Sep 4 2012
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CulturaOpini贸nPol铆tica

Las intifadas: la rebeli贸n del presente

El t铆tulo de nuestra comunicaci贸n amerita un comentario inicial: no se trata del 鈥減resente de la rebeli贸n鈥 como de la 鈥渞ebeli贸n del presente鈥; es decir, de un rel谩mpago que corta la continuidad de los flujos, suspende el peso de la historia, y revoca al poder de la soberan铆a. El rel谩mpago hoy d铆a lleva el nombre de 鈥渋ntifada鈥 (revueltas en 谩rabe). |RODRIGO ARMY BOLTON.*

 

鈥淓n mis ruinas verdea la sombra
y el lobo dormita en mi piel de cordero
Y sue帽a igual que yo,
igual que un 谩ngel,
que la vida est谩 aqu铆…鈥

Mahmud Darwish, Estado de sitio

 

En su ser-rel谩mpago las intifadas han puesto a la orden del d铆a una nueva forma de lo pol铆tico en la que el presente reivindica sus derechos. Un presente que, parad贸jicamente, disloca las agujas del reloj pues suspende al tiempo cronol贸gico ejerciendo sobre 茅l una contracci贸n tal, que el pasado y el presente se tocan en un s贸lo instante.

 

El presente intifadista es el lugar en que se desactiva la diferencia entre la ley y la vida, entre el universal y el particular, poni茅ndose en juego la m煤ltiple intensidad de una vida.

 

Si es cierta la tesis de Alain Badiou, seg煤n la cual, las guerras contempor谩neas se caracterizar铆an por la destrucci贸n de todo presente, es decir, por el eterno diferir de la excepcionalidad en el incondicionado despliegue de los dispositivos de seguridad a nivel global, entonces el relampagueo de la intifada vendr铆a a restituir un presente que no es m谩s que la inmanencia en la que se juega todo vivir.

 

La tesis de nuestra conferencia es que el rel谩mpago intifadista no ser铆a otra cosa que una rebeli贸n del presente.

 

1.- Allahu Akbar
1.- En la Alemania posterior a la crisis de la Rep煤blica de Weimar, el jurista cat贸lico Carl Schmitt comienza a publicar sus provocadores trabajos en torno a la relaci贸n entre pol铆tica y orden jur铆dico. La tesis de Schmitt que atraviesa toda su obra, es que existe una apor铆a 铆nsita a la relaci贸n entre vida y forma. La vida requiere de la articulaci贸n en una forma particular y a la vez la forma s贸lo puede encontrar en la excepcionalidad de la vida su propia condici贸n de posibilidad.

 

As铆, lejos de todo hegelianismo, Schmitt no intenta conciliar los dos elementos heterog茅neos antedichos en una totalidad espiritual superior, sino mas bien, asumir la dimensi贸n contingente de lo pol铆tico, all铆 donde 茅ste no puede nunca resolver la irreductible tensi贸n que le constituye.

 

Esa resoluci贸n no ser谩 otra cosa que el disponer a la vida hacia el fin de la forma o, lo que es igual, que toda excepcionalidad pol铆tica requerir谩 fundar un nuevo orden jur铆dico. La condici贸n de posibilidad de 茅ste 煤ltimo se encuentra en la decisi贸n pol铆tica, pero 茅sta nada ser铆a si no tuviera capacidad de fundar al nuevo orden jur铆dico.

 

Por eso, en su libro de 1921 titulado La dictadura Schmitt se cuida de mostrar que si bien el poder constituyente es ilegal, no por ello resulta menos leg铆timo. Que lo ilegal sea leg铆timo implica la paradoja de que el mentado poder constituyente pertenece al orden jur铆dico, precisamente porque no pertenece a 茅l. O, lo que es igual, que el poder constituyente no es nunca para Schmitt un poder an-谩rquico, sino uno que est谩 ya inscrito de suyo en las fauces del orden jur铆dico y que precisamente por esto, tiende a su restituci贸n.

 

2.- Contempor谩neo a Schmitt, un joven fil贸sofo jud铆o llamado Walter Benjamin, acaso en virtud de la relativa admiraci贸n que le ten铆a al jurista, le env铆a en 1921 un peque帽o art铆culo que segu铆a muy de cerca las tesis schmittianas, titulado Para una cr铆tica de la violencia. La tesis de Benjamin es la siguiente: si bien es cierto que entre vida y forma pervive una relaci贸n irreductible no se tratar铆a de suturar dicha relaci贸n en la forma de la restituci贸n y la fundaci贸n de un orden jur铆dico, sino mas bien, de agudizar la excepcionalidad en funci贸n de escindir definitivamente el v铆nculo entre vida y forma.

 

Seg煤n Benjamin existen dos tipos de gewalt o violencia (n贸tese la ambivalencia del t茅rmino alem谩n utilizado por Benjamin aqu铆, que significa tanto 鈥減oder autorizado鈥 como simple 鈥渧iolencia鈥): una violencia que el fil贸sofo denomina 鈥渕铆tica鈥 cuya circularidad se desenvuelve en una violencia fundadora y una violencia conservadora del derecho; una violencia que Benjamin denomina 鈥減ura鈥 o 鈥渄ivina鈥 y que consiste en que en un gesto fulm铆neo y sin sangre, revoca a toda forma de violencia m铆tica.

 

Es evidente que esta tesis destrona el planteamiento de Schmitt. Porque si para este 煤ltimo se trataba de establecer una soluci贸n de continuidad entre la violencia fundadora y la violencia conservadora del derecho para as铆 contener la irrupci贸n an-谩rquica de la vida pol铆tica, para Benjamin se trata de romper el nexo entre ambas y posibilitar esa irrupci贸n con toda la an-arqu铆a de la vida.

 

A帽os m谩s tarde, cuando ya Benjamin est谩 escapando de los nazis escribe un c茅lebre texto conocido como Tesis sobre el concepto de historia en las que vuelve a contestarle a Schmitt apelando a lo que el fil贸sofo denomina el 鈥渧erdadero estado de excepci贸n鈥.

 

Frente al falso 鈥渆stado de excepci贸n鈥 como aqu茅l que propugna Schmitt en el que el soberano queda inc贸lume, Benjamin trabaja sobre el 鈥渧erdadero o efectivo鈥 estado de excepci贸n en el que se revoca a toda formaci贸n soberana. 鈥淰iolencia divina鈥 o 鈥渧erdadero estado de excepci贸n鈥 constituir谩n los t茅rminos t茅cnicos que Benjamin utiliza para ir m谩s all谩 del 鈥減rogresismo鈥 socialdem贸crata y proyectar al interior de la violencia m铆tica en la que se desenvuelve el exterminio nacionalsocialista, una otra violencia que permitir铆a su desarticulaci贸n. Una violencia que escapar铆a a toda vocaci贸n fundacionalista y que por eso, vendr铆a a desactivar la m谩quina de la soberan铆a.

