May 25 2018
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Sociedad

Opciones fatales, la humanidad enredada en sus propias trampas

La violencia urbana y el cambio climático desnudaron como verdugos a algunos instrumentos que las sociedades modernas adoptaron como palancas de su bienestar: las armas ligeras, las cárceles, la gasolina y la ganadería vacuna. El caso extremo es el de Estados Unidos, donde la opción por las armas de fuego como instrumento de defensa está inmolando los estudiantes, por homicidio a unos centenares y a millones por el miedo.

Los tiroteos en las escuelas estadounidenses, ya epid√©micas, suman m√°s de uno por semana lo que va del a√Īo. Se destacan por su visibilidad medi√°tica, la conmoci√≥n provocada y la patol√≥gica idolatr√≠a de las armas que se cultiva en el pa√≠s.Resultado de imagen para eeuu tiroteo en escuela

A esa elecci√≥n fatal (del uso de las armas de fuego para defensa personal y seguridad p√ļblica), la historia humana agreg√≥ otras, como el uso del petr√≥leo en la propulsi√≥n vehicular en lugar de la electricidad m√°s eficiente, la carne vacuna como fuente de prote√≠nas y la c√°rcel como sistema de castigo de delitos graves.

Pero en cantidad de muertos las campeonas son otras, en las calles y hogares brasile√Īos y latinoamericanos. La violencia armada cuesta 526.000 vidas al a√Īo en todo el mundo y mucho m√°s heridos, seg√ļn la Red Internacional de Acci√≥n contra las Armas Ligeras.

Am√©rica Latina concentra un tercio de esos homicidios, aun teniendo solo ocho por ciento de la poblaci√≥n mundial, seg√ļn el brasile√Īo y no gubernamental Instituto Igarap√©, dedicado a estudiar asuntos de seguridad p√ļblica y justicia.

Brasil, con 2,7 por ciento de la población mundial, responde por 12 por ciento de los asesinatos, de los cuales 72,9 por ciento cometidos con armas de fuego.

El c√°ncer y las enfermedades card√≠acas o pulmonares matan mucho m√°s, decenas de millones al a√Īo en el mundo, seg√ļn la Organizaci√≥n Mundial de la Salud (OMS),¬† pero las balas diezman principalmente vidas j√≥venes, saludables, con muchas d√©cadas de futuro perdidas.

Esa tragedia universal se arm√≥ en la medida que la humanidad adopt√≥ para la defensa personal y la seguridad p√ļblica a las armas de fuego que se desarrollaron para la guerra y la caza, probadas en el exterminio de poblaciones nativas en las colonizaciones europeas. El resultado fue el contrario, una poblaci√≥n indefensa.

A esa elección fatal, la historia humana agregó otras, como el uso del petróleo en la propulsión vehicular en lugar de la electricidad más eficiente, la carne vacuna como fuente de proteínas y la cárcel como sistema de castigo de delitos graves.

Son cosas que ya exist√≠an y se conoc√≠an desde mucho antes, pero que se hicieron dominantes en los √ļltimos siglos, con la colonizaci√≥n europea de otros continentes, la explosi√≥n demogr√°fica y la urbanizaci√≥n.

Las trampas solo se evidenciaron en las √ļltimas d√©cadas, con la emergencia del cambio clim√°tico y de la violencia urbana.

La gasolina no fue la primera alternativa para los automóviles, inicialmente impulsados a vapor, como los trenes, y electricidad, en fines del siglo XIX. El derivado de petróleo solo se impuso dos décadas después, por facilidades de abastecimiento.

Se ignoró la ineficiencia de los motores a combustión interna, que aprovechan solo un tercio de la energía generada, y se toleró la contaminación hasta que la trampa se vistió de suicidio humano por el cambio climático.

La vuelta al vehículo eléctrico, en condiciones muy distintas, parece una solución, pero se trata de un proceso lento, que exige sustituir una inmensa estructura de producción y servicios, alimentando temores de que sea demasiado tarde.Resultado de imagen para auto electrico

Si se duda de las ventajas de la electricidad, basta imaginarse transportarse en un ascensor impulsado por un motor a gasolina o diesel. La necesidad de eficiencia energética en tiempos de crisis ambiental y climática condena las fuentes fósiles.

En Brasil, la resistencia al cambio cuenta con un factor adicional.

