Nov 21 2012
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Opinión

Petraeus-Broadwell: intriga con romance incluido

Como en tiempos de Mata Hari[1] Paula Broadwell, una atractiva ejecutiva, aficionada a deportes extremos, catadora de vinos y coleccionistas de recetas de cocina, con un currículo adornado por diplomas de West Point y Harvard —más los encantos de unos floridos 39 años—, arrastró al general David Petraeus, héroe de las guerras imperiales en Irak y Afganistán y director de la CIA a una emboscada, que puso fin a una carrera que pudo llevarlo a la Casa Blanca. Todo parece excesivamente obvio. | JORGE GÓMEZ BARATA-*

 

La pregunta es: ¿dónde está la trampa?

 

Primero habría que despejar por qué el FBI a quien, entre otras tareas, en Estados Unidos le corresponde el contraespionaje, se introdujo en los círculos íntimos del general hasta llegar a la alcoba donde maniobraba con su segundo frente.
¿Se trató acaso de uno de los controles de rutina a que son sometidos los altos cargos o iban detrás de alguien? ¿Petraeus o Paula?

 

También es importante saber si la contrainteligencia estadounidense se interesó en el general Petraeus desde que era jefe de las tropas en los teatros de operaciones de Irak o Afganistán o lo hizo en su condición de director de la CIA, cargo para el que fue nombrado hace apenas 13 meses.
Es curioso que el escándalo detonara a escasas 72 horas de las elecciones presidenciales. ¿Es que el FBI esperó para saber quién sería el presidente?

 

Además se necesita despejar quién es Jill Kelly (izq.) y qué papel desempeña en el affaire. Y hasta dónde está implicado el general John Allen (abajo, der.), sucesor de Petraeus en Afganistán, propuesto para comandar las fuerzas de la OTAN en Europa, proceso que Obama acaba de interrumpir.

 

Resulta evidente que un peso completo del “establishment” como Petraeus, cabeza de la más grande organización de espionaje del mundo, debe estar protegido por varios anillos de seguridad, presuntamente a prueba de casualidades. Tampoco un escándalo de semejante magnitud y que compromete la seguridad nacional de los Estados Unidos, es desencadenado sin consultas que incluyen al presidente y a poderosas comisiones del Congreso.

 

Aunque por haber dejado el servicio activo Petraeus no está obligado por los reglamentos militares que condenan el adulterio (porque es faltar a un compromiso contraído bajo juramento) no caben dudas de que tratándose del Director de la CIA, la situación lo hace sumamente vulnerable al chantaje u otras formas de filtración de informaciones sensibles y con implicaciones para la seguridad del país.

 

De momento puedo asegurarles que el affaire llevará a una completa revisión de las vidas privadas de los protagonistas, ambos casados y que muchas veces se recordaran otros lances románticos en los cuales se involucraron altos personajes de la política norteamericana entre los cuales Petraeus no es el más importante, pero sí el más reciente.

 

Una fuente en Wáshington me comentó:
“En Irak y Afganistán se puede torturar y en Libia asesinar inocentes y en la CIA realizar acciones encubiertas, invasiones como la de bahía de Cochinos, magnicidios como los ideados para asesinar a Fidel Castro, golpes de Estado como el que derrocó a Salvador Allende y operaciones como el Irán-Contras y muchas cosas más; lo que no se puede es tirar canas al aire”.
Es la moral del imperio. Allá nos vemos.
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1] Margaretha Geertruida Zelle (1876-1917), la más famosa de todas las cortesanas que han usado sus encantos y poder de seducción para espiar. Nacida holandesa, educada por monjas, casada con un oficial alemán de origen británico y radicada en París, actuó en los escenarios de la Primera Guerra Mundial, espiando a favor de Alemania.
Juzgada y condenada por la justicia francesa fue ejecutada el 15 de octubre de 1917. Su cuerpo no fue enterrado sino utilizado en la enseñanza de la medicina.
——
* Periodista, académico.
En www.argenpress.info
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