Oct 20 2014
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Ambiente

Marcas f贸siles: de t贸xicas a odiosas

Cuando entr贸 la llamada informando que la Universidad de Glasgow vot贸 a favor de desinvertir su fondo de 128 millones de libras (http://bit.ly/1vQAVI9), en las empresas de combustibles f贸siles, de casualidad estaba en un cuarto lleno de activistas clim谩ticos en Oxford. Inmediatamente se pusieron a festejar. Hubo muchos abrazos y algunas l谩grimas. Esto era importante: la primera universidad en Europa en tomar una decisi贸n de este tipo.

Al d铆a siguiente hubo m谩s festejos en los c铆rculos clim谩ticos: Lego anunci贸 que no renovar铆a una relaci贸n con Shell Oil, un acuerdo que ven铆a de mucho tiempo atr谩s, que se ve铆a reflejado en ni帽os que llenaban sus veh铆culos de pl谩stico en gasolineras de Shell. Shell contamina la imaginaci贸n de nuestros ni帽os, se escucha en un video de Greenpeace que se volvi贸 viral (http://bit.ly/VDzRsW) y atrajo m谩s de 6 millones de vistas. Mientras tanto, crece la presi贸n sobre el Museo Tate para que rompa su larga relaci贸n con BP.

驴Qu茅 est谩 pasando? 驴Las empresas de combustibles f贸siles 鈥搎ue durante mucho tiempo han sido t贸xicas para nuestro ambiente鈥 se est谩n volviendo t贸xicas para el medio ambiente de las relaciones p煤blicas? Parece que s铆. Galvanizado con la investigaci贸n del rastreador de carbono que muestra que estas empresas tienen varias veces m谩s carbono en sus reservas de lo que nuestra atm贸sfera puede absorber de modo seguro, el ayuntamiento de Oxford vot贸 a favor de desinvertir (http://bit.ly/ZJ2cQc); tambi茅n lo hizo la British Medical Association (Asociaci贸n M茅dica Brit谩nica) (http://bit.ly/1lOfeEq).

A escala internacional hay cientos de activas campa帽as por la desinversi贸n en combustibles f贸siles, en universidades y colegios, y tambi茅n que tienen como blanco a gobiernos locales, fundaciones sin fines de lucro y organizaciones religiosas. Y las victorias son cada vez mayores. En mayo, por ejemplo, la Universidad de Stanford, en California, anunci贸 que desinvertir铆a del carb贸n su fondo de 18.7 mil millones de d贸lares. Y, en septiembre, un d铆a antes de la cumbre clim谩tica de Naciones Unidas, en Nueva York, una parte de la familia Rockefeller 鈥搖n nombre sin贸nimo a petr贸leo鈥 anunci贸 que desinvertir铆a en combustibles f贸siles los holdings de la fundaci贸n e incrementar铆a sus inversiones en energ铆a renovable.

Algunos son esc茅pticos. Dicen que nada de esto va a da帽ar a las empresas petroleras o del carb贸n: otros inversionistas tomar谩n esas acciones y la mayor铆a de nosotros seguir谩 comprando sus productos. Nuestras econom铆as, despu茅s de todo, siguen enganchadas a los combustibles f贸siles, y las opciones renovables y de bajo costo demasiado seguido est谩n fuera de nuestro alcance. As铆 que, estas batallas contra los patrocinios a las inversiones en combustibles f贸siles, 驴son s贸lo un farsa?, 驴una forma de limpiar nuestras conciencias pero no la atm贸sfera?

La cr铆tica no toma en cuenta el poder m谩s profundo y el potencial de estas campa帽as. De fondo, todas atacan la legitimidad moral de las empresas de combustibles f贸siles y las ganancias que fluyen de ellas. Este movimiento declara que no es 茅tico estar asociado a una industria cuyo modelo de negocios est谩 basado, de forma consciente, en desestabilizar los sistemas de soporte vital del planeta.

Cada vez que una instituci贸n o marca decide cortar sus lazos, cada vez que se usa el argumento de la desinversi贸n de forma p煤blica, se refuerza la idea de que las ganancias obtenidas de los combustibles f贸siles son ileg铆timos, que 茅stas son ahora industrias canallas, como dice el escritor Bill McKibben. Y esta ilegitimidad es la que tiene el potencial para poder escapar del callej贸n sin salida y lograr una significativa acci贸n clim谩tica. Porque si esas ganancias son ileg铆timas, y esta industria es canalla, nos acercamos un paso m谩s al principio que desgraciadamente, hasta ahora, ha faltado en la respuesta colectiva clim谩tica: el que contamina, paga.marcas fosiles1

Tomemos el caso de los Rockefeller. Cuando Valerie Rockefeller Wayne explic贸 por qu茅 decidi贸 desinvertir, dijo que justo porque la riqueza de su familia proviene del petr贸leo, tienen una mayor responsabilidad moral de usar esa riqueza para frenar el cambio clim谩tico.

Eso, en pocas palabras, es el razonamiento que subyace a el que contamina, paga. Se basa en que cuando la actividad comercial crea un fuerte da帽o a la salud p煤blica y al medio ambiente, quienes contaminan deben cargar con una parte significativa de los costos para reparar los da帽os. Pero no se puede quedar a nivel de los individuos y las fundaciones, y el principio tampoco puede ser puesto en pr谩ctica de forma voluntaria.

