Jul 6 2012
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OpiniónPolítica

Manuel Riesco* / Opositores a Allende

El presidente Allende no sólo enfrentó enemigos mortales, de adentro y fuera del país. También una oposición feroz de parte de otros actores políticos. Los primeros representaban a poderosos intereses, afectados por las principales medidas modernizadoras que su gobierno impulsó con singular resolución y eficacia: la nacionalización del cobre y la reforma agraria.

 

Los segundos, a sectores atemorizados o sobreexcitados, por el curso del proceso revolucionario, sólo en virtud del cual se lograron llevar a cabo con éxito dichas transformaciones, necesarias y en definitiva irreversibles.
Unos y otros no fueron lo mismo, pero los segundos aportaron lo suyo al dram√°tico desenlace de aquella gesta.

 

Un tr√≠o de estos √ļltimos han dado que hablar recientemente.
El expresidente Aylwin se refiri√≥ al expresidente Allende en t√©rminos arrogantes y descomedidos: Sin dar explicaciones por su apoyo determinante al golpe que acab√≥ con su vida, lo culp√≥ de haberlo provocado por ser un ¬ęmal pol√≠tico.¬Ľ Gener√≥ ruido en las alianzas de su partido, que se vio forzado a tomar distancia de tama√Īo desatino.

 

El más frescolín de sus ex ministros, aprovechó la ocasión para salir en la foto, sumando al agravio de su ex jefe, el insulto de considerar además al presidente mártir una figura penosa. Mientras Aylwin dirigía al principal partido de centro, el apenado militaba entonces en un grupo ultra revolucionario, que rivalizaba con el primero en la estridencia de su oposición al gobierno de la Unidad Popular.

 

Tambi√©n sac√≥ el habla por estos d√≠as un ex camarada suyo en aquellas fechor√≠as. A diferencia del otro, este √ļltimo no se ha ¬ęrenovado¬Ľ nada: sin un dejo de autocr√≠tica respecto de su fren√©tica oposici√≥n a Allende, sigue transmitiendo monsergas anarquistas y anticomunistas: ahora insult√≥ a Camila Vallejo, de un modo que resulta m√°s grotesco proviniendo de qui√©n posa de galardonado historiador y gur√ļ.

 

A decir verdad, los restregones de tales personajes no afectan para nada la figura de Allende. No solo es el pol√≠tico m√°s importante de la historia patria, sino el √ļnico chileno universal: toda una generaci√≥n alrededor del mundo, recuerda exactamente lo que hac√≠a en el instante de su muerte; por eso mismo, Pinochet asumi√≥ instant√°neamente como villano universal.

 

Su figura no se agota en su heroico sacrificio en La Moneda en llamas.
Fue el político más destacado del medio siglo de progreso que transformó a Chile de arriba abajo y para siempre: discípulo de los ilustrados médicos que proporcionaron el ideario desarrollista a los militares que iniciaron la construcción del moderno Estado chileno en 1924;
vicepresidente de la FECH durante las protestas que en 1931 abrieron paso a la continuación de esa obra por parte de una sucesión de gobiernos democráticos;
fundador del Partido Socialista y el m√°s joven ministro de Estado con Pedro Aguirre Cerda en 1938;
parlamentario y Presidente del Senado que aprobó de modo unánime la ley del Servicio Nacional de Salud, en 1952, entre muchas otras leyes progresistas en que su participación fue decisiva;
fundador del Frente de Acción Popular y la Unidad Popular, su gobierno coronó así medio siglo de brillante accionar político.

 

En tres a√Īos sus realizaciones fueron m√°s relevantes que las de cualquier otro gobierno de la historia patria. Entre ellas destaca, por cierto, la proeza pol√≠tica de nacionalizar el cobre con el apoyo un√°nime de un parlamento dominado por sus opositores, en medio del m√°s agudo conflicto; nunca, ni antes ni despu√©s, se ha logrado generar un consenso pol√≠tico de mayor significaci√≥n que ese.

 

Por lo mismo, su gobierno y la revolución que encabezó, no tenían porque terminar de la manera que lo hicieron: derrotada a manos de sus enemigos mortales, con la consecuencia de una destrucción general que todavía el país no logra reparar. El análisis de por qué ocurrió de esa manera constituye una de las cuestiones políticas no resueltas de mayor relevancia para Chile.

 

Las explicaciones que se han dado hasta el momento, si bien apuntan a aspectos verdaderos, parecen muy insuficientes. La intervenci√≥n extranjera en el marco de la guerra fr√≠a ciertamente fue decisiva, especialmente para volver a los militares en contra de un proceso que ellos mismos hab√≠an iniciado medio siglo antes. Sin embargo, todas las grandes revoluciones de los √ļltimos dos siglos superaron agresiones externas much√≠simo m√°s agudas.

 

Se culpa a su manejo económico, que si bien no fue muy católico, parece prudente y conservador al lado de los verdaderos desenfrenos en la materia de todas las revoluciones y para que decir, de las metidas de pata monumentales y catastróficas de los gobiernos neoliberales.

 

Se dice que falt√≥ capacidad de generar acuerdos de mayor√≠a, pero eso apunta m√°s a la oposici√≥n de entonces que al propio gobierno y menos a Allende, que hizo todo lo posible al respecto y hasta el √ļltimo.¬†

 

Se culpa a la ultraizquierda, que si bien molestó bastante, fue muy marginal como siempre ocurre con estos grupos, aunque son inflados con alharaca por los verdaderos y conscientes promotores del caos contra revolucionario; si no hubiesen existido los hubiesen inventado, como hicieron en medida no menor.

 

El presidente Allende fue un héroe trágico.
Su grandeza estuvo hermanada con su error, como en las figuras cl√°sicas. Sin embargo, este √ļltimo parece bastante m√°s complejo de lo que usualmente se le atribuye. Condujo un movimiento revolucionario, que solo puede ser analizado en su propio m√©rito: un per√≠odo en que por fuerzas que exceden a sus protagonistas, millones de personas asumen una amplia y persistente actividad pol√≠tica directa.

 

Sólo eso permitió a su gobierno hacer tanto y con tanta profundidad, en tan corto tiempo. Sin embargo, las revoluciones son estados de ánimo transitorios y en buena hora, puesto que si no resultarían agotadoras. A corto andar y cuando aprecian que han alcanzado sus objetivos fundamentales, quiénes las desatan, que son personas comunes y corrientes, se cansan de su inevitable turbulencia y anhelan el regreso del orden.

 

Imponerlo al t√©rmino de un proceso revolucionario no es cosa f√°cil, ni simp√°tica, ni grata, sino todo lo contrario. Como dijo uno de sus guardias m√°s leales, que logr√≥ sobrevivir el combate de La Moneda: ¬ęHac√≠a rato que hab√≠a que haber metido presa a mucha gente. El doctor no tuvo coraz√≥n.¬Ľ
Allende no fue el √ļnico de sus partidarios que no tuvo coraz√≥n para ello.
‚ÄĒ‚ÄĒ
* En el ¬ęblog¬Ľ del autor http://politica.manuelriesco.cl

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