Jun 19 2012
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Sociedad

No es gratuita la ira: un testimonio de zona extrema

La definición de zona extrema y zona aislada es un término que para muchos no significa nada. Para nosotros, los habitantes de estas zonas de la Patagonia, es parte de nuestra vida. Quisiera compartir con ustedes, uno de muchos testimonios. Hace poco más de un año, una mujer de mas de ochenta años vino a Coyhaique a visitar a su hija que vive aqui —en la Patagonia— hace mas de veinte…| MAGDALENA ROSAS.

 

La madre se cayó una noche al irse a dormir. Su hija, la llevó de inmediato al hospital, le tomaron radiografía: era una fractura de cadera.”La compadezco, por lo que le viene” expresó la enfermera.  

 

Al atender a su madre, usuaria de Fonasa, el médico de turno solicitó el nombre de un médico. La hija, sin pensar en nada, dio el nombre de un traumatólogo con el que tenía algunos amigos en común y ciertas afinidades. El medico de turno fue inmediatamente a llamarlo y volvió con la noticia de que el traumatólogo habia aceptado atender a su madre. 

 

Es necesario aclarar que la hija no tenía ninguna experiencia con una emergencia hospitalaria de este tipo.
Eran las cuatro y media de la mañana cuando fue a descansar un rato a su casa, mientras su mamá quedaba en la sala de recuperación de la urgencia en el Hospital Regional de Coyhaique. 

 

Luego de dos horas al volver al hospital, constató de que su madre continuaba en la sala de recuperación donde había otras dos camas ocupadas. El personal atento; ella esperó la llegada del traumatólogo.

 

“Vamos a tener que operarla, ponerle una protesis, te recomiendo esperar aquí para organizarnos”, le dijo el traumatólogo. Después de media hora, volvió con mala cara.

 

“Malas noticias, dijo. No tenemos cama en el hospital, no hay prótesis, no hay pabellón. Tu unica salida es llevártela”.
“¿Llevármela? ¿Cómo?”
“Si llevártela. La fractura es cerca de la femoral, la situación es peligrosa, hay que actuar rápido.Le dijo el médico”.
“¿Y entonces? ¿Que hago?”, preguntó la hija.
“Hay que buscar un avión ambulancia, llamarlo, pedirle que la vengan a buscar”, dijo el médico llevandola a una oficina donde había una mujer de delantal blanco, sentada detrás del escritorio.

 

“Si fuera mi padre lo haría asi” le dijo el médico. “La operación hay que hacerla luego, el viaje es riesgoso”.

 

La hija había dormido solo dos horas,se sintió perdida ¿cómo actuar? Llamó a Santiago.  Si era la unica vía, habia que actuar le dijeron los hermanos. Llamó al avión ambulancia con un numero escrito en un papelito que le pasó el mismo doctor.

 

El avión ambulancia costaba siete millones de pesos. 
Intentó con otros medios. Las únicas lineas aéreas presentes en Aysen, Lan y Sky, no llevan pasajeros de esta gravedad; el viaje habia que hacerlo con la paciente estabilizada, con un médico acompañante.

 

LLamó al avión, combinaron el viaje, fue a su casa a buscar las maletas de su mamá, preparó sus cosas para este viaje a Santiago, sin saber cuanto duraría. En ese momento tuvo la idea de llamar a una amiga que trabaja en el hospital. ¿Porque no la llamó antes? ¡Para no molestar a los amigos!

 

Las cosas no se hacen así, dice la amiga experimentada, hay un sistema. ¿Tu mamá es Fonasa, cierto? Si es Fonasa. Entonces tiene que operar el sistema público, hablemos en el hospital.

 

Ya había llamado al avión a Santiago, era mediodía, intentó suspender el vuelo, los médicos y auxiliares estaban ya en el aeropuerto preparándose para embarcar, le dijo la señorita  al otro lado del telefono.

 

¿Y que pasaba si decidía suspender el vuelo? ¿Si la cosa  no se resolvía y tenía que llamar de nuevo a ese avión ambulancia?  ¿La atenderían cuando había dejado un vuelo parado en el aeropuerto a punto de salir? 
Todo había que decidirlo en cuestión de segundos, sin haber descansado, sin entender el sistema. Se fue al hospital con las maletas, ropa y todo lo necesario para el viaje.

 

Ya no había vuelta atrás, el avión ambulancia venía en camino.

 

¡No hay cama, no hay pabellón, no hay prótesis! ¿Que hace una persona que se quiebra la cadera? Preguntó , obteniendo solo evasivas como respuesta.