Como exploro en mi libro Esto cambia todo (http://bit.ly/VEOtIc), las empresas basadas en combustibles f贸siles llevan m谩s de una d茅cada prometiendo usar sus ganancias para que hagamos la transici贸n y nos alejemos de la energ铆a sucia. BP cambi贸 su imagen a M谩s all谩 del petr贸leo (Beyond petroleum), para despu茅s alejarse de los renovables y enfocarse lo doble en los combustibles f贸siles m谩s sucios. Richard Branson se comprometi贸 a invertir 3 mil millones de d贸lares de las ganancias de Virgin en encontrar un combustible verde milagroso y luchar contra el calentamiento global, para despu茅s, de modo sistem谩tico, bajar las expectativas y, a la vez, incrementar dr谩sticamente su flota de aviones. Queda claro que quienes contaminan no van a pagar esta transici贸n a menos de que los obliguen a hacerlo por ley.

Hasta principios de los a帽os 80, ese todav铆a era un principio por el que se guiaba la creaci贸n de legislaciones en Am茅rica del Norte. Y el principio no ha desaparecido del todo, es la raz贸n por la cual Exxon y BP se vieron obligados a pagar buena parte de las cuentas despu茅s de los desastres de Valdez y Deepwater Horizon.

Pero desde que la era del fundamentalismo de mercado tom贸 las riendas en los 90, las regulaciones directas y las penalizaciones contra quienes contaminan han sido remplazadas por el empuje para crear complejos mecanismos de mercado e iniciativas voluntarias dise帽adas para minimizar el impacto de la acci贸n ambiental sobre las empresas. Cuando se trata del cambio clim谩tico, el resultado de las llamadas soluciones gana-gana ha sido una p茅rdida doble: subieron las emisiones de gases y el apoyo a muchas formas de acci贸n clim谩tica se redujo, en buena medida porque 鈥揷on raz贸n鈥 se percibe a las pol铆ticas como pasar los costos a unos consumidores que ya est谩n sobrecargados, al tiempo que se libera de responsabilidades a los grandes contaminantes empresariales.

Esta cultura del disparejo sacrificio tiene que terminar, y los Rockefeller, curiosamente, son los que muestran el camino. Grandes porciones del Standard Oil trust, el imperio de John D Rockefeller cofundado en 1870, se volvieron Exxon Mobil. En 2008 y 2012, Exxon obtuvo cerca de 45 mil millones de d贸lares en ganancias, lo cual sigue siendo la m谩s alta ganancia anual jam谩s reportada en Estados Unidos por una sola compa帽铆a. Otras filiales de Standard Oil incluyen a Chevron y Amoco, que m谩s tarde se fusionar铆an con BP.

Las ganancias astron贸micas que estas empresas y sus s茅quitos siguen obteniendo de sacar y quemar combustibles f贸siles no pueden seguir desangr谩ndose hacia las arcas privadas. Deben, en vez, ser empleadas para ayudar a lanzar las tecnolog铆as e infraestructura limpias que nos permitir谩n movernos m谩s all谩 de estas peligrosas fuentes de energ铆a, y tambi茅n para ayudar a adaptarnos al pesado clima que ya qued贸 encerrado. Un m铆nimo impuesto sobre el carbono, cuyo precio puede ser pasado a los consumidores, no es un sustituto de un verdadero marco operativo quien contamina, paga; no despu茅s de d茅cadas de inacci贸n que han hecho que el problema sea enormemente peor (una inacci贸n garantizada, en parte por un movimiento negacionista del cambio clim谩tico, fundado por algunas de estas mismas empresas).

Y aqu铆 es donde entran las, al parecer, simb贸licas victorias, desde Glasgow hasta Lego. Las ganancias del sector de los combustibles f贸siles, obtenidas mediante, de modo consciente, tratar a nuestra atm贸sfera como un tiradero de aguas residuales, no s贸lo deber铆an verse como t贸xicas, algo de lo cual las instituciones que cuidan su imagen p煤blica, de modo natural se distancian. Si aceptamos que esas ganancias son moralmente ileg铆timas, tambi茅n deber铆an verse como odiosas, algo que el p煤blico puede reclamar, para poder limpiar el desastre que estas empresas dejaron, y siguen dejando.

Cuando esto pase, la generalizada sensaci贸n de desesperanza frente a una crisis tan vasta y costosa como el cambio clim谩tico, al fin comenzar谩 a desvanecerse.

*Este art铆culo fue publicado en The Guardian el 17 de octubre de 2014.Traducci贸n: Tania Molina Ram铆rez para La Jornada

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    1 Coment谩rio

    Comentarios

    1. Tania Jamardo Faillace
      21 octubre 2014 15:34

      Aunque las expectativas de la articulista me parezcan ut贸picas, porque no se cambia el eje econ贸mico del mundo porque se quiere, puede que se incentive la moderaci贸n, no solamente con relacci贸n a esa materia prima que riesga volverse junto con la soya, las dos exclusividades del sostento humano actual, como proponer una vez m谩s la cuesti贸n del sistema capitalista y de la sociedad de clases que est谩 en el or铆gen de todas esas imbecilidades de nuestra vida en la Tierra. Pero no veo como eso ser谩 hecho sin una revoluci贸n, o muchas de ellas. Y los blancos no ser谩n los ingresos de las empresas, pero las personas. Ya existe ese prop贸sito: reducir la poblaci贸n mundial a 1/5 de lo que es hoy, al inv茅s de cambiar de modelo econ贸mico. En una sociedad de clases no se puede esperar otra cosa. Los ambientalistas prosiguen muy ingenuos: no van hasta las causas, se prenden a las consecuencias, principalmente las m谩s espetaculares. Ellos tambi茅n necesitan reciclarse y entender que no ser谩 con meras protestas ideol贸gicas que se
      lograr谩 el cambio para un mundo mejor.
      Tania Jamardo Faillace – periodista y escritora brasile帽a