Oct 25 2012
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Política

Mis razones para no votar

En Chile tenemos¬†la derecha m√°s rancia, necia y retrograda de toda la regi√≥n, as√≠ como tambi√©n la izquierda m√°s c√≠nica y servil del continente. Esa ha sido la impronta despu√©s del gobierno de¬†Salvador Allende. Por eso, cuando como ahora, la crisis cristaliza en una revoluci√≥n de los ricos, tenemos la responsabilidad de preguntarnos cu√°l es la salida que puede dar al traste con esta situaci√≥n.| HERN√ĀN MONTECINOS.*

 

Para ello lo primero que debemos hacer es romper el maleficio político que ha llevado a la sociedad chilena a su larga postración. No podemos seguir focalizando la posible alternativa en derrotar a la derecha para que, acto seguido, hacer del recambio  un acto que sirva para instalar en el poder a una izquierda (?) palaciega.

 

Estamos en plena lucha de clases

En efecto, el capitalismo del siglo XXI, ha  llegado a su punto de cristalización con el neoliberalismo y sus afanes de  especulación y mercantilización de todo lo que existe a lo largo y ancho de este mundo. Chile no ha sido  excepción a este fenómeno, al contrario, se ha destacado como campeón de ello,  si lo comparamos con países vecinos y otros no tan vecinos.

 

Para mal de males, nada indica que el sacrificio que hagamos  pueda tener éxito, si seguimos atrincherándonos en una oposición cada vez más débil y que nunca puede ofrecer algo   más allá de los  simbolismos, eslóganes y simples escarceos publicitarios.

 

La l√≥gica de la dominaci√≥n, a caballo con la especulaci√≥n ¬†como raz√≥n vital, es el ADN que la derecha nos ha impuesto, sin que al parecer la seudo izquierda en el poder, ¬†por m√°s de 20 a√Īos, haya tenido la intenci√≥n ni, menos, la voluntad de cuestionar dicho ¬†paradigma. Al contrario, m√°s bien se ha ¬†acomodado a dicha¬†l√≥gica.

 

En definitiva, sigue prevaleciendo en nuestro país una minoría prepotente sobre una mayoría  sometida, todo esto con la inestimable ayuda de la superstición del voto,  cuya inutilidad ha sido comprobada enésimas veces.

 

Algunos han tenido la sutileza de advertirme que votar sirve, citando el ejemplo de que con el voto pudimos aventar de La Moneda a  Pinochet.

Y si bien eso es  cierto, también lo es que aquello fue posible dentro de una circunstancia bien específica, una coyuntura política favorable, tanto nacional como internacional. Sin embargo una golondrina no hace verano. Después de eso, el voto  en nuestro país sólo ha servido para avalar y reproducir  los vicios e injusticias que se desprenden del sistema institucional y político que dejó la dictadura.

 

No se trata de apostillar al voto en sí, como mecanismo que sirva para elegir a nuestros representantes. Eso está fuera de toda duda. Sin embargo, pierde efectividad cuando el voto deja de ser vehículo  para transmitir nuestros anhelos de cambios que los chilenos anhelamos (no ajustes ni reformas).

 

No es misterio, en las actuales condiciones pol√≠ticas, que votar se ha convertido en un puro ritual, en un sin sentido, al no producir¬†los efectos ¬†que de suyo natural¬†se le¬†atribuyen al voto. En este cuadro, el sufragio y las elecciones se han ¬ędeslegitimado y descredibilizado¬Ľ. Peor a√ļn, el voto¬†se ha convertido en un elemento de distracci√≥n,¬†un veh√≠culo para cazar incautos. Un proceso que se repite cada dos a√Īos, para mejor administrar¬†los privilegios del poder econ√≥mico y pol√≠tico vigentes.

 

Así, aunque la oposición saque más alcaldes y concejales, todo seguirá igual, seguiremos viviendo en un sistema de derechas.

 

Las Fuerzas Armadas seguir√°n siendo de derecha, igual¬†los ¬†directorios de las AFP, Isapres, bancos y financieras. Tambi√©n los due√Īos de malls, ¬†supermercados y cadenas farmac√©uticas, as√≠ como tambi√©n, las empresas concesionarias de carreteras. ¬†

 

La educaci√≥n seguir√°¬†con su lucro a cuestas y como¬†el agua potable ‚ÄĒcaso √ļnico en el mundo‚ÄĒ seguir√° siendo propiedad privada. ¬†La energ√≠a los minerales y peces seguir√°n siendo entregados a las multinacionales o transnacionales ‚ÄĒtodos sus due√Īos, por cierto, de derechas.

 

En la salud seguir√°n habiendo cl√≠nicas para¬†ricos y consultorios para la clase media y los pobres. Prensa, radio ¬†y televisi√≥n, seguir√°n vertiendo sus mentiras, al comp√°s de las instrucciones de ¬†sus due√Īos, ¬†todos ellos de ¬†derecha. As√≠, suma y sigue, en un largo etc.

 

¬ŅY de qu√© es due√Īo el pueblo?

