Abr 19 2012
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CulturaOpinión

Ocasos y paradigmas

Pensadores europeos durante siglos se han asombrado que la cosmovisión de la antigua civilización griega, no obstante su profunda comprensión abstracta de los fenómenos del mundo, no hubiera desarrollado a niveles concretos de manera considerable la técnica, la ciencia y la industria. | CAMILO DE LOS MILAGROS.*

 

Se sabe que fueron hábiles navegantes y sin embargo nunca traspasaron ni colonizaron más allá del estrecho de Gibraltar dónde su mitología suponía que estaban las columnas de Hércules y el fin del mundo. Aquello confinó su cultura al reducido entorno del mediterráneo.

 

Aunque los griegos conocían los sellos, jamás desarrollaron la imprenta a pesar que para ello no faltaba más que un paso; su tradición no logró masificar el saber más allá de la oralidad y los pergaminos manuscritos.

 

Hechos similares aterran a los antropólogos que estudian las civilizaciones mesoamericanas.

 

Los mayas, un poderoso imperio capaz de calcular hace siglos eclipses que apenas hoy están sucediendo con una precisión deslumbradora, sucumbieron entre la selva sin poder dominar factores tan esenciales como la relación con su entorno natural y los cambios climáticos.

 

Aun cuando los aztecas conoc√≠an la rueda y la utilizaban para fabricar bonitos juguetes a sus ni√Īos, jam√°s elaboraron carros ni se sirvieron de ruedas para el trasporte: esas imponentes civilizaciones de piedra, para las que fue necesario movilizar millones de toneladas de roca a trav√©s de kil√≥metros de selva, se labraron a lomo de humano pues el trabajo, la vida y el sufrimiento eran valores sagrados, ofrecidos a los dioses como sacrifico para el mantenimiento del mundo.

 

Los espa√Īoles creyeron que aquellos a quienes llamaban salvajes, al sacrificar sus semejantes eran can√≠bales adoradores del demonio: nunca entendieron que para los indios la sangre humana era la esencia vital del universo.

 

Ni griegos ni mesoamericanos tenían en los casos mencionados obstáculos materiales para revolucionar su mundo. Al contrario, poseían técnica y habían desarrollado el conocimiento hasta niveles que hubieran podido aprovecharse de otra manera.

 

¬ŅPor qu√© no lo hicieron?

 

Esta pregunta, que impresiona a los antropólogos, apunta hacia una cuestión epistemológica fascinante: el paradigma de su época no les permitió ir más lejos de dónde llegaban sus creencias e ideas.

 

En 1491 en Europa exist√≠an todos los medios necesarios para atravesar el oc√©ano y llegar a Am√©rica. De hecho, los vikingos lo hab√≠an logrado frecuentemente siglos antes con mayores precariedades. ¬ŅPor qu√© el ‚Äúnuevo mundo‚ÄĚ segu√≠a aislado y desconocido en Europa?

 

Porque el paradigma cristiano medieval sostenía, a fuerza de hogueras e inquisidores, que la tierra era plana y que acababa, como en el mundo griego, poco más allá de Gibraltar. La gran apertura que significó el tropiezo de Colón con las indias implicó un cambio interior: la negación del paradigma, la locura de un almirante italiano convencido que la tierra era redonda y no plana como decían los curas. Y fue el hombre más loco de su tiempo y a la vez el más visionario.

 

Lo que imped√≠a llegar a Am√©rica en 1491 no era el insondable oc√©ano sino una concepci√≥n tremendamente equivocada del mundo y la realidad. Una vez que las ideas revolucionarias logran ponerse en pr√°ctica, una vez que demuestran su efectividad frente al paradigma envejecido e in√ļtil, es cuesti√≥n de tiempo el colapso del modelo anterior.

 

Es como si la humanidad de repente percibiera un nuevo mundo que ya estaba hecho a su alcance, esperando a ser acunado en sus brazos.

 

La historia de la ciencia e igualmente el desarrollo del conocimiento es err√°tico y digresivo, rebosa de ejemplos como estos. Fueron necesarios siglos para que los descubrimientos de griegos y √°rabes se integraran por fin al saber occidental. ¬°Cu√°ntos muertos en la hoguera para entender que el sol no gira alrededor de la tierra a pesar de las torpes evidencias! ¬°Cu√°ntas barbaries y genocidios para saber que no existen las razas porque en esencia somos m√°s parecidos unos a otros de lo que muestran los colores, costumbres y facciones!

 

El ocaso de una civilización va precedido por la decadencia de sus valores, su cultura, sus ideas. Es el paradigma que se viene abajo, el modelo de pensar de un mundo que ya no sirve. No siempre las ideas cambian. Es entonces cuando nos aterramos, por ejemplo, que los griegos no pasaran de Gibraltar o qué los aztecas no usaran la rueda a pesar de conocerla.

 

Pero cuando la mente de hombres y mujeres se desata, nada puede detener el cambio porque la principal cadena que aprisiona a la humanidad no est√° afuera, est√° adentro, en su cabeza.