 

3.- Desde el comienzo del rel谩mpago intifadista en el mundo 谩rabe la circulaci贸n de im谩genes no se ha detenido. Entre ellas, quiz谩s la que m谩s se repite sea aquella que muestra a los rebeldes gritando una singular consigna: Allahu akbar (Dios es grande). 驴Cu谩l ser铆a la naturaleza de esta consigna? 驴Tendr铆amos que pensar, acaso, que estamos en presencia de miles de fan谩ticos musulmanes que gritan Allahu akbar en funci贸n del establecimiento de un Estado isl谩mico? 驴C贸mo inteligir esta consigna religiosa en medio de los actuales avatares de la pol铆tica?

 

Mi tesis es que la consigna aAllahu akbar hay que medirla por los efectos pragm谩ticos que produce. Y bien, lo que tenemos aqu铆 es que Allahu akbar es la se帽a de una desarticulaci贸n de las formas mundanas de autoridad, dado que, reconoce como 煤nica y 煤ltima autoridad a la de Dios. Cuesti贸n 茅sta que no ser铆a una casualidad, sino que m谩s bien, se articular铆a en la matriz cultural de la tradici贸n isl谩mica en la que el principio del tawhid seg煤n el cual 鈥渘o hay m谩s Dios que Dios鈥 llevar铆a consigo una deriva anti-gubernamental: la ausencia de una angelolog铆a sistem谩tica, la inexistencia de una Iglesia y el sometimiento que el poder terrenal ejerci贸 sobre el poder espiritual en el islam medieval, muestran que, tal como plantea el soci贸logo Nazih Ayubi, el islam fue siempre una religi贸n 鈥渟ocial鈥 (en la medida que regula relaciones familiares, y a establecer disposiciones 茅ticas), pero nunca una verdadera religi贸n 鈥渕ilitar鈥 o 鈥減ol铆tica鈥 tal como la describe el orientalismo de la historiograf铆a decimon贸nica.

 

M谩s a煤n, habr铆a que constatar que la consigna de que el islam es 鈥渞eligi贸n y Estado鈥 a la vez, (din wa dawla) surge reci茅n en la literatura de los a帽os 30 del siglo XX, precisamente, cuando se est谩n configurando los movimientos islamistas m谩s importantes de la regi贸n. Todo ello implica, que el islam, en cuanto matriz cultural del mundo 谩rabe, articul贸 formas diferentes de subjetivaci贸n en que lo central no pasa por la libertad individual (como ocurre en la tradici贸n cristiana), sino m谩s bien, por la pertenencia a la comunidad (umma) que muy dif铆cilmente podr铆a identificarse con el Estado.

 

A esta luz, la consigna Allahu akbar que hoy parece multiplicarse entre las revueltas y que el orientalismo medi谩tico ha cre铆do ver a miles de fan谩ticos musulmanes, en realidad, no es m谩s que la articulaci贸n de una forma de violencia que impide la configuraci贸n de una 鈥渧iolencia m铆tica鈥 propia de la soberan铆a. Ello porque para los 谩rabes de hoy, dicha soberan铆a no es m谩s que la escena de una dictadura desplegada policialmente hacia toda la sociedad. De esta forma, si la soberan铆a funciona policialmente separando a la vida respecto de s铆 misma distinguiendo a un interior y de un exterior, a un civilizado y de un b谩rbaro, a un hombre de un animal, la consigna Allahu akbar abre un tercer lugar a trav茅s del cual esas separaciones se confunden entre s铆 y se desactivan completamente.

 

As铆, el rel谩mpago intifadista no hace m谩s que reivindicar la inmanencia de una vida inseparable de sus formas que, por serlo, cuestiona la operaci贸n de la polic铆a en la que se desenvuelve la circularidad de la soberan铆a. Y la cuestiona, sobre todo, porque la sustancia de las intifadas no es m谩s que su car谩cter popular all铆 donde ciudadanos comunes y corrientes se tornan el rostro de estas revueltas.

 

No est谩 dem谩s volcarse sobre una afirmaci贸n de Giorgio Agamben quien, en un peque帽o ensayo titulado Creaci贸n y salvaci贸n ha planteado:
鈥淒ios es el lugar en que los hombres piensan sus problemas decisivos鈥.

 

En este registro, la consigna allah hu akbar no habr铆a que leerla como una simple consigna 鈥渋slamista鈥, sino tambi茅n, como el lugar en que los hombres piensan su vida pol铆tica. As铆, la reivindicaci贸n de Dios como 煤ltimo y 煤nico depositario de la autoridad es el gesto que derrumba a toda autoridad terrestre. M谩s a煤n: la violencia del Allahu akbar desploma a toda autoridad terrestre porque ejerce una funci贸n que podr铆amos calificar de 鈥渕esi谩nica鈥 si, con este t茅rmino, designamos t茅cnicamente a la interrupci贸n que, desactivando a toda autoridad, no introduce a una nueva.

 

En eso consiste el relampagueo intifadista, a saber, en que despu茅s de su estallido el mundo queda en ruinas y todas las formas que una vez pactaron con la eternidad terminan derrumb谩ndose.

 

4.- En 1964 el poeta Gonzalo Rojas publica su libro Contra la muerte en cuyo poema escribe:
鈥淢e hablan del Dios o me hablan de la Historia. Me r铆o / de ir a buscar tan lejos la explicaci贸n del hambre / que me devora, el hambre de vivir como el sol / en la gracia del aire, eternamente.鈥
Si se quiere inteligir la naturaleza de la intifada que ha tenido lugar en el mundo 谩rabe ser谩 preciso prestar atenci贸n a estos versos. Rojas describe perfectamente la dicotom铆a en la cual se desenvuelve el rel谩mpago intifadista: ni capturado por el confesionalismo isl谩mico de los representantes de Dios en la tierra (Dios), ni por el secularismo olig谩rquico de los representantes del pueblo en el mundo (Historia).

 

La intifada es la desarticulaci贸n del r茅gimen de la representaci贸n. Y es precisamente en dicho movimiento que los versos de Rojas se abrazan con los de Darwish en una transversalidad en la que se vislumbra una rebeli贸n del presente. Como tal, Allahu akbar no es m谩s que la llave con la que la vida abre un tercer lugar que desactiva la dicotom铆a entre Dios y la Historia, entre el cielo y la tierra, entre la ley y la vida. En otros t茅rminos Allahu akbar es la consigna contra-hegem贸nica que, como una verdadera llave, es capaz de abrir puertas hacia otras formas del vivir juntos.

