Oct 8 2014
1355 lecturas

Opinión

Los votos mandan

Cuando avalados por la caída del socialismo real, los imperialistas de turno proclaman el advenimiento de una era neoliberal de abundancia y libertad, los gobiernos hicieron caso omiso al contundente hecho de que este orden mundial surgido de la ruinas del Muro de Berlín, no se encaminaba hacia la elevación general del nivel de vida de la población del planeta sino más bien todo su contrario.
Es sin lugar a dudas a trav√©s de estas ense√Īanzas que podemos ejemplarizar, el alcance de la imposici√≥n de una superioridad sobre intereses contrarios, que por razones de orden externos, act√ļan sobre nuestras vidas como una manifestaci√≥n del ejercicio de la autoridad consentida en ¬ęacato y fidelidad¬Ľ. Lejos han quedado las lecciones del viejo capitalismo que actuaba como el maestro que se siente satisfecho cuando hace adelantar a su disc√≠pulo, y cuando no lo consegu√≠a, el fracaso era imputable a ambos. Ahora estamos frente al capitalismo de la barbarie dirigido por los se√Īores de la guerra, que por el contrario, tratan de explotar laboralmente a los trabajadores, manteniendo en condiciones de semiesclavitud a pueblos enteros, muchas veces diezmados por enfermedades curables, y cuanto m√°s fruto logra sacarles desde sus entra√Īas, se siente m√°s saciado.

Hoy el progreso econ√≥mico globalizado se hizo carne en nosotros y el orden nacido del mismo, nos dio como resultado m√°s tangible, la evidencia del desastre. Pese a estas ense√Īanzas, maestros y disc√≠pulos persisten en el mismo error, y bajo el manto de la modernizaci√≥n y el progreso, entrelazan las variables para justificar un nuevo proyecto de ¬ęreinserci√≥n¬Ľ en la era productiva de la globalizaci√≥n. Pocos dudan de esa necesidad, pero nadie se pregunta si alguna vez nuestros pa√≠ses latinoamericanos han estado fuera de la din√°mica mundial o se ha encontrado al margen de los cambios y ritmos marcados por el capitalismo como sistema dominante del mundo.
Frente a esta situaci√≥n nos cabe preguntar ¬Ņpor qu√© una vez despejado el campo y segada la hierba, los gobiernos vuelven a sembrar las mismas semillas de la modernidad?
Utilizando como agentes naturales generador de la riqueza el libre mercado y el capital privado. Trillando los plant√≠os cuyos paup√©rrimos frutos fueron, – la exclusi√≥n social, el desempleo, y la pasividad cultural-¬† que nos hacen prisioneros de la misma din√°mica, nos disuelven sue√Īos y proyectos en la l√≥gica del libre mercado.
Hoy el pensamiento y acci√≥n gubernamental contin√ļa a convocarnos a la necesidad de ser audaces, emprendedores, modernos, eficientes, racionales, adjetivos que abren las puertas al comportamiento din√°mico que ense√Īa el camino m√°s cort√≥ a la ilusi√≥n de ser rico.

Pese a la nueva realidad política generada por diversas experiencias, Venezuela, Bolivia, Argentina, con más o menos éxitos pero poniéndole algunas condiciones al capitalismo y en algunos casos contrariándole hasta la confrontación, las agresiones contra Venezuela, contra Bolivia, los fondos buitres en Argentina son algunos de los ejemplos.
Pero hoy ya sea en Uruguay o en Brasil se nos convoca para seguir en el mismo carro y en la misma direcci√≥n en materia econ√≥mica salvo que ahora se cambia el paisaje y la meta; y el nuevo proceso de la ‚Äėseudo‚Äô integraci√≥n se redefine y transforma en consonancia con¬† sus correas de transmisi√≥n el FMI y el Banco Mundial, auspiciando los intereses del capitalismo transnacionalizador y sus instrumentos en el proceso de acumulaci√≥n y explotaci√≥n. Es as√≠ que ‚Äúsocialdemocracia o progresismo‚ÄĚ queda prisionera de estas imposiciones desarrollando un capitalismo domesticado en t√©rminos de estado social, haci√©ndole frente a las injusticias, con planes de emergencia y/o¬† asistenciales.

La actual expresión política consiste en una combinación de actitudes que constituyen la esencia no solo del consenso del progresismo sino de una cierta visión de la civilización moderna, que debemos analizar en profundidad. En política económica, no se duda de la necesidad del desarrollo a través del aumento de la productividad; se acepta así de buen grado la armonía preestablecida entre mejoramiento de la condición de vida y las condiciones de trabajo, de los trabajadores de una parte y crecimiento de producción de la otra.
En pol√≠tica social se pone en primer plano el motivo de igualdad, definido como paridad de los derechos civiles (dem√≥cratas, libres etc.) y no del r√©dito, ni aun menos de las condiciones de vida; por lo tanto, se promueve, una¬† igualdad de la ‚Äėchances‚Äô y no de los resultados del PBI.col elecciones-2011

