Ago 16 2012
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CulturaPol铆tica

Manifestaciones estudiantiles en Chile: una movilizaci贸n condicional

Despu茅s de las cruentas experiencias dictatoriales en Am茅rica Latina, y muy especialmente en Chile, ha emergido una revalorizaci贸n del concepto de 鈥渄emocracia鈥 y 鈥淒erechos Humanos鈥 Esta valorizaci贸n corre paralela a un descr茅dito de cualquier forma de 鈥渧iolencia鈥 en el 谩mbito pol铆tico y social. En su aspecto positivo, se puede alegar que se trata de una suerte de aprendizaje social ante la brutal barbarie del secuestro, la tortura y el asesinato como pr谩cticas asociadas a los aparatos de seguridad propios de los gobiernos militares. | 脕LVARO CUADRA.*

 

En su aspecto negativo, sin embargo, se puede constatar que esta 鈥渄ulcificaci贸n鈥 de las pugnas pol铆ticas escamotea, precisamente, su condici贸n agon铆stica, confrontacional.

 

1.- Movilizaci贸n condicional
Las protestas estudiantiles se enmarcan, desde luego, en este ethos almibarado y 鈥渟oft鈥 que preside nuestra democracia pos dictatorial. Se puede decir que, desde un punto de vista meta hist贸rico, nuestra sociedad se aleja del clima tr谩gico de la era Pinochet para inaugurar un tiempo de comedia o farsa.

 

Nada hay nada de peyorativo en esta constataci贸n, sino que m谩s bien nos invita a pensar el presente tal como insin煤a Marx en aquella famosa sentencia que estampara en El 18 Brumario:
鈥淗egel dice en alguna parte que todos los grandes hechos y personajes de la historia universal aparecen, como si dij茅ramos, dos veces. Pero se olvid贸 de agregar: una vez como tragedia y otra vez, como farsa.鈥

 

Las movilizaciones protagonizadas por los estudiantes chilenos han mostrado su enorme capacidad est茅tico-performativa que ha erigido a este sector social en una verdadera 鈥渧anguardia medi谩tica鈥. La cuesti贸n, empero, es si acaso esta inmensa potencia est茅tica es susceptible de transformarse en eficacia pol铆tica.

 

Hasta el presente, los resultados concretos tendentes a una transformaci贸n de fondo del sistema educacional han sido magros. Las autoridades han optado m谩s bien por estrategias cosm茅ticas en el marco de la ideolog铆a neoliberal, oponi茅ndose al reclamo estudiantil definido m谩s como una pr谩ctica 鈥渄emocr谩tica radical鈥.
Notemos, no obstante, que todos los sondeos indican la enorme simpat铆a que genera el movimiento estudiantil en la ciudadan铆a.

 

La situaci贸n, entonces, se puede sintetizar como un sector social movilizado que despierta adhesi贸n de una amplia mayor铆a de conciudadanos, pero incapaz de concretar, m铆nimamente, sus anhelos. Para explicar esta paradoja habr铆a que considerar el singular ordenamiento pol铆tico chileno tras la experiencia dictatorial.

 

Por de pronto, digamos que si bien los militares se han alejado formalmente de las funciones p煤blicas que ejercieron por diecisiete a帽os, no es menos cierto que han dejado instalado en el pa铆s un ordenamiento constitucional que prescribe los l铆mites de la democracia entre nosotros. As铆 las cosas, la situaci贸n presente es que quienquiera que ostente el poder pol铆tico formal debe hacerlo seg煤n el 鈥渓ibreto militar鈥, dise帽ado expl铆citamente para evitar una 鈥渃risis institucional鈥 en nuestro pa铆s y garantizar el 鈥渙rden鈥 pol铆tico y, sobre todo, tecno econ贸mico.

 

Esto nos obliga a revisar el descr茅dito de toda forma de 鈥渧iolencia鈥 ya no como un imperativo pol铆tico, moral o terap茅utico sino como una 鈥渃ondici贸n impuesta鈥 para el ejercicio de la 鈥渄emocracia鈥 por un sector social determinado.

 

Tengamos presente que el concepto mismo de 鈥渧iolencia鈥 ha sido re -semantizado por los medios, al punto que la palabra 鈥渆studiante鈥 es utilizada sin titubeos como sin贸nimo de 鈥渄elincuente鈥. La 鈥渧iolencia鈥 se entiende entre nosotros como cualquier conducta que amenace la propiedad o como cualquier protesta contra la tradici贸n, esto es, el ordenamiento moral, jur铆dico e institucional del pa铆s.

