Jul 13 2013
1293 lecturas

Opini贸nSociedad

Los cielos cerrados

Parece que para las potestades europeas el indio sigue siendo el indio aunque vaya en su avi贸n presidencial, pero el imperio sigue siendo el imperio aunque un negro sea su gobernante. Rostros del mundo que nos ha tocado.

Gustav Janouch le pregunt贸 un d铆a a Franz Kafka si era verdad lo que se dec铆a en la empresa de seguros para la que trabajaba: que Kafka dedicaba sus ingresos a pagarles asesor铆a jur铆dica a los empleados, para que pudieran querellarse con la compa帽铆a. Kafka le contest贸 que como apoderado de la empresa no pod铆a defender a los empleados, pero que cuando ve铆a que el empleado ten铆a la raz贸n, le ayudaba con su propio dinero para que tuviera un buen asesor jur铆dico. Y a帽adi贸: 鈥淟o que pasa es que el mundo ha ca铆do de tal manera en manos de los demonios, que muy pronto el que quiera hacer el bien tendr谩 que hacerlo en secreto y a solas鈥.

Esta semana hemos visto ese fen贸meno en un escenario global: c贸mo un benefactor de la humanidad, que denuncia el modo como un gobierno esp铆a a sus ciudadanos, es tratado como un criminal y anda acorralado en los pasillos de un aeropuerto sin saber a d贸nde correr, y los gobiernos de cuatro pa铆ses por temor al perseguidor, niegan el paso por su espacio a茅reo a un jefe de Estado s贸lo por la sospecha de que lleva con 茅l al acusado. Tambi茅n el contraste entre la dignidad de los gobiernos latinoamericanos y la indignidad y la obsecuencia de unos gobiernos europeos que est谩n hoy muy por debajo de su fama y de su orgullo.

Da mucho qu茅 pensar ese avi贸n de un presidente ind铆gena que no encuentra por d贸nde cruzar los cielos del verano, al que no quieren recibir ni en Fiumicino, ni en Charles de Gaulle, ni en Portela ni en Barajas, s贸lo por la sospecha de que lleve en su cabina al hombre que revel贸 ese escandaloso espionaje. Dan mucho qu茅 pensar esos cielos cerrados ante la nave soberana de un jefe de Estado, y da mucho qu茅 pensar que sea precisamente un ind铆gena la v铆ctima no de una ofensa, sino de un delito contra el derecho internacional.

En cambio no tiene que extra帽arnos que la red de Internet, exhibida por d茅cadas como el tejido integrador del planeta, instrumento de aproximaci贸n entre sociedades y culturas, puerto de acceso al oc茅ano de memoria acumulada de la especie, y que nos hemos acostumbrado a ver como el cotidiano auxiliar de la vida de millones de terr铆colas, nos revele su cara oculta: la de un vasto mecanismo de espionaje que husmea en los gustos y las inclinaciones de cada individuo, registra el historial de sus exploraciones, graba mensajes, dibuja el mapa de los ciudadanos, sus amistades, sus comunicaciones y sus preferencias, y convierte la vida privada en un dosier que manosean y manipulan funcionarios y empresas.

Conociendo los h谩bitos de la condici贸n humana y las cl谩sicas astucias del poder, no ser铆a raro que estemos marchando todos, d贸ciles y fascinados, hacia una versi贸n todopoderosa e hipertecnificada de la Gestapo y de la Santa Inquisici贸n. Bien dice la prudencia que los poderes de este mundo no dan tanto a cambio de nada, y sabemos que los correos gratuitos, por ejemplo, se han ido convirtiendo en espacios donde interviene sutilmente el mercado. Uno escribe un mensaje privado sobre Samarkanda o Pernambuco, y al otro d铆a encontrar谩 publicidad de Pernambuco y Samarkanda; uno habla de discos o de g贸ndolas y ma帽ana tendr谩 su oferta musical o tur铆stica en el recuadro. Siempre hay alguien interesado en qui茅nes somos, qu茅 pensamos o qu茅 queremos, por razones comerciales o profesionales, y no pod铆an tardar los que se interesaran en esos asuntos tremendos o pueriles por razones morales o pol铆ticas. Cada internauta va dejando su rastro inconfundible en la telara帽a y no dejar谩n de aparecer las criaturas de ocho patas que le siguen la pista.

El prometedor, el celebrado, el sorprendente, el decepcionante, el muy prontobol evo regreso1 detestado Barack Obama prosigue su metamorfosis, tratando de convertirse no en el que eligieron sus votantes, sino en el que toleraron el Pent谩gono y las corporaciones. Si hubiera persistido en su voluntad de encarnar un nuevo paradigma 茅tico para los Estados Unidos y para el mundo, habr铆a contribuido a la distensi贸n y a la convivencia, pero tal vez se habr铆a ganado el odio de los poderes del imperio, y hasta habr铆a terminado padeciendo la suerte de Evo Morales en su avi贸n presidencial. Est谩 experimentando en carne propia lo dif铆cil que es seguir siendo humano cuando se maneja el mayor poder de este mundo, y puede terminar siendo ejemplo perfecto de la famosa sentencia: 鈥淓l poder corrompe, y el poder absoluto corrompe absolutamente鈥.

Hab铆a llegado al poder para borrar el desprestigio en que la administraci贸n de George Bush hundi贸 a los Estados Unidos; para aliviar la conciencia de un pa铆s arrastrado a la barbarie de invasiones militares injustificadas, arrestos clandestinos, torturas infames y campos de concentraci贸n por fuera de toda legalidad. Ahora justifica el espionaje sobre sus ciudadanos, ordena las ejecuciones que obran aviones no tripulados, y permite que recomience una pol铆tica internacional conspirativa e irresponsable, creyendo impedir as铆 la p茅rdida de hegemon铆a de su imperio.

Pero Am茅rica Latina lo mira con indignaci贸n, la opini贸n p煤blica mundial lo mira con asombro, Snowden recorre los pasillos ciegos del aeropuerto de Mosc煤 y, all谩, lejos, en el mar del Jap贸n, las armadas de Rusia y de China realizan maniobras militares conjuntas por primera vez en mucho tiempo.

*Escritor colombiano. Publicado en El Espectador (Colombia)

  • Compartir:
X

Env铆e a un amigo

No se guarda ninguna informaci贸n personal


    Su nombre (requerido)

    Su Email (requerido)

    Amigo(requerido)

    Mensaje

    A帽adir comentario