 

¡Opera el sistema público! ¿Y eso que significa? Hasta el día de hoy, no sabe la  respuesta. Lo único que entendió de todo lo que dijeron, es que esperar una operación de caderas a los ochenta años, en un hospital como Coyhaique, es riesgoso y que los riesgos aumentan con los días.

 

Tu solución es apelar ayuda de Fonasa a la vuelta, le dijeron todos y  entonces, ella partió en ese avión ambulancia con su madre sedada con una doctora  y un enfermero. 

 

Lo único que hizo durante el viaje fue llorar y hacer dos cheques por un total de siete millones de pesos. 
Nunca había hecho cheques por ese monto. Echó mano a la herencia de su padre; su madre y sus hermanos se juntaron, pagaron entre todos.

 

¿Que mas hacer? habia que pagar la operación, la hospitalización después del viaje, no era tiempo de lágrimas.

 

No viene al caso contar la llegada a santiago, el viaje en ambulancia, la llegada a un lugar completamente desconocido, con montón de bolsos y maletas, la sensación de exilio, tener que dar otro cheque de un millón y medio para que a la mamá la recibieran en el hospital, la impotencia frente a un sistema donde ser pobre es tener firmada la sentencia de muerte.

 

Lo que sigue es la bitácora de la solicitud de ayuda de parte de la hija una vez retornada a Coyhaique.

 

Primero escribió al Director del Hospital Regional, carta que nunca fue contestada.

 

Luego apeló al Consejo de Defensa del Estado, una solicitud de mediación con el hospital de Coyhaique, a lo que el Consejo de Defensa del Estado contestó citando decretos y leyes que “Para que el Consejo sea competente para mediación por daños de salud, se requiere que exista un daño ocasionado con motivo del otorgamiento de una prestación asistencial” etc, etc. que en el reclamo  “no indica daño alguno en la atención de su madre, por lo cual no puede realizarse mediación”.
Como la madre se salvó, no hay daño, y si no hay daño, no hay mediación.

 

Después su madre misma apeló a Fonasa. Le contestaron, habiendo solicitado antecedentes al hospital de Coyhaique, que la “Atención otorgada fue oportuna, adecuada y acorde al cuadro clínico presentado en ese momento: que fue atendida de inmediato en el servicio de urgencia, con los medios diagnósticos disponibles y el médico de turno hizo el diagnóstico…
Que en el momento no fue posible la hospitalización inmediata por no contar con camas el hospital…Se le informó que la fractura de cadera podía ser resuelta localmente en el hospital de Coyhaique…Destacan que la decisión de traslado inmediato a un centro asistencial privado fue adoptada por su hija, quien habría procedido informadamente… que era bajo la modalidad de libre elección, por tanto no institucional y que no obedeció a una indicación técnica del traumaólogo… etc… (no es mi deseo aburrirlos)

 

¿Resumen? Nada. La familia debió asumir el traslado y operación de su madre.
Juzgue usted. 

 

El único hospital, los únicos médicos, la hija de esta mujer debe seguir conviviendo con ellos, eso pasa en todos los lugares chicos. Mal de muchos consuelo de tontos.

 

Y ante la pregunta: ¿Que hace una persona que no puede pagar? ¿Que no tiene ninguna posibilidad de buscar un avión ambulancia? ¿Como lo resuelve? 

 

Los médicos solo contestan con evasivas. Vivir en esta calma donde “el que se apura pierde el tiempo” tiene cosas maravillosas, pero también situaciones como estas hay muchas.

 

Juzgue la situación para comprender las rabias de los habitantes de esta parte de Chile, rabias que en estos meses se han convertido en rugidos.

 

Esta historia no me la contaron, la viví yo con mi madre.

 

Muchos cariños a todas y todos.

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2 Comentários - Añadir comentario

Comentarios

  1. maria teresa quintino
    20 junio 2012 21:39

    da impotencia la falta, aquello que es ponerse en el lugar del otro,el YO LO HARÌA POR MI PADRE es muy terrible,es como decir si la quieres entonces tienes que inventar la plata como sea,detràs de todas estas situaciones yo veo fines de lucro y cero compasiòn,que pasa con nuestra sociedad ?

  2. sandra lidid
    22 junio 2012 1:31

    Conmocionada. Todas quienes tenemos familiares de la tercera edad (y que hemos estado o avizoramos estar allí en un futuro no tan lejano) vivimos el horror que significan el desamparo y el abuso cotidiano e impune, productos ambos de esta sociedad capitalista despiadada.