Jun 7 2012
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Sociedad

Pinochet: marca registrada

La sola idea de un homenaje al dictador augusto pinochet en Santiago repugna a cualquiera con la m√°s m√≠nima consciencia √©tica y pol√≠tica en nuestro pa√≠s. Se trata de una provocaci√≥n de sectores de extrema derecha que no encuentran su lugar en el Chile de hoy. Sin embargo, el hecho de que sea posible esta aberraci√≥n entre nosotros muestra, por contraste, las deficiencias de nuestra democracia.| √ĀLVARO CUADRA.*

 

A diferencia de otras experiencias autoritarias, en nuestro pa√≠s no hemos sido capaces de poner las cosas en su lugar: No es leg√≠timo ni admisible, desde ning√ļn punto de vista, la apolog√≠a del genocidio ni la celebraci√≥n de la violencia y el crimen.

 

Después de más de dos décadas de una democracia de baja intensidad persiste en nuestro medio un soterrado pinochetismo insolente e impune. Mientras los vientos de la historia barrieron las cenizas del sátrapa, sus epígonos insisten obstinados en mantener viva su memoria.

 

As√≠, mientras un ex ‚Äúboina negra‚ÄĚ, ex DINA, posa de alcalde en tiempos democr√°ticos, la Armada Nacional bautiza un nav√≠o con el nombre del almirante merino y una calle de la capital ha sido naturalizada como ‚ÄúAvenida 11 de septiembre‚ÄĚ y muchos ex funcionarios de la dictadura se reciclan como honorables legisladores.

 

La figura de pinochet ha sido ya juzgada por la historia. Un general que al igual que Judas Iscariote traicion√≥ a quien lo hab√≠a designado en la comandancia del ej√©rcito, sirviendo los intereses de una potencia extranjera y asesinando a sus compatriotas para consolidar su dictadura. El mismo que durante diecisiete a√Īos de terror convirti√≥ toda su demagogia pseudo patri√≥tica en un enriquecimiento personal. Una figura que se asocia con traici√≥n, tortura, desaparecidos, asesinatos‚Ķ Un general que ha protagonizado un cap√≠tulo vergonzante de nuestra ¬ęHistoria nacional de la infamia‚ÄĚ.

 

Pinochet se ha convertido, a esta altura, en ‚Äúmarca registrada‚ÄĚ de la cual se aprovechan muchos oficiales militares en retiro camuflados detr√°s de oscuras organizaciones fantasmas, explotando un nicho marginal, pero de alto poder adquisitivo para enriquecerse. Se trata, por cierto, de grup√ļsculos nost√°lgicos pr√≥ximos a la ‚Äúfamilia militar‚ÄĚ que no se resignan a la porfiada realidad pol√≠tica contempor√°nea que ha relegado su ideolog√≠a y su triste epopeya al basurero de la historia. Al punto de que muchos representantes de la derecha, incluido el actual gobierno, se esfuerzan por mantener prudente distancia de ellos.

 

En este contexto, la pretensi√≥n de hacer un homenaje al general pinochet no solo es est√©ticamente ‚Äúkitsch‚ÄĚ, √©ticamente inaceptable sino pol√≠ticamente inquietante. La democracia chilena se ha mostrado d√©bil frente a la amenaza, dig√°moslo, de corte fascista.

 

Una democracia sana debe excluir este tipo de manifestaciones antidemocr√°ticas, as√≠ se hizo en Alemania tras la experiencia nacional socialista. No es aceptable para una gran mayor√≠a de chilenos que una minor√≠a extremista de derechas se ense√Īoree en nuestro pa√≠s enalteciendo la figura execrable de Pinochet y su lamentable legado de muerte.
‚ÄĒ‚ÄĒ
* Semiólogo.
Investigador y docente de la Escuela Latinoamericana de Postgrados. Universidad de Artes y Ciencias (ARCIS), Chile.

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