Abr 23 2012
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OpiniónSociedad

Miserias: la seguridad social en Guatemala

Centroamérica tuvo y tiene una historia tumultuosa y a menudo sangrienta; también memoria de grandes iniciativas para el bienestar de las mayorías y terribles acciones, presididas a veces por la mera violencia, en ocasiones por la insidiosa presión, que esconde la mano, para que aquellas no se concreten. En Guatemala una gran iniciativa fue la constitución del Instituto Guatemalteco de Seguridad Social. | RENATO BUEZO.*

 

Tras la II guerra mundial, acabada La dictadura militar de 14 años de Jorge Ubico y derrocado su sucesor, el también general Ponce, accede a la Presidencia con las formalidades democráticas del caso Juan José Arévalo. El gobierno gestiona a venida al país de dos expertos en seguridad social: Oscar Barahona, costarricense, y Walter Dittekl, chileno. Ambos realizan un acabado estudios de la situación económica, geográfica, étnica y cultural de Guatemala. El resultado de este estudio lo publicaron en un libro titulado “Bases de la Seguridad Social en Guatemala”.
 

 


El 30 de Octubre de 1946, el Congreso de la República de Guatemala, emite el Decreto número 295, “Ley orgánica del Instiruto Guatemalteco de Seguridad Social”. Institución autónoma, de derecho público con personería jurídica propia y plena capacidad para adquirir derechos y contraer obligaciones, cuya finalidad es aplicar en beneficio del pueblo de Guatemala, un Régimen Nacional, Unitario y Obligatorio de Seguridad Social, de conformidad con el sistema de protección mínima” (Cap. 1°, Art. 1°).
 
 Se crea así un Régimen Nacional, Unitario y Obligatorio.

 

Esto significa que debe cubrir todo el territorio de la República, debe ser único para evitar la duplicación de esfuerzos y de cargas tributarias; los patronos y trabajadores de acuerdo con la Ley, deben de estar inscritos como contribuyentes, no pueden evadir esta obligación, pues ello significaría incurrir en la falta de previsión social.
 


 

La Constitución Política de la República de Guatemala, promulgada el 31 de Mayo de 1985, dice en el artículo 100:
“Seguridad Social. El Estado reconoce y garantiza el derecho de la seguridad social para beneficio de los habitantes de la Nación.

 

Las buenas intenciones y el pavimento del infierno

 

Cuando abrí la página del IGSS en el internet, me topé con una muy breve pero concisa y bien estructurada narración de su historia. Sin embargo quienes manejan y han manejado la institución, la han convertido en una carga más para este país de apaleados que no dicen nada.

 

Basta remover la hierba con la punta de los dedos, para darse cuenta de que el mal se ha enquistado a todo nivel. En otras palabras, el IGSS es en escala inferior una Guatemala de hoy, y ojala no de siempre, una institución que se ha corroído hasta la capa más profunda de su estructura. Valdrá decir, entonces, que no hay marinero en ese barco que pueda salir con la frente en alto, y decirle al sol que se lanza al mar en medio del océano, a costa de todo, por no continuar sobreviviendo en un nido de ratas. Valdrá, quizá.

 

“Todavía hay gente buena” dice la frase que hoy sustenta y da esperanzas. Sí, todavía la hay. No denuncio un hecho en particular, cada uno conocerá el suyo, o el del vecino, o el que escuchó en la tienda de la esquina.

 

Denuncio todos los abusos a los pacientes, las extorsiones, el robo desmedido al empleado y al empresario, la falta de manutención y modernización de sus instalaciones, el abuso y la prepotencia de muchos médicos viejos contra los nuevos, la utilización de éstos contra aquellos de métodos cuartelarios y retrógrados, la falta de humanidad de la gran mayoría de sus empleados, los sueldos denigrantes.

 

Y esos pasillos largos y fríos que hacen pensar que se camina en un cementerio, la grama sin cortar, la basura en las esquinas, la porquería de jubilación que usan para sobrevivir nuestros ancianos, la gente que en su momento hizo crecer a este país.

 

Qué tristeza, pareciera que Guatemala es una lucha desenfrenada de guatemaltecos contra guatemaltecos. Seguridad Social… ¡válgame…!
——
* Escritor.

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