El sector petrolero se ampli√≥ desde 2006 con los yacimientos descubiertos en el lecho marino, bajo la capa de sal (presal) del oc√©ano Atl√°ntico, mientras que habr√≠a que sacrificar la industria del etanol, derivado de la ca√Īa de az√ļcar, cultivo que ocupa nueve millones de hect√°reas y genera un mill√≥n de empleos en el pa√≠s.

El cambio clim√°tico tambi√©n alz√≥ la bandera amarilla para la ganader√≠a vacuna, que acapara 80 por ciento de las tierras agr√≠colas del mundo, seg√ļn la Organizaci√≥n de Naciones Unidas para la Alimentaci√≥n y la Agricultura (FAO), al sumar el √°rea que produce su alimentaci√≥n, adem√°s de los pastizales.

Es la actividad que m√°s promueve la deforestaci√≥n en muchos lugares, como la Amazonia brasile√Īa, y est√° en franca expansi√≥n, fomentada por el aumento del consumo en China y otros pa√≠ses asi√°ticos. La carne de res suele enriquecer la dieta de los pueblos de ingresos en ascenso.

No hay aquí alternativas, como las hay en energía. Al revés, es la carne vacuna la que va sustituyendo otros alimentos más sostenibles, como otras variedades cárnicas y el pescado.

Ello pese a su baja conversión alimenticia, el indicador que mide el engorde del animal por el alimento que recibe durante un período, dado que consume siete kilogramos para producir uno, cuatro veces más que el pollo.

En Brasil la ganader√≠a responde por m√°s del 80 por ciento de la deforestaci√≥n, seg√ļn el informe de la FAO sobre el Estado de los Bosques del Mundo 2016. Se estima que la actividad ya degrad√≥ 60 millones de hect√°reas, una extensi√≥n similar a la que hace del pa√≠s el tercer productor mundial de granos.

La contaminaci√≥n del aire provoca siete millones de muertos anuales en el mundo y afecta al 90 por ciento de la poblaci√≥n, seg√ļn la OMS. El cambio clim√°tico no tiene efectos mensurables en muertos, pero sus posibles eventos extremos ocasionan crecientes v√≠ctimas fatales en todas las regiones.

Resultado de imagen para deforestacionPetróleo y ganadería se incluyen entre los principales factores de esa destrucción masiva de vidas. Pero son causas indirectas. Las armas suenan más amenazadoras aun matando menos.

La crisis de seguridad p√ļblica en muchos pa√≠ses se√Īala una omisi√≥n tecnol√≥gica. Es raro, como m√≠nimo, que esa √°rea cr√≠tica de la vida social no tenga instrumentos propios para su ejercicio y se siga recurriendo en los conflictos a las armas b√©licas que al final diseminan inseguridad.

No se desarrolló una tecnología de armas no letales, efectivamente defensivas y eficientes, que permitan inmovilizar o volver inofensivo al oponente. Se hizo algo, con gases y choques eléctricos, sin despertar confianza. Poco para el siglo XXI.

Cualquiera que haya disparado una pistola sabe lo difícil que es dar en el objetivo si no es a quemarropa. En los tiroteos callejeros, frecuentes en Río de Janeiro entre policía y narcotraficantes, se disparan centenares o miles de veces, casi siempre sin herir a nadie.

Las ‚Äúbalas perdidas‚ÄĚ, eso s√≠, ya provocaron muchas v√≠ctimas, confirmando como disfuncional el arma de fuego personal, que se perfeccion√≥ en pistolas y fusiles de repetici√≥n, las metralletas, pero sigue b√°sicamente el mismo conjunto de ca√Ī√≥n, mecanismo detonador,¬† p√≥lvora y proyectil de cinco d√©cadas atr√°s.

Paralelamente la humanidad eligi√≥ adoptar las mazmorras medievales como forma √ļnica de castigo para el crimen, con escasas excepciones.

Es un contrasentido encarcelar alguien que cometió un delito ambiental, capturando pájaros o talando árboles protegidos, y políticos corruptos de la misma forma que asesinos contumaces y narcotraficantes.

La era de la diversidad no llegó al sistema penal y judicial. La furia encarceladora multiplicó por ocho los presos en Brasil entre 1990 y 2016 cuando alcanzaron 726.712 (0,35 por ciento de la población nacional, de 207 millones entonces). Aun así es un tercio del total estadounidense.

Pero en Brasil las cárceles encubaron las organizaciones criminales del narcotráfico, cuya jefatura tiene en su interior sus bases, y son centro de muchos crímenes conducidos por teléfonos celulares cuya entrada las autoridades no logran impedir.

*Periodista  de IPS desde 1978

 

 

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