 

Aunque suene extra帽o, todo esto no resulta contradictorio con el hecho de que una vez ca铆do Mubarak los Hermanos Musulmanes hayan podido capitalizar la ocasi贸n d谩ndole el triunfo a Mursi. Ello porque las intifadas se presentan con un car谩cter interruptivo prescindiendo, por ahora, de toda vocaci贸n fundacionalista. Por eso, las intifadas no proponen un nuevo r茅gimen, sino que antes que eso, abren las condiciones para que dicha pregunta sea posible. As铆, que triunfe uno u otro gobierno no es tan relevante como el hecho de que dicho gobierno s贸lo ha podido tener lugar, una vez que las intifadas han planteado sus condiciones de posibilidad. Por eso, y aunque suene parad贸jico, el triunfo de los Hermanos Musulmanes en Egipto o el triunfo de Al Nahda en T煤nez no significa que los 谩rabes se han vuelto 鈥渋ntegristas鈥 como le gusta decir al orientalismo medi谩tico, sino que 茅stos han optado por formas de democratizaci贸n radical de sus sociedades.

 

Ustedes dir谩n, pero 驴por qu茅 elegir a partidos islamistas? Por dos razones: en primer lugar, porque el secularismo olig谩rquico termin贸 por identificarse con la dictadura y sus extensas redes policiales; en segundo lugar, porque el islam fue lo que 茅stas dictaduras persiguieron por d茅cadas. Pero, insistir铆a en que todo esto es secundario: lo importante es la articulaci贸n de este sujeto pol铆tico que son las intifadas, sin las cuales, ninguna fuerza, isl谩mica o no, habr铆a llegado al poder.

 

Por esta raz贸n, la violencia desplegada en la consigna Allahu akbar no apela a ning煤n r茅gimen ni confesional ni secular, sino a la vida en com煤n que usa las calles y que hoy resuena en un solo nombre: tahrir. Entre las calles y plazas de las ciudades fluyen las relaciones de poder, inventando nuevas formas, articulando complejas organizaciones, debatiendo los posibles modos de vida.

 

Todos se re煤nen en tahrir, trabajadores, estudiantes, ciudadanos de a pie. Todos se re煤nen en tahrir porque, de un momento a otro, tahrir se convirti贸 en la verdadera rep煤blica.

 

2.- Batman

1.- Comencemos con una escena de la reciente pel铆cula de Batman dirigida por Christopher Nolan. La escena es la siguiente: los herederos de la vieja Liga de las Sombras (de un tal R麓as Al Gul cuyo nombre 谩rabe no puede pasar desapercibido) vuelven a invadir ciudad G贸tica. Ingresan violentamente en la bolsa de la ciudad y lo primero que hacen es destruir la pantalla en la que aparecen n煤meros de las transacciones burs谩tiles. Una vez capturada la informaci贸n burs谩til, la Liga apresa a los polic铆as de la ciudad as铆 como tambi茅n a Batman a quien se le saca la m谩scara descubri茅ndole como Bruce Wayne, el excelent铆simo y singular millonario.

 

En medio de la crisis de la ciudad G贸tica con todas las acciones de Wayne perdidas, los polic铆as prisioneros y Batman condenado en un calabozo perdido en el desierto que rodea a la ciudad, los cercanos a Wayne se hacen la pregunta decisiva: 驴ser谩 necesario que llamemos a las otras ciudades para que nos ayuden? Y la respuesta es inmediata: no.

 

A partir de ah铆, la pel铆cula juega un movimiento a trav茅s del cual las acciones de Wayne, la bolsa de ciudad G贸tica y los polic铆as son completamente restituidos a su condici贸n originaria. En suma, Batman vuelve y reestablece el orden de la ciudad.

 

No deja de ser curiosa la pregunta que se formula expl铆citamente en la pel铆cula, puesto que podr铆amos jugar con ella y plantearla de la siguiente manera: si los EEUU vivieran la situaci贸n de Irak, es decir, si los 鈥渙rientales鈥 se tomaran el poder clausurando el capitalismo financiero, destruyendo el orden policial e instituyendo tribunales populares, 驴tendr铆a que ser intervenido? Y la respuesta, como sabemos, es no: EEUU no puede ser intervenido pues es completamente auto-suficiente. Como un Dios, no necesita de nadie salvo para cumplir sus intereses.

 

Por eso, Batman (y los superh茅roes en general) no es m谩s que la figura de la soberan铆a donde 茅sta sigue significando lo que ya indicaba Schmitt, a saber, que 鈥渟oberano es quien decide sobre el estado de excepci贸n鈥. Como tal, Batman 鈥攓ue es tambi茅n la figura del 谩ngel guardi谩n鈥 est谩 dentro y fuera de la ley, act煤a en las sombras como Batman y en la luz como Bruce Wayne. Dos caras de un mismo dispositivo: Batman-Wayne, la sombra y la luz, el exterior y el interior, la violencia fundadora y la violencia conservadora del derecho. Y, como todo 谩ngel no s贸lo est谩 alado, sino que adem谩s, asume una funci贸n ministerial muy precisa, a saber, gestionar el orden de la ciudad.

 

Sin embargo, a diferencia de Schmitt, para quien la decisi贸n soberana ten铆a un car谩cter pol铆tico-estatal, la soberan铆a ejercida por Batman tiene un car谩cter enteramente econ贸mico-gestional: ser谩 el capitalismo financiero, la polic铆a y las propiedades de Bruce Wayne lo que este 谩ngel restituir谩. Se advertir谩, pues, que Batman no responde sino a la antigua figura del sheriff. Pero 驴qu茅 es un sheriff, sino una instituci贸n cuya genealog铆a se encuentra en la otrora figura del dictador comisarial romano, pero que en nuestro tiempo asume la forma econ贸mico-gestional del sheriff que todo lo interviene pero que 茅l mismo no puede ser intervenido? Porque 驴no es el sheriff una figura propia de la seguridad interior del Estado, un polic铆a? Y por eso 驴no es precisamente la polic铆a el paradigma de la guerra por el presente?

 

2.- La figura de Batman nos permite ver que en la actualidad la estructura operativa con la cual Schmitt piensa la soberan铆a se mantiene inc贸lume (la estructura que decide sobre la excepci贸n). Sin embargo, 茅sta se ha emancipado de la forma pol铆tico-estatal rearticul谩ndose en una soberan铆a econ贸mico-gestional de car谩cter global. M谩s precisamente: la soberan铆a sigue operando, pero ya no enclavada en la forma propiamente pol铆tica del Estado-nacional, sino en su forma gubernamental de la econom铆a global.