 

Todo ello explica, aunque sea parcialmente, por qu茅 una democracia entre nosotros no podr铆a ser sino 鈥渦na democracia de baja intensidad鈥. Explica, adem谩s, la enorme presi贸n medi谩tica y oficial por desterrar toda forma 鈥渧iolenta鈥 del 谩mbito pol铆tico, sea que se trate de agrupaciones mapuche, estudiantiles o de trabajadores.

 

El desplazamiento de la condici贸n agon铆stica de lo pol铆tico al universo simb贸lico est茅tico-performativo, es, al mismo tiempo, una forma in茅dita de expresi贸n pol铆tica y la atenuaci贸n de su propia eficacia

 

2.- El a帽o acad茅mico: tomas y desalojos
Entre las diversas formas que adquiere la protesta urbana de los estudiantes est谩, por cierto, la 鈥渢oma鈥, la ocupaci贸n de los edificios de las diversas instituciones educacionales, liceos o facultades. A diferencia de la 鈥渂arricada鈥, la 鈥渢oma鈥 no es, propiamente, un anacoluto en la sintaxis urbana, es decir, no ocupa el espacio p煤blico, interrumpiendo el tr谩nsito de veh铆culos y enfrentando a la polic铆a.

 

Se trata, por el contrario, de ocupar el espacio institucional que suspende su normal funcionamiento. La 鈥渢oma鈥 est谩 circunscrita al dominio educacional y, en este sentido, se trata de un gesto pol铆tico confinado a la particularidad del sistema educacional. Desde una perspectiva t谩ctica, la ocupaci贸n de locales pareciera poseer un alcance m谩s moral que material, tal y como pensaba Friedrich Engels de la 鈥渂arricada鈥 en el siglo XIX.

 

Lo novedoso de nuestra contemporaneidad es que una 鈥渢oma鈥 se levanta como reclamo moral y pol铆tico en tanto imagen medi谩tica. Una 鈥渢oma鈥 impacta en cuanto es convertida en una 鈥渘oticia鈥 en virtud de la prensa y la televisi贸n. Al igual que la marcha callejera, la 鈥渢oma鈥 se帽ala una suspensi贸n del curso rutinario de acontecimientos. La dimensi贸n pol铆tica de una 鈥渢oma鈥 se juega, precisamente, en suspender el proceso propio del sistema educacional.

 

As铆, la 鈥渢oma鈥 no es solo una subversi贸n espacial sino una subversi贸n del tiempo, es la irrupci贸n de un tiempo otro. Se ocupa un local, pero, adem谩s, se interrumpe el 鈥渁帽o acad茅mico鈥 prescrito por la autoridad para instituir el calendario de la protesta. En pocas palabras, la 鈥渢oma鈥 es la emergencia de un tiempo pol铆tico.Por el contrario, el 鈥渄esalojo鈥 no es sino la restituci贸n de un espacio y un tiempo 鈥渘ormal鈥.

 

La 鈥渘ormalidad鈥, claro est谩, es la reposici贸n tautol贸gica de un orden naturalizado que supone la destituci贸n de lo pol铆tico. El concepto mismo de 鈥渆studiante鈥 est谩 concebido como un sujeto en formaci贸n al que no se le reconoce ciudadan铆a, por consiguiente, a escala nacional se le considera idealmente apol铆tico.

 

Esto es interesante porque cualquier 鈥渄esviaci贸n鈥 de este supuesto adquiere el tinte de lo il铆cito, lo delincuencial. El relato medi谩tico da cuenta de ello cada vez que apela a la noci贸n de 鈥渋nfiltrados鈥 para explicar los abiertos desacatos frente a las fuerzas represivas. Un 鈥渋nfiltrado鈥 es alguien que no pertenece al estamento estudiantil sino un 鈥渁nti social鈥, un 鈥渧iolentista鈥 o un 鈥渆ncapuchado鈥.

