Oct 17 2014
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Cultura

Octubre del ‘45 y algunos ecos.

En la década del cuarenta a Buenos Aires le crecían edificios, avenidas y perfiles costaneros donde apreciar al ‘río más ancho del mundo’. Quizá también por venderse más libros y diarios que en cualquier ciudad de América Latina, a cierta porteñidad le resultaban ajenos sus arrabales rumbeados por verdosos tranways de doble piso y demás aspectos venerados por sus escribas más o menos de renombre.

Como si algo renaciera volteando el caserón familiar era mal visto en Esmeralda y Sarmiento un caserón afirmador de que allí verdeciera la llanura. Ciudad engreída en ser la más europea de América aunque un rejunte de suburbios sin prestigio,  si al menos un tanguito no lo pontificara algún guitarrero de patio. Y la inmensa  pena de Villa del Parque, San Cristóbal o Versalles, sin rigor poético para calzar nombres de infructuosa rima si al sur la inundación y de otro margen el límite con la pampa. También crecían los bares donde meditar esas cosas de la vida, que para eso están: y en tanto las mujeres desechaban las medias de muselina y más acortaban su vestido cada tarde., eso se hizo sin alegatos feministas ‘con nosotras no se puede’ y así crecerían a la nueva sensatez…

Y en tanto la guerra y la inequidad se apropiaba de Europa, por Buenos Aires crecían nuevos actores y en retirada  aspirantes a nobleza saludando ‘que tal, che’ al mozo del bar como una contraseña. Ciudad donde muchos la soñaran como París, los autos iban por izquierda estilo Londres y los tranways rugían con reglamentos ingleses. Lejanía sudamericana donde por suerte abundaban lectores de Roberto Arlt, cronista que hasta 1943 delineara ciertas faunas subterráneas, y de Raúl González Tuñón, el poeta de ‘todo pasó de moda como la moda, los angelitos de los cielorrasos, los mozos que tomaban la vida en joda y las lágrimas blancas de los payasos’.

Hasta que por ahí emergiera la muchachada fabriquera que no remaban consignas en las bibliotecas pero una mañana desparramaron su reclamo a pertenecer ya mismo y a puro grito. Esa imprevista  ‘contradicción social’ entró a caminar y aunque no fuera avistado desde muy lejos, – no hubo millones de obreros manifestando el 17 de octubre de 1945, por supuesto- pero el gentío se iría agrupando sin consignas,  bombos ni marcha partidaria. Excepto el ‘Perón Perón’ incierto para los sabios de la nada protocolar y los serios padres y abuelos de los actuales primates contrarios hoy a lo mismo; octubre del año 2014; hasta capaces de oponerse a una ley de radiodifusión que agotara su discusión en el Parlamento Nacional varias veces, y que por  antimonopólica y tendiente a derogar una ley del insano proceso militar,  es ya civilizadora. ar 17 de octubre1

Pero sigamos. Aquel ’17 de octubre no fue apenas un sacudón en el cimiento social de los argentinos,  sino que estableció otra dimensión para entender que con líderes aceleradores como Perón o no, esa movilidad social podría demorarse pero igual acontecería. Asunto que tantos ‘ilustrados’’ siguen sin entender como hicieron el gentío de frigorífico y talleres suburbanos que construyeron ese día a ese coronel Perón en referente de un gran  avance de la sociedad contemporánea argentina. Y reiteramos lo ya escrito más de una vez:  “la liberación psicológica del obrero ante el patrón, ese avance que desde el llano demanda generaciones, con su imprevista aparición produjo que el peronismo se instalara como fuerza política popular y  mayoritaria”. Un avance que a los grupos tradicionales les pareciera un ademán extraño siempre que el ‘perón perón qué grande sos’ ni les ‘avistara’ de lejos sus ‘hectáreas de familia’.

Sin duda el peronismo nunca avanzó y más no pudo ante esa ideología de ‘la herencia sagrada de nuestros mayores, Argentina granero del mundo y como dios es argentino la fiesta es de nosotros’. Aunque siempre con buen clima político o contrariados por esos profetas de la dicha incierta del golpe en setiembre de 1955, cada tragedia siguiente vendría envuelta en esos temas financieros y con ropajes a veces algo gauchescos. Pero bué…
*Nació en Banfield y vive en Lanús, Buenos Aires, Argentina.

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