 

A esta luz, la soberan铆a sigue siendo lo que ha sido siempre, a saber, la hip茅rbole de la acumulaci贸n, el punto quiasm谩tico a trav茅s del cual se despliega el capital. Sin embargo, a diferencia de los tiempos de Marx en que a煤n la soberan铆a del capital pod铆a esconderse tras los velos 鈥渋deol贸gicos鈥 del Estado, dichos velos ya no tienen lugar, dado que durante todo el siglo XX la asunci贸n del paradigma econ贸mico por parte de la pol铆tica ha devenido realidad: primero bajo el modelo keynesiano, luego bajo el modelo neoliberal.

 

Este 煤ltimo modelo articula toda la pol铆tica en base al paradigma econ贸mico: el llamado goverment by consent de las democracias liberales actuales, la sociolog铆a transitol贸gica (versi贸n renovada de la otrora concepci贸n socialdem贸crata de la historia) y lo que, a falta de un mejor t茅rmino, llamar茅 las guerras gestionales de car谩cter global, configuran la consumaci贸n de dicho proceso. Su efecto m谩s prominente es que la producci贸n de signos del poder pasa esencialmente por el registro de la econom铆a o, lo que es igual, que la econom铆a se ha transformado en el paradigma de toda acci贸n pol铆tica.

 

Deteng谩monos en el problema de la 鈥済uerra gestional鈥 que es precisamente la guerra ejecutada por Batman y que los 谩rabes de hoy han visto actuar tanto en el despliegue policial de sus dictaduras como en las diferentes intervenciones ejecutadas durante estos a帽os por EEUU y la OTAN.

 

Seg煤n Badiou, la nueva configuraci贸n de la guerra en su versi贸n 鈥済estional鈥 supone que 茅sta se vuelve incapaz de constituir un presente. Y esto, porque la perpetuaci贸n de la duraci贸n indefinida no es m谩s que la caracter铆stica que define a la circulaci贸n misma del capital. La guerra dura porque dura el capital. La guerra es dura por su perpetua duraci贸n y, porque la duraci贸n indefinida, no es m谩s que la estructura temporal del capital. A esa duraci贸n perpetua George W. Bush le dio un nombre apasionante: 鈥渏usticia infinita鈥.
Con esta justicia, los justicieros se garantizan a s铆 mismos, el estar persiguiendo al mal por toda la eternidad.

 

As铆, la diferencia entre guerra y paz que hab铆a sido definida desde el tratado de Westfalia en 1648 y respecto del cual tanto Hobbes como Rousseau reservaban una lealtad en sus propios sistemas filos贸ficos, es completamente quebrantada. M谩s precisamente: se podr铆a decir que si las guerras estatales de corte westfaliano a煤n se basaban en la conquista del territorio en funci贸n de su ocupaci贸n, las guerras gestionales se proyectan en funci贸n de un poder de normalizaci贸n.

 

Hoy se trata de normalizar y no de conquistar. Se trata de convertir a un pueblo entero en una poblaci贸n, es decir, en un conjunto de vidas biol贸gicas estad铆sticamente administrables, prescindiendo as铆 del peligro del pueblo. Es precisamente en relaci贸n al juego estrat茅gico por la normalizaci贸n global que, seg煤n Badiou, la guerra contempor谩nea no hace m谩s que operar en funci贸n de la destrucci贸n del presente. Precisamente por eso es que la intifada ha puesto en vilo a dicha operaci贸n normalizante, abriendo al mundo de lo posible cuyas formas pol铆ticas surgen desde tahrir y no desde las oligarqu铆as financieras de Bruce Wayne.

 

3.- Ahora bien, quiz谩s las intifadas se inscriban como el 煤ltimo de tres momentos de esta guerra gestional que, seg煤n me parece, han caracterizado las dos 煤ltimas d茅cadas que han seguido a la ca铆da del Muro de Berl铆n.

 

a) Un primer momento que lo calificar铆a con el t茅rmino 鈥渢riunfo鈥. Tiene lugar, a finales de los a帽os 80 y el muro de Berl铆n se desploma, as铆 como tambi茅n, como un juego de naipes, la totalidad de las rep煤blicas socialistas. El triunfo es la 茅poca en que la tesis hegelo-kojeviana encuentra interpretaci贸n en los intelectuales neoliberales como Francis Fukuyama, seg煤n el cual, la democracia neoliberal constitu铆a el final de la historia. EEUU se proyecta as铆, como el final del t茅los hist贸rico de la humanidad y como 煤nica potencia capaz de ordenar al mundo.
Dos hitos vienen a confirmar dicha hegemon铆a: en primer lugar, la invasi贸n a Panam谩 en funci贸n del derrocamiento de Noriega acusado de tr谩fico de drogas, caso 茅ste, que adelantaba el modus operandi que tendr铆a EEUU respecto de los pa铆ses 谩rabes; en segundo lugar, el desencadenamiento de la Guerra del Golfo que, como un efecto, de la otrora guerra Ir谩n-Irak, EEUU se posiciona a trav茅s del establecimiento de alianzas diversas tanto con otros pa铆ses como con las m谩s importantes instituciones supranacionales (OTAN, ONU). Con ello, los EEUU se asoman al mundo triunfalmente como el 煤nico y absoluto amo.

 

b) Un segundo momento, lo caracterizar茅 bajo el t茅rmino 鈥渢error鈥. Este habr铆a comenzado a tener lugar desde finales de la administraci贸n Clinton (finales de los a帽os 90), pero encuentra su paroxismo el a帽o 2001 con el atentado al World Trade Center. A partir de ah铆, la administraci贸n Bush hijo actuar谩 a nivel global bajo un paradigma 鈥渕on谩rquico鈥 que, en su car谩cter excepcionalista podr谩 decir: 鈥渙 se est谩 con nosotros o se est谩 contra nosotros鈥. As铆, el paradigma mon谩rquico que opera en este segundo momento proyectaba a EEUU como un poder unipolar que ejerc铆a sus derechos con independencia de cualquier tipo de alianza.
En particular, me parece que la alianza con Europa aqu铆 se corta parcialmente as铆 como tambi茅n la estrategia estadounidense se dirige al objetivo de desarticular pol铆ticamente a Europa, reduci茅ndola a una dimensi贸n estrictamente econ贸mica. Esa desarticulaci贸n pol铆tica de Europa quiz谩s tuvo a la segunda Guerra del Golfo del a帽o 2003 como su arma m谩s prominente.