En política, aceptación de las instituciones democráticas como instrumentos validos de la transformación, especulando en cierta forma sobre los límites de la tecnocracia.
En el √°mbito de los valores, en √ļltima instancia: de la cultura en toda su dimensi√≥n, el proyecto¬† socialdem√≥crata¬† predominante es partidario de la racionalidad, desde la contabilidad a la burocracia hasta la t√©cnica y la ciencia.
Ahora bien, como esta pel√≠cula ya la vimos, sabemos que pasa cuando los ‚Äėenormes aumentos‚Äô de la productividad no corresponden ya a una mejora en las condiciones de vida, el ‚Äúconsenso socialdem√≥crata y progresismo‚ÄĚ se rompe por sus dos primeros puntos (progreso econ√≥mico e igualdad social)¬† esencialmente desde el punto de vista del contrato que la civilizaci√≥n moderna implica. As√≠, el pacto impl√≠cito en que se basaron los ‚Äúmaravillosos a√Īos‚ÄĚ (de productividad creciente/niveles de empleo y salarios crecientes) estalla en mil pedazos.
Y como es de esperarse, la ruptura de los puntos fundamentales de un acuerdo lleva paulatinamente a la fractura de los otros; la instituciones democráticas ya no podrán verse como instrumentos de una transformación progresista, sino como un reducto de fuerzas corruptas y retrogradas; y la racionalidad de la técnica y la ciencia será percibida como la imposición de fuerzas ajenas a la voluntad de los hombres, estos son los riesgos.
Ahora bien, está claro que estos no son los cambios que el Uruguay o Brasil  necesitan.

Al igual que en las etapas anteriores, el peso del √©xito del proyecto actual de corte neoliberal y ‚Äúfondomonetarista‚ÄĚ, descansa en lograr satisfacer las demandas que surgir√°n del mercado mundial. Pero una vez m√°s, el nuevo proyecto de integraci√≥n obligara a operar cambios estructurales en el quehacer del Estado, limitando aun mas su participaci√≥n en el proceso productivo, disminuyendo la (poca) inversi√≥n y el gasto p√ļblico, factores que conllevan a una desarticulaci√≥n de las pol√≠ticas nacionales, aumentando la deuda social.

Las concepciones técnicas e intelectuales de los organismos financieros internacionales se transforman en los sustitutivos del hombre político. Estos tecnócratas son capaces de montar un escenario para suministrar satisfacciones materiales a la sociedad de consumo, sin cambiar el  rumbo de la pisada. Por eso el fruto de una circunstancia aceptada por mediaciones externas se convierte rápidamente en distracción indigesta para los gobiernos. La pléyade de transformaciones ocurridas en los países de capitalismo avanzado no son causa suficiente para explicar por qué nuestros países debe renunciar a la formula de un proyecto de desarrollo e identidad cultural partiendo de una concepción propia y específica como actor en la región de la sociedad internacional.
Frente a estos argumentos sabemos que los actuales personeros de la mundialización, y del  pensamiento tecnocrático, es decir muchos de los intelectuales encaramados en las esferas del poder, desprecian y caricaturizan, nuestra forma de pensar, eliminando o justificando las referencias a la explotación, la injusticia social y la desigualdad económica.  La voluntad política actual sigue siendo secuestrada por el principio de acatamiento de las leyes naturales del mercado.
Y en esta l√≥gica lo primero es lo primero y lo primero es sanear la econom√≠a, y aunque los caminos elegidos no sean lo que nosotros comulgamos por todo lo antedicho, entendemos que discutir sobre medidas monetarias o cambiarias en estos momentos tal vez sea infecundo, ya que acent√ļa la confusi√≥n, deforma los hechos y oculta o escamotea la realidad. Preservar el futuro con los ojos puestos en el presente, bajo la presi√≥n enceguecedora de la urgencia, son los riesgos de estos nuevos procesos electorales.
La aceleraci√≥n de la crisis lo confirma y en esta din√°mica electoral deber√≠amos promulgar en la praxis social los verdaderos la imposibilidad para las clases dominantes de mantener sin cambios las formas de su dominaci√≥n‚ÄĚ. Es el momento en el cual ‚Äúlos de arriba no pueden seguir viviendo como hasta ahora‚ÄĚ. Todo quehacer pol√≠tico que ignore esta profunda transformaci√≥n, no tiene futuro y, por supuesto, tampoco justificaci√≥n.
Los votos cuentan para que los cambios se realicen la gente espera, pero la paciencia no suele ser el rasgo más saliente de  nuestras poblaciones, ya cansadas de tanto esperar … ni tampoco lo más aconsejable, porque de discursos ya estamos hechos.

*Miembro de la Plataforma Descam Ginebra y del de redacción del Hebdolatino. Columnista de nodal.am

  • Compartir:
X

Envíe a un amigo

No se guarda ninguna información personal


    Su nombre (requerido)

    Su Email (requerido)

    Amigo(requerido)

    Mensaje

    A√Īadir comentario