Oct 29 2012
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OpiniónPolítica

Municipales en Chile: más sorpresas que triunfos

La democracia chilena estrena y estrena ropajes. Sin embargo, cual quinceañera poco agraciada, los nuevos trajes no la transforman en exitosa debutante. Más bien parece confirmar aquel añoso refrán: La mona aunque se vista de seda, mona se queda. O, para estar más a tono con la época, sus males no se arreglan con ingeniería electoral. Hay que picar más a fondo y eso, hasta ahora, los políticos locales no lo hacen.
| WILSON TAPIA VILLALOBOS.*

 

La elección municipal que se realizó el domingo fue el estreno del voto voluntario con inscripción obligatoria. Un cambio cosmético a la fórmula dejada por la dictadura, de inscripción voluntaria y voto obligatorio.

 

Se elegían alcaldes y concejales. Si se quiere, un ejercicio menor, en que las directrices son marcadas por una serie de factores que no operan en parlamentarias o presidenciales. Nadie esperaba, sin embargo, que la abstención llegara a rozar el 60% del electorado.

 

Y nadie pensaba, tampoco, que las encuestas fracasarían rotundamente en sus predicciones. Empezando por desconocer la verdadera dimensión del electorado dispuesto a ir a las urnas. Y sería injusto pensar que el ausentismo debe ser cargado sólo a los casi cinco millones de nuevos electores.

 

La realidad parece confirmar un malestar que es transversal a todas las edades y clases sociales. Pero, por lo que se ha escuchado hasta esta noche, los dirigentes políticos siguen observando un horizonte inexistente. Cuestión que es difícil atribuir sólo al interés por mantener un sistema electoral que los favorece al eternizarlos en sus cargos parlamentarios o en el disfrute de otras cuotas de poder.

 

Más bien la situación parece demostrar que hay una alta cuota de incapacidad en una generación de dirigentes que se ha creado al alero de la farandulización de la política. En que más que el contenido de la propuesta, vale el ángulo en que lo capte la cámara de la TV. Y como ese medio está siempre presionado por los tiempos, los mensajes se remiten a frases hechas muy lejanas a contenidos que apunten a cambios estructurales que la sociedad chilena necesita.

 

Junto con la abstención se pueden rescatar otros mensajes.

 

Algunos alcaldes considerados “emblemáticos” perdieron sus cargos. Uno de ellos es Pedro Sabat Pietracaprina, en la comuna de Ñuñoa. Ejerció ese puesto por dieciocho años. Fue electo en 1996 y reelecto hasta el 2012. Contaba, además, con experiencia alcaldicia gracias a que había sido designado por la dictadura militar, entre 1987 y 1989.

 

Otro jefe comunal “defenestrado” fue el coronel (r) Cristián Labbé Galilea. Fue alcalde de la comuna de Providencia desde 1996 hasta 2012. Durante la dictadura del general Augusto Pinochet ejerció como su encargado de seguridad y miembro de la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA). Entre 1989 y 1990 ocupó el puesto de ministro Secretario General de Gobierno.

 

Otro caso también significativo es el de Pablo Zalaquett Said. Al igual que los dos anteriores, también militante de la ultra conservadora Unión Demócrata Independiente (UDI). Se postulaba a la reelección por la comuna de Santiago, cargo que ocupaba desde 2004. Las encuestas lo daban como seguro ganador, al igual que a Sabat y Labbé. Los tres fueron derrotados por oponentes mujeres.

 

En Ñuñoa se impuso, por escaso margen, Maya Fernández Allende -nieta del ex presidente Salvador Allende. En Providencia, a Labbé lo derrotó la independiente Josefina Errázuriz. Y en Santiago, la nueva alcaldesa será Carolina Tohá.

 

Los resultados que arrojaron las elecciones no permiten hacer proyecciones válidas para las elecciones presidenciales que tendrán lugar el próximo año. Lo ocurrido este domingo es una noticia en desarrollo. Pese a lo señalado por el oficialista diputado de la UDI Iván Moreira, que asumió una derrota importante y advirtió que lo ocurrido hoy no era más que “la reafirmación de que Chile es un país mayoritariamente de centroizquierda”, esta elección tendrá aún varias lecturas. Y todas ellas seguramente irán más allá de triunfos o derrotas. Sobre todo que con el nivel de abstención, el apoyo a los partidos sigue siendo paupérrimo.

