Abr 23 2011
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Despacito por las piedras

Los ni-ni en Europa, países árabes y entre nosotros

En la jerga sociológica se denominan “ni-ni” a los jóvenes (entre 15 y 25 años) que ni estudian, ni trabajan. Otros los denominan “Generación cero: cero empleo, cero perspectivas”. Son los eternos adolescentes que –con dificultades de empleo- se resisten abandonar el hogar de sus padres. Durante mucho tiempo, en Europa -particularmente en Italia-, esta situación dio motivo a variadas burlas que, con el paso del tiempo, se van trastocando en preocupación.  En Europa los jóvenes son la primera víctima de la crisis de sus países, la mayoría de ellos todavía guarda tranquilidad, amparados en la estabilidad laboral de sus padres. Otros –los menos- comienza a pedir –airadamente- un lugar en el futuro. En Madrid desfilaron detrás de un cartel que decía: “Sin curro (trabajo), sin pensión – Juventud sin miedo – ¡Recuperando nuestro futuro! – Esto es solo el principio…”. En Italia los reunió la consigna: “Nuestro tiempo es ahora, la vida no espera".  Frente a un desempleo promedio en toda Europa que no llega al 10%, entre los menores de 25 años esa cifra se duplica. Dentro de la elocuencia de esas cifras hay lugares donde esos números se agravan: En España la desocupación juvenil alcanza el 43%; Grecia 37%; Italia e Irlanda 29%; Francia 20%. Frente a estos datos, en Europa la emigración de sus jóvenes es una realidad. 
Las rebeliones de Túnez y Egipto estuvieron marcadas por la presencia de los “ni-ni”. Su peso en esas sociedades era semejante a los datos de Europa. Justamente la contracción del mercado laboral europeo se encuentra entre las causas de las rebeliones de esos pueblos árabes.
 En América Latina, la situación no es distinta aunque todavía no haya aparecido con fuerza en la agenda política, si bien las cifras no dejan de ser muy significativas. Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT) en Latinoamérica hay 20 millones de jóvenes que ni trabajan, ni estudian. Proporcionalmente, respecto al conjunto de integrantes de esa franja etaria, tendríamos en situación de “ni-ni” al 28% en Colombia; 24% en El Salvador y alrededor del 20% en México, Perú y Argentina. 
Su lugar parece haber sido reservado, por el sistema de poder, para llenar las páginas policiales. Es posible que el fenómeno de “los maras” en Centro América y el involucramiento de miles de jóvenes en los cárteles de droga en México (con más de 30 mil muertos en 4 años)  sean la expresión más rotunda de esta tendencia.   
En Argentina la cantidad de “ni-ni” está cerca del 1 millón 400 mil jóvenes. De ellos, más de 500 mil habitan en el Gran Buenos Aires. Al 30% de éstos, residentes en el conurbano bonaerense, cuando se les pregunta por su horizonte de vida para los próximos cinco años contestan “la muerte” (según encuesta, realizada por el Ministerio de Desarrollo de la Provincia de Buenos Aires, siempre sobre datos del 2006). Para todos ellos la “portación de rostro” o “lugar” constituye una forma de garantizar que serán discriminados reforzando su situación de exclusión.  
Juan Guahán, Question
 

 

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