 

c) Un tercer momento que ser铆a el que estamos viviendo actualmente y que podr铆amos llamar el de la 鈥渞ebeli贸n鈥. La trompeta que lo anuncia fue inaugurada por las revueltas 谩rabes. No obstante sus diferencias importantes, me parece que perviven tres elementos que les son comunes y que caracterizar铆an a este nuevo ciclo pol铆tico post-Muro de Berl铆n:

 

I. En primer lugar, 茅stas revueltas no tienen una vocaci贸n fundacionalista, sino m谩s bien, asumen un car谩cter enteramente interruptivo. Con ello, 茅stas plantean las condiciones de posibilidad para un nuevo orden, pero exceden a ese mismo nuevo orden al que ellas abren. Como hemos explicado, si la circulaci贸n del capital remite a un movimiento de dilaci贸n infinita perpetu谩ndose en funci贸n de un 鈥渢iempo homog茅neo y vac铆o鈥 y destruyendo as铆 a todo presente, el rel谩mpago intifadista implica una verdadera contracci贸n del tiempo reivindicando al presente en su m谩s radical inmanencia.
En el l茅xico teol贸gico, se podr铆a decir que lo que est谩 en conflicto es la l贸gica del 谩ngel que s贸lo administra el mundo (la circulaci贸n del capital y su guerra gestional) y la l贸gica del mes铆as que ingresa para la salvaci贸n (las intifadas 谩rabes). El conflicto entre la funci贸n ang茅lica y la funci贸n mesi谩nica, entre la vocaci贸n ministerial de Batman y la irrupci贸n mesi谩nica de tahrir, entre las oligarqu铆as 鈥済locales鈥 y los movimientos sociales tambi茅n de car谩cter 鈥済local鈥.

 

II. En segundo lugar, las revueltas a nivel mundial llevan consigo una coincidencia epocal: todas a su modo, interpelan a las formas contempor谩neas de la soberan铆a impuesta hace ya 40 a帽os. La relaci贸n entre la guerra de 1967 en el mundo 谩rabe y el golpe de Estado de 1973 en Chile no es una simple coincidencia epocal, sino que remite a la consumaci贸n de la modelizaci贸n econ贸mica de la pol铆tica en lo que com煤nmente se conoce como 鈥渘eoliberalismo鈥. El ciclo pol铆tico que gracias a las revueltas de hoy podemos comenzar a reconocer ir铆a desde finales de los a帽os 60 hasta principios del 2011 donde se anuncia la posibilidad de su fin.
Dicho en otros t茅rminos, lo que est谩 en juego en las intifadas no es simplemente un gobierno, sino la forma misma de la gobernabilidad a nivel global. Quiz谩s esto sugiera que estas intifadas no s贸lo remiten a la herencia legada por la intifada palestina de 1987, sino tambi茅n, a las revueltas que tuvieron lugar en Occidente all谩 por Mayo del 68. La estructura de estos movimientos es exactamente la misma: no se trata necesariamente de derrocar a un gobierno, sino de poner en jaque las formas vigentes de gobernabilidad.
Por esta raz贸n, nuestro tiempo no est谩 simplemente viviendo una crisis de representaci贸n, sino un agudo problema de representabilidad. Porque lo que est谩 en juego es que la irrupci贸n intifadista ha puesto en crisis a la misma capacidad del paradigma econ贸mico-gestional para dar forma pol铆tica. Y entonces, el enorme abismo que se nos abre consiste atender que la exigencia ser谩 por la invenci贸n de nuevas formas pol铆ticas, diferentes a aquellas que nos propone el paradigma econ贸mico-gestional de la raz贸n neoliberal. Estamos en medio del conflicto. No hay vencedores ni vencidos a煤n. Quiz谩s no lo haya por mucho tiempo. Pero la fisura ya est谩 abierta.

Ahora bien, el momento de la 鈥渞ebeli贸n鈥 implica un cambio en las estrategias de seguridad implementadas por los EEUU. Si en el momento del 鈥渢error鈥 los EEUU funcionan en base a un paradigma mon谩rquico que consist铆a en declarar el estado de excepci贸n a nivel global suspendiendo as铆 cualquier legislaci贸n internacional vigente, el momento de la 鈥渞ebeli贸n鈥 se da en medio del cambio de dicha estrategia hacia aquella que funciona en base a un paradigma olig谩rquico que Obama llam贸 鈥渕ultilateralismo鈥 y que consiste en que frente a cualquier problema de seguridad global (es decir, nacional), los EEUU operan estableciendo alianzas con las oligarqu铆as mundiales y sus instituciones supranacionales. En este contexto, la visita del reci茅n electo presidente Obama a la Universidad egipcia de Al Azhar en el a帽o 2009 esboza el marco general de la nueva estrategia. Pero, no ser谩 hasta que irrumpe la primavera 谩rabe que dicho paradigma se pondr谩 en cabal funcionamiento.

En efecto, el movimiento olig谩rquico de los EEUU se consuma en la Cumbre de Par铆s donde Hillary Clinton se re煤ne con los presidentes de Europa encabezados por Francia, a prop贸sito de las revueltas 谩rabes en general, y de la situaci贸n Libia en particular. La estrategia olig谩rquica se expresa aqu铆 en que los EEUU se reservan el derecho a al decisi贸n a la intervenci贸n, pero 茅ste la ejecuta a trav茅s de mediadores como Francia en el caso Libio o Arabia Saud铆 en el caso Sirio. Por eso, desde el paradigma olig谩rquico que comienza a funcionar desde la segunda administraci贸n Bush, ya no veremos necesariamente tanques estadounidenses entrar a alg煤n territorio toda vez que 茅ste obedec铆a al otrora paradigma mon谩rquico, pero s铆 al punctum soberano en el que se ejecuta una coordinaci贸n policial de car谩cter global como el modo en que opera el actual paradigma olig谩rquico.

 

III. En tercer lugar, la transformaci贸n de las pasiones pol铆ticas. Si el rel谩mpago intifadista ha sido posible es porque se constituy贸 en un dispositivo capaz de transformar al terror en coraje. Si el terror no es m谩s que la experiencia de la par谩lisis, el coraje lo es de la acci贸n. El terror enmudece, el coraje habla. El terror miente, el coraje dice la verdad. El terror es la pasi贸n de la guerra, el coraje es la pasi贸n de su revocaci贸n. El terror no sue帽a m谩s que con la muerte, la tortura, la desaparici贸n, el coraje sue帽a con la vida, el tacto, la pol铆tica. El terror intenta borrar el nombre de los muertos, el coraje se propone recordarlos. El terror es el ejercicio de la polic铆a, el coraje es el ejercicio de la ciudadan铆a. El terror es el reino de los m谩s fuertes, el coraje es la tierra de los justos. El terror clausura el tiempo hist贸rico, el coraje lo abre hacia la inmanencia del presente.
El relampagueo intifadista que tiene lugar desde el 2011, ha hecho que los 谩rabes dejen atr谩s al terror para afirmarse en el coraje. Con ello, han dicho la verdad sobre s铆 mismos. Y han experimentado la felicidad de la rebeld铆a, el goce de su resistencia. A trav茅s de su propia intifada, han trazado su genealog铆a. Y han dicho: 鈥渉emos sido esto, pero no queremos ser m谩s as铆. Queremos vivir de otro modo鈥. Esta constituye la premisa 茅tica de toda rebeli贸n del presente. Y nuestras intifadas no son aqu铆 la excepci贸n.

