Ene 31 2013
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CulturaOpini贸n

Las trampas de autocalificarse: educaci贸n y empoderamiento

empod1驴Cu谩nto en la crisis de la educaci贸n tiene que ver con el borroneado l铆mite entre las siguientes dos categor铆as que, en otros tiempos, eran duramente distintas: estar calificado para algo, y 鈥渟entirse鈥 calificado para algo? Hay una palabreja de dudosa catadura: empoderamiento [que viene al caso]. | ALDO MAZZUCCHELLI.*

 

En principio, es meramente un anglicismo, mejor dicho un engendro l茅xico de mala calidad tomado del ingl茅s empowerment. El concepto empez贸 en el mundo intelectual anglosaj贸n por algunos c铆rculos de pensamiento sobre g茅nero y minor铆as, en donde la idea misma de aumentar el poder y la autoconfianza de grupos y personas hist贸ricamente oprimidas era excelente, y pertinente.

 

Si se lo mantuviese all铆, sin llevarlo m谩s all谩 de sus l铆mites genuinos, no habr铆a nada m谩s que buenas cosas que decir sobre 茅l; pero una vez que se acu帽a un concepto, 茅ste se extiende como la mala yerba, y enseguida hay mucha gente que, en lugar de considerarse persona, o individuo, encuentra terreno f茅rtil para considerarse oprimido o minor铆a, y con derecho a 芦empoderarse禄 de cualquier manera.

 

Entonces, la idea de empoderarse empieza a mezclarse con ideologemas de lo m谩s perniciosos para la salud mental, 鈥渆spiritual, pol铆tica y social de las personas o las comunidades鈥, como dice una definici贸n de la palabreja en cuesti贸n que puede consultarse en Wikipedia y que es de vil factura. Dice:
empod2鈥淓mpoderamiento聽o聽apoderamiento, se refiere al proceso por el cual las personas aumentan la fortaleza espiritual, pol铆tica, social o econ贸mica de los individuos y las comunidades para impulsar cambios positivos de las situaciones en que viven. Generalmente implica el desarrollo en el beneficiario de una confianza en sus propias capacidades.鈥
[Art铆culo completo aqu铆]

 

El empoderado que escribi贸, a trompicones por lo que se ve, la definici贸n citada, no nos explica cu谩l es exactamente, en este caso, la diferencia entre 鈥減ersona鈥 e 鈥渋ndividuo鈥. No nos dice si es sustancial, o cosm茅tica, o si es lo mismo, en cuyo caso el individuo, que al parecer es adem谩s persona, se toma por sus propios pelos y se levanta a s铆 mismo el 谩nimo, los derechos pol铆ticos, o su estatus social.

 

Fuera de sus l铆mites originales la pr谩ctica amateur de tal 鈥渆mpoderamiento鈥 ayuda mucho a que en un mundo en el cual la persona, internet mediante, no es cognoscible, controlable ni comprobable, los saberes y capacidades profesionales genuinos cada vez se divorcien m谩s del hecho de tener una voz autorizada en la comunidad. En un tiempo, para tener una voz p煤blica hab铆a, antes, que educarse un poco. Ahora, alcanza m谩s bien con reclamar el derecho a hablar, o con encontrar una ret贸rica que empalague las creencias generales de la mayor铆a, no desafi谩ndola para que crezca 鈥攓ue es lo que generalmente hace quien sabe m谩s con quien sabe menos鈥 sino halag谩ndola en tales creencias, incluso las peores de ellas 鈥攓ue es exactamente lo que hace quien no tiene otra cosa que ofrecer, cada vez que quiere conseguir atenci贸n y estatus.

 

Educarse pasa a ser, insensiblemente as铆, no aprender algo que uno no sab铆a antes 鈥攅so cuesta esfuerzo, tiempo, y uno arriesga fracasar y no conseguirlo鈥, sino aprender las formas por las cuales uno, a partir de que se empodera, busca asegurarse el derecho a tener una voz tan fuerte como sea posible, aunque no sepa un 谩pice de nada en realidad.

 

Eso no cuesta, es instant谩neo, y basta con darse cuenta de un par de triqui帽uelas ret贸ricas (la simulaci贸n de una debilidad o la amenaza de una agresi贸n) que cualquier bicho dotado de signos aprende sin problemas, y que se puede extender y aplicar a casi toda situaci贸n, para obtener el mismo coactivo resultado.