 

Conviene detenernos, sucintamente, en este punto, pues el movimiento estudiantil es concebido como 鈥減ol铆ticamente correcto鈥 solo en tanto despliega su potencial 鈥渆st茅tico-performativo鈥, pero es tratado con extrema dureza si traspasa los l铆mites impuestos por el Ministerio del Interior. A este respecto, el 鈥渟铆ndrome Molotov鈥 es elocuente, pues en este caso las fuerzas policiales act煤an inmisericordes ante la m谩s m铆nima sospecha, como en tiempos de dictadura, frente a 鈥渆xtremistas infiltrados鈥

 

Un movimiento social, como el de los estudiantes chilenos, ha sido inscrito en un reticulado de 鈥渄oble v铆nculo鈥 en que su expresi贸n es, por una parte 鈥渞eclamo en tiempos de democracia鈥 y, por otra parte, una clara 鈥渁menaza extremista鈥 Desde el punto de vista de la autoridad, se yuxtapone la l贸gica 鈥減olicial-represiva鈥, herencia directa de una dictadura y legitimada constitucionalmente como 鈥減rincipio de autoridad鈥, con la l贸gica 鈥渄emo-liberal鈥 que intenta establecer medidas cosm茅ticas ante las demandas estudiantiles.
Esta estrategia que constatamos respecto de las manifestaciones de los estudiantes se hace extensiva a otros movimientos sociales en el pa铆s.

 

3.- La p茅rgola de las flores
La p茅rgola de las flores, escrita por Isidora Aguirre y musicalizada por Francisco Flores del Campo fue estrenada en 1960. Esta importante obra nacional posee la virtud de poner en escena ciertos rasgos de la sociedad chilena de principios del siglo XX. Entre los personajes est谩 Alcib铆ades, el ficticio alcalde de Santiago que se ha hecho inolvidable como arquetipo del pol铆tico criollo al cantar:
Cuando un radical me pide apoyo
no le digo nunca no,
cuando un liberal me pide votos
no le digo nunca no;
a los candidatos pelucones
siempre les digo que s铆,
pero cuando quedo solo
hago lo que me conviene a m铆

 

Al igual que este alcalde, nuestras figuras pol铆ticas han mostrado lo peor de s铆 ante las manifestaciones estudiantiles.

 

El oficialismo ha oscilado entre la promesa demag贸gica y la amenaza policial mientras que los opositores concertacionistas, apuestan al oportunismo, no sin cierto descaro, desconociendo que muchos de los actuales reclamos responden, en 煤ltimo tr谩mite, a la negligencia de cuatro gobiernos sucesivos de este conglomerado en lo relativo a la educaci贸n.

 

En la l贸gica cupular que caracteriza su modus operandi, los pol铆ticos de turno, de los diversos partidos, ensayan su sainete legislativo para que todo siga igual ante la indignaci贸n de los estudiantes presentes en la sala. Mientras la derecha muestra su rostro polic铆aco encarnado en un personaje como Cristian Labb茅, ex agente DINA y vociferante pinochetista, los m谩s astutos prefieren la demagogia que promete m谩s becas y subsidios al sector educacional, sin atender a la demanda clara de poner fin al lucro.

 

La derecha insiste en su l贸gica neoliberal de entender lo educacional como un 鈥渂ien de consumo鈥 y, por lo tanto, transable en el mercado como cualquier mercanc铆a. Las figuras concertacionistas, por su parte, muchas de ellas desacreditadas por corruptelas y comprometidas en el negocio, se han convertido en c贸mplices del actual estado de cosas, guardando silencio o, simplemente, proponiendo reformas menores de car谩cter paliativo.

 

En Chile hemos llegado a un punto singular en que el estamento pol铆tico formal, oficialismo y oposici贸n, confluyen en su oposici贸n a los movimientos sociales. Esto se explica por la radicalidad democr谩tica de la demanda planteada por los estudiantes y por la enorme red de intereses en torno al negocio educacional.

 

La educaci贸n es un negocio de varios cientos de millones de d贸lares como ha sido ampliamente denunciado y que, en el l铆mite de la legalidad, utiliza diversos resquicios para hacer que instituciones 鈥渟in fines de lucro鈥 se conviertan en lucrativos y pr贸speros negocios.

 

El modelo neoliberal instituye una modalidad en que un derecho, otrora garantizado por el Estado, se transforme en una mercanc铆a tal y como ocurre con la salud, la educaci贸n y la previsi贸n social. En una sociedad en que el 谩mbito pol铆tico se subordina al orden tecno econ贸mico, nada tiene de extra帽o que, finalmente, la clase pol铆tica, se someta y participe de las enormes inversiones e intereses que han hecho de la educaci贸n un interesante rubro comercial.

 

La clase pol铆tica no solo ha olvidado la m谩s m铆nima 茅tica c铆vica en torno al 鈥渂ien com煤n鈥 sino que, de paso, ha renunciado a su funci贸n fiscalizadora. Eso tiene un feo nombre y se llama 鈥渃orrupci贸n鈥.
鈥斺
* Semi贸logo.
Investigador y docente de la Escuela Latinoamericana de Postgrados. Universidad de Artes y Ciencias (ARCIS), Chile.

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