 

Nunca como ahora

 

Hay tanta comida en el mundo como para alimentar varias veces la poblaci√≥n mundial. Nunca una sociedad hab√≠a producido tanto, nunca hab√≠a dominado la medicina pudiendo garantizar una vida saludable a la gente, nunca hab√≠an existido tantos medios de llevar a todos la ciencia, el conocimiento, la educaci√≥n, la participaci√≥n en la vida p√ļblica. Nunca como ahora.

 

¬ŅPor qu√© entonces imperan discursos que justifican la desigualdad, que a toda costa defienden supremac√≠as y arrogancias imperiales, que enarbolan la violencia, el ego√≠smo, el individualismo, el machismo, las supuestas diferencias √©tnicas, religiosas y raciales?

 

¬ŅPor qu√© se sacraliza la ignorancia, el consumo innecesario y derrochador, la superficialidad y el fetichismo?

 

¬ŅPor qu√© es posible y normal que un millonario norteamericano posea √©l s√≥lo m√°s riqueza que todo un pa√≠s como Bolivia o Hait√≠, pero resulta descabellado pensar en un piso, un trabajo, un plato y una vida digna para los habitantes de √Āfrica o Am√©rica Latina?

 

El paradigma actual dice que el mundo no podr√≠a sobrevivir un d√≠a sin los bancos, sin las guerras y sin el petr√≥leo. Dice que para ser felices debemos renunciar a muchas cosas, incluida la felicidad. Dice, siguiendo el sentido m√°s com√ļn de los comunes, que las armas y la violencia sistem√°tica de las grandes potencias protegen la seguridad y por a√Īadidura garantizan la paz. Este paradigma se resume en la f√≥rmula: esclav√≠zate, consume y c√°llate. En cualquier circunstancia, siempre ser√°s culpable de tu fracaso.

 

Uno de los grandes conflictos de nuestra √©poca est√° en el plano de las ideas. Pero esa es una coyuntura com√ļn a todos los tiempos. Por eso los Estados se ensa√Īan m√°s en extirpar modelos alternativos de vida y de sociedad que en perseguir la delincuencia y el crimen organizado. ‚ÄúAntisistema‚ÄĚ es un calificativo tenebroso y malvado para los grandes medios de comunicaci√≥n.

 

La inquina con que la polic√≠a aporrea manifestantes pac√≠ficos en Espa√Īa o Grecia no es comprensible bajo la l√≥gica invocada de preservar el orden p√ļblico.

 

El sadismo que el gobierno colombiano empe√Īa en torturar y asesinar a los miembros de comunidades ind√≠genas, negras y campesinas que no aceptan las l√≥gicas del capitalismo no es explicable bajo la simple etiqueta antisubversiva. ¬†

 

La ‚Äúguerra contra el terror‚ÄĚ emprendida por EEUU es en realidad la masificaci√≥n e internacionalizaci√≥n del terror imperial contra los pueblos.

 

Un paradigma que se impone a garrotazos intenta por todos los medios ocultar, silenciar las ideas que emergen y muestran una nueva organización del mundo, ya que las otras no permiten llevar hoy, en pleno siglo XXI, el bienestar más abajo de Gibraltar o del Río Bravo.

 

La biblia neoliberal difunde un credo irracional y devastador: el crecimiento econ√≥mico infinito, la supremac√≠a de los m√°s aptos y ‚Äúexitosos‚ÄĚ, la libertad de los mercados y la esclavitud de los trabajadores, la depredaci√≥n planificada de los recursos naturales y p√ļblicos, el consumo convertido en un c√°ncer imparable. El futuro se asombrar√° de nuestra √©poca que consigui√≥ llevar el hombre a la Luna pero no llevar comida y paz a toda la tierra.¬†

 

Quizá los antropólogos se pregunten cómo estos necios humanos del siglo XXI habiendo descubierto curas contra la malaria, la fiebre negra o el cólera, no las usaran para prevenir la muerte de millones de personas en el tercer mundo. Los historiadores maldecirán una época dónde excedentes descomunales de comida acababan en los basureros en las metrópolis del planeta mientras naciones completas sufrían hambrunas devastadoras.

 

El ocaso de la civilización capitalista reclama la desintegración de su paradigma ideológico. Hace varios siglos, herederos de la ilustración, los políticos que se sentaban al lado izquierdo del parlamento francés se definieron defensores de la igualdad y la libertad. Marcaban los límites de una puja que no ha terminado. Estas son nuestras verdades, palpitando al mismo lado que late el corazón, descabelladas y utópicas, precisamente por eso posibles, alcanzables, necesarias: todos y todas tenemos que ser iguales, debemos ser libres, podemos vivir como hermanos en amistad con la naturaleza.

 

No son ni un fin teleol√≥gico de la historia humana, ni una materializaci√≥n del para√≠so sobre la tierra, ni un final apote√≥sico para la ‚Äúmarcha inexorable del progreso‚ÄĚ. Son m√°s bien un reto al que no podemos renunciar. Una aventura que nuestra generaci√≥n debe asumir: el desaf√≠o de demostrar que otro mundo es posible.

‚ÄĒ‚ÄĒ
* En www.rebelion.org
Art√≠culos de este autor suelen publicarse en www.anarkismo.net; existe un ¬ęblog¬Ľ http://camilodelosmilagros.blogspot.com
.

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