 

Internet ha sido el gran empoderador de las masas antes privadas de toda voz. El presidente de M茅xico est谩 fascinado con el Plan Ceibal, y ha venido a Uruguay en persona a estudiarlo para implementarlo en M茅xico. Lo cual, considerando las diferencias de heterogeneidad social, tama帽o, violencia y exclusi贸n entre ambas naciones, es como decir que el primer ministro chino ha ido a estudiar c贸mo han solucionado los problemas del tr谩nsito en Luxemburgo, para aplicar lo mismo en su pa铆s.

 

Lo que aun no funciona en tal comparaci贸n, lamentablemente, es que Luxemburgo resolvi贸 sus problemas de tr谩nsito, mientras que Uruguay no resolvi贸 ning煤n problema educativo conocido con el Plan Ceibal, salvo el de lograr que el gobierno se venda a quienes ven el asunto de lejos como habiendo 鈥渆ncarado y resuelto los problemas de la exclusi贸n digital al estilo del siglo XXI鈥, o alguna frase 芦marketinera禄 semejante.
El Plan Ceibal puede que haya resuelto el problema de acceso a cierta tecnolog铆a b谩sica para todos, lo que no es poco, pero es distinto y no tiene relaci贸n inteligible con la educaci贸n.

 

Internet y el falso conocimiento
empod3Es que la insidiosa idea de que es a trav茅s de internet que se va a igualar y reincluir a 鈥渓os excluidos鈥 est谩 llena de triqui帽uelas. Una de las m谩s evidentes es la que hace una especie de metonimia espiritual, y considera que, porque le doy 鈥渓a herramienta鈥 de la ceibalita al ni帽o, tengo algo hecho en el camino de ayudar a esa persona a subir a un nivel humano superior.[1] Pero no es as铆, porque una de las primeras cosas que internet ense帽a, a trav茅s de la iteraci贸n infinita (en t茅rminos de contenido) de las redes sociales, es el f谩cil truco del empoderamiento de todos acerca de todo.
De ah铆 a empezar a considerar que educarse en serio quiz谩 no sea tan urgente, 驴qu茅 distancia hay?

 

Elias Aboujaoude, un psic贸logo que ha estudiado el asunto de los cambios de personalidad y sociabilidad ligados al presente entorno comunicativo, resume el problema en un pasaje que al principio parece un elogio a la democratizaci贸n que ha tra铆do internet, pero que bien le铆do tiene tambi茅n una advertencia fuerte respecto de lo que esta democratizaci贸n conlleva en otros niveles:
鈥淒ebido al modo en que esparce la informaci贸n, la internet iguala el campo de acci贸n, al juntar a gente cuyas vidas de otro modo no se intersectar铆an jam谩s, y cuyas voces, en casi cualquier otro entorno, tendr铆an cada una un peso espec铆fico muy distinto, este 煤ltimo en proporci贸n a su clase, raza, profesi贸n, o edad鈥.[2]

 

Internet ha sido, pues, el gran democratizador, nos dice el psic贸logo. Permite, como dice, que todas 鈥渓as voces鈥 sean escuchadas con independencia de casi cualquier otra consideraci贸n previa 鈥攃lase, raza, edad鈥. Pero tambi茅n profesi贸n.
Y este 煤ltimo es, precisamente, uno de los detalles a notar. Porque en el concepto mismo de 鈥渧oz鈥 hay algo m谩s que meramente ser capaz de hablar o escribir.聽 La idea de 鈥渧oz鈥 en el sentido de tener una voz p煤blica, implic贸 (antes de internet y la generalizaci贸n del seud贸nimo) una selecci贸n previa, y un trabajo previo sobre uno mismo.

 

El mismo Aboujade lo sintetiza en un p谩rrafo de su libro:

鈥淒e hecho, internet le confiere a la mayor铆a de nosotros un falso dominio del conocimiento, en la medida en que nos convence de que somos m谩s calificados, educados, o maduros de lo que es el caso. Al hacerlo, facilita un fen贸meno social potencialmente peligroso 鈥攍a disoluci贸n de las relaciones jer谩rquicas offline cuando se trata de informaci贸n, sean 茅stas entre ni帽o y padre, estudiante y profesor, paciente y doctor, o lego y experto鈥.[3]

 

No basta con sentirse calificado
Esta forma de ver el asunto es, qu茅 duda cabe, m谩s antip谩tica al empoderado contempor谩neo, y va sin duda en contra de cierta tendencia que internet ha consolidado. Internet, al tiempo que ha creado un entorno de comunicaci贸n m谩s colectivista y comunitario que nunca antes se hubiera visto, de modo que quien opina no soy realmente 鈥測o鈥 (pues quien opina es en general una interfaz dada por la suma de un seud贸nimo y un dispositivo de mediaci贸n que convierte 鈥渕i鈥 opini贸n en el mero input de un don nadie a una suma estad铆stica de significados impersonales), tambi茅n ha impulsado, quiz谩 para compensar, el ego hasta niveles nunca antes vistos.

