usted lee ahora, Con nuestra América, que se distribuye semanalmente los sábados, es otro ejemplo. Hay que tener constancia, tesón, seriedad y voluntad para no cejar en el esfuerzo. Solo así se puede llegar a tener, algún día, resultados positivos.

Pero hay que tener claro que la inmensa mayoría de la gente, aquella que prende el televisor al volver agotada del trabajo todos los días y consume la basura que le ofrece la caja boba, no accede a estos medios alternativos. Por eso es imprescindible seguir luchando por regular el papel de los grandes medios de comunicación en manos de poderosos e inescrupulosos intereses económicos que no se tientan el alma para mentir y deformar la realidad.

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