 

3.- Despu茅s de Batman

驴Habr谩 un despu茅s de Batman? M谩s all谩 de haber derrocado o no a un gobierno, m谩s all谩 de haber triunfado o no, el rel谩mpago intifadista ha puesto en jaque a la guerra gestional contempor谩nea. Ning煤n gobierno que asuma despu茅s de tahrir podr谩 hacer caso omiso a ella. Pase lo que pase, la intifada ya abri贸 las condiciones para cerrar el ciclo pol铆tico iniciado con la guerra de 1967. Pase lo que pase, la intifada ya anunci贸 a la 茅poca despu茅s de Batman.

 

Lo que suceda despu茅s es absolutamente variable y totalmente impredecible. Toda proyecci贸n que se pretenda hacer de este proceso se ver谩 en la exigencia de problematizar a las categor铆as con las que habitualmente trabajamos. Porque quiz谩s, las intifadas sean el testimonio de la implosi贸n radical de nuestras categor铆as pol铆ticas. Una implosi贸n de la que cierta filosof铆a ha tomado nota y que se ha visto enfrentada al mismo abismo que deja entrever a la pregunta m谩s radical de todas: 驴que significa actuar pol铆ticamente?

 

El rel谩mpago intifadista hace imposible la explicaci贸n causal, del mismo modo que vuelve insensata toda predicci贸n. Sin embargo, es posible pensar en torno a sus efectos de remoci贸n. A esta luz, me parece 煤til plantear tres posibles v铆as de reflexi贸n que resultan imprescindibles para proyectar lo que pueda tener lugar de aqu铆 en adelante.

 

I.- Palestina o la 鈥渃osa鈥.
驴Que es palestina? Palestina 鈥攕e podr铆a decir鈥 es la 鈥渃osa鈥. La cosa como aquello que excede a todo r茅gimen de representaci贸n. La cosa es lo irrepresentable, una vida que secretamente nos atraviesa, pero que nadie es capaz de atender. Palestina es el lugar de la resistencia: en cuanto cosa, 茅sta resiste su incorporaci贸n a toda representaci贸n. Palestina no es cuerpo. Es carne, goce infinito de una resistencia ejercida desde el subterr谩neo del mundo.

 

Frente a m谩s de 60 a帽os de ocupaci贸n Palestina sigue siendo la cosa para el Estado de Israel. Por m谩s que se consolide la construcci贸n de un muro, por m谩s que se ejerza el exterminio sistem谩tico y por m谩s que los EEUU apoyen incondicionalmente dichas pol铆ticas y que la llamada 鈥渃omunidad internacional鈥 contemple con impotencia esta realidad, Palestina no dejar谩 de ser la cosa. Proliferar谩 como el monstruo que, creciendo al interior del Estado israel铆, no har谩 m谩s que excederle completamente.

 

En este marco, Palestina es la cosa que molesta a toda la regi贸n. Es su punto cero, all铆 donde la ley se resuelve en pura excepci贸n y donde los diferentes pa铆ses 谩rabes, habiendo renunciado al panarabismo desarticulado desde la guerra de 1967 por la consolidaci贸n de la hegemon铆a israel铆, han hecho lo posible por olvidar a los palestinos. Olvido que se expresar铆a en el tratamiento humanitario que perpet煤a a la guerra gestional antedicha y que llevar铆a consigo la renuncia a una soluci贸n propiamente pol铆tica de la 鈥渃uesti贸n鈥. Pero que Palestina sea la cosa del mundo 谩rabe implica que 茅sta lleva consigo la signatura de la resistencia pol铆tica. El lugar que, por la mutilaci贸n de sus cuerpos, por las marcas del conflicto, por los efectos del f茅rreo control israel铆, no deja de luchar por un presente: 鈥渓a vida est谩 aqu铆鈥 escrib铆a Darwish.

 

Llevar la signatura de la resistencia es lo que hizo que los primeros d铆as de las revueltas en la plaza tahrir se exhibieran pancartas con el rostro de Mubarak pintado con la estrella de David en la frente. La complicidad de los reg铆menes 谩rabes para con Israel puede verse en la siguiente escena: la construcci贸n del muro de apartheid erigido desde el a帽o 2003 s贸lo fue posible por la colaboraci贸n egipcia. Pero, por otro lado: hoy cuando el gobierno sirio ha aplicado todo su arsenal b茅lico contra gran parte de su propio pueblo, no deja de resultar ir贸nico que dicho arsenal jam谩s haya sido utilizado contra Israel.

 

A los Al Assad, como antes a Hussein en Irak, jam谩s les interesaron los palestinos salvo como la vacuidad de una ret贸rica cuyo clivaje s贸lo entusiasma a una cierta 鈥渆tno-izquierda鈥 rid铆cula en su cr铆tica y absolutamente ingenua en su defensa del r茅gimen. De esta forma, si despu茅s de los conflictos de 1967 y 1973 el Egipto de Mubarak colabor贸 con Israel perteneciendo a la 贸rbita ideol贸gica estadounidense, la Siria de Bashar Al Assad colabor贸 precisamente no colaborando, a trav茅s de una pol铆tica de indiferencia orquestada desde la otrora 贸rbita sovi茅tica. Para ambos, la cuesti贸n palestina fue siempre el puntal de una molestia que hab铆a que reducir a un problema 鈥減alestino-israel铆鈥 y ya no a un problema 鈥溍abe-israel铆鈥.

 

A pesar de esos intentos de reducci贸n que tuvieron lugar a principios de los a帽os 90 cuando un indignado Edward Said criticaba a la nueva Autoridad Nacional Palestina arguyendo que, con ello, los palestinos se hab铆an quedado como un 鈥減ueblo hu茅rfano鈥, es que la 鈥渃uesti贸n palestina鈥 se mantuvo en la conciencia nacional 谩rabe como el testimonio de la resistencia en favor de la liberaci贸n nacional.