No hay donde perderse: de sus puras ilusiones. Para eso tiene los programas de far√°ndula, el f√ļtbol, los realities, el Festival de Vi√Īa del Mar, los dichosmalls, las tarjetas de cr√©ditos, el Kino, los carretes y la ilusi√≥n de que somos due√Īos de esta tierra¬†a trav√©s del espejismo de las elecciones. La religi√≥n como opio del pueblo, advertido en su tiempo por Carlos Marx, ha sido reemplazada hoy por estos nuevos opios.

 

¬°Dejad que los votos se acerquen a m√≠! ¬†Parece ser la consigna de los candidatos. Cada cual prometiendo la Meca y la seca para, una vez elegidos, meterse por el trasero las promesas de campa√Īa.¬†Una historia ya repetida hasta el hartazgo, y sin embargo, todav√≠a hay quienes ¬†ingenuamente creen ¬†el cuento de hadas del voto y las elecciones.

 

De otra parte -‚ÄĒlo he dicho ¬†antes‚ÄĒ en Chile el pueblo ‚Äúno elige‚ÄĚ, s√≥lo ‚Äúvota‚ÄĚ que es cosa bien distinta. Vota por aquellos que ya vienen cocinados, ‚Äúdesignados‚ÄĚ, entre cuatro paredes por una reducida elite pol√≠tica cada vez m√°s corrupta, pol√≠ticamente hablando. As√≠ el sistema electoral nos ha convertido en borregos, corderos, haci√©ndonos carne en nuestros ADNs la docilidad del esp√≠ritu de reba√Īo.

 

Un misterio envuelto en un enigma
Extra√Īo caso de c√≥mo los menos,¬†explotadores, obtienen autorizaci√≥n de los m√°s, explotados, para vivir a su costa. Nadie que ignore esto¬†podr√° develar la intriga que encierra ‚Äúla ley de votaciones‚ÄĚ, centro y motor que les permite mantener nuestra servidumbre voluntaria. La beligerancia can√≠bal de una derecha antidemocr√°tica y el cortoplacismo bald√≠o de una izquierda sin ideolog√≠a ni √©tica, explican por qu√© ocurre este raro fen√≥meno, pero no el c√≥mo lo toleramos.

 

Como lo ha ¬†dicho Felipe Portales,¬†√©sta es una ¬ędictadura perfecta¬Ľ porque no se nota a simple vista. Incluso cada vez parece m√°s democr√°tica. Sin embargo, La verdad es muy diferente.

 

Estructuralmente es el mismo país que era al término de la dictadura, con la misma Constitución apenas retocada en mínimas formas. La Concertación, en acuerdo con la derecha, legitimó el sistema económico y social existente. Tenemos el mismo plan laboral, el mismo sistema educacional basado en el lucro, las mismas AFP, Isapres, concesiones mineras; el mismo sistema tributario y financiero, etc.

 

Somos una sociedad atomizada, disgregada, favorecida por el manejo de los medios de comunicación, altamente concentrados, que tienen un efecto embrutecedor debido a que las opiniones críticas no llegan a la mayoría de la población.

 

Vivimos en medio de mitos e imágenes falsas.  Lo más patético de todo esto es que la Concertación legitimó, consolidó y perfeccionó el sistema refundacional de la dictadura.

 

Podemos concluir que  el sistema político chileno vive una crisis que no puede resolverse desde dentro, votando ni eligiendo un candidato u otro. Apostamos, por el contrario, a dejar en evidencia que la mayoría de Chile no se siente representado por los partidos existentes bajo el amparo del sistema electoral pinochetista.

 

Creemos que dejar en evidencia la grave crisis de legitimidad es un tapabocas político a los propios actores enquistados en el sistema. Es recordarles que cada vez somos más quienes rechazamos un sistema de elecciones que sólo sirve para avalar y consolidar las posiciones de dominio de quienes descaradamente nos siguen explotando.

 

Avalados por los partidos políticos y una serie de enredadas otras martingalas, entre ellas el propio voto y las elecciones, se nos impide hacer los cambios que necesitamos para salir del deplorable estado en que nos encontramos.

Por √ļltimo: en todas las elecciones ha habido votos nulos, blancos y abstenciones. Sin embargo esos votos quedaban¬†encerrados en la intimidad de nuestras propias conciencias y, por tal raz√≥n, nadie las toma en cuenta, era s√≥lo un n√ļmero, no produc√≠an ning√ļn efecto pol√≠tico.

 

En esta ocasión, esa íntima decisión dejará de perderse en la pura individual, para pasar a constituir un hecho político social de envergadura, a lo menos, así lo esperamos los que esta vez no vamos a prestar el voto. Si sucediera así, será un buen comienzo para  empezar a construir algo nuevo, no importando que comencemos desde cero.

 

No prestar el voto hoy, significa no avalar el engendro en que vivimos; en cambio votar es avalarlo.
No votar hoy tiene un hondo significado político, más que ir a depositar en una urna un papelito cuya inutilidad ya todos sabemos.

 

Llamamos a quedarse tranquilos en casa, no perder el tiempo, confiados que en la medida que sigamos aunando voluntades llegaremos a deslegitimar aquello que no queremos. Esto es un comienzo, un primer paso, una lucha política que intensificaremos en los acontecimientos políticos venideros.
‚ÄĒ‚ÄĒ
* Ensayista.

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