Jun 24 2012
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Opini贸nPol铆tica

Paraguay, golpe de Estado con gui贸n conocido

En Paraguay, las ocupaciones de tierras son comunes. El viernes 15, el grupo GEO de la Polic铆a ingres贸 a un campo en Curuguaty, a unos 380 quil贸metros de Asunci贸n y, al intentar desarmar a campesinos ocupantes, se produjo un tumulto que culmin贸 con seis polic铆as y 12 campesinos muertos, 60 detenidos y 42 pr贸fugos.

Los sectores econ贸micos dominantes y la prensa hegem贸nica encontraron r谩pidamente un culpable: el presidente Fernando Lugo. Los acusadores dijeron que no hac铆an falta pruebas porque los hechos son de dominio p煤blico e institucionalmente fuilaron al Presidente en el Congreso en unas pocas horas.

El procedimiento usado en Paraguay puede ser un ensayo para ser aplicado en otros lugares de la regi贸n. El gui贸n no es nuevo, ya lo ensayaron antes con el Presidente Salvador Allende en Chile, torpedeando su gobierno desde el Legislativo y desde los medios cartelizados hasta consumar el golpe de Estado en su contra. Y tambi茅n con Presidente Manuel Zelaya en Honduras, aplic谩ndole una formula leguleya similar a la sufrida por Lugo.

El grupo GEO motiv贸 la matanza, y al igual que el 11 de abril de 2001 en Venezuela, acus贸, con al complicidad de la prensa comercial c贸mplice, de ella al Presidente. Esta vez fue en Curuguaty, antes fue en Puente Llaguno en pleno centro de Caracas. A ese recuerdo agreguemos el de la exoneraci贸n por parte del Tribunal Superior de Justicia de los responsables del derrocamiento militar del Presidente Hugo Ch谩vez y las muertes causadas el 11 de abril de 2002 al dictaminar que hubo un 鈥渧ac铆o de poder鈥, un absurdo jur铆dico.

Blas N. Riquelme (el m谩s rico de los paraguayos) invoca la propiedad de las tierras 聽malhabidas 聽donde se produjo la matanza. Es 鈥渘ormal鈥 que los campesinos sean perseguidos, expulsados y acorralados para que la tierra, en manos de unos pocos due帽os (algunos brasile帽os), alumbre la 鈥減atria sojera鈥. El ex presidente Nicanor Duarte Frutos le dio garant铆as a los due帽os de la tierra, asegur谩ndoles que 鈥減ara la defensa de la propiedad privada se movilizar铆an todos los recursos del Estado鈥.

Para ese milenario pueblo guaran铆 los d铆as que van del 15 al 22 de junio quedar谩n grabados en la memoria colectiva como una semana tr谩gica. Sin que a煤n sepamos c贸mo ser谩 su desenlace final.

La Mesa Nacional por los Derechos Humanos se帽al贸 que en el Paraguay 鈥淟a violencia sangrienta que enluta a los hogares paraguayos se inscribe en el marco del injusto sistema econ贸mico-social y pol铆tico reinante, lo que dio lugar a la masacre de los campesinos que reclamaban sus derechos fundamentales consagrados por la Constituci贸n Nacional , particularmente el derecho a la tierra, al trabajo, a la vida digna (鈥) el derecho a la vida est谩 por encima del derecho a la propiedad de la tierra, y m谩s a煤n cuando 茅sta es malhabida, y est谩 acaparada por un pu帽ado de terratenientes鈥

Seg煤n el Informe Final de la Comisi贸n de Verdad y Justicia hay 7.851.295 hect谩reas de tierras 鈥揷onocidas como 鈥渕alhabidas鈥- otorgadas con graves irregularidades, por diferentes mecanismos que contaron con la complicidad estatal, en violaci贸n a varias normas legales.

Fernando Lugo fue ungido presidente en 2008 por el voto del campesinado pobre paraguayo. Les hab铆a prometido Reforma Agraria y distribuci贸n de tierras. Los primeros intentos de hacerlo terminaron en expropiaciones que la Justicia (en manos de los due帽os de la tierra) valuaba en cifras astron贸micas que hac铆an imposible ese camino. Lo cierto es que Lugo fue haciendo cada d铆a mayores concesiones. El destituido Presidente no entendi贸 que ven铆an por 茅l. Que esos hechos, tal vez aquel allanamiento y sus tr谩gicos efectos eran meras medidas preparatorias de algo mucho sustancial.

A un d铆a de su destituci贸n, Lugo dijo frente al local de la televisi贸n p煤blica y ante miles de campesinos que permanec铆an acampados: 芦Aqu铆 hubo un golpe de Estado parlamentario (鈥) Ellos ser谩n culpables de la miseria, del retorno a la dictadura que el pueblo no quiere鈥. Esos sectors son los que boicotearon el ingreso de Venezuela al Mercosur y atentaron permanentemente contra el proceso de integraci贸n regional.

En un editorial, el diario mexicano La Jornada se帽al贸 que el episodio paraguayo es revelador de los escollos que enfrentan los gobiernos latinoamericanos cuando deciden alejarse, as铆 sea un poco, de los postulados neoliberales y confrontar estamentos pol铆ticos y econ贸micos privilegiados, enquistados en las instituciones p煤blicas y renuentes a ceder un 谩pice en sus hist贸ricos privilegios, aunque ello implique la subversi贸n de los principios democr谩ticos y de la voluntad popular.

鈥淧ara efectos pr谩cticos, la conjura olig谩rquica que se consum贸 en el Senado paraguayo equivale a una restauraci贸n del r茅gimen autoritario que prevaleci贸 durante m谩s de seis d茅cadas hasta antes de la elecci贸n de Lugo en 2008, y cuyos primeros ribetes represivos tuvieron lugar ayer mismo, con las agresiones de elementos de la polic铆a en contra de la resistencia popular que se congreg贸 en la Plaza de las Armas de Asunci贸n para respaldar al mandatario鈥, a帽adi贸.

Sin duda, varios aspectos confluyeron para este golpe de estado institucional: primero, asegurar a los apropiadores el uso y abuso de tierras malhabidas, segundo, es un intento para poner en marcha una nueva oleada regional para acabar con cambios que se quedan a mitad de camino.

Cuidado: El formato usado en Paraguay puede ser un ensayo de tiempos futuros para ser reeditado en otros lugares de la regi贸n. Y, m谩s all谩 de la defensa regional que podr谩n instalar los gobiernos del UNASUR, una concesi贸n a los golpistas, como ocurri贸 en Honduras, podr铆a alentar a las oligarqu铆as regionales a repetir esa experiencia en otras latitude.

Pero sseguramente聽 ser谩n los campesinos y otros sectores populares paraguayos los que tendr谩n la 煤ltima palabra. Ellos deber谩n decidir, se帽ala Juan Guah谩n, en qu茅 momento las tierras dejar谩n de ser malhabidas para pasar a servir al pueblo paraguayo y darles dignidad a sus familias.

 

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