 

En otros t茅rminos, la molestia de la 鈥渃osa鈥 Palestina se debe a que 茅sta, en su simple p谩lpito, condensa la esperanza truncada de los pueblos 谩rabes. Palestina es la imagen de la resistencia nacional 谩rabe. Por eso, si Palestina es el exceso es porque no solamente excede geogr谩ficamente con los millones de refugiados que pululan por la regi贸n, o las di谩sporas que exigen su derecho al retorno, sino que tambi茅n, excede imaginariamente desde la conciencia nacional 谩rabe hacia las diferentes regiones a nivel global: en la medida que la cosa Palestina irrumpe en el seno de Israel, irrumpe por tanto, como una pieza clave para los intereses de EEUU en la regi贸n.

 

En efecto, Palestina es lo que no ha dejado de molestar a los EEUU, al punto que por cada elecci贸n que all铆 se celebra los candidatos han de declarar su posici贸n respecto de dicho conflicto. As铆, por m谩s que los poderes hegem贸nicos hayan intentado reducir el problema a un asunto 鈥減alestino-israel铆鈥 o incluso 鈥渢errorismo musulm谩n-israel铆鈥 la excedencia de Palestina irriga a nivel regional y global. 驴O acaso es un hecho aislado el que recientemente varios gobiernos de Am茅rica Latina hayan apoyado la moci贸n palestina para tener un territorio ajustado a las fronteras de 1967 como lo demanda la ONU? Que esto haya sido as铆, muestra que la cuesti贸n palestina excede a todo territorio e interpela al modo como se ha configurado el orden mundial no s贸lo despu茅s de la Segunda Guerra Mundial (precisamente cuando se crea el Estado de Israel en el a帽o 48) sino tambi茅n, a como se han constituido los referentes hegem贸nicos consolidados a nivel regional desde la guerra de 1967.

 

Por esta raz贸n, todo lo que ocurre en Palestina impacta en la regi贸n. Porque Palestina es la imagen que no s贸lo denuncia la complicidad de los diferentes pa铆ses 谩rabes para con Israel, sino tambi茅n, la de su propia Autoridad Nacional. Palestina se abre as铆 como uno de los n煤cleos de esta revuelta, lo cual implica que cualquier cambio democratizador que se pretenda en la regi贸n requerir谩 de un cambio de actitud por parte de Israel: de partida 鈥攃omo un m铆nimo exigible鈥 que respete la resoluci贸n 242 y la 338 estipuladas por el Consejo de Seguridad de la ONU y que se someta al derecho internacional; de llegada 鈥攃omo un m铆nimo posible鈥 la des-sionizaci贸n del proyecto ideol贸gico Israel铆.

 

Quiz谩s, estas dos condiciones podr铆an abrir la posibilidad de una co-existencia de una comunidad pol铆tica abierta a lo otro de s铆. Ya sea la de un Estado bi-nacional, ya sea la de una zona sin Estado, tal como de suyo, viven miles de palestinos hoy. 驴Acaso hemos de desechar este horizonte simplemente porque las condiciones actuales lo hacen imposible? Pero si es tan imposible como se dice 驴por qu茅 茅stas pueden ser pensadas?

 

II.- Nuevos referentes hegem贸nicos
Si el rel谩mpago intifadista ha podido tener lugar hoy es porque al interior del orden mundial de corte neoliberal que hab铆a nacido desde principios de los a帽os 70, se ha producido una fisura entre dos ejes que pugnan por la hegemon铆a global. Dicho en el l茅xico schmittiano, estamos en presencia de una 鈥渆nfrentamiento por los grandes espacios鈥: por un lado, el eje de los EEUU y la OTAN que ejercen su poder pol铆tico (militar) pero que ha visto su poder econ贸mico desafiado, y por otro lado, el eje de la Federaci贸n Rusa y China que exigen mayor cuota de poder pol铆tico toda vez que han visto su poder econ贸mico acrecentado. As铆, lo que est谩 teniendo lugar es una lucha global por la posibilidad de articular nuevos referentes hegem贸nicos.

 

A nivel regional, esto se advierte en la inquietud israel铆 respecto de Turqu铆a, Ir谩n y el destino de Egipto. Porque articular estos tres referentes en la regi贸n implicar谩 necesariamente cuestionar la posici贸n israel铆 que desde 1967 ha estado inc贸lume. Que estos nuevos referentes puedan tener lugar supone proyectar al mundo en un nuevo escenario multipolar que un ya derrotado Carl Schmitt alcanz贸 a denominar bajo la escalofriante f贸rmula de la 鈥済uerra civil mundial鈥.

 

Se abren aqu铆, preguntas decisivas: si en lo inmediato estamos condenados a una dicotom铆a entre un capitalismo estadounidense y un capitalismo Ruso-Chino 驴no tendr铆amos que pensar un tercer lugar que pueda contrarrestar los efectos del enfrentamiento de ambos ejes? Quiz谩s, ese tercer lugar pueda ser Europa. Tantas veces asesinada, tantas veces capturada por su propio talante fratricida 驴podr谩 Europa convertirse en una entidad pol铆tica 鈥攜 no simplemente econ贸mica como la actual UE鈥 capaz de articular ese tercer eje? Y m谩s a煤n: 驴no debiera contener dicho eje a Am茅rica Latina tambi茅n, si acaso 茅sta se proyecta como un referente no menor en el actual conflicto global?

 

Ahora bien, la posible articulaci贸n de nuevos referentes hegem贸nicos resulta interesante toda vez que implica que lo que se est谩 fisurando es precisamente el complejo 鈥減ol铆tica-econom铆a鈥 que hab铆a sido rearticulado bajo la 茅gida neoliberal. Y precisamente, en medio de la fisura producida por el enfrentamiento de los dos ejes por los grandes espacios, surgen las intifadas como el verdadero sujeto pol铆tico que, no s贸lo ha derrocado gobiernos, sino que ha interpelado a una forma de gobernar impuesta en la regi贸n desde la guerra de 1967.

 

III. Pol铆tica de la invenci贸n
Lo dec铆amos antes. Si es cierto que nuestro tiempo no es m谩s que la consumaci贸n de la modelizaci贸n por parte de la pol铆tica del paradigma econ贸mico capitalista y que por ello, la econom铆a se transforma en un modo de producci贸n de signos del poder cuyo r茅gimen de representaci贸n ha comenzado a mostrar su crisis, entonces la exigencia para las intifadas es si acaso 茅stas ser谩n o no capaces de producir una nueva representaci贸n pol铆tica diferente del r茅gimen de representaci贸n neoliberal.