 

Es posible que los chilenos hayan dado a conocer nuevamente un malestar que no se resuelve con acuerdos parlamentarios ni con propuestas copulares. Su cansancio de la política tiene que ver con los políticos actuales y su incapacidad de interpretar correctamente lo que la sociedad desea.

 

Tal mensaje deberá ser analizado en profundidad. De no dar con las respuestas adecuadas, la democracia chilena pagará las consecuencias. Y el crédito que ella tiene actualmente no es de gran envergadura. Aquí aún impera un sistema electoral binominal que impide que los electores puedan desligarse de las decisiones que adopten los partidos. Los chilenos que residen en el extranjero aún no pueden sufragar. Y la vida de los partidos políticos depende de un financiamiento que se define en la oscuridad de las dádivas de los grupos económicos.

 

Además, los jóvenes carecen de cursos de educación cívica. Tal asignatura fue suprimida por la dictadura y la democracia no la repuso.
Esto es lo que hoy los chilenos rechazaron mayoritariamente al no ir a votar.
——
* Periodista.

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2 Comentários - Añadir comentario

Comentarios

  1. Gast
    30 octubre 2012 13:44

    Sin duda que el sistema político vigente está hecho para limitar la participación de los ciudadanos, lo que provoca las consecuencias ya conocidas de alta abstención en el proceso electoral reciente. El régimen político ha venido cercenando al espíritu crítico, al pensamiento y capacidad de análisis, estimulando la banalidad efectista que reflejan los medios de comunicación, especialmente la televisión en manos del poder económico. La salida a las calles, por otra parte, de estudiantes, trabajadores, pobladores, padres de familia, profesionales, etc. no es otra cosa que la manifestación de malestar por esta represión que se vive desde el golpe de estado producido en Chile en 1973, tras haber implantado una instituciuonalidad avalada y administrada por alianzas que han gobernado al país desde entonces.

  2. Antonio Casalduero Recuero
    31 octubre 2012 2:50

    Nunca he podido comprender plenamente esa manida frase que afirma: “desde el retorno de la democracia…” No sé si se referirá de otro país, porque en Chile lo único que se ha democratizado es el derecho al sufragio. Dudo mucho que el vilipendiado sistema binominal tenga atisbos democráticos, es cierto que ha habido intentos por cambiarlo, pero debido a que ese sistemita le conviene a moros y cristianos, terminan quedándose todos calladitos; aquí un solo voto puede valer como diez votos en otra región. Tampoco entiendo que sea muy democrático que desde la presidencia se designe a gobernadores e intendentes. Menos creo que sea democrático que aquí no exista la opción constitucional de un referéndum revocatorio para defenestrar a alguna autoridad ya elegida por mala gestión. Además, un representante de la soberanía popular debe tener el deber de convocar a una rendición de cuentas ante quienes lo elgieron. En chile sólo existe a nivel presidencial, enhorabuena… Y para colmo, los chilenos que viven en el extrajero no tienen derecho a votar, como si ellos no tuviesen la misma nacionalidad que los residentes en el país. Es un hecho que el voto voluntario aquí ha fracasado, no es justo que las decisiones de un 40% gobiernen al restante 60%. Aquí hace falta una mayor cultura cívica; la televisión chilena está afanada en mostrar potos, pechugas, tetas, farándula, reality, fútbol y más fútbol. No creo que esto sea casual ni fortuito, el objetivo es idiotizar hasta donde sea posible a un electorado predominantemente de estratos bajos, y los resultados los vemos ahora. Y en última instancia, esa abismante abstención es un castigo a todo el sistema político chileno. Aquí se debe llamar a una Asamblea Constituyente, debemos elegir una Nueva Constitución, y de manera rápida, urgente, los estallidos sociales se están tornando cada día más frecuentes, no todos se percatan de que el edificio de la Constitución de Pinochet -pudorosamente maquillada por Lagos- se está derrumbando, y después habrá que jugar al “sálvese quién pueda”.