 

El narcisismo m谩s rampante campea. Toda clase de intervenciones y exposiciones que en otro tiempo y en entornos de comunicaci贸n anteriores habr铆an sido consideradas del peor gusto, completamente falaces, o directamente impresentables, campean hoy en la comunicaci贸n general y aun se exhiben con orgullo. Al mismo tiempo, queda feo insinuar siquiera que debiera haber alguna defensa ante la nauseabunda exposici贸n del 煤ltimo poema cursi, la en茅sima repetici贸n del mismo 鈥減ensamiento profundo鈥 ya profundizado mil veces antes, o el 煤ltimo exabrupto proto-nazi de apoyo a mi equipo de f煤tbol y derogaci贸n de todos lo dem谩s.

 

Ir en contra de esas manifestaciones, insinuar siquiera que quiz谩 no valen la 铆nfima energ铆a el茅ctrica que cuestan, parece equivalente a 鈥渄esempoderar鈥 a alguien que no lo merece, pues es un ciudadano igual a los dem谩s y con derecho a hacer uso de su voz como le plazca.

 

Ya conoci贸 la humanidad fen贸menos parecidos, aunque nunca en esta escala. En el tiempo del primer barroco hist贸rico, quienes se consideraban cultos resent铆an la marea de nuevos sujetos que, desde el Renacimiento, estaban ingresando en el espacio p煤blico, y el sujeto se defend铆a autorepresent谩ndose a veces como mis谩ntropo o monstruoso ser imposibilitado de aceptar una entrada en el ca贸tico espacio p煤blico de la comunidad.

 

A fines del siglo XIX, con la gran marea de urbanizaci贸n y masificaci贸n de las sociedades transatl谩nticas, tanto decadentes poetas y artistas que aborrec铆an lo com煤n, cuanto voces como las de Ernest Renan, Hyppolite Taine o Paul Groussac (mucho m谩s tard铆amente Ortega y Gasset) se alzaban para condenar esa masificaci贸n, y a veces directamente la democracia. Pero por equivocados que hayan estado estilitas o torremarfilinos al subvalorar la capacidad de sana renovaci贸n de estas mareas democr谩ticas, ellos aun ten铆an raz贸n en una cosa, porque nadie est谩 equivocado cien por ciento.

 

empod4En lo que ten铆an raz贸n es en que a cada marea democratizadora debe oponerse 鈥攑orque es un factor necesario en esa ulterior mejora que vendr谩 como ha venido siempre (y ser谩 seguramente una autorregulaci贸n de los propios individuos a trav茅s de un uso m谩s fino de las nuevas tecnolog铆as)鈥 una fuerza de limitaci贸n y jerarquizaci贸n, que siga diciendo, por m谩s antip谩tico que parezca, que hay quien est谩 calificado para unas cosas, y quien no lo est谩, aunque 鈥渟e sienta鈥 calificado.
___
[1] Para cierta ideolog铆a globalizada, hegem贸nica y masiva contempor谩nea鈥攔esponsable 煤nica de la 鈥渃risis de la educaci贸n鈥 agrego鈥, no hay niveles humanos superiores e inferiores, como yo escribo aqu铆. Por tanto, no hay ninguna necesidad de educarse. Eso de 鈥渟ubir de nivel鈥 era para los tiempos modernos en los que unas cosas, personas, actividades, logros, eran mejores que otros.
[2] 鈥淚n the way it spreads information, the Internet evens out the playing field by bringing together people whose lives would otherwise never intersect and whose voices in almost any other setting would carry differential weight, in proportion to their class, race, profession, or age.鈥澛燗boujaoude, Elias (2011-02-07). Virtually You: The Dangerous Powers of the E-Personality (Kindle Locations 3015-3017). Norton. Kindle Edition.
[3]鈥淚n fact, the Internet bestows on many of us a false mastery of knowledge as it convinces us that we are more qualified, educated, or mature than we truly are. In doing so, it facilitates a potentially dangerous social phenomenon鈥攖he dissolution of offline hierarchical relationships when it comes to information, be they child-parent, student-teacher, patient-doctor, or layman-expert.鈥澛犅 Aboujaoude, Elias (2011-02-07). Virtually You: The Dangerous Powers of the E-Personality (Kindle Locations 3011-3014). Norton. Kindle Edition.
鈥斺
hencicEscritor, ensayista, m煤sico. Es PhD por la Universidad de Stanford; profesor en el Department of Hispanic Studies de la Universidad de Brown, Estados Unidos.
En www.henciclopedia.org.uy

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