 

Se trata de inventar nuevas formas pol铆ticas y, con ello, des-bancar las del antiguo r茅gimen. Este 煤ltimo no se agotar谩 s贸lo. Se requerir谩 que las intifadas se armen no s贸lo de invenci贸n pol铆tica, sino tambi茅n, de una pol铆tica de la invenci贸n. Y si de inventar se trata, requerimos inventarnos un presente que quiz谩s, s贸lo tahrir podr谩 d谩rnoslo.

 

Si bien, la exigencia por una pol铆tica de la invenci贸n de nuevas formas, se abre como el horizonte pol铆tico de las intifadas, habr谩 que insistir en que 茅stas parecen constituir el paradigma de la pol铆tica por venir. De modo inmediato, los efectos del rel谩mpago intifadista ya se ha dejado notar en varios casos que est谩n en curso:
la monarqu铆a marroqu铆 ha sido conducida a realizar reformas constitucionales,
Egipto ha celebrado elecciones con el triunfo por vez primera en su historia reciente de un candidato perteneciente a los Hermanos Musulmanes y est谩 por verse la posibilidad de proyectar una asamblea constituyente,
T煤nez ha articulado una asamblea constituyente en el triunfo de Al Nahda y en Arabia Saud铆, de la que tenemos muy poca noticia, hubo manifestaciones al principio pero entre la represi贸n ejercida y la focalizaci贸n de las pol铆ticas sociales, parece que, por ahora, terminaron por neutralizar las revueltas;
en Palestina, las revueltas de j贸venes hicieron que, al menos por un momento, las dos fuerzas pol铆ticas Ham谩s y el Fatah articular谩n una m铆nima pol铆tica com煤n para enfrentar el 芦apartheid禄 israel铆 (no obstante, posteriormente, ambas fuerzas reaccionaron en contra de los intifadistas aplicando la represi贸n). Sin embargo, Libia y sobre todo Siria han visto c贸mo el lugar abierto por la intifada era ocupado por una guerra civil. 驴Sobrevivir谩 la intifada a la guerra civil, es decir, sobrevivir谩 a la violencia a la que ella misma dio lugar?

 

Los efectos de la intifada han sido m煤ltiples, en los que me parece, ser铆a posible situar dos polos antit茅ticos entre los cuales tiene lugar una mayor o menor gradaci贸n de los efectos: la asamblea constituyente en T煤nez y la guerra civil en Siria. En este campo, los efectos no s贸lo han tenido un car谩cter interno a cada pa铆s, sino que tambi茅n han jugado a nivel regional en el espacio inter-谩rabe: la intervenci贸n del eje saud铆-qatar铆 en siria, la incre铆ble 鈥減restaci贸n鈥 de servicios policiales saud铆es a Bahrein para contener las revueltas, los silenciosos y milimetrados bombardeos israel铆es en Gaza que aprovechan el p谩nico regional, el uso de mercenarios venidos de Chad por parte de Gaddafi para defender su gobierno, y todo ello, con una incesante potenciaci贸n de las intifadas a nivel regional.

 

No puedo dejar de subrayar un problema clave del cual depender谩 el destino pol铆tico de varios de los pa铆ses en revueltas: el ej茅rcito. Libia, Egipto y Siria, son casos diferentes de posicionamiento del ej茅rcito: en Libia 茅ste se repart铆a entre las familias que ocupaban el poder, por lo cual, a la m谩s m铆nima resistencia, el r茅gimen naufrag贸 con un ej茅rcito que en la pr谩ctica nunca tuvo un car谩cter de clase.

 

En Egipto, donde el ej茅rcito es propietario de un 芦h贸lding禄 que controla el 30 % de la econom铆a egipcia y que adem谩s est谩 financiado por capitales estadounidenses (1.500 millones de d贸lares al a帽o), 茅ste se ha convertido en el verdadero pilar del Estado egipcio puesto que ha actuado defendiendo sus prerrogativas de clase institucional.

 

En Siria, donde a diferencia del egipcio no es un ej茅rcito secular, sino uno enteramente confesional de car谩cter alaw铆, la cohesi贸n con el gobierno resulta m谩s decisiva toda vez que el ej茅rcito y el gobierno configuran los poderes f谩cticos de la actual oligarqu铆a alaw铆. Este 煤ltimo factor redunda en el nivel de cohesi贸n entre ej茅rcito y gobierno, algo en lo que difiere enteramente con el caso egipcio y el caso libio. El lugar que tiene el ej茅rcito al interior de las sociedades 谩rabes quiz谩s constituya el problema m谩s decisivo que las intifadas tendr谩n que enfrentar.

 

El rel谩mpago intifadista hace imposible la explicaci贸n causal, del mismo modo que vuelve insensata toda predicci贸n. Heredera de un proceso subterr谩neo de a帽os, en que la articulaci贸n pol铆tica sin representaci贸n, termin贸 en la implosi贸n de un rel谩mpago que anuncia no tanto los encantos de una primavera, como las se帽as de una larga tormenta. Es cierto que la intifada a煤n no termina de transformar a las sociedades 谩rabes, pero al menos, ya ha situado sus condiciones.

 

De un momento a otro, las intifadas se volvieron el apriori hist贸rico sobre el cual se levanta nuestra 茅poca. Una 茅poca que a煤n no tiene una representaci贸n de s铆 misma, y que no mira m谩s que el abismo en el que se angustia de caer. Sin embargo, el abismo somos nosotros. Nosotros en nuestra desnudez. Nosotros en la in-fancia que nos atraviesa. Nosotros volcados hacia la absolutez del presente.

 

Quiz谩s, el poeta palestino Mahmud Darwish comprendi贸 perfectamente en que consiste dicho presente cuando el 煤ltimo verso de su poema Estado de sitio escribi贸:
鈥淟a paz es cantar la vida aqu铆, en la vida, pulsando la cuerda de una espiga鈥.
Agosto de 2012
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Bibliograf铆a
Nazih Ayubi 芦El islam pol铆tico禄.
M谩ximo Campanini 芦Islam y pol铆tica.禄
Giorgio Agamben 芦Nudit谩禄, p. 11.
Jean-Luc Nancy 芦La verdad de la democracia禄, p. 29.
Michel Foucault 芦Nacimiento de la biopol铆tica禄.
Alain Badiou 芦Filosof铆a del presente禄, p. 20.
Toni Negri, 芦La multitud y la guerra禄.
En principio, el problema de la 鈥減oblaci贸n鈥 resulta aqu铆 central. La tasa de natalidad israel铆 es muy inferior a la palestina.
Cornelius Castoriadis 芦La Guerra del Golfo reconsiderada禄.
鈥斺
* Fil贸sofo.
En www.g80.cl

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